INDICE

La Serenata

Joaquín Marín

Una Noche de Fiestas

La Docena de Pañuelos

Un Sueño de Dos Colores

El Último Abencerraje o la Trata de Caballos

La Pirámide de Itica-Pol (Viajes por Sur América)

Antiguo Modo de Viajar por el Quindio

Partida del Libertador

Es Mal que Anda

Los Viceversas de Bogotá

La Retreta

Literatura Fosil

Descripción del Puente de Icononzo. Llamado Generalmente de Pandi

Los Artesanos

El Tiempo Vale Dinero

Una Página

¡Lo que Puede un Pie!

Investigaciones sobre algunas Antigüedades

El Paseo Campestre

El Señor Eugenio Díaz

El Alma del Padre Mariño

El Lago de las Serpientes

La Barbería

Las Selvas del Carare

Santafé

La Empleomanía

Un Buque de Vapor

Baile de Sombras

El Desierto de la Candelaria

El Oidor Cortes de Mesa

El Hoyo del Viento

Presentimiento

Noche a Orillas del Meta

La Siembra del Trigo

Reflexiones

El Lazarino

El Manuscrito de mi Tio

Dos Veces Muerto

De Honda a Cartagena

 

EL LAGO DE LAS SERPIENTES
(EN EL CHOCO)

|Por Juan de |Dios Restrepo

 

Provocado por un sol brillante, raro en esos países ne­bulosos, cogí la escopeta y me fui a vagar por las selvas. No encontrando caza mayor, me divertía cogiendo esas pequeñas y lindas ranas color de oro, de cuya piel se extrae un veneno mortal, matando hormigas negras, lla­madas congas, cuya picadura da vértigo y contemplando los colores variados y caprichosos de infinidad de insectos alados que usted no conoce ni conocerá jamás. El país es ligeramente accidentado y atravesando colinas, laderas y pequeños valles, me perdí completamente en la espesura. No me curaba de las culebras ni de los tigres, pues si el peligro cara a cara puede aterrarme, nunca el peligro contingente. Encontré un arroyo con aguas tan límpidas, que me propuse seguirlo hasta su nacimiento; poco a poco se iba apretando su cauce en rocas de pórfido, hasta que al fin, sólo caminando por entre el agua, pude seguir su curso. De repente se abrió la estrecha gruta que seguía, presentándose a mi vista un salón con paredes perpendi­culares, tan lleno de sombra y frescura que parecía un retrete construído por las hadas. Arriba, los árboles del bosque, entrelazados por tupidas lianas, formaban un verde pabellón; flores de rara belleza y perfume delicioso colgaban en festones sobre las rocas. Un torrente salía de entre las enredaderas formando una cascada vaporosa, cuyas aguas descompuestas en espuma, caían en lluvia de perlas. Miríades de mariposas azules volaban por todaspartes. Abajo, en derredor del semicírculo formado por la roca, había una ancha faja de césped cubierta de flores irisadas; y en medio, el agua de la cascada formaba un pozo cuyas ondas transparentes eran dignas de refrescar las formas de Diana cazadora. Las flores, las enredaderas, el lago, la cascada, las mariposas y el pabellón de los ár­boles formban un conjunto de belleza indescriptible. No pudiendo resistir al deseo de bañarme, me sumergí en el agua. Parecíame que a cada momento veía entrar una ondina de verde cabellera o una sílfide de mirada volup­tuosa. Pero de repente penetró por donde yo había entrado una culebra cascabel, y en pos otras corales, equis, mapa­naes, verrugosas, etc., toda la gran familia venenosa estaba allí representada. Juguetearon un momento sobre el césped y se arrojaron al agua. Me quedé inmóvil, sumergido hasta el pescuezo, pues sabía que al hombre quieto no lo muer­den las serpientes. Jugueteaban en el agua formando figuras caprichosas; algunas veces se rozaban contra mí y el frío de sus anillos me penetraba hasta el corazón. Conocí pronto que no tenían ninguna mira ofensiva sino bañarse únicamente. A poco rato se salieron por donde habían entrado y no volvieron más. Yo debía haber quedado loco o por lo menos con el pelo cano, y sin em­bargo, conservo algunos átomos de juicio y no tengo una sola cana en los cabellos.

Supe después, por los indios, que aquel baño se llama |el lago de las serpientes, muy frecuentado por ellas en los días calurosos.

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