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INDICE
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EL TIEMPO VALE DINERO
Por Ricardo
Carrasquilla
En este afortunado siglo, tan justamente apellidado de las
luces, se ha descubierto que el espíritu es nada y la materia todo;
y que el tiempo es un tesoro inestimable, no por ser el corto plazo
concedido al hombre para conquistar una felicidad eterna, sino
porque
|vale dinero. Persuadidos de esta poética verdad los
hombres, y hasta las mujeres de progreso que andan en zuecos y a
trotecito, procuran hacerlo todo en el menor tiempo posible; y con
los modernos descubrimientos no hacen sino compendiar todos los
que nos legaron los pasados siglos;
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Pues un ferrocarril, si se calcula,
Viene a ser el compendio de una mula;
Y un billete de banco, bien mirado,
Es oro compendiado;
Y el cable submarino, según creo,
Es compendio abreviado del correo;
Y una niña coqueta y descarada
Es legión de demonios compendiada.
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Es una mala vergüenza, que cuando todo marcha a paso de
vencedores, cediendo a la imperiosa voz con que lo aguija el
espíritu de progreso, sólo la literatura permanezca estacionaria.
¿Quién puede tener tiempo y paciencia para leer la Ilíada traducida
por don José Gómez Hermosilla? ¿Quién no se indigna a lver que
Fenelón gasta una página entera de su Telémaco para decir que
Calipso,
A pesar de ser mujer
Y a pesar de sus deslices,
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Ne pouvait se consoler
¿De la partida de Ulises?
Asombra reflexionar
Que es necesario gastar
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ochenta pesos de a ocho décimos y uno o dos años, cuando menos,
para aprender en la Historia Universal de César Cantú
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Este axioma tan sabido:
«El partido vencedor
Es siempre conservador,
Y liberal el vencido».
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¿A qué se reducen los cuatro enormes tomos de la Historia de
Colombia? A enseñarnos que
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Bolívar tumbó a los godos,
Y desde ese infausto dia
Por un tirano que había
Se hicieron tiranos todos.
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Dicen que la novela de Pablo y Virginia, es digna de admiración,
principalmente por su incomparable sencillez; pero me parece que
mucho más sencillo sería compendiarla, así:
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Dos niños juntos se criaron,
Por supuesto se quisieron;
Mas luego los separaron,
Y de dolor se murieron.
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En virtud de lo dicho, y de mil otras razones que pudiera
añadir, yo, que deseo como el que más el progreso, la prosperidad,
etc., de mi patria; yo, que he gastado los mejores años de mi vida
en promover, etc., quiero
Con mi claro talento
Levantarme a mí mismo un monumento,
fundando la literatura homeopática, que consiste en sacar la
quintaesencia de todas las obras maestras, siendo de advertir que
aun las más romáticas y venenosas vienen a ser inofensivas por la
extremada pequeñez de la dosis. Mis lectores no llevarán a mal que
les presente un botiquín de bolsillo, que contiene
Varias de las sustancias más usadas
En el sistema antiguo, rotuladas:
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Corina
Osvaldo a Corina amó;
Pero tuvo la simpleza
De dar su mano a una inglesa
Y Corina se murió.
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El Moro Espósito
El de Mudarra y Kerima
Era un amor que da grima;
Pero como las mujeres
Tienen tantos pareceres,
Al tiempo del matrimonio
(Yo se la doy al demonio)
La niña se arrepintió,
Y por fin no se casó.
El Conde de Montecristo
Fue Dantés un majadero
Que, por quererse vengar,
Se privó de disfrutar
En calma de su dinero.
Los Misterios de París
El Zar goza de su imperio,
El Conde de su condado,
Y el pobre vive fregado.
En lo cual no hallo misterio.
La Ilíada
Se robaron una niña,
Y como era linda joya,
Hubo furibunda riña.
Y ardió la ciudad de Troya.
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La Odisea
Hizo Ulises un gran viaje,
Y padeció tanto afán
Como el que va en mal bagaje
De Bogotá a Popayán.
|Compendio de todas las
|anacreónticas
Mientras el tiempo veloz
Nos
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roba, Juana, la dicha,
Dame un cuartillo de chicha,
Papas chorreadas y arroz.
La Eneida
Eneas, quizá impelido
Por un destino fatal,
Dejó abandonada a Dido,
Y en mi concepto hizo mal.
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Compendio de todas las
invocaciones
¿Qué haré yo solo
Con mente obtusa?
¡Sálvame musa!
¡Sálvame Apolo!
Compendio de todos los
prólogos modestos.
En ocios rápidos
Hice estos versos,
Perdona, oh público,
Los muchos yerros.
|Extracto de un soneto de
Lope de
|Vega.
Soneto pide Violante,
Nunca me vi en tal aprieto;
Son los versos del soneto
Catorce, y van tres delante.
No pensé hallar consonante,
Tengo uno y medio cuarteto.
Si llego al primer terceto
No habrá cosa que me espante.
Al primer terceto entrando
Voy, tal vez con pie derecho,
Pues que ya fin le voy dando.
Llegué al segundo y sospecho
Que ya lo estoy acabando:
Contad catorce, está hecho.
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Primera Diluición
Soneto, Violante,
¿Me pides? ¡qué aprieto!
Ya van del soneto
Tres versos delante.
Hallé consonante,
Hay medio cuarteto;
Si llego al terceto
No habrá quien me espante.
Al terceto entrando
Voy con pie derecho,
Pues fin le voy dando.
Amiga, sospecho
Que estoy acabando:
¡Caramba!, está hecho.
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Por medio de diluiciones sucesivas puede lograrse que este
soneto se componga de catorce versos monosílabos; lo cual, si no se
consiguiera en castellano, podría obtenerse fácilmente en chino,
que entre otras ventajas tiene la de que nadie lo entiende.
Muy probable es que mis amigos José María Quijano Otero, José
María Vergara Vergara y Ezequiel Uricoechea Rodríguez, que son
idólatras de lo pasado y que malgastan el tiempo en amontonar
libros y papeles viejos, se opongan a mi patriótica empresa, por
una razón igual a la que tienen los
Boticarios alópatas
Para hacerles la guerra a los homeópatas;
pero yo seguiré imperturbable en mi gloriosa tarea, y no muy
tarde tendré la satisfacción de que mis benévolos lectores vean
Con asombro profundo
Los libros de Colombia y de Castilla
(Y tal vez los del mundo)
Estractados en una redondilla.
No quiero terminar este artículo sin hacer mención de otros dos
descubrimientos aplicables al fin que me propongo: el primero es
la fotografía microscópica, con cuyo auxilio pueden estamparse,
Por medios ingeniosos,
Aunque sencillos,
En una cajetilla
De cigarrillos,
Las producciones
De Voltaire, el Tostado,
Samper y Lope.
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Del otro descubrimiento, aunque muy antiguo, no se ha hecho todo
el aprecio que merece: es el de los puntos suspensivos, que
pudieran llamarse compendio de todo lo que no se sabe, o no se
quiere, o no se puede decir.
¿Qué sería de la pobre humanidad si los románticos de la escuela
empalagosa no hubieran encerrado en puntos suspensivos los
innumerables pensamientos que rebosaban en su rica imaginación?
Las composiciones de estos señores deben compendiarse copiando
el primer verso de cada una y representando todos los demás con
renglones de puntos.
Mas para qué, diré yo con el inmortal Rioja,
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¿Mas para qué la mente se derrama
En buscar por doquier nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente.
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Pues si escribiera todo lo que tengo pensado, resultaría la
contradicción de emplear un volumen colosal en hacer patente la
utilidad de la literatura microscópica. Concluyo, pues,
compendiando en dos renglones de puntos suspensivos
Mis grandes y profundos pensamientos,
Mi vasta erudición y mis talentos.
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