INDICE

La Serenata

Joaquín Marín

Una Noche de Fiestas

La Docena de Pañuelos

Un Sueño de Dos Colores

El Último Abencerraje o la Trata de Caballos

La Pirámide de Itica-Pol (Viajes por Sur América)

Antiguo Modo de Viajar por el Quindio

Partida del Libertador

Es Mal que Anda

Los Viceversas de Bogotá

La Retreta

Literatura Fosil

Descripción del Puente de Icononzo. Llamado Generalmente de Pandi

Los Artesanos

El Tiempo Vale Dinero

Una Página

¡Lo que Puede un Pie!

Investigaciones sobre algunas Antigüedades

El Paseo Campestre

El Señor Eugenio Díaz

El Alma del Padre Mariño

El Lago de las Serpientes

La Barbería

Las Selvas del Carare

Santafé

La Empleomanía

Un Buque de Vapor

Baile de Sombras

El Desierto de la Candelaria

El Oidor Cortes de Mesa

El Hoyo del Viento

Presentimiento

Noche a Orillas del Meta

La Siembra del Trigo

Reflexiones

El Lazarino

El Manuscrito de mi Tio

Dos Veces Muerto

De Honda a Cartagena

 

EL TIEMPO VALE DINERO

Por Ricardo Carrasquilla

 

En este afortunado siglo, tan justamente apellidado de las luces, se ha descubierto que el espíritu es nada y la materia todo; y que el tiempo es un tesoro inestimable, no por ser el corto plazo concedido al hombre para con­quistar una felicidad eterna, sino porque |vale dinero. Persuadidos de esta poética verdad los hombres, y hasta las mujeres de progreso que andan en zuecos y a trotecito, procuran hacerlo todo en el menor tiempo posible; y con los modernos descubrimientos no hacen sino compen­diar todos los que nos legaron los pasados siglos;

Pues un ferrocarril, si se calcula,
Viene a ser el compendio de una mula;
Y un billete de banco, bien mirado,
Es oro compendiado;
Y el cable submarino, según creo,
Es compendio abreviado del correo;
Y una niña coqueta y descarada
Es legión de demonios compendiada.


Es una mala vergüenza, que cuando todo marcha a paso de vencedores, cediendo a la imperiosa voz con que lo aguija el espíritu de progreso, sólo la literatura perma­nezca estacionaria. ¿Quién puede tener tiempo y paciencia para leer la Ilíada traducida por don José Gómez Her­mosilla? ¿Quién no se indigna a lver que Fenelón gasta una página entera de su Telémaco para decir que Calipso,

A pesar de ser mujer
Y a pesar de sus deslices,
| Ne pouvait se consoler
¿De la partida de Ulises?
Asombra reflexionar
Que es necesario gastar

ochenta pesos de a ocho décimos y uno o dos años, cuando menos, para aprender en la Historia Universal de César Cantú

Este axioma tan sabido:
«El partido vencedor
Es siempre conservador,
Y liberal el vencido».


¿A qué se reducen los cuatro enormes tomos de la Historia de Colombia? A enseñarnos que

Bolívar tumbó a los godos,
Y desde ese infausto dia
Por un tirano que había
Se hicieron tiranos todos.


Dicen que la novela de Pablo y Virginia, es digna de admiración, principalmente por su incomparable sencillez; pero me parece que mucho más sencillo sería compen­diarla, así:

 

Dos niños juntos se criaron,
Por supuesto se quisieron;
Mas luego los separaron,
Y de dolor se murieron.


En virtud de lo dicho, y de mil otras razones que pu­diera añadir, yo, que deseo como el que más el progreso, la prosperidad, etc., de mi patria; yo, que he gastado los mejores años de mi vida en promover, etc., quiero

Con mi claro talento
Levantarme a mí mismo un monumento,

fundando la literatura homeopática, que consiste en sacar la quintaesencia de todas las obras maestras, siendo de advertir que aun las más romáticas y venenosas vienen a ser inofensivas por la extremada pequeñez de la dosis. Mis lectores no llevarán a mal que les presente un botiquín de bolsillo, que contiene

Varias de las sustancias más usadas
En el sistema antiguo, rotuladas:

| Corina

Osvaldo a Corina amó;
Pero tuvo la simpleza
De dar su mano a una inglesa
Y Corina se murió.

| El Moro Espósito

El de Mudarra y Kerima
Era un amor que da grima;
Pero como las mujeres
Tienen tantos pareceres,
Al tiempo del matrimonio
(Yo se la doy al demonio)
La niña se arrepintió,
Y por fin no se casó.

El Conde de Montecristo

Fue Dantés un majadero
Que, por quererse vengar,
Se privó de disfrutar
En calma de su dinero.

Los Misterios de París

El Zar goza de su imperio,
El Conde de su condado,
Y el pobre vive fregado.
En lo cual no hallo misterio.

La Ilíada

Se robaron una niña,
Y como era linda joya,
Hubo furibunda riña.
Y ardió la ciudad de Troya.

| La Odisea

Hizo Ulises un gran viaje,
Y padeció tanto afán
Como el que va en mal bagaje
De Bogotá a Popayán.

|Compendio de todas las
|anacreónticas

Mientras el tiempo veloz
Nos | roba, Juana, la dicha,
Dame un cuartillo de chicha,
Papas chorreadas y arroz.

La Eneida

Eneas, quizá impelido
Por un destino fatal,
Dejó abandonada a Dido,
Y en mi concepto hizo mal.

Compendio de todas las
invocaciones

¿Qué haré yo solo
Con mente obtusa?
¡Sálvame musa!
¡Sálvame Apolo!

Compendio de todos los
prólogos modestos.

En ocios rápidos
Hice estos versos,
Perdona, oh público,
Los muchos yerros.

|Extracto de un soneto de
Lope de
|Vega.

Soneto pide Violante,
Nunca me vi en tal aprieto;
Son los versos del soneto
Catorce, y van tres delante.

No pensé hallar consonante,
Tengo uno y medio cuarteto.
Si llego al primer terceto
No habrá cosa que me espante.

Al primer terceto entrando
Voy, tal vez con pie derecho,
Pues que ya fin le voy dando.

Llegué al segundo y sospecho
Que ya lo estoy acabando:
Contad catorce, está hecho.

| Primera Diluición

Soneto, Violante,
¿Me pides? ¡qué aprieto!
Ya van del soneto
Tres versos delante.

Hallé consonante,
Hay medio cuarteto;
Si llego al terceto
No habrá quien me espante.

Al terceto entrando          
Voy con pie derecho,          
Pues fin le voy dando.

Amiga, sospecho
Que estoy acabando:
¡Caramba!, está hecho.


Por medio de diluiciones sucesivas puede lograrse que este soneto se componga de catorce versos monosílabos; lo cual, si no se consiguiera en castellano, podría obtenerse fácilmente en chino, que entre otras ventajas tiene la de que nadie lo entiende.

Muy probable es que mis amigos José María Quijano Otero, José María Vergara Vergara y Ezequiel Uricoechea Rodríguez, que son idólatras de lo pasado y que malgastan el tiempo en amontonar libros y papeles viejos, se opongan a mi patriótica empresa, por una razón igual a la que tienen los

Boticarios alópatas
Para hacerles la guerra a los homeópatas;

pero yo seguiré imperturbable en mi gloriosa tarea, y no muy tarde tendré la satisfacción de que mis benévolos lectores vean

Con asombro profundo
Los libros de Colombia y de Castilla
(Y tal vez los del mundo)
Estractados en una redondilla.

No quiero terminar este artículo sin hacer mención de otros dos descubrimientos aplicables al fin que me pro­pongo: el primero es la fotografía microscópica, con cuyo auxilio pueden estamparse,

Por medios ingeniosos,
Aunque sencillos,
En una cajetilla
De cigarrillos,
Las producciones
De Voltaire, el Tostado,
Samper y Lope.

Del otro descubrimiento, aunque muy antiguo, no se ha hecho todo el aprecio que merece: es el de los puntos suspensivos, que pudieran llamarse compendio de todo lo que no se sabe, o no se quiere, o no se puede decir.

¿Qué sería de la pobre humanidad si los románticos de la escuela empalagosa no hubieran encerrado en puntos suspensivos los innumerables pensamientos que rebosaban en su rica imaginación?

Las composiciones de estos señores deben compendiarse copiando el primer verso de cada una y representando todos los demás con renglones de puntos.

Mas para qué, diré yo con el inmortal Rioja,

¿Mas para qué la mente se derrama
En buscar por doquier nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente.


Pues si escribiera todo lo que tengo pensado, resultaría la contradicción de emplear un volumen colosal en hacer patente la utilidad de la literatura microscópica. Concluyo, pues, compendiando en dos renglones de puntos suspensivos

Mis grandes y profundos pensamientos,
Mi vasta erudición y mis talentos.



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