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Como resto de las más ruines preocupaciones, quedó sentado el
que la
|ruana y las alpargatas fueran el vestido y calzado de
las gentes del pueblo; de esta usanza no era permitido salir, ya
por el ridículo con que la gente noble lastimaba al que se metía a
novelero, y ya porque en virtud de órdenes suntuarias el
|corchete tenía el cargo de advertir al que se desmandaba,
que la capa era peculiar a los
|dones, como el
|tapete
a las damas.
|Pero el flujo,
|porque nos
|hagan
caso es el agente más poderoso para movernos a dejar el puesto
en donde plugó a la Providencia colocarnos. Bien que estos
remontamientos repentinos, sin brújula ni remos, ni lastre ni
armaduras, traigan consigo unas caídas ruidosas; a pesar de esto el
anhelo es el de subir y brillar. El que no puede, más se engalana,
trata de parecer, que es lo que le sucede al artesano; y véase como
nos lo refiere
|ño Chepito, sastre remendón de viejo, que ha
conocido a todos los maestros presentes, porque él mismo fue
oficial en el taller del maestro el
|Muelón, y los vio
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criaturitas, cuando comenzaron el aprendizaje.
El dice, por ejemplo, que
|Facundo era un muchacho
travieso, alborotador, que apandillaba a sus compañeros de oficio
en los juegos de toros, cometas y guerrillas; que a su madre, que
vivía por Belén, le costó amargas lágrimas hacer que el
|patojo no destrozara la
|ruanita de lana, los
pantalones de manta azul y el sombrero de paja; con el bien
entendido que cada infracción, cada falta, le costaba una docena de
lapos, aplicados por el maestro, suspendido el paciente sobre las
espaldas del mayor de los compañeros, y estirado de los pies por
los chicuelos, lo que a veces les servía de escarmiento, y de
causa de burla las más. Poco a poco Facundo fue entrándole al
oficio, y comenzó a obrarse en él la metamorfosis, viéndosele ya
más aseado. Elevado al rango de oficial y entrado ya en la edad de
la juventud, ganando por semana en proporción de su trabajo,
adoptó la ruana
|guasqueña o la de
|cúbica,
cuidadosamente cosida, abierta por ancho cuello, que deja ver el
del dorman y parte del de la camisa; la corbata anudada con desdén;
pantalones a la moda y zapatos de cuero inglés, para los domingos,
y amarillos de s
|oche para los demás días. El sombrero, de
ordinario pajizo, o imitando el jipijapa, adornado con cinta negra,
o bien cubierto con funda transparente, lo lleva picarescamente
cargado hacia un lado, afectando en todo su porte el de un tunante
enamorado, que desde la tienda (hoy almacén), dirige chicoleos a
las criaditas que van al mandado, o va a verse con ellas a la
puerta de la casa donde sirven. Otros, en las alturas de Facundo,
después de haberla corrido en bailecitos de
|confianza,
paseos al Boquerón, jugarreta y pasatiempos, se casan al fin, Dios
sabe cómo y entregan la pelleja, dándose a rezar, cuidando
trabajosamente de la familia, y despidiéndose de las milicias, en
donde
|dragoneaban de sargentos segundos; otros se acreditan
de calaveras, y de este número son los que traen un porte más
elegante y pasan por ser de entre
|ellos los
|
más
cortejantes con las...
|señoritas. Son los que están al
frente de toda
|parranda cuando se trata de divertirse, y
conocen por sus pelos y señales, y saben dónde vive cada una de
las...
|señoritas, y tienen relaciones con los
|cachacos
del bronce, cuentan con éstos para todas las partidas de placer
y se dejan llamar cariñosamente los
|guachecitos. Si se trata
de un baile, por supuesto a escote, ellos son los que solicitan la
sala y los músicos, los que invitan a las...
|señoras y
compran el refresco; y se toman todos estos cuidados, por bailar a
la noche un
|vals con misia
|Ularia, y
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tener el
segundo puesto en la contradanza que dirige
|don Pepe, la
que baila con
|misia Encarna; tratando con toda delicadeza y
finura a las que con cierta socarronería llaman
|señoritas;
lo que no impide que, por un desdén, desaire u otra cosilla las
manejen luego a los puros
|trompis
|y les regalen
ciertos dictadillos que... ya usted me entiende. Por andar en estos
picos pardos, resulta que los tales oficiales no han ido al taller
a trabajar, han quedado malísimamente con el maestro, que por lo
mismo los despide. Como el
|monis no se deja ganar de otro
modo, hay que tomarlo
|emprestado a rédito, para poder pagar
el escote y lo que se ha tomado fiado; de aquí resulta que el día
menos pensado, el alguacil los anda buscando con una boleta para
que vayan a contestar demanda sobre lo que deben y les cobran; y
para mayor desgracia, los sargentos del cuadro de la guardia
nacional, que son su pena negra, también los andan persiguiendo,
porque hace cuatro domingos que no van al ejercicio. Por esta
|embrolla, como dicen ellos, han perdido su ropa, sus
trastos, deben el alquiler de la tienda, no tienen para semana y a
punto de dar el alma al diablo, los reclutan para un cuerpo
veterano y van a engrosar las filas del 79 que está en Pasto. ¡Oh,
dolor... ! Queda para otra pluma elocuente y patética describir el
rostro angustiado por momentos, grosero y burlón por otros, que
pone el
|guachecito el día en que, confundido en una partida
de
|voluntarios, sale de Bogotá, dirigiendo sus adioses a los
compañeros de
|capuchinadas, que se aso man a verlo partir,
entre condolidos, escarmentados y bufones.
Pero volvamos a Facundo, que si bien no ha dejado de participar
de estas
|francachelas, ha tenido en cambio mejor conducta,
ha sido más sobrio y económico, y la fortuna junto con la
|gubernata que ha observado le han soplado a su
contentamiento, de suerte que se ha encaminado por la senda que
conduce al
|maestrazgo. Después de haber economizado ayunos
realitos, y recibido alguna parte de herencia que le tocaba por el
intestado de un tío, siguió por ponerse medias y sombrerito castor;
corridos algunos días, abrió una tienda, puso una gran muestra, y
se anunció en «El Día»; y para el
|corpus inmediato, se
presentó con capa magna, corbata verde, chaleco de terciopelo
colorado, calzón de casimir blanco, y quedó inaugurado el
|maestro N... Esta feliz circunstancia lo ha puesto en
contacto con los intrigantes en política, que se aprovechan de su
ignorancia y palurdería, para hacerlo un fanático o un demagogo, y
enredarlo en todas las cuestiones de partidos y elecciones y
hacerlo que trabaje, ¡pobrecito!, en beneficio de otros. Así es que
se le ve dejar el taller, quizá en un momento precioso, para ir a
alumbrar en la procesión de Jesús Nazareno, y renegar de
|los
facciosos; o se esconde y encierra a referir las noticias que
tiene del
|catire Obando, y a exhalarse en votos porque este
pajarraco vuelva algún día a su país, que al fin es granadino como
todo hijo de vecino, de estos que también han sido facciosos, y han
matado... y hoy están
|en grande. Esta circunstancia,
decimos, lo ha colocado en situación de que si sus compromisos no
han sido muy explícitos, no sea molestado para el servicio en la
guardia nacional, y de hecho quede eximido de ser cívico; pues no
parece sino que la capa es circunstancia para darlo de baja en
aquel cuerpo, o para no ser alistado; como si sólo fuera carga que
hubiera de gravitar sobre los granadinos de alpargata y ruana, el
ser guardias nacionales. Ya lo veremos.
Aquí parece que vamos a poner término a este trabajo. No
queremos engolfarnos en las consiguientes reflexiones acerca de si
nuestros artesanos han ganado con la transformación política, y
han mejorado su condición, como su porvenir, adelantando un algo,
con el común progreso que ha hecho avanzar nuestra sociedad. Si
dijéramos que los artesanos de hoy tienen mejores modales, son más
cultos, más atentos; que tratan de imitar los modos, el tono y la
cortesanía de la fina sociedad; que se consagran con más esmero, no
sólo a su oficio, sino al cultivo de las otras artes liberales,
creerían algunos que les adulábamos para granjearnos sus votos en
las próximas elecciones para la Presidencia, a la que
indudablemente aspiramos. O bien, no querríamos que nos contestasen
que nuestros artesanos, de cuenta de haber leído el contrato
social, han comprendido que la
|igualdad que allí se encomia,
ha de entenderse pelo a pelo, sin contar con que de otro lado la
madre común nos ha hecho tan desiguales, que es una necedad
pretender que el que no ha recibido una buena educación, haya de
tratar y alternar con otro que sí la ha recibido o que tiene otros
motivos para que se le considere de otro rango; así es que la cosa
más salada de este mundo, y que veríamos con placer, sería un
billete de desafío dirigido por un zapatero a un diputado,
pidiéndole explicaciones por las ofensas que le ha irrogado en el
momento en que probándose unas botas, y resultándole angostas, ha
maldecido de todos los zapateros del mundo. Chocaríamos también el
que a nuestros oidos llegase, que una parte de nuestros artesanos
que se entretiene en prácticas religiosas, en confesarse y
comulgar, es acaso más intolerante y... al paso que otra parte, que
ha leído las Ruinas de Palmira y el Citador, sin entenderlos,
vociferara que no hay tal Dios, ni tal religión cristiana y se
burlara de estos objetos santos y respetables. Semejantes
contrastes nos afligirían demasiado, al paso que sólo deseamos que
nuestros artesanos sean piadosos, creyentes sinceros, sin fanatismo
ni hipocresía; que se ilustren sin alcanzar a entrever el impiismo,
que todo lo pervierte, y que sean tan exigentes como quieran en
cuanto por derecho les toque, mas sin propasarse con groseras
vulgaridades, con inepcias de taberna, ni con manejos soeces. Para
nada de esto, aquí concluímos, jurando no proceder de malicia, etc.
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