INDICE

La Serenata

Joaquín Marín

Una Noche de Fiestas

La Docena de Pañuelos

Un Sueño de Dos Colores

El Último Abencerraje o la Trata de Caballos

La Pirámide de Itica-Pol (Viajes por Sur América)

Antiguo Modo de Viajar por el Quindio

Partida del Libertador

Es Mal que Anda

Los Viceversas de Bogotá

La Retreta

Literatura Fosil

Descripción del Puente de Icononzo. Llamado Generalmente de Pandi

Los Artesanos

El Tiempo Vale Dinero

Una Página

¡Lo que Puede un Pie!

Investigaciones sobre algunas Antigüedades

El Paseo Campestre

El Señor Eugenio Díaz

El Alma del Padre Mariño

El Lago de las Serpientes

La Barbería

Las Selvas del Carare

Santafé

La Empleomanía

Un Buque de Vapor

Baile de Sombras

El Desierto de la Candelaria

El Oidor Cortes de Mesa

El Hoyo del Viento

Presentimiento

Noche a Orillas del Meta

La Siembra del Trigo

Reflexiones

El Lazarino

El Manuscrito de mi Tio

Dos Veces Muerto

De Honda a Cartagena

 

Eché mano a un artículo de «Crónica local», fresco todavía, que contenía los siguientes párrafos:

I.-«El 10 del corriente |recibieron la dulce coyunda matrimonial el estimable señor H. H |. y la |simpática se­ñorita Z. Z |. Reciba nuestros cordiales parabienes la interesante pareja, que merece mil felicidades por la per­fecta armonía de los afortunados cónyuges, que nacieron el uno para el otro».

Y Dios sabe qué dramas de codicia, desesperación y vergüenza han determinado la unión de la «¡interesante pareja!»

II.-«Insertamos con gusto la siguiente lista de candi­datos para... (no importa el nombre de la ganga). |Inteligencia, ilustración, desinterés, acrisolado patriotismo (etc.), |son las cualidades |que adornan en alto grado a estos candidatos, y les aseguran la popularidad debida al mérito y |un espléndido |triunfo».

¡Y cuántas intrigas vergonzosas no habrá de por medio! ¡Cuántas bajezas no habrán cometido muchos de esos candidatos, para luego incurrir en otros tantos prevaricatos!

III |.-«Hemos tenido la más profunda satisfacción |de |asistir al espléndido banquete dado ayer por el señor N. N. en honor de... (tal personaje o aniversario), banquete seguido de |un brillante concierto. La función superó toda esperanza, pues estuvo en todo tanto a la |altura |del objeto como |del |distinguidísimo anfitrión».

¡Pobre anfitrión!, cuánto te habrán mordido tus con­vidados y censurado los no invitados!

IV.-Hemos leído con la |mayor satisfacción el reciente decreto del poder ejecutivo sobre ... (cualquier embrollo), |y no podemos menos que asociarnos con nuestros aplausos entusiastas al feliz |pensamiento del |hábil magistrado. Pre­visión absoluta, método, claridad, acierto y equidad, son |lar |cualidades características de aquel acto, que promete optimos frutos».

¡Y el tal decreto causó el descrédito del Estado, o arruinó una renta nacional, o provocó una insurrección!

V.-«Acaba de llegar a nuestra capital, |el honorable señor ministro K |(o el eminente sabio señor B; |o el brillante artista señor R; o |el muy reverendo y piadoso misionero señor X, etc.). |Sabemos que tiene las más benévolas dis­posiciones respecto de nuestro país. Deseamos que su residencia en esta capital le sea grata y se prolongue, y le ofrecemos cordialmente nuestras simpatas»..

Y el tal ministro tal vez cubrió de humillaciones al país; el misionero sembró en él acaso la cizaña; el sabio (si lo era), fue quizás perseguido por la envidia, o si era un zote tunante, se llevó médio museo; y el artista se marchó aprisa por no morirse de hambre, o era algún caballero de industria, algún corsario armado de clarinete o violoncello.

Cuando terminé la lectura de los cinco acápites lauda­torios, miré fijamente al buen Pichón y le dije:

-¡Diantre!, ¡tú no tienes relaciones sino con arcán­geles! ¿Tu «Crónica» mantiene este estilo en estado crónico?

-¡Qué quieres, Juancho mío!, la vida es una gran lotería (me respondió Modesto), y es bueno |ingeniarse para conseguir los mejores lotes.

-Pero al menos, le repliqué, ya que ves las cosas así, podrías variar un poco las formas y el estilo...

-¿Para qué? Si con muy ligeras |variantes de una misma sinfonía se alcanza el objeto ¿a qué fin devanarse los se­sos con innovaciones arriesgadas? Todo está dicho en este mundo, aun desde antes de Aristóteles, y el hombre es a todas horas una repetición de sí mismo.

Muy poco seducido por la filosofía de Pichón, púseme a leer en silencio un artículo político que él parecía des­tinar a producir gran sensación. Era un editorial lleno de previsión y ciencia, nervio y originalidad, relativo a un suceso que debía realizarse una semana después. Mo­desto había escrito para su periódico este elocuente fárrago:

«Hoy ha tomado posesión de la Presidencia de la Re­pública el excelentísimo señor don... (creo que era un general), en medio del entusiasmo de las Cámaras y de toda la capital. Una |nueva aurora alumbra nuestro hori­zonte político; una |nueva era comienza en los fastos de nuestra historia. |De hoy |más, |la hidra de |la discordia |no levantará su cabeza. |El |timón del Estado estará en manos de un |hábil piloto, que no dejará |zozobrar la nave de la República, |azotada por |contrarios vientos; él sabrá |con­ducirla por en medio |de los escollos al puerto de salvación. La náción se levantará de ese |lecho de Procusto en que la ha tenido |la ciega ambición de los |partidos |enemigos del orden (o | de la |libertad, según el caso). Nuestra administración no será, como hasta ahora, una |torre de Babel. El nuevo Presidente ofrece a todos |el ósculo y la |oliva de |la paz. La anarquía no |devorará más las entrañas |de |la patria, cual otro |buitre de Prometeo, porque los |pro­tervos sabrán que |la ley inexorable estará |suspendida sobre sus cabezas como |la espada de Damocles. Durante cuarenta años hemos vivido haciendo y deshaciendo leyes, sin provecho alguno, de manera que nuestra obra política sólo ha sido |una tela de Penélope. Hoy nuestro primer magistrado, |fuerte por su popularidad como por sus títu­los legales, nos promete una |paz octaviana; y es de esperarse que, bajo su influencia, no sólo |cicatrizarán las heridas de la patria, sino que el Congreso no será como en tiempos anteriores, |un |campo de Agramante. Nosotros sostendremos el poder |que se inaugura con la conciencia, lealtad |e |independencia de |los hombres |de bien, resueltos |a |hacer todo |sacrificio que pueda evitar que |la tea |de |la discordia produzca un nuevo incendio |y que |la anarquía |nos devore. Por tanto, combatiremos los |planes proditorios de una oposición sistemática que, con su eterna utopía de reforma, verdadera caja de Pandora, aspira a perdernos en un laberinto inexplicable de contradicciones y errores, de donde no podríamos salir ni conducidos por el hilo de Ariadna. La legitimidad será nuestro caballo de batalla; la justicia el único norte de nuestras aspiraciones (el bol­sillo será el sur); la fidelidad nuestro broquel; la ley nuestro mejor ariete; la verdad, apoyada en la opinión pública, nuestra palanca de Arquimedes; y formando siem­pre en las filas del gran partido ... (el nombre, según el caso, porque es de ordenanza que todo partido sea gran­de), seguiremos imperturbables la meta que nos señalan los principios... »

Aquí suspendí para tomar resuello. Miré de soslayo a Modesto y comprendí que se sentía coronado de luz y gloria. Y eso que aún no me había dejado ver sus obras de literatura epistolar (o |pistolera) ni las de aquel género vergonzante que hace del |álbum de cada señorita un hos­picio de incurables y espósitos; género que bien pudiera llamarse el de la literatura parásita.

Modesto era un chico amable y galante (salvo en sus ratos de grosería pedantesca), siempre sediento de ado­ración y exuberante de entusiasmo; aunque, a decir ver­dad, su persona ocupaba el primer lugar en los dogmas de su fetichismo profano. De ahí resultaba, que, por lo común, como ciertos aspirantes a empleos que solicitan diez o doce a un tiempo y en los ramos más heterogé­neos, porque lo que abunda no daña, Modesto tenía siem­pre entre manos una media docena de ídolos femeninos, sin perjuicio del excelentísimo señor Presidente y los demás ídolos masculinos.

Otro se hubiera encontrado apurado con aquella poli­gamia de coqueterías, aquel politeísmo de crinolinas y corsés. Pero Modesto era fecundo y listo en expedientes, y a fuer de hombre versado en cosas de administración, sabía servirse hábilmente del sistema de circulares, y bur­larse de toda patente de privilegio literario. Sus cartas amorosas y sus idilios de álbum (que no por ser de |álbum eran muy |albuminosos) no necesitaban de borrador. Te­nía su molde o modelo |(su lecho de Procusto, diremos),de donde salían himnos y flores para Concha lo mismo que para Maritornes, con ligeras modificaciones, según la edad y condición. Así es que no hay en América hom­bre que haya perpetrado tan considerable número de |albumicidios como el buen Modesto.

Modesto era, pues, un hombre |práctico en todo el rigor de la palabra. A pesar de su ignorancia orgánica y radical, conocía el mundo con la profunda intuición del interés o el amor de sí mismo, y sabía por experiencia que la lisonja es en el mar de la vida el mejor anzuelo para pes­car la fortuna. Y como la lisonja tiene dos formas esencia­les, positiva y negativa, Modesto la prodigaba ensalzando a sus ídolos y maldiciendo a los adversarios de éstos; género de adulación que, bajo las apariencias de la noble indignación y de la independencia de opiniones, es quizá el que más complace a los mezquinos adulados, por ser el más vil.

Yo había, pues, descubierto el talismán de Modesto. Profundamente ignorante del fondo de las cosas, por falta de verdadero talento, estudio y método, sin embargo, algunas lecturas superficiales, el trato con el mundo, la memoria de las palabras, y sobre todo su admirable desparpajo, le habían hecho adquirir cierto caudal de so­fismas; frases tradicionales, citas y lugares comunes; variedades de algas parásitas que viven en las aguas de la literatura sin razón de ser, porque sobrenadan en esa espuma inextinguible que se llama el |hábito. A fuerza de remendar frases, cebándose como un cuervo en los despojos de la literatura |fósil, que los cataclismos del tiempo han dejado a flor de tierra, Modesto había pelechado, ganado fama y subido a la categoría de personaje. Nada favorece tanto a las nulidades, sofismas de la especie humana, como esas mil vulgaridades del lenguaje o el estilo, que sobrenadan en las letras y son los sofismas de la literatura.

Está demostrado que el gran arte de hacerse notabi­lidad consiste en uno de dos sistemas: o el del silencio estúpido pero mañoso, que hace de los taimados ineptos hombres modestos, cuerdos y profundos; o el de las citas de aforismos latinos, frases felices producidas en lenguas extranjeras, y alusiones mitológicas o de historia antigua que dan pasaporte a los pedantes para entrar en la cate­goría de los sabihondos populares. La geología se ha equivocado en su nomenclatura, porque ha omitido incluír entre sus ramos de investigación la |paleontología literaria.

¡Pobre América española! A virtud de dolorosas prue­bas, a fuerza de revoluciones, has logrado emancipar:

A los indígenas, de su |tributo;

A los esclavos, de su |cadena;

A los negociantes, de la |alcabala;

Algunos trabajadores, del |monopolio.

¡Pero tu literatura, arrastrándose todavía por las encru­cijadas del plagio y el mal gusto, no ha podido emanci­parse de la vulgaridad! No hay quien no haya hecho su pronunciamiento en favor de alguna causa política o per­sonal; pero nadie ha pensado en encabezar una revolución que liberte las letras americanas del yugo que sobre ellas hacen pesar:

La |parca destructora, |cortando |con su tijera el hilo de |la |vida;

E |l timón del Estado, siempre |en manos de pilotos ex­perimentados, con su correspondiente |puerto de salvación y su respectiva |estrella polar;

La |espada de Damocles, suspendida sobre todo auditor y todo suscriptor de periódico;

La |palanca de Arquimedes, que hoy no levanta sino tercios de tontos;

El | |lecho |de Procusto, que ya no sirve ni para cama de pordioseros;

El | |buitre |de Prometeo, que roe los tipos de todas las imprentas;

La |caja |de Pandora, que ya no es sino una jaula de ratones y cucarachas;

La |manzana |de |la discordia, que está mohosa;

La |oliva de la |paz, que nunca reverdece;

La |torre de Babel, con todos sus habitantes pretérito presentes y futuros;

El | |caballo |de batalla, que a fuerza de montarlo todo el mundo, está reducido a esqueleto;

El |campo de Agramante, donde ya no caben los plagiarios;

El | |nudo |gordiano, que más de un necio debiera desatar con las muelas;

La |tienda de Aquiles, donde se refugian y han refugiado todos los bribones de gran tono;

El |talón del susodicho Aquiles, tan gastado ya que ni serviría para calzarle un espolín;

La |túnica de Deyanira, que de muy buena gana pondría yo en las costillas a más de cuatro magistrados, no estuviera ya hecha trizas;

Los |huevos de |Leda, que no han producido, no digo un cisne, pero ni un miserable pollo, y están hueros de tanto manosearlos;

El |suplicio de Tántalo, que se ha hecho muy vulgar, porque lo sufren todos nuestros empleados cesantes;

El |tormento de Sísifo, que tantos padecen sin saberle soportando una mujer, un empleo, un periódico, una fortuna mal habida, u otra bagatela;

El |ojo derecho de Filipo, que tantos tuertos han plagiado sin gracia ni talento;

El |manto de César, en que han envuelto su pulida mucho fatuos enaltecidos;

El |tonel de |las |Danaides, monopolizado desde hace mucho por nuestros gobiernos para convertirlo en caja de la tesorería nacional;

La |amistad de Damon y Pitias, que ha degenerado en el |comercio |de |amistades |u otros, de Cabrión y Pipelet.

Y de ribete, |la |tela de Penélope, que ya debería desti­narse como trapo muy viejo a la fabricación de papel.

Preciso es convenir en que todo este mobiliario carco­mido y lleno de telarañas debe de pesar mucho sobre el cuerpo magullado de nuestra pobre literatura. ¿Y qué hacer? Propongo uno de dos recursos radicales:

O hagamos una inmensa pira con todos esos mamo­tretos, esa leña podrida que nos viene por herencia de los siglos, y metámosle fuego con cartuchos de necrolo­gías, felicitaciones, proclamas militares, programas gubernamentales y otras variedades mentirosas;

O fundemos un gran museo de paleontología literaria; releguemos a sus armarios todas las ruinas del ingenio, entre las cuales vivirá el mal gusto como un viejo lagarto |, y escribamos en el frostispicio:

« |Depósito de literatura fósil: se admite |gratis |toda la |que se |traiga».

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