VIII.
DE ROBERTO A PEPE.
Ubaté, 27 de diciembre de 1851
PEPE. - El velo se ha rasgado!!...... Por fin veo
claramente…… Un abismo de perfidia!!!! Los hombres
hacen renegar i maldecir de la amistad! Oyeme, Pepe, i sabras
infamias que te admiren!
Llegó Teodomiro: nuestra vida al principio era regular: le habia
buscado el mejor alojamiento, viviamos en la mayor confianza. Yo le
hablaba de Carolina frecuentemente con el mayor entusiasmo, él me
oia siempre silencioso i distraido: lo cual era de atribuirse, i lo
atribuia yo en efecto, al spleen, a ese fastidio, a esa abundancia
de corazon, a ese aburrimiento que los jóvenes recien llegados de
Europa suelen esperimentar los primeros dias de su residencia en el
país.
Tuvimos una tertulia casera, i tres bailes tan buenos como
pueden presentarse en Bogotá. Tanto en aquella como en estos no
pude ménos de reparar que cuando yo sacaba a Carolina a bailar
alguna pieza, ya Teodomiro se me habia anticipado. No puedo,
Roberto, bailar con U, me respondía, porque me ha sacado Teodomiro,
bailo con Teodomiro, pongo con Teodomiro la contradanza; i así solo
tal cual valse como robado podía bailar con ella. Por casualidad
lograba verla entre mis brazos, pero la hallaba tan fria, tan
mudada, que no me atrevia a dirijirle ni una sola palabra. El
verdadero amor es siempre tímido y respetuoso!! Oh! Que
desengaño!
Bailaba despues, por distraerme, con Felipa la cual me divertia
con sus chistes i con sus ocurrencias. Si acaso le preguntaba,
dígame, Felipa, ¿qué tendrá Carolina? Ella me respondía: que tiene
un poco de spleen, i está pensando en Inglaterra: la culpa la tiene
Teodomiro; pero no tenga U. cuidado, ese mal le durará poco;
Carolina cojea del lado de la incostancia.
Ai! yo, que la he amado tanto i con tanta sinceridad, debía
esperar, i ella me hacia esperar otra cosa. Porqué no decirme desde
el principio, U. no me gusta, no puedo amarlo? pero lejos de eso
despues de una conquista formal, ¡ cuántas pruebas no he recibido
de su cariño! Maldita sea la ausencia! Una ausencia de tres meses
bastó para ser vilmente suplantado, i por uno a quien yo reputaba
por mi verdadero amigo! Despues de lo que me ha pasado, oh Pepe!
tiemblo de decirle a otro hombre: U. es "mi verdadero amigo." Pero
debo informarte de lo sucedido, i lo haré rápidamente.
Anoche que fué la última de mi mansion en Chiquinquirá, habia
salido a un corredor, i me paseaba allí abismado en las
contemplaciones de tan repentido cambio, echando miradas a la sala,
i siguiendo todos los pasos de Teodoiniro. Este acercó a Carolina,
se hablaron en voz baja, ella sacó del seno un durazno i se lo dio
yo lo ví, él lo cojió, lo besó i lo guardó en el bolsillo del
chaleco. Esto pasó mas pronto que te lo escribo. Para qué quería
saber mas?
Teodomiro me engañaba: diciéndome que amaba a Felipa, habia
puesto sus ojos en Carolina.
Teodomiro me traicionaba cobardemente.
Teodomiro, no solo me traicionaba, sino que me insultaba con
descaro.
Pasaba por mis ojos una nube de fuego: toda la sala me pareció
que ardia en vivas llamas, i que veia dar vueltas a las
concurrentes, entre un torbellino de llamas, como en las de la
muerte pintadas por Offman. Sentí que el corazon se me rasgaba de
ira i de dolor; sentí dolor en la cabeza, como si me hubieran
herido con una hacha; sentí que me iba a desmayar i tuve que
apoyarme de la baranda del balcon para no caer.
Asi pasaron unos cortos minutos: entónces entré a la sala, llamé
a Teodomiro, él tomo sombrero i nos despedimos. Bajamos en silencio
la escalera: en el zaguan me preguntó, para qué lo queria? Tengo
que arreglar contigo una cuenta, porque eres un…… No
hai que dar escándalo dijo él. Ya lo entiendo, le contesté. Llegado
que hubimos a la casa, toda la esplicacion que dio, fué confesar de
llano en plano su infame conducta. Tentado estube a descolgar mi
puñal i atravesarle el fementido corazon, dejándolo muerto a mis
pies; pero me contuve. Me propuso que nos batiéramos en Bogotá;
convine con la proposicion i señalamos la marcha para la mañana de
este dia. Yo dormí con las pistolas cargadas en la cabecera de la
cama. Parece que él no ha podido dormir.
Esta mañana salimos de Chiquinquirá, i hemos llegado aquí, desde
donde te escribo, para que sepas cual ha sido el fin de las
fiestas. Mi carta llegará, apénas con algunas horas de
anticipacion.
Figúrate que viaje de regreso, sin hablar una sola palabra, i
desafiados a muerte; pues nos vamos a batir sin testigos. El duelo
asi es barbaro; pero he convenido en que sea lo mas bárbaro
posible! Si mato a Teodomiro, me quedaré a saber que lo ha llorado
la infiel. Quiero saber si el daño que hace una bala en el corazon
de un pérfido, puede curarse con el llanto de una hermosa. Si el me
mata! ¿Cómo me ha de matar? Eso no puede ser! El está correspondido
i la mano le ha de temblar precisamente. La felicidad disminuye el
valor, la desgracia lo aumenta.
¡Cuando se han de imajinar los que mañana nos vieren pasar tan
jóvenes, i montados en arrogantes caballos, que uno de nosotros se
va acercando al cementerio de Bogotá! El mundo tiene máscara
¡felices los que como tú lo ven sin ella, i por eso lo miran con
lástima o con desprecio!
Sé que no podré dormir, pero el conductor de esta carta debe
marchar ahora mismo, para cojernos alguna ventaja. No te digo el
sitio del combate; pues eso seria empeñar a la amistad a que
levantára un dique a las olas de la venganza i de la
indignacion.
Carolina, Carolina! ¿Quién te ha amado como yo? Sin ti para que
quiero la vida? Voi a mandar que encillen los caballos porque
cantan los pajarillos anunciando la venida de la aurora.
Pepe, adios !-Roberto.