VII
DE FELIPA A ANITA,
Chiquinquirá, 23 de diciembre de 1851.
ESTIMADISIMA AMIGA.- Vuelvo a anudar el hilo de mi relacion.
Hemos tenido una tertulia i dos o tres bailes formales, con sus
correspondientes cuadrillas, sus walses de Straws, su poco de polka
i una tonteria norteamericana que llaman el Shiothis. La música era
bogotana, los vinos estranjeros. Los bailadores tomaban mucho
brandy, cosa que me molesta infinito, porque echan un tufo
detestable.
Lo mismo es en Bogotá: las mujeres estamos encadenadas a la
sociedad, i tenemos que sufrir sus impertinencias.
La tertulia fué en casa; la sala es decente con una lámpara en
el cielo razo. La música se componia de un violin, una guitarra i
una bandola punteada por aquel chiquinquireño Jerónimo Pérez que se
lucio tanto en la filarmónica. Es una bandola de primer órden i yo
soi tan decidida por ese jovial instrumento que al oirla me puse
alegrísima, i todos participaron de mi buen humor: mi padre sobre
todo i mamá estaban en sus glorias viéndonos bailar a Carolina i a
mí. Bailamos Bambuco, San juanito, que sauna especie de cuadrilla
granadina, la Danza cubana, i lo que llaman La Caña. La funcion
terminaría a las once (sin brandy i por lo mismo sin molestias),
pues era de mucha confianza.
En el último baile la cosa estuvo mas formal. Carolina i yo
íbamos con trajes color de amaranto, guirnaldas blancas, los
corpiños a la Fornarina, i las mangas rasgadas como para dejar ver
una especie de camisa. Mi hermana estada guapísima; i aunque
aseguran que el sol de casa no alumbra, debo confesarte que me
pareció mui digna de ser hermana mia, hermana de la Negra. Los
hombres la miraban arrebatados de admiracion, i no hacian caso de
las otras niñas que habia en el baile, qué! ni aun de mí, que es
cuanto puede decirse: me parece que nos sacaban a bailar por puro
cumplimiento. Carolina se llevaba los aplausos i las miradas de
todos.
Roberto i Teodomiro estuvieron bastante sérios: a la media noche
se retiraron bruscamente con muestras de visíble disgusto. Me
figuro que habrá sido alguna boberia, de esas a que suelen dar los
señoritos mas importancia de la que merecen. Nadie sabe la causa
hasta ahora. Hoi llegó un criádo a las diez, a entregarnos unas
tarjetas muy lindas en que ámbos se despedian para Bogotá. Tendrán
allá sus negocios, o tal vez sus amores. ¿No te parece? A lo ménos
no puede atribuirse tan repentina marcha, sino a algun motivo mui
importante. Quién sabe como les habrá ido en el camino, pues el
tiempo ha cambiado de repente i ayer llovió bastante, i hoi amenaza
mui mal tiempo. Qué harán mis mariposas, i los pajaritos?
Carolina ha estado muí triste i ha llorado mucho por los primos:
es una santa mujer! Ponerse a llorar como una criatura por unos
jóvenes ricos, instruidos, a quienes no les falta nada i que
tendrán sus amorcejos en Bogotá. ¡Que tontería! Yo por mi parte
solo lloraré cuando haya causa para ello. Una lágrima! Una lágrima
derramada por una hermosa vale mas que un diamante! I carolina las
derrama así por la ausencia de unos primos que viven felices, i que
tal vez no habrán vuelto a acordarse de nosotras ni de
Chiquinquirá?
Anita, aprende a cumplir una palabra, pues te he escrito una
carta tan larga; no me dejes esperando tus letras, pues soi tu
negra, i la mas juiciosa de tus amigas.-Felipa.