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III.

 

DE ANITA A CAROLINA.

Bogotá, 20 de diciembre de 1851.

HERMOSA CAR0LINA.-No he recibido carta tuya, i sin embargo espero una magnífica relacion de tu viaje, pues tú sabes decir las cosas, si echando a un lado la pereza, te dedicas a complacer a la amistad. El campo es mui bello, i en un viaje, aunque sea corto, siempre hai incidentes que entretienen i que divierten. Cuéntamelo todo, como cuando poniendo tos rosadas mejillas en mi cara, me hablabas fervorosa aquella noche (ya te acordarás!) en el corredor que sombrea el muelle pomposo cantado por tu futuro. Como que alma del poeta se habia trasfundido a la tuya, i por eso me hablabas con una viveza de espresion, centellante como tus negros ojos, i encendida como el fuego de tu corazon de paloma. ¡Que feliz el que merezca tu mano, Carolina, i tus cariños i tu confianza! Me he puesto, a pensar muchas veces que estoi mas enamorada de tí que tu romántico Teodomiro; i tengo razon para afirmarlo porque te conozco mas a fondo, i sé cuanto vales.

Ahora que digo Teodomiro, oye: anoche estuvo a verme, i conversamos una media hora. Ya puedes figurarte, Carolina, de quien nos ocuparíamos, i qué nombre seria el que repetimos cien veces, i cuanto elojio, elejio no, cuanta justicia tributariamos al talento, a la virtud i a la hermosura. Hablaban un tiempo un poeta, un amante i una amiga, tres personas reducidas a dos corazones que cada uno a su modo te idolatra te adora.

Teodomiro estaba pensativo, tocado, abismado, en su idea. Yo veia dibujarse su persona en el espejo que tengo cerca de mi costurero: aquel en que se ha reflejado tantas veces tu talle en cantador. Estaba pálido como la cera; su negra barba i su abundante cabello hacian un hermoso contraste con sus rasgados ojos, con su nariz bien delineada i con su soberbia dentadura.

Teodomiro es mui buen mozo, te lo digo Carolina, para que lo sepas, si es que no lo sabes i te quiere mucho, en estremo, con furor, cifrando su gloria en creerse correspondido de una muchacha tan interesante. Me habló mucho de las bellezas de Alemania i de Béljica, paises que recorrido recientemente; ponderó la gracia de las francesas, concluyendo siempre por decirme, que en ti se realizan todos los sueños de su fantasia: el no te baja de la categoria de los anjeles, te compara con las flores, con la brisa, que sé yo ¡sabe tanto! i tiene un modo de decir las cosas como un libro. Al oirle creia que estaba leyendo un tomo de Zorrilla, o los cantos de Byron o de Espronceda. Pero tambien te digo que ese jóven está loco, i que tienes que hacer que se sangre i se purgue ántes de que se lleve a efecto tu proyectado himeneo, porque es de aquellos que pueden morirse de un gusto. He estado absorta mirando el abismo de su corazon: he oido el ruido de sus pasiones tempestuosas. Es un jóven estremado, i asi tienes que encargarte de domesticarlo, porque ese hombre celoso seria capaz del suicidio, de la mayor locura. En sus ojos he visto un relámpago, una luz fatídica, una cosa sombria que me asustaba de vez en cuando: volvía despues a su sonrisa habitual, i entonces me parecia un corderillo durmiendo entre flores al lado de la madre. Tremendo es el jóven!

Envuelto en su capa negra, con su chaleco de terciopelo i sus pantalones a cuadros, accionaba a veces para dar fuerza a sus palabras, tranquilo despues jugaba descuidadamente con la cabeza del estoque. Dijo que iba a escribirte. Alguna resma! Ya tienes con que entretenerte. Dijo despues que iria a las fiestas, que tiene mui buenos caballos; i a poco rato añadió: que tal vez no iria; suspiró, se acercó a ver tu retrato pintado al oleo por Espinosa, (retrato que habla),calló por unos instantes i después lucieron sus ojos con aquel resplandor asombroso que me intimida.

El reloj dió las nueve, i tomando su sombrero me hizo una elegante cortesía i se despidió, dejándome incierta de su marcha.

Por lo que te digo puedes formarte alguna idea de la visita del afortunado, del…… yo no sé como llamarlo, de Teodomiro, de tu Teodomiro.

Mil cariños a la negra, i que me perdone que no le escriba, pues me preparo a hacerlo mui despacio. Me parece que no estaras disgustada: acabo de endulzarte el oido hablándote de lo que mas te gusta; i creo que bien merece mi decidido afecto un fraternal abrazo i un beso amistoso.

Anita.

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