XIV.
DE CAROLINA A ANITA.
Bogotá, 20 de febrero de 1853.
¿EN DÓNDE podré yo derramar una lágrima, sino es en tu seno?
Abreme, pues, los brazos de la amistad, Anita déjame llorar, porque
hoi es el aniversario de la muerte de Teodomiro.
Roberto cayo en el sitio del combate!...... Teodomiro espiró
poco de en Guáduas. Ambos murieron por mí…… ámbos me
amaban; i hoi, si derramando toda la sangre que hace palpitar mi
corazon pudiera alzarlos del sepulcro i volverles la vida, la
derramaría de buena gana; i el uno viviera para las dulzuras de la
amistad, el otro para las delicias del amor. Pero ya es
tarde!!!
Ha pasado un año! Año de luto, de tristeza i de remordimientos
para el alma. Año en que he derramado mis lagrimas en silencio, o
he tenido que contenerlas por el bien parecer; año en que las
flores que coronaban mi frente han sido arrebatadas por el soplo
impetuoso de las pasiones. Deja, déjame llorar, Anita, sobre tu
seno!
Los que me conocen, dirán que estoi nadando en felicidades,
porque me ven jóven, robusta, no mal parecida, con alguna
educacion; i sabiendo que soi hija de buenos padres, que tienen
comodidad, si se fijan en mí cuando paso por la Calle del Prado, en
mi linda carretela, tirada por cuatro hermosos caballos, finjiendo
una sonrisa delante de esa juventud que se inclina para saludarme
con el sombrero en la mano, habrán dicho o dirán: qué feliz es esta
Carolina! qué le falta?......
Qué me falta? Ai cielos! Qué me falta?......
Me falta la paz del corazon ¿i de qué sirven, sin ella, las
riquezas, el lujo, i los placeres que encuentro al paso? ¿De qué
las flores que arrojan a mis piés, i que cojo distraida, si no
tienen olor? ¿de qué la música, los bailes i los convites i tantas
caricias i tantos elojios, cuando el corazon está muerto, i la
sonrisa que vaga por mis labios es como la de aquellos infelices,
que se hielan en la cumbre nevada del Tolima? El corazon vierte
sangre de una herida profunda, i me falta lo
principal…… me falta la esperanza, pues mis primeros
amores se escondieron en un sepulcro. Me falta lo principal; i sin
embargo la sociedad engañada, dice: "esta Carolina es mui feliz," i
me señala con el dedo. Así son los fallos equivocados de la
opinion! ¡Cuántas Señoritas bogotanas se hallarán tal vez en
circunstancias parecidas! Pero ninguna ciertamente será tan
desgraciada como yo Ninguna!
I lo que me atormenta, i me desgarra el corazon, es pensar que
(sin quererlo) fui yo la causa de tantas desgracias. Si: yo tuve la
culpa!
No tengo necesidad de vindicarme en tu presencia, pues supiste
desde el principio, cuan inocente era mi amor, mi primer amor de
diez i ocho años. Amaba a Teodomiro con sinceridad; pero no tuve
bastante firmeza de carácter para desengañar desde luego a Roberto;
i él apasionado, tomaba por señales de amor las cariñosas
manifestaciones del mas sencillo afecto; i se creyó correspondido,
porque lo distinguia como a buen amigo, por falta de valor para
desengañarlo de sus pretensiones. I, a pesar de toda mi inocencia
mi conducta, (equivoca contra mi intencion) confundiéndose con lo
que llaman COQUETERÍA, fué la que produjo el desacuerdo de dos
jóvenes tan interesantes.
Bien sabes, Anita, cuál ha sido mi vida en todo el curso de este
año fatal, procurando esconder mi pena, porque no se contristaran
mis padres, que hasta la fecha ignoran los incidentes las
consecuencias de aquel duelo maldito.
Por las noches, cuando me encierro a llorar en mi gabinete, me
parece que veo delante de mí dos jóvenes, que se miran de hito en
hito asestándose las pistolas, i como aguardando la hora de
disparar.
El viento sacude los hermosos cabellos del uno, que está pálido
i triste, i revuelve la capa de otro que fija en aquel su mirada
amenazadora. Me paso la mano por la frente i vuelvo a otro lado la
cabeza, para desterrar aquella funesta vision, pero al abrir los
ojos veo en otra parte una casita de paja, que corona una colina
sobre un risueño valle, i al mismo tiempo descubro un jóven
melancólico que está mirando el poniente del sol. Me levanto, me
paséo; i a poco rato vuelvo a ver aquella misma casa, i en la sala,
tendido sobre la tierra, un joven que parece dormido, con los pies
juntos i las manos cruzadas sobre el pecho.
Anita Ese jóven tiene la mismas facciones la misma sonrisa d
Teodomiro! Yo me vuelvo loca!
Corro entónces como desesperada a postrarme de rodillas delante
de la vírjen de los Dolores; al fijar mis ojos en aquella celestial
figura que muestra el pecho atravesado con una espada, i de cuyos
ojos se desprenden lágrimas, que no se atreverian a recojer en sus
alas los ánjeles del cielo, continúo llorando en larga oracion.
Entónces se cambia mi dolor en una vaga melancólia, pues la
Santísima Vírjen suele mandarme un rayo consuelo por entre las
sombras de tanto infortunio, i elevándose mi alma a rejiones
desconocidas, veo desde allá, horrorizada, el polvo del mundo todo
lleno de sepulcros.
¿Qué se hicieron mis sueños de oro en las orillas del lago de
Jinebra? Dónde está aquella felicidad doméstica que me prometia una
venturosa union? ¿dónde aquella barca que se habia de deslizar al
soplo de la brisa que enrizara levemente las ondas? ¿dónde están
los jardines en que habia de pasearse pensativo el romántico
trovador que cantara mi hermosura? dónde están aquellos hijos a
quienes debía enseñar a pronunciar el nombre de Dios, besando
amorosa sus rosadas mejillas ¿dónde está Teodomiro, dónde? Que se
hizo mi felicidad? Porque no estás tú en Bogotá, mi querida Anita?
Yo me vuelvo loca!
He abandonado mis estudios, no he vuelto a tocar una tecla del
piano, los canarios se murieron hace meses, las tazas de flores se
marchitaron, las chanzas de Felipa me fastidian, el paseo me
disgusta, las tertulias me enfadan, la lectura me enoja; i si por
la fuerza me veo precisada a hacer alguna visita, prefiero salir de
saya de raso negro, que imita un poco el traje de luto, que
conviene a una JOVEN INDISCRETA, que no tuvo valor para decirle a
un enamorado: "Usted es mi amigo, pero sepa que tengo dada mi
palabra i que me casaré mui pronto; no se resienta usted por mi
franqueza, pues no teniendo mas que un corazon, no puedo tener dos
palabras, ni dos amores." Ah! Si hubiera hablado así, a su debido
tiempo ¡qué de males se hubieran evitado! Ahora en vez de la negra
nube que se rasgó sobre mi cabeza, veria un cielo azul sin manchas,
un porvenir hermoso, i no tendria que suspirar por su tranquilidad,
tu desgraciada amiga,
Carolina!