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XII

 

DE TEODOMIRO A PEPE.

Guaduas, 21 de enero de 1852.

DESDE aquella funesta mañana, en que al disparo de una pistola, huyó la felicidad que se albergaba en mi pecho, i se desvanecieron como el humo los soberbios palacios que alzara mi atrevida imajinacion, arrastro aquí, mi querido Pepe, unos dias de mortal congoja. Es verdad que ya no esperimento aquel ímpetu primero, rabioso i frenético de la desesperacion; pero todavía mis sueños son perturbados por funestas visione: duermo algunas horas, como alguna cosa, i aun he podido dar algunos cortos paseos solitarios. El aire del campo me aprovecha; lo conozco, pero estoi estenuado, pálido, débil. Ayer me acerqué a la orilla de un riachuelo, que llaman El Limonal, i me pareció que estaba viendo un cadáver retratado en la aguas. Oh! Si Carolina me viera, creo que no podria conocerme pues en mes i medio me he aventajado en términos que mis cabellos se han encanecido, i mis mejillas marchitas i hundidas muestran por fuera el violento estrago de las pasiones. No he tenido valor para escribirle pues me figuro que me mirará como un asesino, i si llegara el caso creo que ella teme quedarse sola conmigo en una pieza; porque he derramado la sangre de un hombre, la de un hombre valiente i estimable bajo muchos respectos. Espero que esplores el campo, i que me digas si ya pasó el primer arranque del sentimiento en ese pecho virjinal que he despedazado bárbaramente a sabiendas, solo por ceder a un puntillo de honra, a una opinion reprobada por el sentido comun i por nuestra santa relijion.

En uno de mis paseos solitarios compuse los versos que hallarás adjuntos. Pensando en ella los compuse, i están impregnados de tristeza! Cuando acabes de leerlos, quémalos; porque son versos tristes, disparatados, i sin objeto. Ellos servirán solamente para que conozcas el estado de postracion en que se halla tu pobre amigo.

Luego que me reponga, me preparo a volar al lado de Carolina, i a llorar a sus pies el pecado que, por su amor i por su beldad, he cometido la disculpa está en mi juventud; i me persuado que ella al verme tan triste i tan desventurado, me devolverá su dulcísima amistad. Sospecho que no haya muerto el amor en su pecho; pero si lo estuviere, yo sabré reanimarlo con la sinceridad de mi arrepentimiento i con las lágrimas que derramaré en su presencia, como las que he vertido lejos de ella por tan infausto suceso.

Una vez disipado aquel recuerdo funestísimo, hablaré seriamente a D. Gaspar i le pediré la mano de su hija. El brillante estado de mi fortuna, i nuestras  antiguas relaciones de familia, me hacen esperar que no será desatendida mi peticion. Entónces nos casaremos i realizados mis intereses, me iré para la quinta que he comprado en las orillas del lago de Jinebra a curarme de tanta angustia bajo otro cielo, llevando por compañero, ese ánjel consolador, ese ánjel de Dios.

No temo las persecuciones de la policía en este país; pues no habrá quienes depongan contra mí por semejante duelo, efectuado sin testigos i en lugar apartado. Supongo que la muerte de Roberto habrá hecho mucho rudo en los primeros dias, como sucede en todas las ciudades populosas, en que hai turbas hambrientas de noticias para entretener su ociosidad; mas, a vuelta de ocho dias nadie se habrá acordado del desdichado. En los primeros momentos muchas alharacas, despues el olvido. Asi sucede en todas partes, en Bogotá mas que en ninguna otra ciudad; porque como que el carácter de sus habitantes participa de las beleidades admosféricas.

Me molesta bastante una tos que sufro, cual me arrecia por las noches, i eso me tiene con mucho cuidado, i me, estorba para escribir mas largo. Espero que me dispenses, i me informes circunstanciadamente de todo que haya ocurrido por allá.

Tu fiel Teodomiro.

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