II.
DE CAROLINA A ANITA.
Simijaca, 19 de diciembre de 1851.
MI PENSADA ANITA.-Aprovecho unos instantes para ponerte con toda
el alma estas cortas líneas.
Ayer, al ponerse el sol, llegamos a esta hacienda que queda en
una hermosa explanada rodeada de collados cubiertos de verdura. El
llano es primoroso: las alamedas de sauce son bellísimas! Tantos
ganados, tanta frescura, tan puro el ambiente, el cielo tan
sereno!...... Te repito que esto es encantador; es romántico!
Nuestro viaje ha sido triste i monótono. Mi madre siempre con
sus achaques. Ai! Pobrecita! ella no quiere alentarse! mi padre
regañando continuamente a Felipa porque corria, porque se
adelantaba, porque se atrasaba, por todo. Los chiquitos lloraban de
cuando en cuando; i las bestias que llevaban nuestro equipaje nos
ahogaban con el polvo que iban levantando del camino: eso no era
romántico, mi pensada Anita!. Asi es que los campos de Cipaquirá,
la laguna de Fúquene i el verde seno en que queda Nemocon, todo lo
he visto por entre una nube de polvo. ¿Para que te he de escribir
los malos ratos de las posadas? tú has venido por aquí, i conoces
las escenas i sabes las costumbres.
Mi querida Anita! he llorado mucho. No he tenido gusto en nada,
porque me vine dejándote a tí, i dejando en Bogotá mi
corazon…… ¡Qué viaje tan alegre si estuviera ya casada,
i hubiera vinido en compañia de!...... Supongo que habrá sido muy
formal i constante en visitarte, para hablarte de mí: ya no espero
que venga, porque sus negocios no se lo permiten, ¿qué haré yo para
que los corazones que se aman de veras, no tuvieran mas negocio ni
mas ocupacion que la de amarse?
Mira, chinita, te suplico que cuando vayas a casa, pidas la
llave de mi gabinete, i sacudas el polvo de las cómodas i el del
piano que tanta falta me hace; cuida de ver mis canarios i de
hacerles un cariño: los pienso tanto! Riega con tus lindas manos
mis aromas i mis jeranios, para que los encuentre floridos a la
vuelta.
Dame un abrazo, i recibe un puro i ardiente beso de tu amiga que
te ama.
Carolina.