SEGUNDA PARTE
EL ENANO
I
0din fue en otro tiempo el gran dios de los escandinavos.
Los escandinavos fueron los primeros habitantes de la Suecia y
de la Noruega, países septentrionales de la Europa, de aquende los
mares helados.
0din era el padre de los dioses y del mundo. De ahi su nombre
|All-fadher (padre de todo).
0din tenía su palacio en las nubes y en él recibía las sombras
de los valientes que morían en los combates. Era él quien les daba
coronas a los reyes, inspiración a los poetas y espíritu divino a
los profetas. 0dm cabalgaba en un caballo de ocho patas (Sleipnir),
se armaba con una lanza y llevaba dos cuervos sobre sus hombros.
Estos cuervos le servían de mensajeros.
En asuntos de amores terrestres y de aventuras, el padre 0din
fue un dios a lo Júpiter. Una leyenda dice que 0dm se hizo asar en
una hoguera para redimir a sus hijos. 0din fué, pues, un dios
redentor.
Según la historia, 0din fue un jefe que llevó su pueblo de Asia
a Escandinavia, 70 años antes de Cristo o 270 años después. El
punto es oscuro.
Los escandinavos fueron los padres de los normandos. Los
normandos eran aristócratas, activos, orgullosos y audaces; y se
les acusa de haber sido sanguinarios, pues se divertían arrojándose
unos a otros niños vivos, que recibían en la punta de Sus lanzas.
En lugar de dejarles sus bienes a sus hijos, los normandos los
hacían destruirr, para que sus descendientes se enriqueciesen
pirateando. En tiempo de hambre, mataban a los viejos y a los
párvulos, o los desterraban. En tiempo de abundancia, comían carne
de caballo y bebían cerveza. El mar era el
|camino de los
cisnes, y el
|rey d
|e
|l mar era el capitán de
los normandos. Uno de estos llegó a poseer hasta tres mil buques.
Con ellos traficaba en el Báltico y robaba en el oceáno.
Antiguamente era glorioso robarle al prójimo.
Los normandos descubrieron la Islandia e hicieron de ella un
asilo de la libertad.
La Islandia está en el mar y el Hecla está en Islandia. El mar
de Islandia tiene blancas espumas y aureolas de hielo. El Hecla
tiene bases de basalto y coronas de humo.
Cuando el mar ruge, el Hecla brama.
El mar alienta la tempestad, el Hecla el incendio.
El Hecla está sobre la costa Sur-Oeste y dista 40 kilómetros de
Skalholt, antigua capital de la isla. El Hecla tiene tres puntas
como el cetro de Neptuno y la mas alta alcanza a 1.736 metros.
Sirven de peana a esa horrible montaña 120.000 kilómetros cuadrados
de terreno. Esa es la superficie de la isla. El Hecla no es el mas
pintoresco ni el mas elevado de los montes de Islandia, pero es el
más famoso.
Mas allá de Islandia no se encuentran sino Spitzberg y la Nueva
Zembla. La isla de Juna Mayen no merece que hablemos de ella.
Spizberg es un archipiélago de rocas escarpadas y agudas en donde
hace un frío insoportable y en donde las noches suelen durar hasta
tres meses. Sus aguas abundan en cetáceos y en barcos balleneros,
enemigos de aquellos. La Nueva Zembla son dos islas rusas,
deshabitadas, rodeadas de hielos, con poca vegetación, muchos osos
blancos y algunos abedules. La visitan los cazadores de Arcángel.
El círculo polar ártico separa la Islandia de Spitzberg y de la
Nueva Zembla. Zembla en ruso quiere decir
|tierra.
|
Hace actualmente 1.025 años que un pirata noruego descubrió la
Islandia dicen que lo llevó a ella una tempestad; dicen también que
lo llevó a ella un designio. Ya hemos dicho que los normandos eran
unos hombres terribles, que amaban poco a sus parientes y que
preferían destruir sus riquezas a dejárselas a sus hijos. El pirata
de que hablamos era uno de aquellos hombres que recibían a los
niños en la punta de sus lanzas, y uno de los que cantaban como
Lodbrok en el Hoyo de las Víboras:
"Mi lanza ha horadado mil corazones.
'Mi pica ha roto mil escudos.
"Soy mas feliz en la pelea que al
lado de una hermosa doncella
'Desde muy /oven amé la muerte.
|"Van a cesar los días de mi existencia y voy a beber cerveza
con 0d
|in
|en los banquetes celestiales
|
El pirata Juto era agigantado y bien hecho. Había construído su
barco de un árbol arrastrado por las corrientes y había hecho sus
cables con el cuero de una ballena. Su trompeta era un cuerno, y
sus armas eran una maza de hierro, una lanza, un yelmo y una
coraza.
Cuando Juto descubrió la Islandia, salté a tierra, recorrió sus
costas y trepó por las faldas del Hecla. Juto no era colono, ni
minero, ni naturalista. Juto era pirata; pero Juto tenía un
pensamiento. Juto era inmensamente rico. Ser rico a principios del
siglo IX era tener mucho oro y muchas piedras preciosas. Juto tenía
de eso, y Juto quería esconderlo, para que no se apoderaran de su
haber su mujer ni sus hijos, sus parientes ni sus paisanos. Lo que
el normando buscaba en la isla desierta era un sitio a propósito
para esconder sus tesoros.
Algún tiempo después, Juto volvió a la isla en compañía de su
piloto, que era un viejo lobo marino, llamado Dan, y condujo todas
sus riquezas en una caja de madera con abrazaderas de hierro.
La caja pesaría unos 200 kilogramos, pero los dos piratas la
atravesaron en un leño y se la pusieron en los hombros como si
fuera una corza muerta.
Juto sabía ya a donde debía llevarla.
Debía llevarla a cierto paraje del Hecla, casi inaccesible, en
donde había encontrado una gruta espaciosa -de unos cien metros
cuadrados-- y en donde se encontraba por un laberinto de piedras
rodadas y de arbustos ásperos. Una vez la caja allí, los dos
piratas la pusieron en un rincón y la cubrieron con lava fría. En
seguida taparon la entrada del gruta y se volvieron a su barco.
El barco de Juto volvió a andar el camino que lo habla llevado a
Islandia. El tiempo era bueno y un sol de primavera calentaba a los
dos piratas, que bebían cerveza y atendían a la maniobra. También
conversaban; he aquí lo que se decían:
--Por lo visto, esta isla es de fuego por dentro y de hielo por
fuera. ¿Eres de mi opinión, Dan?
--Soy de vuestra opinión.
-Quiero ponerle un nombre a esta isla.
-Es bueno que tenga un nombre: todas las cosas tienen un
nombre.
-La llamaremos Tierra de fuego y hielo.
-Se ve en ella mas el hielo, señor.
-Será, pues,
|Ineeland, es decir,
|Tierra de la nieve.
-Ineeland, señor; es justo eso.
Hubo un gran rato de silencio; luego dijo Juto:
Dime tu, Dan; tú que eres hombre de experiencia, ¿puede estar
bien guardado un secreto entre dos personas?
-Quizá, si son marido y mujer.
-¿Y entre amante y amada?
-Mejor, señor, porque los enamorados son mas fieles que los
casados.
- ¿Y entre hombre y hombre?
- Si, entre dos amigos; un poco menos entre dos hermanos.
-¿Por qué, Dan?
-Porque la amistad es mas fiel que el parentesco
-¿Y entre dos jóvenes?
-Menos, señor, que entre dos viejos.
-¿Por qué?
-Porque los viejos tienen menos motivos para traicionar.
-¿Entre dos guerreros?
-Mal, señor, mal: los guerreros suelen ser enemigos.
-¿Entre amo y criado?
-Pero, señor: el criado es una
|protesta contra el amo.
Nadie ama la servidumbre.
-Haz hablado bien, Dan.
-He hablado con la sabiduría de los viejos.
Nueva pausa y mas jarros de cerveza.
Juto reflexionaba y Dan también.
En ese tiempo no se fumaba porque no se había descubierto la
América, patria del tabaco; si no, aquellos hombres habrían fumado
en sus pipas.
El pirata volvió a hablar y le dijo a Dan:
-Haz hablado bien: la isla se llamará
|Tierra de la nieve,
porque hay en ella mas hielo que tierra; pero no has disipado mis
dudas.
-¿Cuáles, señor?
-Tu no eres mi mujer.
-No, señor.
--Ni mi amada, ni mi hermano.
-No, señor.
-Tampoco eres mi amigo.
-No, señor.
-Y aunque eres viejo como yo, eres soldado y desconfías de los
guerreros.
-Es verdad.
-Sin embargo, tu conoces mi secreto.
-¿Cuál, señor?
-Tu sabes en dónde está mi tesoro.
-Lo se, señor, y soy además vuestro criado.
---Es decir, sois mi enemigo . . . . tu no amas la servidumbre.
-No la amo; quisiera ser igual o superior a vos.
--Tu puedes serlo.
-¿Cómo, señor?
-Apoderándote de mi tesoro.
-Es verdad,
-Lo harás?
-Creo que no, pero no lo se. . el hombre es frágil. . la ocasión
convida.
-Hablas la sabiduría, Dan, y mereces el paraíso. Empuña la copa
de la muerte. Si fueras mi igual, te diría empuña el hacha del
combate.
Juto dio a su piloto un vaso de hierro lleno de cerveza.
Dan lo llevó a sus labios y bebió.
-Apuñalo, dijo Juto al ver que Dan vacilaba: la última gota es
la puerta del cielo.
--La última gota es la muerte, dijo Dan, y tomando el vaso con
ambas manos bebió sus heces.
En aquel instante la clava de Juto cayó sobre el cráneo del
piloto y lo aplasté.
Juto echó el cadáver de Dan en el océano. El agua cayó sobre
este cadáver y el tiempo sobre el secreto del pirata.
Ese secreto ha durado diez siglos y cuarto! El oceáno es mudo.
El muerto no hablé ni el vivo tampoco.
Siete años después -868- volvieron varios normando a la isla,
solo juto no volvió más a ella. Se dejó entonces de llamar a la
isla Ineeland y se empezó a llamarla Iceland, es decir, Tierra de
hielo. Así se llama todavía.
En tiempo de Harald, llamado
|diente azul, varios
normandos dejaron la Noruega y volvieron a establecerse en
Islandia, bajo la jefatura del Ingolf. Sesenta años después la
colonia estaba floreciente y se había establecido en ella un
gobierno aristocrático. Ciento treinta y cinco años mas tarde llegó
a ella un gran huésped: el cristianismo. Bajo el lábaro de Cristo
la Islandia fue feliz y libre.
En 1621 una revolución la sometió a la Noruega. La unión de la
Suecia y de la Noruega, llamada la unión de Calmar (1397) la puso
bajo el yugo danés. En 1530 entró en ella el espíritu de Lutero y
la iglesia se dividió.
II
Cerca de cincuenta erupciones han hecho el Hecla y los demás
volcanes de la isla desde el año 1000 de nuestra era hasta hoy, y
ninguna ha rrojado de la gruta el cofre depositado en ella por los
dos piratas. El suelo ha cambiado de faz multitud de veces, en
partes se ha hundido, en partes se ha levantado, pero el sitio
escogido por Juto ha permanecido inalterable. Juto sabía lo que
hacía.
Para juzgar qué clase de tesoros serían los ocultados por él,
basta saber que Juto había sido uno de los jefes de los piratas que
saquearon la Inglaterra, la Francia y la España después de la
muerte de Carlo-Magno, quien había hecho fortificar y guardar las
bocas de los grandes ríos de Europa para cerrarles el paso a tan
formidables bandidos. Muerto el monarca universal, la vigilancia
fue menor y la defensa debil.
Erico, el enano, era un fuerte cazador delante de los
irlandeses.
Figuraos un hombrecillo de tres pies, dos pulgadas y cinco
líneas de alto, y de cuatro pies de grueso. Con una cabeza de
patagón, dos brazos largos como dos aspas de molino, dos piernas
diminutas y estevadas, dos pies de tambor mayor y unas orejas como
dos hongos. Poned sobre un arco de mas de ciento diez grados, que
era el que formaba su abdomen, un cuello de tortuga, y sobre el
cuello una cara de nariz borbónica, una boca de sapo, dos ojitos
azules claros, casi sin luz o mejor dicho sin vida, y una barba de
chivo, de pelos ásperos y de color de azafrán. Ese era Erico,
montón de huesos, de nervios y de carne poderosamente combinados,
pues el enano era el hombre mas esforzado y mas ágil de la isla.
Desde niño había mostrado grande afición a vagar por los montes, a
saltar por encima de los precipicios, a subir a las cumbres, a
descender a los abismos, a atravesar los ríos, a bañarse en las
olas del mar, a aguantar hambre y fatiga, y a pasar horas y horas
en la cacería de zorras, con cuyas pieles, que vendía a buen
precio, vivía desahogado.
Erico era frugal por lo común; esto es, comía y bebía poco
cuando lo corto de los días o el rigor del tiempo no lo obligaban a
permanecer en la inacción. En los casos contrarios, se coima en una
sola vez un cuarto de carnero y se bebía medio hectolitro de
cerveza, ni átomo menos ni gota mas. Erico era hombre medido.
En cuanto a ideas, Erico tenía algunas, pocas pero buenas. Sus
compatriotas lo creían un idiota, pero erraban. Erico no sabía leer
ni escribir, pues aunque siempre ha habido escuelas en Reikiavik,
capital de la isla, y aunque Runkirik es asiento episcopal, nunca
Erico aspiró a las borlas del doctorado. Sentimientos buenos
también tenía Erico. Era compasivo y había amado mucho a su madre,
la memoria de la cual era el único ensueño de su vida. Al menos
decía que la había amado, pues parece que no la había conocido.
Erico era cristiano; esto es, estaba bautizado y creía. No pasaba
de ahí. A pesar de esto, de algún tiempo atrás se había vuelto
taciturno, desconfiado y, si cabe la frase, más selvático que de
costumbre. Se le vela pasar las horas fumando en su pipa. He aquí
la causa.
Un día Erico perseguía a una zorra en las faldas del Hecla. Las
zorras son astutas y aquella de que hablamos desapareció de
repente, como si se la hubiera comido la tierra. El pareje en donde
esto sucedió estaba lleno de piedras erráticas. Erico examinó todas
estas piedras en busca de la cueva en donde hubiera podido meterse
la zorra. Quizá iba a dar con una madriguera. Después de muchos
exámenes -Erico tenía gran paciencia- encontré las huellas de la
zorra. Esta se había metido en una especie de pasadizo, amplio para
ella pero estrecho para el enano. Erico quiso seguirla y, para
hacerlo, separé, no sin trabajo, unas grandes piedras que estaban
en la boca exterior del pasadizo. Para esta clase de obras, lo
mismo que para saltar por encima de los abismos y de los pozos de
agua caliente de la isla, el enano llevaba consigo una larga
percha. Era ésta de madera sólida endurecida al fuego y con dura
contera. Separadas las piedras, Erico se hallé en la cueva del
pirata Juto. Este la había tapado, pero las zorras, que la
frecuentaban, habían hecho una entrada para ellas. Al principio no
vio Erico nada, pues, le faltaba luz. Luego vio algo. Por último
vio todo.
Como se sabe, los piratas no habían enterrado la caja que
contenía las riquezas, sino la habían puesto en un rincón y la
habían cubierto ligeramente con lava. No había tampoco para qué
enterrarla, quedando dicha caja, como quedó, en una isla desierta,
en un mar desconocido y en una gruta volcánica, expuesta a
desaparecer a la menor convulsión de la montaña. Juto y Dan no
habían sido perezosos, sólo se habían abstenido de hacer lo que era
inútil. Todos los piratas, las zorras que acostumbraban dormir en
aquella cueva, escarbaron la tierra -las zorras son también
curiosas- y dejaron la caja en descubierto. La dureza de la madera
de que estaba hecha ésta, paralizó las investigaciones de aquellos
animales.
Si este hecho hubiera sido conocido en Islandia y si hubiera
habido en ella un Esopo, el caso habría merecido los honores de una
fábula: dos piratas y una madriguera de zorras habían trabajado en
provecho de un enano.
Erico vio la caja.
Juto, a pesar de él, tuvo al fin un heredero. Los avaros, por lo
común, tienen Siempre herederos, sólo que ellos no están entre sus
parientes y contemporáneos, Sino en el tiempo y en la
casualidad.
Mil ciento veinticinco años hacía que la rica caja estaba allí.
Muchas generaciones habían pasado desde entonces por el haz de la
tierra, muchos acontecimientos, de todas clases, se habían
cumplido!
El mundo estaba transformado; la piratería era ya un escarnio y
los progenitores de Juto no vivían ya sino en las leyendas
escandinavas.
Erico quiso mover la caja con su percha, pero la caja resistió.
Desclavóla entonces. La madera estaba podrida y cedió fácilmente.
Una cascada de monedas de oro, de vasos de oro e infinidad de
piedras preciosas se derramé en el suelo. Erico quedó deslumbrado;
y como no creía en lo que veía, y como le zumbaban los oídos e iba
a perder el sentido, salió afuera de la gruta y para tomar aire. Su
vista se dilaté entonces por la isla. Esta le pareció abandonada.
De distancia en distancia se descubría las humaredas de los lagos,
las plumas y agua de los pozos. ... después las costas del mar,
batidas por las olas y ceñidas de espumas, y por último el mar
mismo, limpio, sin aves, sin buques y amurallado en parte por los
hielos en un horizonte sin término. Erico estaba solo, solo como el
primer hombre en el primer día del paraíso, sin hembra y sin
serpiente, y era el rey, el dueño y el guarda de su tesoro.
Erico volvió a entrar en la cueva y se extasié. Cogió una copa
etrusca y contempló sus relieves, que no comprendió.
Cogió luego una porción de piedras preciosas y las hizo saltar
en el hueco de sus manos. En seguida salió de la cueva, tapó
cuidadosamente su entrada, se echó a la espalda las zorras que
había matado aquel día y se encaminé hacia la ciudad.
Cosa singular! Erico volvía a ella pensativo, casi triste. Desde
aquel día el enano se hizo otro hombre: se volvió desconfiado y se
oculté. Erico había dejado de ser feliz.