EL CABALLERO DE RAUZAN
PRIMERA PARTE
EL MATRIMONIO
I
En 188. . . llegó a la ciudad de*** el caballero José Hugo de
Rauzán, ilustre viajero y político muy distinguido en su patria.
Hospedóse en uno de los principales hoteles, y poco después hizo
distribuir las cartas de recomendación que había traído. Unas de
éstas eran para banqueros, otras para hombres de letras y otras
para personas de calidad. Entre esas cartas había una dirigida a la
|señorita Eva de San Luz, carta que el caballero no envió a
su destino por dos razones: primera, porque no recordaba quién se
la había dado, y segunda, porque encontró extraño que se le hubiera
dado una carta de introducción para una mujer soltera y al parecer
independiente de padres y de deudos. La carta para Eva de San Luz
se quedó pues olvidada en una papelera.
Sabía el caballero que las cartas de que había sido portador
debían ser entregadas por él mismo, pero no lo hizo así para dejar
a las personas a quienes iban dirigidas en capacidad de hacer lo
que quisiesen. Por otra parte, no tenia interés en llenarse de
amistades en una ciudad en donde iba a residir por muy poco tiempo.
La entrega personal de esas cartas habría contrariado sus
propósitos.
El primero que se presentó a visitar al caballero fue un
individuo como de cuarenta y cinco años de edad, pulcro de ropa y
limpio de bolsillo, de patillas color de azafrán, nariz roja y
cráneo pelado; muy instruido en asuntos de alta crónica social,
perito en medas, en crítica literaria y en artes, apasionado por la
música y Suscriptor perpetuo de
|La Independencia Belga.
Llamábase Francisco Sota-Gutiérrez y Alba; pero en toda la ciudad y
principalmente en el círculo de sus amigos -todos íntimos- se le
daba el nombre de
|Paquito, que era para él una especie de
Pasaporte real, pues le permitía ir a todas partes, codearse con
todo el mundo, tener puesto en todas las funciones y cubierto en
todas las mesas. Decimos mas: Con él, le habría dicho
|primo
al rey, como les decía de tú a todos los ministros, Si rey y no
alcalde hubiera habido en la ciudad de * * *
Paquito era una notabilidad social a quien nadie tomaba en
serio, pero que era muy seria en verdad y de influencias decisivas.
No tenía prebenda, ni renta, ni sueldo (Paquito, aunque dormilón,
no había querido ser empleado); pero vivía bien, porque vivía de
|su secreto; y como andaba metido en todo -siempre para mayor
honra y gloria de la especie humana- y conocía el lado flaco de las
gentes, era una especie de factótum acucioso, muy apreciado de las
damas y muy solicitado de los señores.
Hemos dicho que Paquito tendría unos cuarenta y cinco años de
edad, pero no hemos dicho cosa cierta. La edad de Paquito era un
enigma, y los cálculos de los más célebres matemáticos habría
fallado al tratar de averiguarla. Con los niños era niño, con los
viejos era viejo y con las personas de media edad, era persona de
media edad. En estas pequeñeces de la vida ordinaria era tan hábil,
que estamos casi inclinados a decir que, para intimarse y ganarse
las ajenas voluntades, tenía el dón de acomodar su sexo al de las
personas con quienes estaba o a quienes servía por el momento.
Al presentarse en los aposentos de don José Hugo de Rauzan,
saludó a éste con dos o tres zalemas de muy buen tono; luego le
dijo:
-¿Estoy en presencia del ilustre caballero don Jose Hugo de
Rauzan?
-Ciertamente, y me pongo a la disposición de usted, contestó
éste y le tendió la mano.
Paquito, al estrechársela con efusión dijo:
-Aunque usted no me lo hubiera dicho, lo habría adivinado: el
hombre de mundo y el caballero sin reproche se descubren a tiro de
ballesta. Soy muy feliz en ponerme a las órdenes de usted, y me
pongo sin reserva ninguna.
El aspecto de Paquito y en particular el desenfado de sus
modales, dieron en qué pensar al caballero y también las palabras a
|su disposición sin reserva ninguna. No obstante, díjole con
la sonrisa en los labios:
Tenga usted la bondad de decirme su nombre, para escribirlo en
la lista de mis amigos.
-Francisco Sota-Gutiérrez y Alba es mi nombre de familia. Mi
nombre de combate
|es Paquito.
|
--Paquito, repitió el caballero y pensó que ese nombre sería un
diminutivo ganado por los tres pies y medio de la talla del señor
de Sote-Gutiérrez y Alba.
-Qué quiere usted! exclamé éste alzando los hombros; uno no es
lo que quiere sino lo que los demás quieren que uno sea.
-Ha hablado usted como un libro, don Francisco.
-No, señor, no me haga usted ruborizar diciéndome eso, ni me
contraríe apellidándome de ese modo. Llámeme
|Paquito a
secas, y no venga usted a introducir una novedad que ciertamente
causaría escándalo. Usted sabe que todas las grandes capitales son
otros tantos Olimpos, y hay que respetar los caprichos de sus
dioses.
-Y de sus diosas; seré dócil.
Los dos interlocutores tomaron asiento y Paquito dijo:
-He demorado mi visita de introducción hasta hoy, porque me
gusta ser mensajero de buenas cosas y quería traerle a usted los
periódicos de la ciudad, pues, los principales. Ya los he reunido y
aquí los tiene usted.
- ¿Los periódicos?
-Claro está, los periódicos son la
|
voz de las gentes, es
decir, el eco social; y bueno es saber lo que las gentes dicen de
uno, maxime si uno es extranjero y persona de mérito. Aquí los
pongo; usted los leerá despacio. En adelante le vendrán los diarios
directamente, pues así lo he ordenado, y también los periódicos
científicos y literarios. He hablado con el agente general de la
opera, para que reserve a usted un palco para la próxima temporada.
Preffeti sera su sastre y Guillo su zapatero. Ya están prevenidos.
Si usted gusta de pasear a caballo algunas mañanas, no se moleste;
ha he hablado con el mejor caballerizo de la ciudad. Ahora voy a
dejar a usted; tenemos entre manos un concierto de caridad (ya le
hablare de él) y eso me tiene muy ocupado. Yo no me pertenezco . .
. . le repito que estoy a sus ordenes sin reserva ninguna. Usted
puede contar conmigo para que lo acompañe a pasear, al teatro, a la
Academia, a los establecimientos públicos, a los baños. a casa de
los ministros, a casa de los literatos y pintores de moda. Tengo
buenas relaciones con todo el mundo y puedo informar a usted,
|en
confianza, sobre las personas y sobre las cosas, cuando usted
lo crea conveniente.
-Gracias amigo.
-Amigo? no; no soslaye usted la cuestión: Paquito; es cosa
convenida. Diciéndome usted
|Paquito, me inspira confianza.
Ya me había olvidado de que le traía una guía de la ciudad. Léala:
es muy interesante, y es bueno que usted esté al corriente de la
situación de nuestros barrios, calles, plazas y edificios.
-Gracias. La leeré con atención.
-¿Quiere usted ir esta noche a la ópera? Es la última función de
la temporada y la prima dona es una maravilla. Qué pecho! qué cara!
qué apostura!
-Créame usted, no me disgustaría ver a la Nasby.
-Pues la cosa está en la mano: estaré aquí a las nueve en punto.
-Lo esperaré, Paquito.
Al bajar éste las escaleras que conducían a los aposentos del
señor de Rauzan dijo para sí: -El hombre no es un
|nene, pero
será mío dentro de poco.
En ese mismo momento el señor de Rauzan consultaba la lista de
las cartas de introducción que había traído, y aunque la leyó dos
veces no hallé en ella el nombre Francisco Sota-Gutiérrez de Alba.
-Ah! dijo, esto debe ser uno de esos
|tipos ciudadanos,
hombre de diligencia y talento, que tienen a su cargo las
comisiones de gran tono de los cómicos, sastres, zapateros,
cocheros, periodistas, relojeros, joyeros, vendedores de
antiguallas, de cuadros, de libros raros, para servir a los
extranjeros cándidos y a los ministros públicos. Tomará de aquellos
una buena parte y explotará a éstos con los guantes puestos y la
lisonja en los labios. Esos sujetos no son una ave rara.
A la penetración del señor de Rauzan no podía escaparse el
secreto de Paquito, y lo que el señor de Rauzan adivinaba era una
parte de dicho secreto.
II
Tomó el caballero los periódicos que le había traído Paquito y
leyó en ellos lo que sigue.
|El Siglo decía: "UN HUESPED NOTABLE. Se nos asegura que
está para llegar a la ciudad don José Hugo de Rauzan, caballero de
altas prendas, escritor, político muy afamado, sabio y hombre de
sociedad. Esperamos que la culta*** le haga muy grata su residencia
en ella".
|El Ancora decía; "VIAJERO ILUSTRE. Ha llegado a*** el
caballero de Rauzan, persona muy conocida en el mundo científico y
literario. Dicen algunos que viene encargado de una misión
diplomática y otros que viaja por razón de compromisos políticos.
Sea de esto lo que fuere, damos la bien venida al célebre estadista
y deseamos que le sea agradable su residencia en la ciudad.
|El Mundo Frívolo decía: "EL IRRESISTIBLE. Joven, rico,
instruído, elegante y galán es el caballero Hugo, quien viaja por
placer, ha llegado anoche a esta ciudad y se ha hospedado en el
hotel de San Lucas. Se espera que nuestra sociedad de buen tono
reciba debidamente a este personaje, que ha merecido en otras
capitales el sobrenombre de
|irresistible. El Mundo Frivolo
le envía su saludo y se pone a su disposición".
Terminada la lectura, se dijo el caballero:
-Todo eso que dicen los periódicos es muy amable y debo creerlo
ingenuo . . . hasta donde son ingenuos los periódicos. Doy pues
recibo sin desconfianza. Mas, ¿cómo calificar la intención con que
se ha escrito eso de
|irresistible? ¿No será esa
malevolencia, con el objeto de poner en guardia a la sociedad
respecto de mi? Hay algo muy picante en esta frase:
|"El Mundo
Frívolo le envía su saludo y se pone á su disposición" Sabré
pronto lo que esto significa.
Al cerrar su discurso, el señor de Rauzan pensó en que Paquito
le ayudaría a descubrir lo que deseaba. Hé ahí como Paquito empezó
a ser
|útil para el caballero. Por su parte, Paquito, que era
menos modesto que aquel, esperaba serle
|necesario.
|
El caballero fué esa noche a la ópera, y como la sociedad
elegante estaba muy deseosa de conocerlo, pues corrían mil rumores
respecto de él, fué el objeto de la curiosidad pública. Dijeron
unos que era un gran personaje, algo así como un príncipe
incógnito; aseguraron otros que era un gran caballero de industria,
un charlatán. No faltó quienes dijesen que era un tahur y un
desterrado político. Los miebros del Gobierno lo tomaron por un
espía inglés, encargado de descubrir ciertos secretos de alta
política y de contrariar las intrigas del gabinete ruso, a
propósito de los asuntos de Turquía. De todos modos, no hubo quien
no quisiera verlo con la ansiedad que se ve á un tigre de Bengala o
a un elefante blanco. Las grandes ciudades suelen ser curiosas.
El señor de Rauzan se presentó en su palco acompañado de
Paquito, y éste, que sabía que el viajero era el objeto de todas
las miradas y de los comentarios que se hacían, no desaproveché tan
feliz ocasión para ostentarse familiar y francote con él, como si
los ligaran vínculos de antigua amistad o de parentesco. Poníale
frecuentemente la mano en el hombro, para llamarle la atención;
dábale golpecitos en las rodillas para insinuarse, usaba más de los
gemelos del caballero que de los suyos propios, y se reía con la
soltura con que suele reírse quien está entre camaradas. No
sabremos decir si el señor de Rauzan dió golpe en el teatro, pero
sí diremos que lo dió Paquito, exhibiéndose a
|plenitud, cosa
que le agradaba mucho, porque era la vanidad misma y quería darlas
de hombre de importancia. Es verdad que en los detalles domésticos
y en el seno de la servidumbre, era humilde, pero en público y en
general su orgullo era el de Diógenes.
-¿Qué especie de diablo es este Paquito? dijo Mortimer a Cortés
al terminar la función. Está en todas partes y es el primero en
llegar. Ya lo tenemos de mancorna del señor de Rauzan.
Mortimer era un elegante frívolo. Cortés le contestó:
-Sería injusto acusarle por su solicitud: Paquito es un
individuo muy bueno.
Cortés era un hombre circunspecto y su divisa era el proverbio
chino que dice: "El hombre es dueño de la palabra que no pronuncia
y esclavo de la que pronuncia".
Mortimer añadió:
--¿Qué dices del señor de Rauzan?
-¿Qué puedo decir? ...apenas lo he visto
Se cuentan de él cosas extraordinarias y equívocas.
-¿De quién no se dicen cosas equívocas?
-Pero hay que quedar en algo.
-Buenas noches, Mortimer. Ya satisfarás tu curiosidad.
El señor de Rauzan no permaneció en la ópera sino una hora; pero
ese tiempo fué suficiente para que los hombres estudiaran su
fisonomía y sus maneras, y las mujeres su modo de vestir, la forma
de sus manos, el corte de sus uñas y el uso que hacia de sus
gemelos, no porque esos fueran signos seguros para calificarlo,
sino porque el criterio femenino tiene sus reglas y da a esas
reglas cierta infalibilidad. Un hombre sucio ó mal vestido les
infunde asco, y unas manos descarnadas y poco cuidadas son para
ellas antiamatorias, rudas y tan a propósito para hacer una caricia
como la pata de una grulla. En cuanto a las cualidades internas,
esos son puntos de controversia social y cosa que puede
dispensarse.
Desde el día siguiente al de la función de teatro, el señor de
Rauzan se vió colmado de boletas de saludo de damas principales y
de visitas de personajes engreídos. Su aspecto, más varonil y serio
que mundano, había agradado generalmente; pero las palabras del
|Mundo Frívolo -"el irresistible"- habían caído como una
bomba en medio de la ciudad y hecho en ella cierta especie de
estrago. Cada cual, todos, querían acercarse al
|monstruo y
averiguar por sí mismos lo que esas palabras significaban. Había
elogios y vituperios; empezaban á sonar por lo bajo los nombres de
|Don Juan, Lovelace y
|Richelieu. Se decía que Rauzan
era un libertino de buen tono, lo que era tanto más escandaloso
cuanto que el caballero no parecía ser muy joven; que su camino en
el mundo era un reguero de víctimas; que los espectros de los
esposos difuntos turbaban su sueño; que estaba vigilado por la
policía; que se huiría de la ciudad de la noche a la mañana; que
era un endemoniado, un resucitado, un compañero del ahogador Burke,
y otras mil cosas de la laya. Los hombres disputaban con calor
respecto del recién venido; y las mujeres . . . en cuanto a las
mujeres, sólo recordaremos que la curiosidad es la compañera del
bello sexo, y que era muy natural que en aquella ocasión anduviera
ésta despabilada, pues eso de
|irresistible, de
|resucitado y de
|estrangulador no dejaba de exigir sus
explicaciones e incitaba al examen. Sin embargo, todas callaban y
ninguna quería ser la primera en extender sus manos para desgarrar
el velo. Sin ponerse de acuerdo, habían resuelto esperar y tener un
poco de paciencia.
Los peligros del amor tienen su atracción.
III
El señor de Rauzan había dicho á Paquito al despedirse de él la
noche que habían ido juntos a la opera:
-Vaya mañana a casa.
Y Paquito había sido puntual a la cita pues era hombre avisado y
supuso que el caballero quería pedirle algunas explicaciones sobre
la palabra
|irresistible, ó mejor dicho, averiguar por medio
de él las causas de ese exabrupto del
|Mundo Frívolo. Como ya
lo sabe el lector, Paquito no se equivocaba.
El caballero dijo a éste sin preámbulo:
-Leí los periódicos que usted me trajo, y no quiero ocultarle la
extrañeza que me ha causado eso de
|irresistible. Me ha
parecido ese un calificativo sospechoso, que, a la par que me
compromete, me acarreará malas voluntades y desconfianzas.
-¿Lo encuentra usted injusto?
-Lo encuentro impertinente, dijo el caballero eludiendo la
cuestión que le proponía Paquito
-¿Por qué impertinente?
-Porque si esa es, en el fondo, una buena calidad, no lo es en
la apariencia; y porque si es una mala calidad, es claro que lo que
se ha querido es dar una voz de
|alerto respecto de mi.
-Irresistible es lo que no se puede resistir; y tratándose de
una persona, esa calidad no arguye nada malo respecto de ella.
Supongamos que se tratara de una mujer. Un mujer irresistible es la
que tiene tales encantos, que no se puede verla ni tratarla sin
amarla. Eso debe ser lo que se ha querido decir de usted.
-Sí, eso se dice hablando de una mujer, pero de un hombre
-El vocablo no cambia de naturaleza porque se cambie de sexo.
-Eso es estrictamente lógico, y en una cátedra no tendría
contestación; pero en el mundo de los hechos las cosas son muy
distintas de las del mundo de las palabras. Hay muchos maestros de
lógica que no tienen ninguna en sus procedimiento. ¿Por qué? Por
eso. La sociedad, amigo Paco, no es una aula de retórica. Entre la
teoría y la práctica hay la misma diferencia que entre lo material
y lo espiritual; y los teóricos no medran en el mundo.
-Es decir
-Es decir que al denunciarme
|El Mundo Frívolo como
|irresistible, lo que ha hecho es calificarme de hombre
peligroso, capaz de todo en asuntos de amorde hombre de quien se
debe desconfiar.
-Pero -
Y prueba de ello es que usted mismo debe saber la sensación que
tal palabra está haciendo actualmente en la ciudad. Todos los
maridos, todos los padres, todos los hermanos y todos los amantes
van a mirarme ahora de reojo. Todos van a huir de mí; todos querrán
darme con las puertas de su casa en la cara.
-Señor...
-No me afano, empero. Usted sabe que dos terceras partes de las
reputaciones son usurpadas, ora porque la especie humana es
inclinada a exagerarlo todo bueno y malo; ora porque lo que se dice
de las gentes no lo dice por lo común el examen ni la conciencia,
sino el
|eco, y sólo tiene oídos y boca. La fama es ruido.
Fuera de lo que es esencialmente cierto, lo demás lo producen la
simpatía y el odio, y el vulgo repite sin examinar. No es la
primera vez que se me da ese calificativo odioso; pero me tiene muy
sorprendido, no que él haya llegado hasta aquí, sino que haya quien
se haya apresurado a divulgarlo. Esto me anuncia la presencia de un
enemigo.
Paquito calló como un mudo, ya porque tenía sus razones, ya
porque la serenidad y la profundidad de la palabra del señor de
Rauzan lo imponían. Este continuo así:
-Anoche pensé valerme de usted para que averiguara, no la
intención con que se había escrito esa palabra, porque esa
intención yo la conozco, sino la mano que la había escrito; pero he
cambiado de idea. Ya conozco esa mano.
Las últimas palabras del señor de Rauzan helaron a Paquito,
quien no era extraño al asunto, pues pensó que iba a perder la
valiosa amistad del viajero. A pesar de eso dijo:
-¿Hay aquí algún enigma?
-No tanto como eso: hay sólo una mala intención.
-Ser o no ser, se dijo Paquito en lo íntimo de su alma. Si me
callo, soy perdido; si hablo, puedo salvarme: pasaré el
Rubicón.
Paquito era el que había llevado el suelto al Mundo Frívolo, y
esto lo sabría el señor de Rauzan cuando quisiera preguntárselo al
editor. Si hablaba en ese momento, podría quedar bien; mas tarde el
asunto tomaría el carácter de un
|chisme y Paquito perdería
su crédito de hombre servicial y fiel. Habló pues y dijo:
-Ciertamente, no le había dado importancia al asunto, pero veo
ahora que tiene. Prométame usted guardar secreto y yo le diré lo
que hay.
-Hable usted.
-Si, señor. Estoy inocente de la intención del escrito, pero fui
yo quien lo llevó a la imprenta.
-Usted?
-Si, señor. Me lo dio el embajador ruso, quien está aquí de
tránsito, y como no halle en ello malicia, lo llevé a la imprenta y
corregí las pruebas.
El caballero se sonrió con cierta sonrisa amarga, que le era
peculiar; luego dijo:
- ¿Dígame usted quién es el embajador ruso?
| la
diplomacia rusa tiene fama e ser formidable.
-Es el señor Rurik y Olga.
-Rauzan volvió a sonreirse del mismo modo; después dijo:
-Ya lo había sospechado. Continúe usted, Paquito.
-El embajador me dijo que usted estaba para llegar a la ciudad.
Me habló en buenos términos de usted; y cuando supo su llegada,
como quien no da mucha importancia a lo que hace, me dijo:
-"Paquito, copie con su mano estas cuatro letras y llévelas como
suyas al
|Mundo Frívolo. Quiero ser amable con el señor de
Rauzan, pero mi empleo me impide meterme directamente en estas
cosas". Yo, que también gusto de ser amable con las personas
distinguidas -únicas a quienes amo- cogí la ocasión que se me venía
a la mano. He ahí todo. Lo mismo habría hecho con usted, si usted
me lo hubiera exigido.
-Lo comprendo; y estoy seguro de que si yo le hubiera preguntado
si usted era el autor del suelto, me habría dicho inmediatamente
que sí.
-Y lo habría dicho sin malicia, porque era convenido que pasaría
yo por autor de él.
-Pues bien, Paquito, confianza por confianza. El señor Rurik y
Olga hizo conmigo cierto escándalo porque se le metió en la cabeza
que yo tenía amores con su mujer y me llamó a un duelo. El duelo no
tuvo lugar, porque yo no me bato por mujeres. A él le pasaron o no
sus celos y su enojo, pero la honra de su mujer quedó expuesta a la
|piedad social.
|
-Comprendo ahora todo.
-Me alegro. Al tratarse de mí, las palabras
|el
irresistible en sus labios, son una acusación y un sarcasmo.
-Pero ese señor lo hiere a usted y me pone a mi de escudo.
-No: lo emplea a usted como amigo de confianza. Tenga usted
paciencia, ya que habilidad no le falta, y siga como va. Cuando se
tienen los años que tiene usted, tan difícil es dejar uno su camino
como querellarse por cosas de poco momento. Estoy seguro de que
usted se ha puesto a la disposición del diplomático ruso
|sin
reserva ninguna.
|
El señor de Rauzan dijo todo esto con cierta severidad, pero
Paquito no cayó en la cuenta de ella o disimulé, pues dijo
resignado:
-Es verdad.
-Continúe usted sirviéndole. El que usted sea amigo de él no es
razón para que sea enemigo mío. En cuanto al secreto que le he
confiado, haga usted el uso que quiera.
¿Cuál secreto?
-El de la mujer del embajador. Yo no divulgo las cosas, pero
tampoco me tomo el trabajo de ocultarlas. Cada cual que juzgue a su
manera. Hablemos de otra cosa. Me dijo usted en días pasados que se
ocupaba en un concierto de caridad.
-Si, señor. Se trata de auxiliar una casa de ciegos.
-Pues bien, yo tomo cien boletas de entrada. Aquí tiene usted su
valor. Tenga usted la bondad de comprarlas y dárselas a los alumnos
de la escuela más acreditada de la ciudad.
-Es usted magnífico, señor de Rauzan.
-Ese calificativo es más amable que el de irresistible. Se me ha
tratado como a un Adonis de veinte años; y después llaman
|bárbaros a los rusos
Paquito salió aturdido de la casa del extranjero. Ahora menos
que nunca creía que aquel fuera un
|nene, y en lugar de
apropiárselo como pensaba, sentía que iba a ser su esclavo por toda
la eternidad.
Por un acto puramente caprichoso o por un impulso fatal, Hugo
halé el cordón de la campanilla y dijo a Man, su criado de
confianza:
-Averigüe usted en dónde queda la casa, y lleve esa carta al
lugar de su destino.
Man tomó la carta y salió. En el sobre de esa carta decía:
|Señorita Eva de San Luz.
|
En seguida el caballero se reclinó en un sofá como para
descansar o pensar, y se dijo:
-Se quiere que combata, pues combatiré; no he colgado aún mis
armas.
¿Tenía esa resolución algo que ver con el hecho de haberle
mandado la carta a la señorita Eva? Ya lo veremos.
IV
Aquel mismo día, por la tarde, Paquito se paseaba con el
embajador ruso y le decía hombreándose con él:
-He visto al señor de Rauzan y esta muy mortificado con las
líneas del
|Mundo Frívolo.
|
-No hay nada en ellas que pueda ofenderle, dijo el ruso con
tranquilidad. Un hombre irresistible es un hombre eminentemente
amable.
-Eso mismo le he dicho yo; y aun le he agregado que mi
intención, al escribir citado suelto, había sido agradarlo.
-No se alcanza otra cosa.
Dos o tres días después, Rurik y Olga regaló a Paquito una
sortija de diamantes.
-Cuitado de mi! exclamó éste, que estuve a punto de perder
semejante cliente por quitame allá esas pajas... y pajas
ajenas.
-y
Paquito no era un difamador ni un hombre sin consejo, pero
sí se hacía el confidente de los hombres de valer amigos de la
crónica íntima, y tenía gusto especial en traficar con las pieles
de todos ellos. Algo parecido hacía con las damas.
-Decimos
|traficar, porque las gentes de gran tono que
querían estar impuestas de lo que ocurría, le pagaban indirecta y
espléndidamente sus informes, sin caer en la cuenta de que lo que
tenían en su intimidad era un espía. Paquito que, como el Diablo
Cojuelo, veía simultáneamente lo que pasaba en todas las casas,
|llevaba y
|traía cada cosa a su tiempo y en su
oportunidad.
Esa era la otra parte del
|secreto de este personaje. Sin
embargo, de lo de duelo del embajador con el señor de Rauzan no le
dijo a nadie una palabra. Cuando el tiempo era peligroso, Paquito
no salía a la mar.
-Tenía Paquito, además, otra habilidad. Oía y recogía con sumo
cuidado las palabras y conceptos de los personajes, con quienes
trataba, y luego los repetía, con reposo e intención, en sus
conversaciones. Esto hacía que se le tuviera por hombre de peso y
de consejo entre aquellos mismos a quienes les hurtaba las ideas.
Así, lo que oía al ministro, se lo espetaba al general, y lo que
decía éste se lo daba como suyo al canónigo. De este modo Paquito
no se repetía nunca ni corría riesgo de agotarse.
Luego veremos su manera de agenciarse con las damas.