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Escaparate del biblíófilo - Año 1966
Reseña del libro: La elefantiasis de los griegos i su verdadera
naturaleza o determinación científica de la verdadera causa, el
verdadero asiento, el mecanismo, i efectos de esta espantosa
enfermedad; con el modo seguro de curarla.
Datos bibliográficos:
Ricardo de la Parra. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1868. - Epígrafe:
"Existe una filosofía que no descansa nunca; su lei es el progreso.
Un punto que ayer era invisible, es hoi su norte; mañana será su
punto de partida. De la 'Revista de Edimburgo', número 130, pájina
83, año 1857". - 19,5 x 12 cms. VIII y 328 páginas.
Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en Agosto
10 de 1966.
Puede considerarse este libro como la edición definitiva del que
con el título de "Ensayo sobre el Zarah de Moisés o espécimen de
una obra sería sobre la Elefantiasis de los Griegos" había
publicado el autor en París cuatro años antes. Así opina J. B.
Montoya y Flórez, en su magnífico estudio sobre la lepra en
Colombia -Medellín, 1910- al referirse al señor De la Parra. Suyas
son las siguientes apreciaciones:
"El objeto del libro era probar que la elefantiasis es una
enfermedad de todo el sistema nervioso, y que reconoce por causa la
pérdida de la inervación, cosa que, según él, había descubierto
desde hacía veinte años. Aun cuando este libro original causó honda
impresión en el público colombiano, es de más valor literario que
científico, y el mismo Dr. De la Parra dice que no es tratado de
patología, y, en verdad, escrito en estilo extraño como está, imita
más al Dante que a los leprólogos. Estaba el Dr. De la Parra
absolutamente convencido de haber hallado la verdadera causa de la
elefancia. Ese es el hecho esencial y la nota dominante de todo su
trabajo". . ."Desarrolla su teoría favorita con lujo de argumentos
escolásticos y repite a cada paso y en todas las formas
imaginables, que la elefantiasis es una astenia profunda del
sistema nervioso, debida a las grandes turbaciones causadas por una
o varias descargas diastálticas sucesivas" . . . "Entre los
remedios usados en su tiempo en Colombia, enumera: la bilis, las
serpientes, el yoduro de potasio, la estricnina, el guaco, el yulo,
guayacán, zábila, tortuga, masaje, fricciones y la electricidad.
Dice: 'Nosotros hemos visto tres curaciones de la elefantiasis
producidas por el yoduro de potasio'. Creía que la estricnina era
el remedio por excelencia, y que solo la bilis y las serpientes
podían superarla, y, además, que la bilis llegaría a ser el rey del
tratamiento, lo que sin duda sugirió más tarde a Villa Navarro la
idea de su temerosa culebrería en Girardot".
La obra, dedicada el 16 de mayo de 1868 a la memoria de sus padres
y su tío, se inicia con un prólogo del autor -junio 3-, en que
expone el plan general de su tratado: "Preliminares", "Naturaleza
de la enfermedad. Pruebas acerca de esto" e "Historia natural de la
Elefantiasis de los Griegos", a lo cual agrega: "La segunda i
tercera parte, fundadas en las doctrinas de
primera, son enteramente nuestras i orijinales en su objeto, en su
redacción i en su jiro". Un índice final, reseña los XXXIII
capítulos del libro. En el distinguido con el número XX, describe y
compara el señor De la Parra las dos formas en que -según él- se
presenta la elefantiasis: "Tuberculosa" y "Anestésica", para
resumir en el capitulo final así:
". . . la forma anestésica de la Elefantiasis de los Griegos
depende del daño profundo del sistema nervioso cerebro-raquidiano,
i del predominio de ese daño sobre la lesión del sistema ganglionar
. . . "la forma tuberculosa de la Elefantiasis depende del daño
profundo del sistema nervioso ganglionar, i del predominio de la
lesión del gran simpático que preside especialmente a los fenómenos
de nutrición".
El capítulo XXVII, "Topografía i jeografía de la enfermedad", es
especialmente interesante. En él -página 260-, se trata de la
distribución de la lepra por regiones y localidades del país, con
observaciones útiles y -hoy día- muy curiosas. En la página 298 se
mencionan los nombres de numerosísimos autores consultados y
estudiados y en la 312, una nota al pie del texto, describe los
"efectos maravillosos con la bilis de la culebra preparada en
aguardiente por un curandero enteramente empírico".
El día 22 de junio de 1868 se inició en el número 6 del periódico
"La Paz" la publicación del siguiente anuncio:
"LA ELEFANTIASIS DE LOS GRIEGOS I SU VERDADERA NATURALEZA, con el
modo más seguro de curarla por Ricardo de la Parra. Acaba de
publicarse esta obra con todos sus pormenores i se encuentra de
venta, a $ 3 el ejemplar, en los puntos siguientes: Ajencia de los
señores Camacho Roldán Hermanos, carrera de Bogotá, calle 1ª número
16. Ajencia del doctor Narciso González L., número 12 de las mismas
carrera i calle. Ajencia del señor Navas Azuero, número 19 de las
mismas carrera i calle".
Nació don Ricardo en Iza Boyacá, el 19 de noviembre de 1815 y murió
de disentería en la casa de campo del doctor Manuel Uribe Angel, en
Envigado, Antioquia, el 9 de abril de 1873. Además de las dos obras
mencionadas sobre la lepra escribió otra sobre el mismo tema:
"Memoria sobre el tratamiento racional, científico i eficaz de la
Elefantiasis de los Griegos" - Bogotá, Imprenta de Gaitán, 1870.
Publicó una "Cartas sobre Filosofía Moral" en 1868, también en la
misma imprenta. Según parece, dejó inéditas dos obras: una contra
el utilitarismo y otra sobre los principales literatos colombianos.
Se proponía viajar a Europa para publicar su libro sobre la lepra
en francés, y luego dirigirse al medio y lejano Oriente en plan
investigativo. Su necrología se encuentra en el número 45 de "La
Sociedad", periódico de Medellín -abril 19-, y en "La Caridad"
-mayo 15-. Laverde Amaya, en su libro de 1882 le consagra
expresivos párrafos. A la pluma de Estanislao Gómez Barrientos se
debe el retrato que a continuación va a leerse, aparecido en la
revista "Alpha" en junio de 1908:
"En lo físico se distinguía el Dr. Parra por los rasgos de la
cabeza y la frente un poco abultadas y a propósito para darle
aspecto de un pensador de mente activa e investigadora; la mirada
viva y penetrante, la voz animada y vigorosa, la robustez del
cuerpo, las anchas espaldas, la rapidez en el andar y la energía en
el gesto y en los movimientos en general, sobre todo cuando se
sentía profundamente conmovido. No bebía vino ni otros licores
alcohólicos, y diariamente aprovechaba la madrugada para darse un
baño frío, ya fuese en la cima de la cordillera Central, ya en el
valle de Medellín o en otro más ardiente. Era un esforzado
caminador. El baúl de su equipaje contenía más libros y papeles que
piezas de vestuario, y la sencillez y pobreza de su vestido, unidas
a su figura y maneras, le daba la apariencia de un cuácaro".
Tan excéntrico personaje dedicó 33 años al estudio del mal de
Lázaro.
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