Declaración de amor
Del modo de ser del antioqueño
Belisario Betancur Cuartas
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DECLARACIÓN DE AMOR
Del modo de ser del antioqueño
Por: Belisario Betancur Cuartas
 

EPÍLOGO  

ANTES DEL DILUVIO
Ponencia para el Simposio de la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales, FAES: Medellín, julio 28 de 1993.
 
... en lugar de ir a los pueblos a pedir voto, id a irritar su pasión colectiva, a incitar su honor urbano, a despertarles la voluntad de vivir su propia vida...
ORTEGA Y GASSET

 

1. INTRODUCCIÓN. SIN PLANETA DE REPUESTO
A comienzos de junio de 1993 se reunió en Madrid el Club de Roma con Jezhekel Dror, profesor de la Universidad de Jerusalén (esta semana de visita en Colombia), a estudiar su libro, que aparecerá al fin del año, sobre la gobernabilidad del mundo hacia el siglo XXI. Allí se le oyó decir a Elizabeth Mann Borghese, fundadora y directora del "Instituto Internacional de Preservación de los Océanos", que en la fenomenología de los grupos étnicos y de las regiones como problemas que afectan la gobernabilidad contemporánea, debe incluirse el concepto de las cuencas oceánicas con su carga de conflictividad. Y citaba las cuencas del Mediterráneo, del Caribe, la cuenca del Golfo Pérsico, entre otras.

La región ha entrado en escena, en todas sus manifestaciones: la región y su habitante; la región y su conflicto; la región y su expectativa; la región y su potencialidad.

Desde cuando la tierra es redonda para los hombres, es decir, desde Magallanes, el tamaño de su perímetro ha ido disminuyendo por el progreso tecnológico que acorta las distancias, gracias a los medios de transporte, y virtualmente las suprime cuando se trata de comunicarse por escrito o de viva voz. Hoy en día pueden seguirse, en vivo y en directo, la guerra del Golfo o la de Yugoslavia o la Copa América de fútbol o las elecciones del Japón. Esta inmediatez que permite perseguir el tono de voz de un delincuente desde un satélite, llevó a Buckminister Fuller, uno de los arquitectos más originales de este tiempo, a acuñar un término para la tierra: la aldea global. El concepto se ha enriquecido con novedades políticas —como la internacionalización de la economía— y con imperativos que afectan la moral y la supervivencia —por ejemplo, la conciencia ecológica— que parten de una concepción totalizadora: como no hay un planeta de repuesto, debemos conservar la aldea global.

2. ESCALA GLOBAL Y ESCALA LOCAL
En tal enfoque de intercambio, cercanía y solidaridad universales, se destaca la estructura contraria, la conciencia de lo regional y de lo local, contrapeso necesario de lo universal. Y más que contrapeso, diría que condición para la mentalidad de la aldea global. Michel Tournier, novelista francés, ha dicho hermosamente que con las obras de arte pasa lo mismo que con los árboles: cuanto más se hunden sus raíces en la densa tierra, mayor es el trozo de cielo que sus enramadas pueden abarcar; lo uno no va sin lo otro.

Y así como Durero, a fuerza de ser obsesivo y literal con su entorno, se convierte en artista universal; del mismo modo que se advierte el trasfondo de nuestra decoración parroquial en los cuadros de Fernando Botero; así como estas cosas ocurren en la pintura y en la novela, así también la riqueza de la aldea global dependerá de las raíces de la aldea local. Nadie podrá sobrevivir en la aldea global si no afirma su sentido de permanencia a una localidad. Pues si bien el individuo ya está conectado con el mundo, su mayor conciencia se relaciona con la tierra que pisa, como le ocurría a Anteo: la aldea global, entonces, no es más que la síntesis de las aldeas locales.

En este sentido, en un pequeño libro mío de hace más de treinta años, decía que al principio el concepto de patria se identifica con el hogar y las cosas elementales que lo rodean; más tarde se amplía hasta el lindero aldeano, no más allá de la frontera municipal que llega hasta la línea de la cordillera o el hilo del río; después encuentra la dimensión de la comarca; y al final, el confín ilímite del mar 1.

3. LAS INSTANCIAS MÁS AMPLIAS
En el espectro de situaciones y soluciones sociales para el ser humano del siglo XXI, se dará prioridad a la escala regional que resuelva los problemas inmediatos del entorno social —servicios públicos, redes y vías de comunicación, educación— y a la escala global —mercados mundiales, comunicaciones por satélite—, en detrimento de ese mecanismo intermedio, heredado de la Europa novecentista, que es el Estado nacional. Solución a muchos conflictos y conflictivo él mismo como aparato que no acabó de adaptarse a los tiempos nuevos en los cuales mostró su ineficiencia y su falencia, el Estado nacional está abocado a renunciar a sus poderes excesivos en aras de instancias más exiguas como los servicios de salud, educación, vivienda, agua, luz y empleo; y más amplias, como los bloques de países para las decisiones de mercados, aun para la unificación de legislaciones y de procedimientos. Lo anterior se percibe cuando desde Bruselas le piden a Madrid que suprima la letra eñe; cuando la antigua Unión Soviética se escinde en estados independientes que buscan su identidad; y cuando España mantiene su unidad a partir del reconocimiento de cerca de una veintena de autonomías.

También, desde adentro, las regiones comienzan a socavar el centralismo del Estado nacional. Y en las constituciones, como en la Carta colombiana de 1991, aparecen ya los gérmenes de las autonomías regionales. Las sociedades quieren reivindicar como propias las decisiones que les conciernen: elegir a sus autoridades, pedirles cuentas. Inclusive con manifestaciones aterradoras como en los Balcanes, las regiones se han vuelto a expresar en el mundo entero. Dondequiera se oye la pregunta sobre el futuro del Estado-Nación, ya sea a la luz de bloques como el de la Comunidad Económica Europea y los esfuerzos que se hacen en las tres Américas, o por consideraciones culturales y económicas más localizadas, que buscan rectificar caprichosas fronteras políticas de tiempos lejanos o recientes, según dije en otro lugar 2.

4. EL DEBATE DE 1979
Sé que no hay originalidad en estas reflexiones. Es más: algunos de los aquí presentes se reconocerán en mis palabras de hoy, porque ellas se inspiran en sus pensamientos, cavilaciones y escritos, y no en investigaciones de quien se ha asomado a este debate apenas con la superficialidad y la cautela de un transeúnte ávido pero fugaz que habitaba en la política. Fue en el Simposio sobre "Los Estudios Regionales en Colombia: el caso de Antioquia" 3, que se reunió en agosto de 1979 en el Paraninfo de la Universidad y en la sede de FAES por convocación que hiciera la Fundación, y en ella Juan Manuel Ospina. Los temas tratados y la nómina de participantes fueron de primer orden:

Jaime Jaramillo Uribe presentó una visión sintética de la tarea investigativa desarrollada sobre la región antioqueña, con comentarios de Germán Colmenares.

Gabriel Poveda Ramos habló sobre minas y mineros de Antioquia, y comentarios de Hernán Garcés.

Marco Palacios sobre el café en la vida de Antioquia, comentado por Juan Fernando Echevarría;

Ann Twinam sobre comercio y comerciante de Antioquia, comentada por Víctor Álvarez;

El sociólogo francés Frederic Mauro presentó reflexiones comparativas sobre el comercio de Medellín, comentado por Ghislaine Ibiza de Restrepo.

Hugo López sobre el desarrollo histórico de la industria de Antioquia en su período de consolidación, con comentarios de Jesús Antonio Bejarano.

Juan Felipe Gaviria sobre la expansión de la estructura industrial de Antioquia entre 1930 y 1970, y comentarios de Bejarano.

Y Jorge Orlando Melo sobre la política y políticas en Antioquia, con comentarios de Frank Safford.

Los debates fueron densos, en ocasiones enardecidos, siempre con fundamento en un profundo rigor científico y en probanzas testimoniales. Desde luego se insistió en el caso de Antioquia y del ser del antioqueño a través de sus comportamientos históricos, políticos, económicos y sociales. Y se marcó el acento en las distintas visiones de esos comportamientos, desde el informe del visitador y gobernador español Domingo Silvestre en 1776; el del oidor y visitador, también español, don Juan Antonio Mon y Velarde en 1787; pasando por testimonios durante la época republicana como los del alemán Carl August Gosselman en 1825, el del sueco Carlos de Greiff en 1852, el del francés Saffray en 1860, los de los alemanes Friedrich von Schenk en 1880 y Alfred Hettner en 1882; y los de Jorge Brisson en 1890, Eliseo Reclus en 1893 y Pierre d'Espagnat en 1898. Igualmente, los de José Manuel Restrepo en 1808, Emiro Kastos en 1858, Manuel Uribe Ángel en 1887, y, sobre todo, Migración y cambio social en Antioquia del brillante Álvaro López Toro, La moralidad protestante de los antioqueños de Luis H. Fajardo, Industria y protección en Colombia de Luis Ospina Vásquez y La colonización antioqueña del occidente colombiano de James Parsons.

5. EL VACÍO
Ahora se trata de proseguir aquel debate sobre el contenido y alcance de lo regional y sobre los estudios regionales, más allá de los mitos y más allá de la emocionalidad. Los resultados de esos estudios —decía entonces Jorge Orlando Melo—pueden confirmar en parte la visión tradicional o pueden modificarla. Cambiar una imagen que ha producido creciente complacencia en buena parte de los antioqueños, agregaba, puede ser incómodo; pero el compromiso del historiador en cuanto pretende manejar categorías científicas, es con la racionalidad y su confianza está en que una visión menos mística de sí mismo, un conocimiento más exacto de su propia evolución, permite liberar los procesos de decisión de un pueblo, de fascinaciones irracionales, del peso de los muertos.

El momento es oportuno: hay una carga inmensa de historia en el mundo contemporáneo. La misma Europa está atravesando por un trayecto de cambio para el cual no estaba preparada. Todos fueron sorprendidos por el desplome del comunismo, al cual ha seguido un vacío que empieza a ser llenado por la irrupción de las regiones. Los grupos étnicos son el nuevo protagonista.

6. PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Pues bien, acaso ninguna institución colombiana fue tan visionaria como FAES y, en ella, como su inspirador, el profesor Luis Ospina Vásquez: sus palabras liminares resultan vivificantes para los tiempos actuales, al divisar de cerca el siglo XXI. Lo recuerdo en su cátedra de economía colombiana, con sus gruesas gafas, desenrollando un trozo de bobina de papel periódico en el cual escribía a mano con grandes caracteres, sus conferencias sobre economía, en el viejo edificio de la Universidad Bolivariana, en el centro de Medellín.

En la doble corriente entre la aldea local y la aldea global, interesa la forma como interactúan y se complementan las tensiones y los descubrimientos. Nada más ajeno al arraigo, al sentido de lo regional, que el aislamiento. La visión de lo propio se enriquece con la experiencia ajena. La comparación entre ciudadanos y situaciones ilumina desde nuevos ángulos las realidades propias y el sentido de pertenencia a una localidad. Cuidar cada porción particular de mundo, es lo que permitiría mantener a salvo la casa común, la aldea global.

En el espíritu del fundador de FAES, caben varias interrogaciones: ¿Cómo sería un programa multidisciplinario de trabajo sobre los estudios regionales para buscar el conocimiento de la historia total? ¿Qué es una región, cuál su contenido, cuáles son sus límites? ¿Cuáles las modalidades de su estructura política, económica y social? ¿Estaremos ante la urgencia de una redefinición del concepto de región? ¿Cuáles son los vasos comunicantes, si es que existen, entre los antioqueños de los siglos XVIII y XIX, y los antioqueños del crepúsculo del siglo XX? ¿Hay acaso un problema ideológico en la antioqueñología entendida como expresión del regionalismo? ¿Cómo ubicar una sociedad regional dentro del contexto nacional? ¿Y cómo dentro del contexto continental y aun mundial, en la aldea global?

Comprendo que este repertorio de preguntas plantea más de un conflicto. Pero pienso que hay que perderle el miedo al conflicto para profundizar en él en busca de respuestas. Sir Ralf Dahrendorf, decano del St. Antony's College de Oxford y después director de la Escuela de Economía de Londres, decía ser defensor de lo que podría llamarse vivir en conflicto: lo cual no es siempre fácil, agregaba, pero nos ayuda a mantenernos vivos. Y es una aportación al conocimiento.

No se trata de sucumbir al éxtasis de la propia contemplación, ni de sumergirse en el piélago del saber por el saber. Si alguna vez Sócrates pidió que los rectores de la sociedad y del Estado fueran filósofos, quiso expresar que la carga de responsabilidad que cae sobre sus limitaciones, les impone el amar la verdad y el vivir pragmático. En la sociedad platónica la más alta instancia era la que cuidaba de la formación de los futuros conductores. ¿No habrá llegado la hora de revisar los fundamentos culturales de la nación y en ella los fundamentos de la región? ¿Y acaso no se estará acortando el tiempo para hacerlo antes de que llegue el diluvio?

Concluyo con un breve relato del escritor italiano Achille Campanile, conferencista en Colombia allá por los años cincuenta:

Un día, hace muchos años, un individuo que había salido de su casa sin paraguas, se dio cuenta de que empezaban a caer algunas gotas —Debería volver a casa a buscar el paraguas, pensó. Pero después se dijo: ¡Bah! No serán más de cuatro gotas—. Y siguió andando porque tenía mucha prisa. La lluvia empezó a caer. Entonces el individuo se refugió en un portal. —Esperaré a que deje de llover— dijo. Había empezado el diluvio universal.

Esta convocación de FAES dice que estamos a tiempo. ¿A cuánto tiempo? ¿A cuánto tiempo de qué? ¿Del diluvio? El ser humano es un repertorio de potencialidades, es decir de opciones. Estamos ante el conflicto, es decir ante la oportunidad.

 

EL ÁLBUM A ORILLAS DEL FUTURO
Prólogo al libro "Así es Medellín", Ediciones Gamma, Formas e Impresos Panamericana, Bogotá, diciembre de 1992.
 
...entre el misticismo y la picardía...
ANTONIO JOSÉ RESTREPO (Ñito).

Es como abrir el baúl de los recuerdos. Como pasar, una a una, las páginas del álbum de la nostalgia, al demorarse la mirada en fotografías, amarillentas del viento de la memoria. La ciudad radiante se devuelve sobre su siesta antigua a recoger el murmullo de los telares, cuando todavía la mulada y el arriero eran osados a través de las montañas. La ciudad soñadora por la que discurrían panidas bohemios que cantaban a los crepúsculos y a la luna, se asoma al futuro con denuedo, cantada por poetas que riman al amor y al coraje. Los mismos rostros de antaño que blandían el hacha en las manos duras para descuajar el ensueño de las colonizaciones por la aproximación al mar de Balboa, son las que se escudan de aliento y echan tiempo adelante a derrotar los riesgos de la actual aventura.

El traje le quedó breve y ahora la aldea antigua siente su estrechura nueva. Por eso busca, busca el espíritu mejores aires, como dijera su cantor. Aires más tenues, trajes más anchos. La aldea sueña con las llanuras altas. Los personajes escapan de los marcos. Así también las ansias de gentes frescas que son, sin embargo, las mismas de otrora, con igual decir desmesurado, el canto igual, la picardía exacta de entonces y el misticismo contrito de aquellos tiempos. Con el arrojo temerario para abrirse paso despejando selva e igual la decisión de llegar al mar, si por su tierra o por el predio del vecino. Con la codicia de ayer para hacer camino ahora por el ancho mundo, del cual uno de sus cantores se sabía ciudadano.

Este libro recoge aquellas instancias. Ella está en el centro de los efectos: es el corazón de la tierra y, al tiempo, su motor de propulsión. Se oyen en el aire quejumbres y pesadumbres. También se oyen en ella las resonancias y las cadencias del taller innumerable. Porque todo a ella concurre: los caminos de enantes que se fueron anchando hasta convertirse en carreteras, tenían que pasar por ella, a mirarla. La levantaron en un valle estrecho para que fuera sutil y púdico el divisarla desde las celosías cimeras que la atisban. Para que los ojos indiscretos siguieran cada tarde tras el rumor de su andar. Y para que los inciensos góticos desde las torres románicas de sus iglesias mayores, y los cantos gregorianos, llegaran a las alturas de su fe con más amplios resplandores.

En las tertulias alternan los de ayer con ideales limpios de hoy. Todo incita a la evocación. Y las reminiscencias, a la decisión. Seré verídico para que no me crean, decía don Tomás Carrasquilla. Pero, creedme, esta es la ciudad radiante del pueblo antioqueño.

 

DECLARACIÓN DE AMOR
DE BELISARIO BETANCUR,
EN SU PRIMERA EDICIÓN SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EL ONCE DE AGOSTO DE MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y CUATRO, FIESTA DE LA INDEPENDENCIA DE ANTIOQUIA.
LA SEGUNDA EDICIÓN SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EL DOCE DE OCTUBRE DE MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y CUATRO, FIESTA DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.
DIAGRAMÓ LA OBRA LA DISEÑADORA MARTA GRANADOS.
DIRIGIÓ LA EDICIÓN BEATRIZ BETANCUR.EL TEXTO FUE LEVANTADO EN FUENTE GARAMOND LIGHT DE 12 EN 16 PUNTOS E IMPRESO EN PAPEL CARTOIMPRESO MARFIL NACIONAL DE 60 GRAMOS.
SEPARACIÓN DE COLOR PARA LA CARÁTULA SE HIZO EN REPROLASER DE BOGOTÁ; Y LA IMPRESIÓN EN CARTULINA KIMBERLY DE 220 GRAMOS.
LA IMPRESIÓN SE HIZO EN LOS TALLERES DE TERCER MUNDO EDITORES (DIVISIÓN GRÁFICA), APARTADO AÉREO 4817, BOGOTÁ, PARA EL NAVEGANTE EDITORES, DE BOGOTÁ, APARTADO AÉREO 3974.

 


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