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CAPÍTULO III
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LA CULTURA DEL CAFÉ
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LA CULTURA DEL CAFÉ
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Ponencia en el Foro promovido por la
Federación Nacional de Cafeteros de Colombia en sus 60 años: Medellín, junio 26 de
1987.
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...es tan buena mi finca, que allá el
café es vegetal...
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UN PAISA EN FREDONIA
Es plausible la metodología escogida por
la Federación de Cafeteros de Colombia, para celebrar sus 60 años de existencia con un
Foro sobre temas fundamentales. Los temas de este simposio son vitales para gran parte de
los habitantes del planeta. Y la nómina brillante de especialistas que los analiza con
todas sus variables, es incitante.
La realidad es que los países en
desarrollo, que representan el 75% de la población mundial, en su mayoría siguen siendo
altamente dependientes de la exportación de productos básicos, o sea de aquellos que no
han sido objeto de transformación. Por tanto, lo que les ocurra a tales productos, va a
influir en forma decisiva en el bienestar y en el empleo de vastas comunidades.
Para alguien como quien tiene el honor de
hablar a este calificado auditorio, que nació y vivió al suroeste de Antioquia, en la
zona cafetera en la que surgió hace 60 años la idea de crear la Federación, estos actos
celebratorios tienen significado nacional pero también familiar y vivencial.
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1. CAFÉ Y CASAMIENTOS
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Tienen significado vivencial porque quien
les habla se siente subproducto de las ventajas comparativas y de la disciplina
implícitas en el beneficio del café ese oro agrícola de que ha hablado aquí el
Profesor Leontieff, pues toda su familia y él mismo trabajaron en la caficultura,
desde el almácigo hasta la venta.
Y tienen significado familiar, por lo que
el café representa en la familia colombiana. Dice el colofón del bello libro Colombia
cafetera de Don Diego Monsalve: "El día VIII de diciembre del ano de gracia de
MCMXXVII fiesta de la Inmaculada Concepción y año en el cual la República de
Colombia celebró el Vigesimoquinto aniversario de la paz interior, acabóse la
confección de este libro...". Era en Barcelona: por el mismo colofón se sabe que el
papel fue fabricado, siguiendo las exigencias características que quiso darle su autor. Y
ahora como entonces los colombianos estamos empeñados en alcanzar una era de paz interior
y en sedimentar mediante ella unos modos de vida democráticos y participativos, a
sabiendas de que la calidad de nuestros recursos humanos y la experiencia de una larga
lucha contra la adversidad del medio prodigioso que nos tocó en fortuna vivir, traerán,
con la paz, prosperidad material que deberá ser más equitativamente repartida.
Colombia cafetera ha resultado
fuente invaluable en cuanto provee informaciones útiles para escribir y comprender la
historia del café. En su página 74 se lee esta afirmación rotunda: "El
Departamento en donde mayores casamientos se verifican es Antioquia... en donde la
nupcialidad y la natalidad guardan cierta relación con el precio del café, debido
quizás al bienestar económico que el precio de este artículo trae consigo y que permite
realizar mayor número de enlaces matrimoniales".
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2. NACE LA FEDERACIÓN
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A sesenta años de distancia, estas
afirmaciones conmueven. Es conmovedora, asimismo, la candidez intelectual de asociar de
manera apodíctica la nupcialidad con el precio del café. Podría pensarse, con esta
visión de Colombia al trasluz de un caleidoscopio cafetero, que "todo tiempo pasado
fue mejor"; y que quizás las condiciones de aquellos años daban vuelo a la actitud
optimista de que habría frutos ciertos para la civilización política colombiana. Y qué
duda cabe de que, como advirtiera Nieto Arteta, desde cuando en la primera mitad del
siglo XIX se sembró la plantación inicial en Muzo, "el café produjo
seriedad."1
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En aquel 1927, la crisis mundial, la
inevitable modernización del país su electrificación, su salto de la mula al
avión, su crecimiento industrial y el reavivamiento de viejas pautas de sectarismo,
conformaban un panorama, inesperado quizás, de incertidumbres. España misma, en una de
cuyas viejas y elaboradas culturas urbanas la catalana se editaba el libro de
Monsalve, estaba a menos de nueve años de sumirse en la guerra civil, analizada en obra
ya considerada como clásica por Hugh Thomas, y preludio de la segunda guerra mundial.
Aunque hay factores determinantes para
que la nupcialidad sea mayor en unas regiones que en otras hasta producirse una constante
histórica 2, es de admirar que en el año en que se creó la
Federación, alguien, quizá con más intuición que conocimientos empíricos o que
lógica formal, haya postulado esta sincronización entre los precios del café (que meses
después caerían, como lo ha expresado el Profesor Stone) y las costumbres familiares
antioqueñas.
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3. LA RUPTURA FAMILIAR
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Veamos cómo cambiaba la familia cafetera.
Es sabido que entre la organización del trabajo social y la del beneficio del café, se
crearon una simbiosis y una disciplina: nuestra ardua topografía, la botánica del
arbusto y el rigor del "beneficio", contribuyeron a que ello fuera así. El
café ha sido un cultivo familiar y por él han vivido y sobrevivido millones de familias
en los rugosos Andes, como agregados, como aparceros, como arrendatarios o como
propietarios independientes, en un contexto de vida, hogareño y adusto.
El mundo moderno está cambiando
instituciones, valores, modos de ser, actitudes, ideas. Un mundo que no acaba de llegar y
que cabalga a medias sobre los comportamientos tradicionales ya agonizantes, golpea la
familia y las relaciones familiares. ¿Qué más dramático, por ejemplo, que la partida
de los hijos campesinos a la ciudad, en busca de trabajo, o de nuevos horizontes?
Detrás de toda migración hay una
ruptura familiar. Está por saberse qué tan profunda sea en sus aspectos sociológicos o
ideológicos. Pero el hecho se multiplica. La armonía de la familia campesina como unidad
simultánea de producción y de consumo, se resquebraja en cuanto se cierran las
posibilidades de subsistencia en las parcelas y la prole comienza a dirigirse a los
mercados urbanos de trabajo para obtener un salario: a unos mercados en los cuales
encuentran, a escala, fábricas de 100 millones de dólares manejadas por doce personas,
como la que el Profesor Leontieff nos ha contado que vio en el Japón. La irrupción de la
misma tecnología cafetera ha hecho que el trabajo estacional de los
"chapoleros" sea hoy más especializado que hace diez o veinte años.
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4. EL ENTORNO CASERO
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El papel de los hijos se va desplazando de
la parcela hogareña heredada, al trabajo para ellos mismos y para formar una propiedad
individual antes que familiar: se pasa así de la familia extensa, en la que tres
generaciones vivían bajo el mismo techo, a la familia nuclear en nuevas condiciones. La
incorporación de la mujer al mercado laboral elimina su inseguridad, la iguala
socialmente y desborda su dependencia y su especialización en trabajar para el hogar. Las
uniones conyugales, de hecho o de derecho, disminuyen en duración e intensidad; y los
hijos, desde pequeños aprenden a valorar un mundo ajeno a su clan; empiezan a prepararse
para enfrentar, con mejores armas técnicas y sociales, un entorno en el que individuos y
presente valen más que familias y pasado.
En este entorno toman sus decisiones más
en función de la lucha competitiva diaria que de las pautas estáticas de la autoridad
paterna, en que la propiedad se convierte en medio para maximizar los ingresos presentes,
antes que para acumular una herencia que se dejará al grupo familiar.
Estos procesos subyacen a un universo
creciente de rupturas y conflictos conyugales, que se presentan en nuestras regiones
cafeteras con diversa intensidad, más frecuentes cuanto más modernas sean las
instituciones, la tecnología y el trabajo, y aún sin que obre esa máquina recolectora
del grano de que ha hablado el Profesor Leontieff, que desplaza chapoleros.
Es esta la situación general de la
familia colombiana, con sus graduaciones y matices de carácter regional y local.
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5. LA TRANSICIÓN FAMILIAR
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¿Qué está pasando ahora con la familia
cafetera, además de que cruza por un período acelerado de transición, el más acelerado
desde cuando Ospinas y Vásquez hicieran las mayores siembras en 1880 en Fredonia y
Amagá?
En las zonas cafeteras hay medio millón
de hogares, con un promedio de 5.54 personas por hogar: el promedio nacional es de 4
personas. Existen 2.8 millones, el 10% de los colombianos, viviendo en tales zonas, de los
cuales más de un millón habita las regiones más modernas de la caficultura: el gran
Caldas, el suroeste antioqueño y el norte del Valle. Dentro de las zonas cafeteras hay
300 mil hogares propiamente caficultores, que tienen 1.7 millones de personas o sea el 6%
de la población total del país. De éstos, 440 mil viven en las zonas modernas de la
caficultura.
Así, pues, la primera distinción es que
en la zona cafetera no todas las familias son caficultoras.
La segunda es que hay una brecha entre
las zonas modernas y las tradicionales: es cierto que de estas familias caficultoras el
90% son propietarias; pero de las no caficultoras que viven en la zona cafetera, sólo el
29% son propietarias.
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6. EL INGRESO FAMILIAR
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¿Qué pasa con los ingresos de los
hogares cafeteros?
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Según datos presentados por la
Federación al Congreso Cafetero de 1986 3, el ingreso de una
familia de caficultores está integrado por los ingresos de los cultivos temporales y
permanentes, por los obtenidos por los miembros trabajadores de la familia en otras fincas
y por los ingresos del café que son cerca del 60% de todo el ingreso familiar.
En el país, en promedio, el ingreso anual
de una familia cafetera es de $341 mil pesos (1986). En la zona más moderna, es de
$477 mil pesos; y en los departamentos del sur es apenas de $168 mil pesos. Dividido este
ingreso por el número de trabajadores promedio de cada familia, resultan $246 mil
en la zona moderna, $176 mil en el promedio nacional y $75 mil en el sur, como ingresos
anuales del trabajador.
Esto quiere decir que el ingreso de un
trabajador de la caficultura, dueño de su finca, es inferior, aun en la región más
próspera y productiva, al ingreso de un trabajador con salario mínimo legal que,
además, obtiene prestaciones sociales y está afiliado a un sistema de seguridad social.
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7. LA CULTURA DE LA LEÑA
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No es sólo esto: la diferencia interna de
la caficultura según regiones, rectifica muchos mitos. El ingreso per cápita en una familia
caficultora de Nariño o del Cauca, ¡es la mitad del promedio nacional y un tercio del
ingreso en Caldas! ¡Y recordemos que en las zonas cafeteras los caficultores viven mejor
que los no caficultores y que aquellas son más prósperas que las no-cafeteras!
Lamentablemente la situación básica de
los ingresos se replica en las demás facetas de la vida socioeconómica.
Las corrientes migratorias medidas
por el tiempo de residencia del jefe del hogar muestran mayor movilidad en las zonas
modernas y una mayor estabilidad en los departamentos rezagados.
Una quinta parte de los jefes del hogar
cafetero, no han tenido acceso a la educación formal. El 60% hizo la primaria incompleta:
el 14% de los jefes de hogar son analfabetos.
En las zonas cafeteras no hay maestros
suficientes para un tercio de la población escolar; este porcentaje es de 56% en el sur y
de 17% en la zona cafetera central. No hay médicos suficientes para el 42% de la
población: dicho porcentaje se eleva al 83% en el sur y baja al 24% en la zona central.
El 47% de las viviendas no tienen acueducto: el 74% en el sur y el 30% en la región
central.
Y si bien es cierto que el 67% de los
hogares de la zona cafetera se ha electrificado, ¡el 90% de los mismos hogares continúa
utilizando la leña como el primer combustible en la cocina!
En buena medida la zona cafetera,
dividida en dos, entre los caficultores y los no-caficultores, ahonda las diferencias
sociales entre unos y otros. Las familias no-caficultoras proveen trabajo a las familias
caficultoras. Mientras que entre los hogares caficultores el 18% de sus miembros trabaja fuera
de la finca, ¡entre las familias no-caficultoras sólo el 15% de sus miembros trabaja dentro
de su finca!
En suma, no sólo los embates de las
migraciones, de la igualdad de oportunidades laborales para hombres y mujeres, de la
atracción urbana, de las mayores facilidades de educación para los niños y jóvenes,
están contribuyendo a una redefinición drástica de los patrones familiares como los
hemos conocido por generaciones con implicaciones sociales y acaso políticas,
completamente inéditas, sino que la realidad económica está golpeando fuertemente
el bienestar de nuestros caficultores en su hogar, y agravando la brecha entre sus vecinos
más desafortunados que no pueden sembrar café.
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9. EL CAFÉ, ESTABILIZADOR
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Lo anterior explica por qué en el ámbito
doméstico de Colombia, la gran generación de empleo y el gran multiplicador del sector
han convertido el café en el sistema circulatorio de la economía, casi desde cuando,
desengañados de las luchas políticas, un grupo de gólgotas resolvió cambiar de
oficio y hacer las primeras siembras en el occidente de Cundinamarca en los años sesenta
del siglo XIX.
Y porque, si bien es posible que en un
momento dado el sector de hidrocarburos pueda superar en divisas al café, está lejos de
superarlo en generación de empleo y sobre todo en capacidad de irrigación de recursos.
Así lo vieron en 1940 el Presidente
Eduardo Santos y los ministros Carlos Lleras Restrepo y Miguel López Pumarejo cuando
crearon el Fondo Nacional del Café, que el canciller brasilero Sobré cuenta que Brasil
ha tomado como modelo, lo que nos honra. Y por eso se hizo concertadamente en 1986 (en el
gobierno Betancur) la capitalización del Fondo el mayor activo de la política
cafetera, gracias a lo cual esa política existe, según recordaba don Arturo Gómez
Jaramillo: lo que, al tiempo que evitó la enfermedad holandesa padecida por quienes
experimentaron bonanzas similares con consecuencias negativas, aceleró el crecimiento de
la economía, redujo el déficit del sector público y disminuyó la tasa de desempleo.
Así es de importante catalizador el
grano; y así es de vital el Acuerdo Internacional del Café, para el bienestar y la
estabilidad de los países miembros y para resolver el tema explosivo del endeudamiento
externo.
Por tanto, es también urgente el
restablecimiento de las cláusulas económicas del Acuerdo, así como el que la Ley que lo
aprueba termine normalmente su tránsito en el Congreso de los Estados Unidos, con el
apoyo que ha ofrecido el propio Presidente Reagan, como punto clave para el desarrollo de
los países productores.
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10. EL MODELO INSUMO-PRODUCTO DE
LEONTIEFF
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Precisamente en el campo del avance de los
pueblos atrasados, el Profesor Wassilly Leontieff ha aclarado bajo qué condiciones se
podrían cumplir las metas de desarrollo formuladas por Naciones Unidas. Su diagnóstico
es muy claro: sin transferencias de recursos de largo plazo con intereses razonables; sin
mejora en los términos de intercambio; y sin significativo aumento en las exportaciones,
no se podrán alcanzar fases satisfactorias de crecimiento; y sólo en esas condiciones se
podrá encontrar solución de fondo al endeudamiento externo.
Esta ha sido la tesis de los signatarios
del Consenso de Cartagena y es la que sostiene el reciente documento suscrito por los
expresidentes Carlos Andrés Pérez de Venezuela, Oswaldo Hurtado del Ecuador, y Pastrana
Borrero, López Michelsen y Betancur de Colombia, acompañados por varios exministros de
la región.
Es mucho lo que debe el mundo al Profesor
Leontieff: baste recordar su metodología para examinar la interdependencia de procesos
como los antes anotados; su aplicación conceptual de las tablas insumo-producto, y las
aplicaciones prácticas por ejemplo en la estructura de la economía mundial, el control
de la contaminación ambiental y las consecuencias económicas de una política general de
desarme. Todo lo cual le valió recientemente la condecoración de la Orden del Sol
Naciente que le otorgara el Japón, por su aporte a la formación de las políticas
económicas efectivas de ese país.
En el caso de Colombia, tenemos que
agradecerle al Profesor Leontieff sus estudios sobre el futuro del tráfico marítimo
mundial, que probablemente serán de interés para la Flota Mercante Grancolombiana, una
de las principales empresas del Grupo Cafetero; agradecerle el aporte de los modelos de
simulación de la Misión de Empleo que dirigió el Profesor Chenery durante la
administración Betancur, con un grupo de brillantes especialistas colombianos; y
agradecerle, en fin, la utilización del modelo Inforum de la Universidad de Maryland
basado en el análisis insumo-producto, que el Banco Central Hipotecario está aplicando
para las proyecciones del nuevo municipio colombiano, que no hemos querido dejar a la mano
invisible de Adam Smith recordada por el Profesor Leontieff, sino un tanto a la mano
visible de estado y comunidad mancomunados.
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11. LA CO-RESPONSABILIDAD
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Quiero reconocer de nuevo a la Federación
de Cafeteros la realización de este Foro y a las personalidades participantes, las cuales
iluminan el camino de los pueblos pobres en busca de apoyo para superar la encrucijada
actual. Esa meta sólo podrá alcanzarse mediante la cooperación de países acreedores y
deudores, bancos, empresas, organismos internacionales, según advertía el canciller
alemán Kohl en 1984, en mensaje a Colombia.
Por eso es de celebrar la presencia en
éste Foro del señor Vinde, secretario general de la OCDE cuyos 24 países miembros
están dispuestos a revisar su política agraria que tantas dificultades ha traído a los
países del tercer mundo, como acaba de reconocerlo el señor Vinde.
El pensamiento latinoamericano se
identifica con su tesis, ya prevaleciente, de que las partes involucradas en el tema
explosivo de la deuda, acepten su cuota de responsabilidad: es la co-responsabilidad de
que habla el reciente documento pontificio de la Comisión "Iustitia et pax". Y
que el mayor acceso de los países deudores a los mercados de la OCDE sea una realidad y
una respuesta a esa co-responsabilidad.
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12. NI POR SU REY, NI POR SU PATRIA
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Se trata de una responsabilidad
inescapable porque el problema afecta a todos los viajeros del mismo bajel; y porque cada
quien puede aportar luces y sacrificios, experiencias y propuestas.
El Profesor Stone ha demostrado
precisamente los aportes que la ocho veces centenaria y legendaria Universidad de Oxford
sigue haciendo al conocimiento humano, a pesar de las contradicciones que ha conocido en
su itinerario de ochocientos años. Entre ellas, quizá la más dramática fue la de 1935
cuando la Sociedad de Debates de la Universidad, hastiada de la guerra, resolvió que sus
miembros no lucharían en una nueva contienda ni por su rey ni por su país. Pero
estallada la segunda guerra mundial, fueron muchas las personas vinculadas a Oxford que
sacrificaron sus vidas por salvar a Europa y al mundo de las fuerzas totalitarias.
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13. EL RUMOR DEL CAFÉ
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Desde hace quinientos años el café está
recorriendo el mundo, según el historiador Marco Palacios 4. En
Colombia, comenzó a sembrarse en Santander, si bien la primera plantación se hizo quizá
en el occidente de Cundinamarca o en la región esmeraldífera de Muzo, al occidente de
Boyacá. En Antioquia empezó a cosecharse cerca de Medellín, en zona para ello
climáticamente inapropiada, a inmediaciones de la legendaria ciudad de Rionegro. Uno de
nuestros grandes, Don Alejandro López, quien habría de estar en la nómina brillante de
gerentes con Mariano Ospina Pérez y Manuel Mejía, para hablar sólo de algunos de los
ausentes, decía que en el rumor de nuestra sangre se siente el del café. De la región
del suroeste antioqueño viene el 12% de la producción colombiana.
Esto ocurre en unas tierras pobres y con
unas gentes, que a finales del siglo XVIII daban lástima a gobernadores y oidores de la
corona española, por lo perezosas. Y tiene por centro una ciudad industrial que hace un
siglo le mostraba pereza a la industrialización; y en la que había entonces solamente
tres bancos, siete carpinterías, cinco sastrerías y seis boticas 5.
Pero daba prestigio social sembrar café,
cuyo beneficio ejercía una pedagogía de disciplina en todos los órdenes de la actividad
general.
A base de tenacidad, austeridad, aventura
y disciplina, se transmutaron los rasgos negativos que solo auguraban pesadumbres, y se
convirtieron en la fe, el coraje, el dinamismo y la esperanza que sirven de anfitriones a
esta asamblea.
Los mismos que alumbraron el nacimiento
de la Federación. Con razón exaltaba ayer el brillante escritor Alfonso Palacio Rudas,
el hecho de que en 1987 se conmemoren en esta hermosa ciudad "dos acontecimientos muy
reveladores de su valimiento en la formación de la historia colombiana": el
centenario de aparición del periódico El Espectador de Bogotá y los 60 años de
la Federación 6. Agregaríamos que en el presente año
cafetero, Antioquia celebra también los 75 años de fundación del periódico El
Colombiano de Medellín y los 50 años de creación de la Universidad Pontificia
Bolivariana: cuatro hitos "en el país que nos tocó en suerte vivir".
En ese país, desde hace 60 años no hay
alegría, ni dificultad, ni preocupación, ni expectativa en las cuales no aparezca la
asistencia de la Federación; o, para decirlo en lenguaje del gremio, en que no aparezca
"el sombrío" de Fedecafé, del Comité Nacional, de los Comités
Departamentales, de sus instituciones propias, de sus filiales. Y todo ello, siempre más
allá de las ambiciones o confrontaciones políticas.
Felicitemos a productores, chapoleros,
directores, beneficiadores, cooperativistas, comercializadores, en este feliz aniversario
que pertenece a Colombia entera: ¡la cultura del café es parte muy importante de la
cultura colombiana!
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