Declaración de amor
Del modo de ser del antioqueño
Belisario Betancur Cuartas
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DECLARACIÓN DE AMOR
Del modo de ser del antioqueño
Por: Belisario Betancur Cuartas
 

BERRÍO

Palabras al descubrir el óleo del docotor Pedro Justo Berrío en "ProAntioquia":Bogotá, junio 17 de 1987.

Antioquia ha tenido buenos gobernantes porque allá son buenos gobernados...

MONSEÑOR RAFAEL MARÍA CARRASQUILLA

 

El inventario de las calidades de un pueblo, es el inventario de los valores que simbolizan a ese pueblo.

Así, los motivos de autoestima de los antioqueños son las cualidades sobresalientes de los seres-mito que representan a Antioquia, tales, entre otros, Juan del Corral, Zea, Córdoba, Girardot, Liborio Mejía, Aranzazu, José Félix de Restrepo, Pascual Bravo, los Ospina, Uribe Uribe, Suárez, don Gonzalo Mejía; don Alejandro López, Gómez Martínez y Jaramillo Sánchez, por recordar unos cuantos. Entre ellos, el general y doctor Pedro Justo Berrío, símbolo del modo de ser del antioqueño. Lo es no sólo porque su personalidad quintaesencia el carácter de su pueblo, sino principalmente porque en sus ejecutorias se encuentran decisiones que contribuyeron a forjar la herencia más viva y más actuante de su gente y de su patria.

Hablemos de esa tierra y esa gente.

1. EL MANANTIAL
Para avanzar, llevados de la mano de historiadores de ayer y de hoy, preguntémonos ¿de dónde fluyen las condiciones que a fines del siglo XVIII llenaban de esperanza al gobernador Francisco Silvestre y al Oidor Mon y Velarde, no obstante la pobreza que envolvía a los 56.000 habitantes de la Antioquia de entonces?
"Son por lo común notados de guardosos y demasiado económicos", decía Silvestre. "Tienen por lo general un gran entusiasmo de nobleza, y con él tan engreído orgullo, que aunque todos se tratan de primos y sacan su relación de los primeros conquistadores y pobladores, ordinariamente contraen sus matrimonios en la propia familia y con muy inmediato parentesco..." De los de Medellín, agregaba que "son más retirados y cumplimenteros, más engreídos en su caballería y quijotescos, más apegados a sus usos antiguos y más guardados y aplicados a no gastar". Y de Rionegro, que allí "hay mayor número de gente distinguida y de caudal" que en Medellín.

Cómo se fueron transformando aquellas adversas condiciones y por qué en el primer cuarto del siglo XIX el francés Boussingault decía que "en ninguna parte de la república la había pasado tan bien como en Antioquia: le aseguro a Usted que si París no existiera me decidiría a vivir en Medellín, pues además del temperamento delicioso me gusta muchísimo el trato de sus habitantes". ¡De la que se perdieron los técnicos Boussingault y su compañero el inglés Walter! Ellos, que trabajaban con el oro antioqueño, supieron ver más allá de la piel del metal, en el alma de los habitantes, lo que el poeta Porfirio Barba Jacob llamaría después "los oros íntimos".

2. LA SOCIEDAD DE FRONTERA
¿De dónde aquella metamorfosis, en qué momento o trayecto, en razón de qué estímulos?
¿Acaso de la aduana cerrada de sus montañas, del sentido de confianza sólo en sí mismo que la sociedad de frontera establece, como dice Marco Palacios en sus estudios cafeteros?1

¿O quizá de la influencia de unos pocos espíritus? Jorge Orlando Melo sostiene que el desarrollo histórico de Antioquia de 1830 a 1930 se presenta a través de la actividad política de una serie de personajes: Mariano Ospina Rodríguez entre 1830 y 1860; el doctor Berrío de 1860 a 1875; Pedro Nel Ospina y Pedro José Berrío entre 1900 y 1930, con algunas figuras adicionales como Aranzazu, Pascual Bravo, Uribe Uribe y monseñor Cayzedo. Agrega Melo que esta imagen, que resulta más confortable para los historiadores conservadores, también la comparten en buena parte los liberales.2

O bien ocurriría, según Emilio Robledo, "así como cuando se enciende una luz, se ilumina toda una habitación, ¿aquí ha bastado un solo hombre para hacer cambiar la faz y la orientación de todo el pueblo?"3.

Quizá ese cambio tendría explicación en el origen judío de que hablara el vallecaucano Manuel Antonio del Campo y Rivas; quien después de haber sido colegial y profesor de San Bartolomé, ascendido a Oidor de la Audiencia de México, publicó allí el "Compendio historial sobre la fundación y estado actual de Cartago y de la portentosa aparición y renovación de la Virgen que se venera con el título de Nuestra Señora de la Pobreza en el convento de San Francisco de dicha ciudad", en el que dice que el mariscal Robledo trajo familias gitanas de origen egipcio, moros, tornadizos —o sea judíos sefarditas conversos—, o cristianos nuevos, "más andariegos que los mismos judíos de las demás partes del mundo"; y que con ellos fundó la Villa de la Candelaria.

Todo lo cual fue coreado por el geógrafo Eliseo Reclus, de visita por estos lares; y reiterado más tarde por don Jesús María Samper (también por su esposa doña Soledad Acosta) al reclamarle a don Recaredo de Villa haber negociado en nombre del estado soberano de Antioquia, por un millón de pesos, el voto por don Aquileo Parra para presidente de la República. Pero fue replicado por el doctor Manuel Uribe Ángel, el primero, quien recordaba la prohibición impartida desde 1513 a los conquistadores, de traer a las Indias a judíos, moros, ni nuevos conversos. Fue refutado por don Jorge Isaacs, el autor de María, por el padre Félix Restrepo y por don Marco Fidel Suárez, no obstante la presencia de apellidos como Correa y Santamaría, provenientes de inmigrantes vascos de origen judío 4.

3. CASTIDAD Y COSTURA
A las guerras de independencia Antioquia aportó heroínas y soldados, aportó armas que el sabio Caldas dispuso hacer en el primer batallón de ingenieros.
Fueron cuatro antioqueños —Zea, Montoya, Arrubla y Hurtado— los emisarios del Libertador a Londres, a conseguir recursos para la campaña del sur que daría libertad al Perú y Bolivia.
Esa vinculación con Inglaterra y Jamaica representaría elemento catalizador para el nuevo resurgir antioqueño, por las mayores importaciones y por la asistencia técnica obtenida adicionalmente.

En los años treinta don Juan de Dios Aranzazu, en la gobernación, exalta las primeras institutoras en las hermanas Tomasa, Concepción, Petrona y Dolores Caballero. Es de imaginar las costumbres claustrales, recoletas, de entonces. Emiro Kastos (díscolo, cáustico) las describía así en su periódico bogotano en 1858:

Todas las mujeres se educan para esposas. Llevan al matrimonio el pudor y la castidad, flores que no marchitan allá precozmente los malos ejemplos ni el roce del mundo: hábitos de orden y economía, bases primordiales del bienestar, la dignidad de la familia, y resignación cristiana para aceptar sonriendo las amarguras de la vida. Generalmente saben coser, aplanchar, preparar las comidas; y hasta las más ricas, en los días terribles en que las criadas toman el descanso, desempeñan sin embargo todas las operaciones de la cocina. En las parroquias y los campos, a los diez y ocho o veinte años todos los hombres se casan; el antioqueño joven y pobre, primero toma una mujer sin miedo ni vacilación y se lanza a la vida, contando con su brazo, su energía y la Providencia, protectora de los hombres de buena voluntad. En estos matrimonios, comenzados bajo los auspicios de la pobreza, a fuerza de trabajo y economía, muchos conquistan la riqueza y casi todos son dichosos. La mujer comparte valerosamente todas las fatigas conyugales y es el más poderoso elemento que hay en Antioquia, de moralidad y progreso.

4. LA COLONIZACIÓN
Al final de la década de los años treinta, toman fisonomía los partidos políticos, los comerciantes librecambistas son liberales en su mayoría, y los propietarios y los mineros proteccionistas, en general son conservadores.
 
Hasta los años cincuenta Antioquia estaba atareada abriendo el norte de Caldas desde Rionegro, Marinilla, Abejorral y Sonsón, hasta Aguadas, Salamina, Neira y Manizales; y el suroeste desde Envigado y Medellín; la cordillera del Tolima y la cordillera del Valle, el Quindío y Risaralda 5.

Se cuenta que don Benicio, hermano de Ñito Restrepo, ponía este desafío en boca de los colonizadores:

A un lado serpientes, alacranes y avispas, tarántulas, cientopiés y hormigas rondadoras, trasgos y fantasmas, diablos y demonios, que aquí va un hombre con hambre 6.

No faltaban las rivalidades entre antioqueños y caucanos. En "La Campana del Conde"7, cuenta don Efe Gómez que los acaudalados Pombal vinieron después de Popayán a comprar fincas en el suroeste. Una tarde se encontraron en una fonda con el siempre mal trajeado y siempre "copetón" Ñito Restrepo. El más joven y más agresivo Pombal rasgó el tiple y cantó así:

Trove, trove compañero,
dicen que usted es poeta,
y lo creo pues se ve
que no tiene una peseta.
Rasgó Ñito el tiple y contestó:
No tener una peseta
es el mayor de mis males.
Ah, malhaya quien tuviera
plata como los Pombales.

El joven Pombal pidió aguardiente para todos, creyendo que estaba zanjado el tema. Ñito prosiguió, iniciando cada estrofa con los dos últimos versos de la anterior:

Ah, malhaya quien tuviera
plata como los Pombales,
lo que no tienen en plata
lo tienen en animales,
porque son la misma cosa
animales y Pombales:
los unos viven en ranchos
y los otros en yerbales,
pero comen yerba todos,
animales y Pombales.
Y se embuchan de aguamasas,
de aguamieles y aguasales.
¡No son más que buche y cachos,
animales y Pombales!

Se vivía mal, muy mal, estrechamente, arañando tierras pobres. En el nordeste se vivía bien, extrayendo el oro, lavándolo, barequeando o mazamorreando. De 1830 a 1850 fue la época del esplendor del oro, por los avances técnicos extranjeros que llegaron. En el año treinta se fundó la Ferrería de Amagá, de los Restrepo, primera gran empresa industrial de Antioquia y la primera fábrica colombiana de bienes de capital 8.

Bogotá quedaba lejos, muy lejos, un poco menos lejos que desde que se inauguró el aeropuerto de Rionegro, según dicen los actores Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro en "País paisa".

5. LA GUERRA POR DOQUIER
En los años sesenta se abrió la primera cervecería en La Ceja, pero en Antioquia apenas había unos cuantos telares parroquiales de fabricación casera, entre ellos en Hatoviejo hecho por el sonsoneño don Indalecio Uribe: los antioqueños parecían tan refractarios a esos telares como en tiempos de Mon y Velarde; y Medellín, la más reacia a la industrialización, dice Ospina Vásquez: en 1865 apenas tenía una máquina de moler cacao y una nevería, fuera de las más usuales velerías, jabonerías caseras o poco menos, daba los primeros pasos la industria de la loza en oriente; y "en la escala infinitesimal que permitía un medio en que el 90% de la población no conocía el uso del calzado y el consumo de carne era muy pequeño, crecía la curtiembre de cueros y la zapatería en forma semiindustrial, que ha tenido su asiento tradicional en Rionegro" 9. En los años setenta funcionaban en Medellín tres bancos, siete carpinterías, cinco sastrerías, seis boticas 10.
 
6. TODOS CONTRA TODOS
Visto en conjunto, el siglo XIX fue una larga y penosa transición al capitalismo en Colombia 11: fue pasar del proteccionismo al librecambio y de éste al proteccionismo. Ir y venir incesantes del centralismo de los bolivarianos y de los conservadores al federalismo de los liberales y de los santanderistas, hasta los años cincuenta en que los conservadores se confesaron librecambistas y el presidente conservador don Mariano Ospina Rodríguez, propició una Constitución federalista para enervar la rebelión de los estados; y los radicales, hechos propietarios, se volvían proteccionistas. Todos contra todos, gólgotas contra draconianos, radicales contra nacionalistas, godos contra rojos. Y la guerra, siempre la guerra, en no pocas ocasiones con la religión católica no en medio sino del lado de uno de los contendientes, de los conservadores, contra el otro, los liberales, que también eran católicos.

La guerra, siempre la guerra. Y constituciones a granel. La de Rionegro, en 1863, hecha para un país de ángeles, como dijo Víctor Hugo, permitía el libre comercio de armas y erigía jefaturas guerreras por doquier: entre 1863 y 1885 hubo más de 50 insurrecciones locales y 42 constituciones provinciales 12.

La guerra del sesenta fue fatal para la industrialización naciente, para las exportaciones y para el café, que empezaba a sembrarse como mecanismo de prestigio social según lo fueran antes el tabaco, la quina y el añil: las primeras siembras en los años sesenta fueron en Cundinamarca, hechas por gólgotas desengañados; por los ochenta lo sembraron Ospinas y Vásquez en Fredonia y Amagá. Y a partir de entonces sería el eslabón entre la economía preindustrial y la industrial.

Los radicales —reivindicados (aún no suficientemente) por Luis Ospina Vásquez en su ya clásica obra Industria y protección en Colombia, 1810-1930— mostraron condiciones de administradores y sagacidad administrativa, visión futurista en la educación y en la concepción general de la economía; tuvieron incluso la superstición de las vías, los caminos, los ferrocarriles, las carreteras. "Los radicales", dice Ospina Vásquez, "eran sucesores de los gólgotas, pero habían dejado bien atrás las confusiones del romanticismo de otros tiempos. Eran un grupo de carácter burgués —gran burgués en algunos casos—, sumamente marcado... Su política económica reflejaba más que teorías su carácter, su peculiar idiosincrasia. Esto y no las construcciones teóricas, esquemáticas e insignificantes, es lo que da una fisonomía tan especial a la época. Por muchos aspectos se parecían a los ideólogos de la época grancolombiana, en más provinciano. Fatalistas del progreso, idealistas profesos de un ideal prosaico y limitado, concebían la evolución del país como marcha hacia un cierto tipo de `nación moral', política y económicamente evolucionada en el sentido de más liberal, industrializada, bien integrada dentro del comercio mundial" 13.

7. HEROÍSMO DE PASCUAL BRAVO
A finales de 1863 estalló la revolución en el estado soberano de Antioquia, contra Mosquera y los radicales: se sublevaron el general José María Gutiérrez en Abejorral, el coronel Francisco Londoño y el poeta Gregorio Gutiérrez González en Sonsón, el coronel Obdulio Duque en Marinilla, el general Juan María Córdoba en Aguadas, el coronel Cosme Marulanda en Salamina, el comandante Domingo Hincapié en Neira, los coroneles Pablo y Francisco Jaramillo en Manizales, en el suroeste el general José María Caballero y el doctor Luis María Restrepo Isaza.

Berrío se organizó en el norte y marchó desde Santa Rosa, con 600 hombres, sobre Medellín. A Pascual Bravo que estaba en Rionegro, lo interceptó en Copacabana y lo hizo batir en retirada. Berrío se desplazó, por San Pedro y Entrerríos, a Angostura, mientras el general Plaza, creyéndolo disperso, ocupó a Yarumal. Berrío le había tendido una estratagema y lo sorprendió, muriendo Plaza en el combate en la madrugada del 2 de enero de 1864. Pascual Bravo se enteró en Rionegro y, antes de que pudiera marchar Berrío sobre su gente, atacó en Cascajo a los conservadores que comandaba el coronel Duque. Allí murió, tras heroico combate de seis horas, apenas cumplidos los 25 años, el presidente del Estado Soberano, don Pascual Bravo, después de realizar un gobierno admirable que acrecentó la educación, estimuló las artes y las ciencias, abrió escuelas y colegios, impulsó las obras públicas y obligó a las gentes adineradas a prestar el servicio militar: las tropas vencedoras del coronel Duque pasaron por Rionegro gorra en mano y en silencio, en honor del combatiente y del gobernante excelso.

Así guerreaban, con el telón de fondo caballeresco. El rionegrero don Laureano García Ortiz recuerda que en su casa, de rancio abolengo liberal, fue escondido don Mariano Ospina Rodríguez cuando, puesta su cabeza a precio, llegó disfrazado después de la conspiración de los septembrinos contra el Libertador. Narra también cómo, cuando la guerra de 1851, el doctor Rafael María Giraldo amenaza a los rionegreros con que los conservadores del general Eusebio Barrero no dejarían piedra sobre piedra: pero Barrero es derrotado; y Giraldo, llevado herido a la casona liberal de los García, es curado y liberado 14.

Algunas muestras más: Camilo A. Echeverri y otros liberales eminentes acompañaron al gobierno de Antioquia en 1876; el liberal Manuel Uribe Ángel encabezó listas conservadoras en 1881 y después como gobernador decía sentirse más cerca de los conservadores que de sus copartidarios liberales. A su vez, los conservadores antioqueños en general terciaron con los históricos y no con los nacionales, a la regeneración, porque los primeros eran más convincentes. Y es cierto que el general Uribe Uribe fue al Congreso ayudado con votos inequívocos puestos por los conservadores antioqueños que veían a Antioquia huérfana sin él.

8. BERRÍO GOBERNADOR
El 9 de enero de 1864, una junta de notables nombró gobernador provisorio al doctor Berrío: tenía 37 años. Éste envió delegados a Bogotá a buscar el reconocimiento del general Mosquera, a punto de entregar el poder al radical moderado don Manuel Murillo Toro. Los delegados tardaban en alcanzar un compromiso. "Si dentro de cuatro días no viene ese reconocimiento del gobierno del Estado Soberano de Antioquia por parte del Gobierno de la Unión, es necesario morir en casa grande, dando una batalla en la sabana de Bogotá". Berrío se dirigió así al pueblo de Antioquia:

Antioqueños: el gobierno, de acuerdo con vuestros ardientes deseos y convencido de la urgente necesidad de establecer la paz, la seguridad y las garantías individuales, ha agotado todos los medios conducentes para detener en su espantosa carrera de desastres, el azote de la guerra. Antioquia puede perecer, pero teniendo de su parte el derecho y la razón, no perecerá sino cubierta de gloria y de honra: sus ruinas, sus cenizas y sus escombros, sus campos desolados, su riqueza agotada, su industria muerta y millares de huérfanos y de viudas, darán testimonio de un pueblo que lidió hasta morir en defensa de sus fueros atacados.

El reconocimiento llegó cuando Berrío regresaba por Salamina de su visita a Manizales. Y se firmó la paz: Antioquia reconoció la autoridad del gobierno central y éste reconoció el gobierno de Berrío.

Llegada la instalación de la Asamblea Constituyente de Antioquia en junio de 1964, Berrío renunció. La Constituyente por unanimidad le pidió que siguiera hasta la nueva Constitución. Berrío aceptó. El 13 de agosto se expidió la nueva Carta del estado soberano, la cual establecía la elección de gobernador por el voto popular directo, para un período de cuatro años. Al año siguiente Berrío fue elegido popularmente. Se posesionó el 7 de agosto. Dijo en su discurso:

La estimación social es un bien por el cual debe sacrificarse el hombre... Un pueblo moral y laborioso como el antioqueño, en donde ya casi no existe el espíritu de partido, ni se habla de guerra, ni se trata de lo que entre nosotros se llama la política; en donde las minas de metales preciosos son inagotables; en donde hay tantos y tan variados elementos de riqueza y en donde el espíritu se desarrolla con entusiasmo; un pueblo como éste, repito, tiene que engrandecerse y elevarse por sobre los demás estados que aún sufren hoy el azote de la pasada guerra y de una política mal entendida... No hay cosa que más desacredite a un país y a sus mandatarios, que hablar constantemente del hombre y de las garantías individuales y del cumplimiento de la Constitución y de las leyes, a la vez que se ejecutan actos atentatorios de la libertad, y contrarios a los principios de dignidad, honor, moral y religión... Durante el tiempo que he desempeñado la Gobernación me he convencido más y más de la imperiosa necesidad de ser justo y de las inapreciables ventajas que resultan de seguir siempre el sendero de la conveniencia pública. Desgraciado el magistrado que desatendiendo estas condiciones, deja cabida en su corazón a la voz de la amistad, del espíritu de partido, de la intriga, del miedo, de la riqueza, de la pobreza o del interés particular en contra del interés social.

9. EL RENACER
La pregunta se mantiene: ¿en qué momento el alma antioqueña dio vuelta sobre sí misma y se sobrepuso a dificultades, carencias y pereza?

Se sabía que la adversa fortuna sigue al antioqueño cuando adormece sus potencialidades. Se sabía, también, de las cumbres que alcanza cuando las dinamiza. Lo vieron don Juan del Corral y el primer presidente de la República, antioqueño, don Liborio Mejía; lo vio Aranzazu: vieron que se trataba de potenciar el coraje, la fe en sí mismo, el sentido de solidaridad, la frugalidad de la vida diaria; que se necesitaba volver a los principios de la ayuda mutua, bases de la solidaridad social, que hicieron el primer renacer después de la visita de Mon y Velarde, quien no se equivocaba —como recuerda Darío Mesa— cuando advertía al monarca que "aquella provincia, la más atrasada del reino, llegaría algún día a ser la más opulenta" al descubrir el pueblo antioqueño la antigua fuerza social productiva del trabajo y la fuerza productiva del capital 15.

Pero ¿cuándo los antioqueños empezaron a pensarse como tales?, se pregunta Álvaro Tirado Mejía. ¿Cuándo y por qué los empresarios antioqueños comenzaron a identificarse a sí mismos como tales? Álvaro López Toro, tempranamente desaparecido, dejó el más penetrante estudio entre cuantos se han intentado sobre la cuestión antioqueña, para explicar las causaciones del estereotipo paisa, para presentar las distintas actitudes individuales y de grupo ante la realidad, en este caso la reiteración de decisiones, que van creando habitualidades eficaces. Las cuales se van transmitiendo precisamente en razón de esa eficacia, en razón de que resultan ser respuestas idóneas a cada desafío: al del oro, que sin duda dio una ventaja al antioqueño frente a sus demás compatriotas; al de las importaciones; al del café, cuyo beneficio riguroso disciplinó a los empresarios 16.

Ann Twinam ha desentrañado también esta transmutación: "Fueron los límites y potencias existentes dentro de su ambiente colonial los que forzaron a los antioqueños a seguir el camino empresarial, y no las diferencias étnicas o culturales, ni la pérdida de status, ni la sangre judía o vasca", dice. "La continuación de las inversiones antioqueñas en los siglos XIX y XX sugiere que para finales del período de la Colonia este `modo de estar' o adaptación a una realidad económica específica, se había transformado en `un modo de ser', o modo de vida, que ahora trascendía las condiciones históricas que lo habían creado" 17.

Así se hizo Antioquia, así se hizo una sociedad cabal aunque con desequilibrios, una sociedad abierta, que —gracias a haber convertido sus vicios privados en virtudes públicas— encontró los caminos del desarrollo en donde la diferencia entre los poderosos y los humildes estaba salvada por el puente de la cohesión social 18. En más de una página llena de sagacidad y penetrante visión lo observa así Carlos Jiménez Gómez, cuando advierte que la llamada sed de aventura se predica mal del antioqueño, el cual persigue lo que quiere pero para conservarlo libre de todo riesgo; y donde halla motivos para mantener sus raíces, allí muere con sus descendencias 19.

10. EL FLUJO DIALÉCTICO
Berrío lo entendió así. Leyó en el libro abierto del alma de Antioquia y desató aquellas potencialidades que advirtieran Silvestre, y Mon y Velarde: el flujo dialéctico que circulaba por la trama social de su pueblo.

No hubo aspecto de la vida antioqueña que Berrío no tocara, atendiera, impulsara, reorientara, estimulara: organiza los correos, reduce el pie de fuerza y el gasto militar, afianza la reforma penal. Paradójicamente coincidente con los radicales en la preocupación por las vías públicas y las comunicaciones, contrató los servicios técnicos del ingeniero norteamericano Griffin, sobre la idea del ferrocarril al Magdalena, pensando en facilitar la importación de maquinaria para el oro, que se hacía a mula y en turegas. Como en principio resultara muy costoso, acometió y construyó en dos años la carretera Medellín-Barbosa poniendo a trabajar allí a los presos, los cuales recibían descuentos de pena y atractivas remuneraciones; de Barbosa hasta el Magdalena, se mejoró el camino de arriería. Contrató al legendario ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. Creó los telégrafos Medellín-Nare y Medellín-Manizales. Fundó el Banco de Antioquia y puso al frente a don Recaredo de Villa quien había de reemplazarlo en la gobernación. Fundó la Caja de Ahorros de Medellín y la Casa de Moneda, dado que el oro de las minas tenía dificultades de exportación por la guerra en la Costa Atlántica. Trajo imprenta para el gobierno y creó la Biblioteca. Fundó la Escuela de Artes y Oficios y trajo a los profesores europeos Hausler y Lutz para que la dirigieran y a los alemanes Freydel y Wolf para capacitar mano de obra, y expidió un completo estatuto sobre educación, de 225 artículos. En 1870 fundó las sociedades de fomento en Medellín y en las siete capitales de las provincias, para despertar el entusiasmo y la colaboración de la ciudadanía hacia el mejoramiento cultural, material y cívico.

En estricto rigor, Berrío no era un letrado pero usaba un castigado estilo sencillo que todos entendían, y escribía siempre corto. Tampoco era el orador arrebatado que arrebataba, pero su discurso era polémico y persuasivo, siempre sereno, ecuánime siempre, siempre conservador pero reivindicando siempre el respeto a las ideas de los demás 20.

11. BERRÍO Y LA UNIVERSIDAD
Acerca de la universidad, se preocupó durante su primer gobierno por darle una nueva faz al antiguo Colegio del Estado; y, después de su segundo gobierno, en la rectoría adelantó una reforma desde adentro y a fondo en el claustro, para ponerlo a tono con las urgencias de la modernización que Antioquia requería.

De aquella época existe el testimonio de un estudiante, otro antioqueño que hace parte de nuestra intimidad, el viejo don Tomás Carrasquilla. La extensión de la cita se justifica por la delicia de leer la prosa de don Tomás:

Tiene Berrío otra faz muy hermosa y poco conocida: su rectoría de la Universidad, pedida por él mismo. Es la oda final de su epopeya, en que pone todas las piedades y dulzuras que el paladín esconde bajo su peto damasquino. No es obra de rector: es de creador, así en lo moral como en lo físico. Tifo mortal que en la Universidad surge, a mediados del 73, obliga al Gobierno a clausurarla desde agosto. Esta tregua de Minerva la aprovecha Berrío para hacer las transformaciones y las quemas. Aquel cuartel, más que para morir para vivir, lo convierte en mansión cómoda y pulcra, agradable e higiénica. De un foco de vulgaridad soldadesca y desbordada, de rivalidades mezquinas, de pueriles chismorreos, hace un centro de mutuo respeto, de cultura y de cordialidad. De una indisciplina caótica, una armonía que abarca desde el conjunto hasta el último detalle. La simple exposición de los medios que emplea, de los recursos que inventa, del modo como ordena, sería un tratado para educacionistas y directores. A toda medida tiene de apelar el hombre para meter en cintura a esa mocedad indómita, que cuenta en sus filas desde adolescentes de quince años hasta hombrazos ya barbados. Mas no es la mano de hierro que estrangula, ni el dominio que subyuga, ni la rigidez que atedia; al contrario. En esos claustros se respira una confianza y una libertad espirituales, que templan y tonifican las almas juveniles. En esta república de doscientas personas, Berrío les sabe a todos el nombre, la familia, el pueblo natal. Los estudiantes de esta época podemos apreciar la abundancia de ese corazón y el fuego de caridad que lo inflama. Es el hermano, es el padre de todos y para todos. Solícito, insinuante, indulgente, con todos habla, con todos conversa, con todos se comunica. Para los malos tiene siempre alguna palabra que atenúe el castigo y mueva a la enmienda. Por supuesto que a todos infunde dignidad, porque el respeto que él inspira se convierte en respeto propio. No es el internado ninguna Tebaida penitencial: dos salidas a baño, cada semana; buen servicio de mesa; los rezos reducidos a la mitad; dos trapecios y juego de innúmeras pelotas. En los recreos, todo bullicio, todo grito, desde que no sean groseros; toda lectura desde que no sea prohibida. Desde el segundo piso asiste a los esparcimientos de fuerza, satisfecho y sonreído. Acércase con frecuencia a los grupos lectores, e indaga y escucha y comenta. No son pocas las risas que le arrancan las palabrotas de Sancho y los sonrojos del lector, que vacila al pronunciarlas. El recreo nocturno de los sábados dura hasta las diez: hay maestro de baile y hay cantores y, en tales noches, pueden ir al teatro los internos que quieran, bajo la vigilancia de algún empleado. En fin, la Universidad es una familia dirigida por un padre que quiere educarla en todo y para todo. Evidente es la influencia del virtuoso sabio. Berrío tiene ese poder: su sola presencia es la mejor enseñanza, el mayor estímulo. Aúna a éste otro más hermoso todavía: el de robar corazones.

Un día supo que había sido expulsado de la universidad un brillante sopetraneño de apenas 17 años llamado José María Villa, por haber publicado un escrito contra el claustro en un periódico manuscrito, casi confidencial. "La Universidad queda incompleta sin Villa; es muy buen estudiante", dijo Berrío al intervenir para que se readmitiera a quien no había querido delatar al verdadero panfletario; y a quien había de ser pionero en América, de los puentes colgantes, el de Brooklyn en New York entre otros, no pocos de ellos en Colombia, cuatro sobre el Cauca, en La Pintada, Jericó, Santafé de Antioquia y Pescadero en Ituango; y quien había de viajar en 1876 a Estados Unidos, con beca de 1.800 pesos asignada por el propio Berrío, a brillar como matemático admirado por el propio Edison.

13. BERRÍO Y LAS MINORÍAS
Maestro visionario, este venerable rector nacido el 29 de mayo de 1827 en Santa Rosa de Osos, que comienza a muy temprana hora la jornada de cada día, y encauza talentos para formar un pueblo y su legado cultural, había estudiado humanidades con monseñor Gómez Plata en el Seminario de Santafé de Antioquia y derecho en Bogotá; había sido magistrado, diputado y senador; había merecido el título de general; había acumulado obras y honores como gobernante respetuoso de la ley.

Hoy vale la pena recordar cómo en aquellos aciagos días de luchas armadas entre los partidos, Berrío siempre fue elegido por sus copartidarios y por el voto de muchos liberales; y cómo desde el gobierno, puso en vigor la representación de las minorías en los puestos públicos, acaso como precursor de un comportamiento que es parte del carácter antioqueño, como lo mostraron Carlos E. Restrepo y Mariano Ospina Pérez.

Lo mismo en la guerra que en la paz, era grande la hidalguía de los combatientes antioqueños de entonces, liberales y conservadores, antes que nada hombres de hogar y hombres de trabajo.

En una hermosa indagación sobre la montaña y el espíritu de sus gentes, el profesor López de Mesa decía en su oración panegírica en el cuarto Centenario de Santafé de Antioquia:

Antioquia comienza al sur donde el río Cauca se estrangula en los contrafuertes de una y otra (las cordilleras Central y Occidental) y concluye donde vuelve a reposar sus aguas en la atlántica planicie... Cuando los españoles se presentan, los aborígenes del Valle de Aburrá, desconcertados hasta la angustia, se ahorcan de las ramas de sus árboles frutales, por no ver a estos bárbaros guerreros, cuya misión no entienden ni intentan descifrar. En cambio, el katío jactancioso los saluda con respeto "porque casi se muestran como él aguerridos y valientes". Y luego ya vencidos en lucha de asedio tenaz, en que desplegaron ingeniosos recursos de atrincheramiento, cuales sólo de razas superiores eran de suponer, pactan, con buen sentido común, civilizado asimismo, la paz, y el pacto cumplen muy sensatamente. Con el correr de los siglos esta conducta guerrera vése también en los nuevos pobladores de Antioquia: porque son adictos a la paz, y cuando les es forzoso ir a los combates, eligen a un patriarca de los suyos director de la guerra, ora se llame Juan del Corral, don Cosme Marulanda, el doctor Pedro Justo Berrío, el doctor Marceliano Vélez, Pedro Nel Ospina o Carlos E. Restrepo; los que vencidos o vencedores, regresan luego sin ufanías de laurel y muy campechanamente a sus bíblicos hogares y agro estéril 21.

14. ESCLAVOS DE LA LEY

Mosquera fue reelegido presidente de la República. Y como pidiera a Berrío preguntar a la gente en un referéndum, si quería que concluyera o no su período, Berrío le contestó desde Santa Rosa de Osos:

Es digna de aplauso la manifestación de respeto que tributáis de esa suerte a la opinión pública; y yo me apresuraría a complaceros si no fuera que ni la Constitución Nacional ni la del Estado permiten que se convoque oficialmente a los electores y ciudadanos con ese objeto y Vos sabéis que en un país republicano los mandatarios debemos ser esclavos de la ley. En cuestiones de esa clase tiene el pueblo su órgano constitucional... y ese es el Congreso... Extraoficialmente se puede conocer esa misma opinión de muchas maneras. La libre expresión del pensamiento, la libertad de imprenta, el derecho de petición y el de reunión, son otros tantos medios por los cuales los pueblos pueden manifestar sus ideas y sus votos en relación a la cuestión que Vos proponéis. Lo único que yo puedo hacer referente a vuestros deseos es dar inmediata publicidad a vuestra carta...

15. EL BASTÓN Y LA ESPADA

En 1867 Mosquera disolvió el Congreso, se declaró dictador y dirigió un mensaje a todos los gobernadores. Berrío, sin darle respuesta, lanzó en mayo 10 esta proclama:

Antioqueños: la revolución que desde su advenimiento al poder había estado preparando el Presidente de la República contra la nación misma que lo honró con su confianza, ha estallado al fin... Un hombre que quiere ser superior a las leyes; un hombre a quien la nación colmó de los más altos honores, vuelve hoy contra la patria el bastón y la espada que la República puso en sus manos porque lo consideró digno de defender sus instituciones y libertades, y comete con el Ejército un crimen horrendo, que las leyes y la conciencia denominan alta traición. Pues bien: si se quiere someter a la República a una nueva prueba; se la lanza a su pesar en la guerra, la guerra se hará y su éxito no será dudoso: ¡triunfaremos!... En cuanto a vosotros, antioqueños, no creo que abriguéis en vuestro suelo un solo partidario de la tiranía; pero si lo hubiere, que vaya a engrosar las escasas filas del dictador. Venga por su pasaporte, que se le dará inmediatamente: su hálito emponzoñado no debe seguir envenenando el aire puro de nuestras vírgenes montañas, que no será respirado nunca sino por hombres libres que tengan dignidad... Las escuelas y establecimientos públicos de educación no se cerrarán. Creencias, libertad, instituciones, hogar, familia, propiedad, todos nuestros sacrosantos derechos están comprometidos, y antes que se nos arrebaten, vendemos cara nuestra vida a los usurpadores. ¡Viva la Constitución! 22.

Derrotado Mosquera, un nuevo enfrentamiento tuvo Berrío con el gobierno central, siempre en defensa de los fueros de los estados soberanos, esta vez por cuenta de un atropello contra el gobernador de Cundinamarca, Gutiérrez Vergara, a quien pusieron preso. Decía Berrío al presidente de la República:

En nombre del Estado Soberano de Antioquia, yo protesto de la manera más solemne... La vida de los hombres públicos pasa como el relámpago. Viene luego la justicia póstuma y a veces la justicia contemporánea a erigir altares a las víctimas inocentes y a marcar con el oprobio a sus perseguidores. Apenas han pasado unos cincuenta años y ya vemos la gloriosa figura de Bolívar tan calumniado aún en sus intenciones más patrióticas, al tiempo mismo que vencía tiranos y fundaba naciones, obtener un veredicto honorable de la historia y arrancarle aplausos al mundo entero. Y la de Caldas aherrojado en los calabozos de Bogotá, destacándose colosal, radiante de gloria; y vemos a Morillo y Sámano sus perseguidores que parecían grandes en aquel tiempo y hoy son raquíticos y odiosos fantasmas reflejando una opaca luz fosfórica. Pigmeos los victimarios y gigantes las víctimas.

16. LAS PASIONES POLÍTICAS
Vino la segunda gobernación de Berrío en 1869. Más escuelas, colegios, institutos técnicos, educadores de todos lados, migraciones europeas y con ellas técnica, capital, maquinarias; más carreteras y caminos. Se creó la Normal Nacional de Varones. Se creó la Escuela Modelo y se trajeron los profesores alemanes Christian Serger y Gustave Botle para dirigirlas.

... Todos los partidos han apoyado mi administración, decía Berrío, seguramente porque he procurado ser justo e imparcial, sin dejarme arrastrar por las pasiones políticas...

En agosto del año 1873 se retiró Berrío y don Recaredo de Villa pasó del Banco de Antioquia a la Gobernación. Berrío pidió la rectoría de la universidad, en la cual creó una Escuela de Minas en 1874, decretada por ley desde 1866, más tarde sustituída por el claustro ahora centenario que ha iluminado buena parte del avance del país. En ese año se firmó el contrato del Ferrocarril con el doctor Cisneros.

Su esposa Estefanía murió en agosto de 1864, a los 36 años; los hijos quedaron pequeños: en ellos, de qué manera en el general Pedro José Berrío, y en sus descendientes, habrían de prolongarse las calidades del austero, abstemio, visionario magistrado.

La salud de Berrío se derrumbó súbitamente; el catorce de febrero de 1875 murió en Medellín: "caballero de Cristo", lo llamó monseñor Carrasquilla.


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