La autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva (compilador)
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Edmundo Rico

 

Autor de La depresión melancólica en la vida, en la obra y en la muerte de José Asunción Silva, Tunja, 1964.


Reportaje autobiográfico

La importante revista Tribuna Médica, publicada entre nosotros por Ediciones Lerner, presentó en una de sus entregas del año pasado el último reportaje que se hizo al profesor Edmundo Rico. Tribuna Médica, como se sabe, circula en nuestro país y en el Ecuador, y tiene ediciones semanales en Venezuela y el Perú, y en breve tiempo, en México y Centro América. Por cortesía de esta importante publicación, y en forma exclusiva, damos a conocer las declaraciones del ilustre científico, fallecido en la semana última.

El doctor Rico fue una de las más interesantes y, por lo mismo, de las más discutidas figuras con que contaba el cuerpo médico colombiano. Críticas y comentarios, favorables los unos, desfavorables los otros, señalan justamente el interés que en torno a su personalidad y a sus tesis, despertó siempre. Las declaraciones que entonces formulara el doctor Rico, son como siguen.

El profesor Edmundo Rico empieza declarando: "Estoy de vedette y cuando a uno empiezan a entrevistarlo la muerte está cercana".

"Nací en Sogamoso y allí pasé mi infancia. No confieso mi edad, porque el que lo dice es capaz de confesar todo. Las mujeres son la excepción a esta regla. Me hice médico porque mi padre, el doctor Abel de J. Rico, era un médico notable y probablemente por herencia se despertó en mí la vocación por la medicina. Sin embargo, mi padre insistía mucho en enviarme a Italia a estudiar derecho penal y esa hubiera sido mi carrera. A los once años me vine para Bogotá y desde entonces he permanecido casi siempre acá, yendo en vida de mis padres, durante vacaciones a Sogamoso y luego a una modesta casa de campo heredada".

"Me gradué de bachiller en el Colegio del Rosario, y Monseñor Carrasquilla deseaba que yo estudiase filosofía. Terminé la carrera de medicina muy joven, a los veinte años, pero no pude graduarme sino a los veinticinco, porque mi padre y el doctor Pompilio Martínez posiblemente consideraron que era muy joven cuando terminé. Posteriormente ocupé por concurso, no por autonombramiento como ahora, diferentes posiciones hasta llegar a ser Jefe de Clínica".

Hace un breve paréntesis y dice: "Me rajaron en anatomía y en farmacia".

Prosigue: "Me fui para Europa y duré allí ocho años especializándome en psiquiatría y en medicina interna. Cuando regresé gané los concursos de medicina interna y clínica psiquiátrica, pero por cuestiones políticas y debido a que no se podían tener dos cátedras, salí de estos cargos. Actualmente soy profesor honorario".

A nuestra pregunta de por qué escogió la psiquiatría, como especialización, responde: "A mi padre le gustaba la psicología y yo leía sus libros, pareciéndome que esta era una rama muy interesante. Operaba bastante bien cuando era Jefe de Clínica del servicio del profesor Pompilio Martínez, pero al morírseme el primero me pasó lo de los toreros: tuve mi baño de sangre. Me explico: Cuando el torero sale dispuesto a hacer maravillas si lo coge el toro y no es ésta su vocación se asusta y hasta ahí llega. Eso me ocurrió a mí. Me decidí entonces por la psiquiatría y la medicina interna y, como ya le dije, me presenté a los concursos y los gané. En los concursos pasaba el mejor, aunque en ocasiones se cometían injusticias, porque somos humanos. Por ejemplo, si dos eran iguales y habían llegado al final con un récord similar, se escogía uno de ellos y generalmente se equivocaban en la elección".

Opiniones sobre medicina y psiquiatría

Decíamos al principio que el psiquiatra trata a su paciente desde el punto de vista físico y psíquico. Actualmente, en la carrera de medicina, al estudiante se le trata de infundir un sentimiento de comprensión bajo estos dos aspectos por cada uno de sus pacientes.

"Me parace excelente esta idea, ya que a los estudiantes se les debe enseñar a comprender el estado anímico de sus pacientes".

El concepto muy personal que tengo, es de que en nuestro país hay pocos psiquiatras en relación a las necesidades que se contemplan y también son pocos los centros especializados que hay. Negar que acá han progresado la psiquiatría y la atención hospitalaria de los dementes, sería anacrónico, pero dado el desarrollo tan marcado de población, es lógico que los menesteres en este campo hayan llegado a resaltar más. Basta tener en cuenta el espectáculo y el peligro que se presentaban en algunas de las céntricas calles de varias ciudades del país, cuando los hospitales psiquiátricos se vieron forzados a cerrar su puertas en vista de la escasez de recursos. El profesor Rico, persona bastante ilustrada sobre estos aspectos, nos comenta algunos de ellos, de esta manera: "Actualmente la psiquiatría y el psicoanálisis están de moda, principalmente el último por lo que los honorarios son tan costosos. El psiquiatra nace, no se hace, y la psiquiatría la están ejerciendo pseudo-psiquiatras y por esto no comprenden al enfermo. El psiquiatra más que todo obra por sugestión, por comprender el alma y el espíritu del paciente. Estoy aterrado de saber que en algunos sanatorios las psicosis se tratan con psicoanálisis, cuando el mismo Freud declaró que no se debían tratar así porque su resultado era un fracaso total. Sólo las neurosis se deben tratar así, y no todas".

"La crisis que se presentó en años pasados en los hospitales psiquiátricos se debió a que en uno de ellos, el neuropsiquiátrico, se cambio al estudio de los síndromes mentales y sus tratamientos paraclínicos por el psicoanálisis ortodoxo, y en otros influyeron mucho los grupos de presión. En medicina hay grupos de presión e interesados influyentes como diría Marco Fidel Suárez, pero prefiero no meneallos como diría don Quijote. Quizás haya necesidad de hacer cambios de estructuras, no políticas sino científicas. Hoy todo el mundo quiere ser economista joven, psiquiatra, psicoanalista, psicólogo y secuestrista. Los freudianos, hélas, han secuestrado la psiquiatría. Qué le vamos a hacer".

"La Beneficencia podría ayudar más, y no economizar tanto, y proscribir de su seno benemérito la política. Me atrevo decir que dentro de la Beneficencia hay política, porque este es un país subdesarrolladamente político".

Pasamos luego a enfocar otro tema que siempre despierta numerosas controversias. Es el que se relaciona con la educación universitaria. Nos parece importante conocer la opinión que le merecen los actuales métodos de enseñanza y las reformas que tal vez podrían colocar a nuestra Universidad dentro de las mejores del mundo. El profesor Rico ampliamente puede disertar al respecto, ya que durante muchos años ha sido profesor de nuestra facultad y por tanto ha conocido y conoce la evolución de la docencia en la Universidad.

"En primer lugar, creo que para estudiar medicina hoy día se debería prescindir de tantos "tests" y psometrías al recibir al alumno. Se deberían estudiar detenidamente las estructuras de los candidatos, sus disposiciones y, sobre todo, las aristas bondadosas del carácter, que es lo que se requiere para ser buen médico".

"En cuanto a los premédicos: ¿Matemáticas en medicina? Me parece absurdo, ya que la medicina no es una ciencia exacta. En mi humilde concepto, considero que la enseñanza en la Facultad de Medicina, está mal orientada y que, habida cuenta de nuestra idiosincrasia indo-latina, se vuelvan a introducir en ella junto con los métodos americanos, las enseñanzas francesas, es decir, que sea ecléctica. Aquí no resulta la medicina americana sino la francesa, que produjo médicos famosos como los profesores Lombana Barreneche, Pompilio Martínez, etc.". "Para que la Universidad sea una de las mejores del mundo se requieren varias cosas: que se vuelva a respetar a los profesores, que tornen a establecerse los concursos y que sean los catedráticos los que manden y no los estudiantes. Las relaciones entre estudiantes y profesores se han modificado: antes eran cordiales y había respeto. Actualmente mandan los estudiantes. Los profesores obedecen, pero después se vengan con las notas. Por eso se producen las huelgas. Se deben escoger cuidadosamente a los que van a ingresar al Alma Mater. Se deben acabar los grupos de presión en la Universidad y se deben extirpar para siempre las huelgas".

—¿Cuáles fueron sus mejores profesores y condiscípulos?"

—"De mis profesores: el gran Lombana Barreneche, Carlos Esguerra, Roberto Franco, Zoilo Cuéllar Durán, José Ignacio Uribe, Miguel Rueda Acosta, Gabriel Camero. Entre los sobrevivientes: Jorge Bejarano, José del Carmen Acosta, José Vicente Huertas, Julio Aparicio, Jorge Cavelier. De mis condiscípulos: Juan Pablo Llinás, Jorge E. Llinás, Carlos Trujillo, Hernando Anzola Cubides, Rafael Martín Rodríguez, Francisco Pinzón, que era un genio desafortunadamente malogrado; Daniel Brigard Herrera, Pedro José Almánzar y muchos otros que se escapan de esta memoria medianamente esclerosada. De mis compañeros quiero hacer énfasis especial por Ramón Atalaya, a quien admiro mucho".

—Profesor Rico: ¿Qué piensa usted del futuro de la medicina en nuestro país?

"Necesitamos médicos generales, pero la Asociación de Facultades de Medicina, a pesar de lo que dice, produce especialistas. Necesitamos médicos generales que sean psico-somáticos. Sin embargo, se están produciendo médicos ‘americanos’ y todo se hace por laboratorio. El sentido clínico se está perdiendo. No quiere esto decir que desconozco la medicina americana. Son grandes bacteriólogos, bioquímicos, radiólogos, etc. Pero insisto en que acá nos sirve especialmente la clínica".

"Otra cosa que es verdaderamente lamentable es la manera como se ha comercializado la medicina. Basta observar cómo proliferan día a día los centros de especialistas".

"El año rural es de primordial importancia para el futuro de la medicina en Colombia. Aplaudo mucho la idea de ese gran médico Romero Hernández que, siendo oftalmólogo, es no sólo clínico, sino gran cirujano. Sirve para forjar mejores médicos generales y hace comprender al que ya está especializado, que antes debe estudiar toda la medicina".

Temas generales

A través de la entrevista y observando el consultorio del profesor Rico, nos hemos dado cuenta que no sólo se ha preocupado por adquirir conocimientos en medicina, ya que al lado de su maravillosa colección de libros médicos, se hallan otras obras de diferentes temas como de poesía, de literatura, etc. que demuestran un espíritu altamente cultivado. Por eso, no es sorprendente saber que es autor de varios libros, uno de los cuales gentilmente nos obsequió, en el cual hace un análisis sobre la vida y las obras de José Asunción Silva. Dirigimos la entrevista a tratar diferentes problemas del país y del mundo.

—De los países visitados, ¿cuál es el que más le ha impre-sionado?

—"Viví en Francia ocho años y es el país que más me ha impresionado, tanto desde el punto de vista médico, por la ciencia francesa, como desde el punto de vista literario. No dejó de impresionarme sentimentalmente ‘hélas’ ya que las mujeres francesas no son como lo piensan algunos colegas, mujeres fáciles, sino señoras como pocas las hay en el mundo. Los que así piensan sólo visitaron cabarets y no conocieron la verdadera mujer francesa".

Con la respuesta anterior, al darnos cuenta de la defensa tan cerrada que hace de la mujer, le preguntamos qué opina en general sobre la mujer y qué porvenir tiene dentro de la medicina. Gentilmente nos respondió: "La mujer es indispensable para el hombre, y si hay comprensión intelectual, ética y afectiva, el matrimonio será ideal. Para mí la mujer es la que hace al hombre y por ende, cual lo diría López de Mesa: la que forja el hogar".

"En materia de medicina, con el correr de los tiempos las mujeres van a desplazar a los hombres, ya que sienten más, captan mejor y se consagran por entero a servir a sus semejantes".

—¿Está de acuerdo profesor, con que los hombres son más inteligentes que las mujeres?

—"Niego de plano que el hombre sea más inteligente que la mujer, ya que la última por su cuerpo tiroides, es la glándula de la emoción, y por sus secreciones internas está más capacitada por el aflujo de sus hormonas afectivas a lubricar más instantáneamente la inteligencia que el varón. Lo que acontece es que los hombres en nuestra megalomanía menospreciamos al sexo débil porque nos faltan cualidades que en aquél abundan. Esto no quiere decir, como lo pensaría ese taciturno profesor y amigo mío, Núñez Olarte, que hay una confusión simbiótica de dos sexos, sino todo lo contrario: el hombre que me dice que conoce a una mujer me produce instantáneamente inmensa ternura, porque ningún varón es capaz de conocerla, ya que ellas tienen lo que nosotros no poseemos y que yo llamo ‘instinto uterino’".

El mundo con sus modernismos ha puesto al hombre en una situación de constante agobio y que científicamente se ha denominado stress. Nuestro medio lógicamente se ha visto también impresionado por una serie de fuerzas avasalladoras, de las cuales se trata de escapar por cualquier medio. Probablemente a esto se debe que cada día sea mayor el número de neuróticos y aumenten los robos y secuestros. Le exponemos esta idea al profesor Rico, y él, sonriente, nos dice:

—"Todos somos neuróticos y principalmente el rector de la Nacional y Jiménez Arango. ¿Quién no tiene fobias, agüeros, etc...? Todos, todos. Los secuestros son una manifestación de la psicosis perversa que domina nuestro país, subdesarrollado, pero no soy partidario de la pena de muerte, porque se convertiría en pena política y los primeros en sufrirla serían los de la Federación Médica que tanto la defienden.

"Yo tengo la deformación profesional y por ser psiquiatra veo locos por todas partes. Siempre he creído que la mayor locura de Dios es haber creado el mundo, y el peor mal que puede sucederle a un individuo es nacer para morir. Cuando encuentro un hombre virtuoso, que nació caballero y bondadoso, no considero que tiene un don sino una modalidad de carácter".

—Profesor: ¿A qué se dedica usted en los ratos libres?

—"Escribo y echo de menos los mejores tiempos de mi vida que fueron aquellos cuando era profesor por concurso, y medito con tristeza intelectual el caos reinante en eso que tan prácticamente se llama la Ciudad Blanca, pero que hoy es la ciudad de las sombras...".

Su temperamento romántico y lleno de añoranzas nos hace preguntarle:

—¿Qué opina usted del amor?

—"Que unido a la piedad es el que podría salvar al mundo. Desgraciadamente en esta época del átomo todo se disgrega, todo se acaba. En fin, soy un gran pesimista a pesar de mi temperamento extrovertido y le confieso una cosa, que ojalá la logre cuando esté anciano: ya estoy curtido, integralmente curtido, hasta cuando alumbre la esperanza, porque estoy de acuerdo con el general Uribe Uribe: ‘Yo puedo esperar y espero’. Este consejo se lo doy recordando aquello que dicen: ‘Los viejos gustan dar buenos consejos, para consolarse de su incapacidad de dar los malos’".

Durante la entrevista, el profesor Rico, constantemente se ha mantenido fumando, y recordando que en psiquiatría esto se considera una regresión o una fijación en la etapa oral del desarrollo, le decimos si está o no de acuerdo, con este concepto, y a qué se debe el que fume en tal exceso.

Responde: "Fumo por mi emotividad y por la entrevistadora. Si fuera cierto que es una regresión a la fase oral, me estaría haciendo entrevistar por unos cuantos megalómanos de la Academia Nacional de Medicina, de la cual tuve el honor de ser presidente".

Reportaje Autobiográfico, en Lecturas Domicales
de El Tiempo, Bogotá, marzo 13 de 1966.



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