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Federico Rivas
Aldana (Fraylejón)
Seudónimo de Federico Rivas
Aldana. Nació en Bogotá, en 1903.
Periodista y poeta festivo, colaboró en los semanarios Bogotá Cómico (1918)
y Semana Cómica (1924).
Medio siglo echando pluma
A principios del siglo nací en Bogotá
en el hogar del poeta Federico Rivas Frade, laureado con la "Violeta de Oro" en
los Juegos Florales de 1904, y el "Jazmín de Plata" en los de 1907 y gran
periodista que con Clímaco Soto Borda tenía el primer diario liberal publicado en
Bogotá, El Rayo X, y de su esposa la pianista doña María Aldana de Rivas.
En la culta y alegre ciudad, llena de
gentes amables y bellos parques, mi niñez fue dichosa y mis padres, dos profesores, me
iniciaron en los estudios con maestros en la casa hasta que entré al Colegio de Araújo,
donde terminé el bachillerato, y luego a la Universidad Republicana. Ya por entonces
gustaba de hacer versos, sorber los diccionarios y los libros de historia de la biblioteca
de papá.
Alternaba los estudios con los deportes,
hasta cuando en 1917 mi primo Víctor Martínez Rivas fundó, con el gran caricaturista
Pepe Gómez, una revista, Bogotá Cómico, y como por entonces no había agencias
de prensa me llevó para que los sábados le ayudara a vender la revista, que costaba
cinco pesos, lo que era una gran suma para un estudiante. Empecé a darle a los versos y
los chascarros y me nombraron jefe de redacción. Años después mi primo partió para
Estados Unidos y yo ingresé a La República, diario liberal de Villegas Restrepo,
dirigido por el gran amigo Felipe Lleras Camargo y Carlos Uribe Prada. Allí estuve muy
poco tiempo, pues pasé a traductor de cables en inglés y francés a El Nuevo Tiempo,
que era el decano de la prensa colombiana; allí duré dos años, hasta cuando el jefe de
redacción, Salomón Correal Torres, descubrió que yo era liberal y corrió a enterar de
este crimen al director Abel Casabianca, quien me manifestó que estaba contento con mi
trabajo pero no podía seguir allí por ser liberal.
Fue éste el primero y único beneficio
recibido de mi partido, por lo cual junto con el gran amigo y abogado el doctor Manuel
José Jiménez fundamos la revista Fantoches. Asistíamos por entonces a la
tertulia de El Tiempo al lado de León de Greiff, Rendón, Gómez Jaramillo,
Alberto Lleras Camargo, entre otros.
A Alberto Lleras le dio por llevarme a
colaborar allí el 21 de diciembre, yo cerré mi revista y empecé a hacer crónicas en
verso a razón de cuatro pesos diarios, pero el gerente don Fabio Restrepo me explicó que
a los escritores Barrera Parra y José Umaña Bernal, que elaboraban "Cosas del
Día", se les pagaban dos pesos por cada nota y en El Espectador por cada nota
cincuenta centavos, y tuve que rendirme a tales argumentos.
Al poco tiempo se presentó el primer
concurso nacional de belleza de Colombia, con candidatas de todas las regiones y me tocó
la tarea de hacer una crónica en verso a cada una, cosa que ya había hecho para las
candidatas a los carnavales de Bogotá, y en ese primer concurso nacional obtuvo el primer
premio la antioqueña doña Aura Gutiérrez Villa, quien se casó con el embajador
Lefebvre; cada una fue cantada en un soneto por un poeta y obtuvo el premio Alberto Angel
Montoya por su composición a la bella caleña doña Elvira Rengifo Romero. En septiembre
se conmovió la nación porque un peruano, Oscar Ordóñez de la Haza, con un grupo de
gentes de Iquitos se tomó a Leticia, por lo cual el Presidente Olaya Herrera declaró la
guerra al dictador Sánchez Cerro y nombró como jefe de operaciones a su contendor en las
elecciones, general Alfredo Vásquez Cobo.
El doctor Santos reunió a todo el
personal para que diera su contribución, pero mi patriotismo se exaltó y no quise
regalar unas pocas monedas sino que ideé una conferencia humorística, "De
arrancaplumas a Leticia", que la di primero en el Teatro Municipal y luego en el
Caldas, en el Virginia Alonso de Facatativá, en Tunja, Sogamoso y Moniquirá en donde los
alcaldes tomaban en las taquillas el dinero de las entradas y lo giraban al Banco de la
República sin que pasara nada por mis manos. El resultado fue de tres mil quinientos
pesos, gran suma de entonces.
Con deseos de aumentar mi sueldo empecé
a escribir una sección, "Hace 25 años", que fue imitada en todos los
periódicos, lo mismo que había sido imitada mi sección de versos de "Buenos
Días" en todo el país. Este espacio duró hasta 1957, cuando los ex presidentes
Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez llegaron a El Tiempo a buscar al doctor
Santos y decirle que ya se había hecho la paz política, que todo era cordialidad entre
liberales y conservadores, pero que esa armonía se rompía por esa sección en que se
criticaban sus gobiernos.
Más tarde fundé La Voz de la
Conciencia, una radiodifusora escrita que aparecía a dos columnas los lunes en prosa
y en verso y con "televisiones" pintadas por mí, sección que yo mismo armaba y
me producía dinero ya que en la punta de cada antena colocaba un aviso de cien pesos, que
cobraba yo mismo.
Era una sección combativa con que
competíamos con los hermanos godos, por lo cual cuando se fundó el Círculo de
Periodistas y Eduardo Zalamea me propuso como presidente le expuse que si aceptaba los
conservadores se retirarían, así que fue elegido presidente Enrique Santos Castillo, que
gozaba de generales simpatías y las sigue gozando. La junta directiva se reunía siempre
en mi oficina en medio de gran cordialidad, hasta el punto que en 1948 me eligieron a mí.
Inmediatamente acudí a mi gran amigo el alcalde Fernando Mazuera Villegas, quien obtuvo
que el Concejo nos cediera un lote de mil varas en la antigua plazuela de Las Aguas e
ideé el primer rascacielos de esta ciudad, que sólo los tenía de cuatro pisos y el
arquitecto Santander elaboró los planes para un edificio de nueve pisos, cuya primera
piedra se colocó en una gran fiesta, con Monseñor de Brigard, todos los altos
periodistas y gentiles demás y en que abundaron la música, las bandas y la champaña;
saqué una ley para la construcción del edificio por el Estado y doscientos mil pesos
como avance. Por circunstancias especiales no acepté la reelección y mi sucesor se
preocupó por una casita en la Ciudad Jardín y mientras tanto Ospina Pérez donó los
dineros para gastos del Estado y el terreno del Círculo fue dado para la Academia de
Historia, así que sólo quedó el nombre del Parque de los Periodistas.
En 1940 fundé una nueva sección,
llamada "Gazapera", con una cabeza de conejillos del caricaturista Lisandro
Serrano que tuvo gran aceptación pero que a los pocos años cerré para encargarme de los
Crucigramas, al dejarlos el hábil e inteligente Ripio. Por ese tiempo me casé con Leonor
Puyo y de este hogar tenemos dos hijos, Jorge Alvaro y Germán y una hija, Leonor Elvira,
casada con el galeno Ernesto Andrade Pérez.
Cuando Ospina encaramó a Laureano, se
anunció que iba a tomar en sus manos la distribución del papel imprenta, con lo que daba
a entender que quería estrangular los periódicos liberales, para ver si sin competencia
progresaba El Siglo, ya que ningún periódico conservador fructificaba en Bogotá.
Al punto yo escribí al doctor Santos una carta, que apareció publicada en primera
página, en que ofrecía que si se efectuaba el laureanazo yo trabajaba de balde.
Como necesitaba otros medios de vivir,
fundé una revista de crucigramas que saqué en 1954, cuando Rojas Pinilla cerró el
diario y yo lancé los "Rodrigramas", con tanto éxito que no participé en el
sustituto Intermedio.
Al reanudarse El Tiempo, renuncié
a mi jubilación por merced del doctor Santos, quien en 1938, antes de posesionarse de la
Presidencia, expresó la idea de enviarme como consejero a la embajada de España pero por
una mala ventura se frustró este primer paso a mi carrera pública y diplomática.
Al caer Rojas Pinilla, el Círculo de
Periodistas convocó a una asamblea que por tercera vez me eligió presidente y acudí de
nuevo a Mazuera Villegas, otra vez alcalde, quien me consiguió un lote de mil varas en la
calle 26, que fue ampliado en la administración de mi sucesor, Ricardo Ortiz Mc.
Una dolencia visual me redujo a los
crucigramas, cuya factura me distrae, pues los elaboro mentalmente por la noche para
dictarlos al día siguiente y hacer las definiciones, ya que desde joven aprendí a
mecanografiar al tacto.
Así salvo el 9 de abril y el incendio de
los diarios y casas liberales, decretado por Laureano a Urdaneta Arbeláez cuando la
única oficina que quedó indemne fue la mía, ha transcurrido este medio siglo
escribiendo a mi gusto y al de los jefes sin una sola divergencia con ellos ni con mis
numerosos compañeros, siempre en ambiente de cordialidad integral, lo mismo que con mis
numerosas y encantadoras compañeras, sin que jamás con ninguna de ellas asomara el
conato de una aventura amorosa. Viví siempre deliciosamente bajo la égida del doctor
Santos y la maravillosa doña Lorencita, de don Fabio Restrepo y su gentil esposa doña
Eva Duarte y luego con los admirables e inolvidables directores, Germán Arciniegas,
Carlos Lleras Restrepo, nuestro muy querido emérito "El poeta clandestino"
Roberto García-Peña, como lo bautizó el gran líder peruano Raúl Haya de la Torre, y
ahora Hernando Santos Castillo, el antiguo y brillante cronista taurino
"Rehilete".
El año entrante pienso, mediante una
intervención fácil reanudar algunas de esas agradables secciones con permiso de la
Divinidad y si El Tiempo lo permite, como rezaban los programas de toros.
Medio siglo echando
pluma, en El Tiempo,
Bogotá, diciembre 21 de 1981, p. 5A.
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