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Jorge Isaacs
El género epistolar mantiene directa
relación o familiaridad con el autobiográfico, como lo podemos comprobar con los
documentos que se publican en esta entrega de Noticias Culturales. Mario Carvajal,
autor de la obra Vida y pasión de Jorge Isaacs (Manizales, 1937), anota lo
siguiente:
Isaacs gustaba de escribir a sus amigos
cartas, largas cartas de confidencia, cálidas, fervorosas. En un epistolario completo del
poeta podría seguirse la línea ondulatoria de sus días, que a veces sube como una llama
en escala de luz y a veces cae vencida, como una cuerda oscura sin punto de apoyo en el
espacio. Allí, en crisoles dormidos, se guarda la historia de su alma. Basta acercar a
ellos la llama de la nuestra para que el depósito sagrado torne al calor que fue ley de
gloria y desventura en su vida.
Lo anterior, sin perder de vista que María
es una obra de carácter autobiográfico en toda la plenitud de la palabra. A este
propósito, el maestro Rafael Maya dice que "es un documento autobiográfico de
sinceridad irrecusable. Isaacs y al nombrar al autor hay que entender que se trata
del protagonista quiso confesarse en voz alta, según el estilo de la época, y
darle al lenguaje la trémula ansiedad de los desgarramientos interiores".
Jorge Isaacs falleció en Ibagué el 17
de abril de 1895.
Las fuentes autobiográficas que aparecen
a continuación las hemos tomado de la biografía de Mario Carvajal mencionada al comienzo
de esta nota. La primera corresponde al texto completo de una carta dirigida por Isaacs,
el 2 de diciembre de 1874, desde su hacienda de Guayabonegro, en el Valle del Cauca, a los
señores Ramírez y Rivera, en Popayán. Y los fragmentos de las cuatro restantes
corresponden, en su orden, a comunicaciones dirigidas a las siguientes personas: a D.
Adriano Páez (21 de octubre de 1877); a Luciano Rivera y Garrido (Bogotá, 4 de abril de
1870); al Dr. Leonardo Tascón (Bogotá, 30 de junio de 1886) y al mismo Dr. Leonardo
Tascón (Ibagué, 26 de noviembre de 1891).
El retrato de Isaacs se encuentra en el
álbum de dibujos originales de Alberto Urdaneta. En la página derecha del álbum, a un
lado del retrato, aparece la firma del autor de María, estampada en octubre de
1884, y en la página izquierda, unos versos autógrafos del mismo Isaacs, que dicen:
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Y vago de la vida en el desierto,
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joven el alma, el corazón ya muerto!
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Autobiografía
Nací en el Estado del Cauca (basta eso)
el 1º de abril de 1837. Fueron mis padres: el señor Jorge Henrique Isaacs, súbdito
inglés, que solicitó carta de naturaleza en Colombia a la edad de 20 años, y la obtuvo
del Libertador en 1829; la señora Manuela Ferrer, colombiana de nacimiento.
Recibí instrucción primaria en una
escuela de Cali y en otra de Popayán (la del señor Luna). En 1848 empecé a estudiar en
Bogotá en el colegio del Espíritu Santo, del doctor Lorenzo María Lleras; más tarde
cursé también en San Buenaventura y San Bartolomé.
En 1864 publicaron un tomo de versos
míos los miembros de la sociedad literaria que aún tiene el nombre del
"Mosaico" y de la cual eran los miembros más notables los señores José María
Samper, Ricardo Carrasquilla, José María Vergara y Vergara, Salvador Camacho Roldán,
Manuel Pombo, José Manuel Marroquín, Eugenio Díaz y David Guarín.
En 1867 se hizo la primera edición de la
novela María, la segunda en 1869, etc., etc.
En 1867 fui redactor de La República,
periódico que se fundó por la fracción moderada del antiguo partido conservador.
Durante los primeros meses en que estuve dedicado a estos trabajos, como desde 1864, fui
colaborador de varios periódicos literarios.
Cuando redacté La República
creía aún posible poner de todo en todo la fracción avanzada del partido conservador al
servicio de la república democrática. En 1868 y 1869, siendo diputado al Congreso
Nacional, obtuve el doloroso desengaño y empecé a ser víctima de la demagogia
ultramontana y de la oligarquía conservadora. Se me había educado
"republicano" y resulté ser soldado insurgente en las filas del partido
conservador. Ahora puedo explicarme eso satisfactoriamente.
En 1871 y 1872 desempeñé (a
satisfacción del gobierno nacional) el consulado de Colombia en Chile. Colaboré, ya con
escritos literarios, ya con otros de diferente clase, en algunos diarios y periódicos
chilenos y argentinos.
En 1872 (noviembre), a pesar de haberme
instado el poder ejecutivo nacional para que permaneciera en Chile dos años más,
insistí en dejar tal empleo, después de haber terminado los trabajos que el gobierno me
había dado instrucciones para concluir, convenciones, etc.
Desde febrero de 1873 hasta hoy he vivido
consagrado a los trabajos de agricultura en el Valle del Cauca.
Nada que me satisfaga he podido aún
hacer en bien y honor del país donde nací, nada que merezca la gratitud de mis
compatriotas; pero todavía me halaga la esperanza y a veces creo tener fuerzas para
esperar un mejor porvenir (...).
Adición. Agreguemos algo, por si
es útil a este triste examen de conciencia.
Desde abril de 1860 hasta diciembre del
mismo residí en la capital del Estado de Antioquia y en los pueblos del sur, y en
Sonsón.
Regresé al Cauca en 1861, con motivo de
la muerte de mi padre y, por haberlo ordenado él así, hube de hacerme cargo de sus
intereses hasta 1863. Manejando sus haciendas en aquella época escribí en las veladas
los dramas que conservo inéditos y varias de las poesías publicadas por la sociedad del
"Mosaico".
En 1864, al regresar de Bogotá, serví
durante un año, hasta octubre de 1865, el destino de subinspector en las tierras de La
Castilla y riberas del Dagua. Entonces hice los borradores de los primeros capítulos de María,
en las noches que aquel rudo trabajo dejaba libres para mí. Perdida la salud en esos
climas, volví a Bogotá en 1866.
* * *
Empecé a ser soldado en 1853; tenía a
la sazón dieciséis a dieciocho años, y batallé en la campaña que se hizo en el Cauca
contra la dictadura de Melo.
La revolución de 1876 me sorprendió, o
mejor dicho, me encontró haciendo preparativos contra ella en los municipios del norte
del Cauca, según el plan acordado con el doctor Conto. Tomado el norte del Cauca por los
revolucionarios, no pude regresar al lado del presidente Conto; atropellando todo peligro
y dificultad, fui a poner en conocimiento del doctor Parra la fuerza efectiva con que
contaba la revolución y el carácter que asumía. Mucho sirvió eso. Volví a salir de
Bogotá el 5 de agosto, después de cuatro días de permanencia allí; atravesé por en
medio de enemigos desde las orillas del Magdalena hasta Tierra Adentro; transmonté la
cordillera; el 23 de agosto estaba ya en Cali, pudiéndole comunicar al coronel Vinagre
Neira la orden del doctor Parra para combatir en "Los Chancos" con los
Zapadores, y ya antes había logrado avisarle al general Trujillo, desde el Valle del
Tolima, que no debía combatir hasta la llegada de la Guardia Colombiana a su campamento;
el 31 de agosto me batí como capitán del "Zapadores" en la batalla de
"Los Chancos". Cuando forcé el paso de Otún, el 13 de noviembre del 76, con
dos batallones de la tercera división y el "14 de María", para que pudiera
efectuarse el movimiento que desconcertó a los defensores de las riberas del Otún,
pasando el ejército por las montañas del Nudo, era sargento mayor y jefe del estado
mayor de la tercera división del ejército del sur.
Hice la campaña por la banda occidental
del Cauca con el general Payán (ya me era hostil el general Trujillo, porque conocía mi
adhesión a Conto, por cuyas venas corre la misma sangre que en las mías), y terminé la
campaña con la recuperación de Popayán el 26 de abril de 1877. Volví fervoroso a la
tarea de la instrucción pública sin quitarme la blusa de soldado, única riqueza que
saqué de la campaña.
* * *
Yo era aún niño cuando me enamoré. Mi
novia era una muchachita de catorce años, fresca como los claveles del Paraíso, y
tímida como una cuncuna recién aprisionada. Yo era todo corazón (y así moriré) y ese
corazón era todo, todo de ella. Aquella mujer tan pura y amorosa era mi sueño de todas
las horas, mi sueño de los dieciocho años, vivo, encarnado por un milagro. Después...
vino la guerra. Año y medio estuve ausente. Los desastres de intereses de mi familia por
la muerte de mi padre, me dejaron sin camino y sin porvenir. Tomé la primera senda
enmarañada que se presentó. En 1864 dijeron en Bogotá que yo era poeta. Un año cruel
pasé después en los desiertos del Dagua. Dos años más, ausente de mi tierra, de junio
del 66 a junio del 68. Ahora hace quince meses que estoy aquí lleno de fe ardiente, de
valor para soportar penas y vigilias sin número, de juventud eterna en mi alma, de
esperanza para lo porvenir.
* * *
Semanas después de haber vuelto a
Bogotá, supúseme que podía revivir un contrato para la explotación de hulleras en la
Costa Atlántica. Preocupóme el deseo de no perder las penalidades que me costó
descubrir y estudiar las de Aracataca. Supe desde 1882 los puntos de la costa guajira en
que hay otras carboneras ricas, y sé, también, que las hay ricas por extremo en el Golfo
de Urabá. Se dificultó mucho hacer un contrato, porque se me adosaron personas
antipáticas para el general Campo Serrano: él deseaba celebrar el contrato conmigo, pero
conmigo solo. Así quedó concluido el 24 de junio, como lo verá usted en el Diario
Oficial. El gobierno asió de esta manera la oportunidad de convertir en rica
fuente de riqueza para el país la explotación de las carboneras en la Costa Atlántica,
y acaso tuvo presente también la circunstancia de que yo hallé las que mencioné antes,
y de que yo, y no otro, sabía dónde estaban las otras.
Esta empresa es de gran magnitud y de
éxito asegurado, según los apoyos que en los Estados Unidos y en París tendré.
Necesito recorrer de nuevo los puntos de la costa donde están las carboneras y
estudiarlas completamente: hecho así, será preciso, tal vez, ir a Nueva York, según
opina el agente poderoso que tendré allá. Será un año de dura labor, de esfuerzo; pero
el buen resultado es seguro.
Para emprender los trabajos, viajes,
etc., iniciales, es preciso procurarme $ 5.000 a $ 6.000, y eso me retiene aquí aún;
será preciso, en cambio de tal suma, dar y asegurar buenas ventajas; así lo haré con
toda mesura.
Necesito descansar dos meses en Ibagué
con mi familia: estoy muy flaco y fatigado; en ese tiempo concluiré aquel libro, como lo
dije antes.
* * *
Sé cuánto le complacerá saber que he
coronado felizmente la durísima labor a que he tenido que consagrarme desde 1882, y creo
poderle comunicar pronto que el éxito que me tienen anunciado desde París los señores
R. Samper y Cía. está obtenido; que ya no estaré detenido, confinado con mi familia en
este lugar de penalidades para nosotros en once años, donde sólo de tiempo en tiempo he
podido pasar unos meses, batallando por la vida lejos de aquí, casi hasta caer muerto.
Mi salud se quebrantó mucho en los
últimos 22 meses. Contraje una afección palúdica que ha sido muy difícil y arriesgado
vencer. Me siento ya mejor de las dolencias físicas; las del alma no son temibles porque
está vigorosa y entera.
Noticias Culturales,
Instituto Caro y Cuervo, Nº 137,
Bogotá, 1º de junio de 1972, pp. 16-19.
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