La autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva (compilador)
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Ambrosio López

 

Mi biografía

Conociendo el espíritu de partido y la intolerancia de la época, junto con las demas circunstancias y contradicciones que nos dominan, no desconozco las groseras polémicas que se entablan con los hombres cuando libremente, sin ofender á determinada persona, manifiestan sus opiniones. Estas consideraciones, son pues las que me inducen á escribir mi biografia, para decirme yo mismo lo que acaso puedan enrostrarme los que se recientan, porque no digo que todo lo que hacen los rojos violentos es bueno.

Vamos pues. —Nací en esta ciudad de Bogotá á 9 de diciembre de 1809. —Mis padres Jerónimo López natural de Bogotá, maestro de sastrería, mi madre Rosa Pinzón natural de Vélez, chichera i panadera: estos han sido mis padres: en mi mano no estuvo elejirlos, el cielo i la naturaleza tuvo á bien darmelos, i yo estoi contento con ellos, porque de otra suerte habria sido un torpe.

No describo el orijen de ellos, porque como no eran hidalgos de nacimiento ni de alta alcurnia, no tenian árbol jenealójico, ni títulos de nobleza; pero sí estoi seguro que tanto ellos como sus mayores, ni han sido asesinos ni ladrones, ni han causado mal á la patria.

No tengo ni aun el título de prócer de la independencia porque los plebeyos i los descendientes de los plebeyos aunque derramen su sangre á torrentes no gozan de este título, ni de pensiones. El único mérito que tengo, es que mi padre como sastre de los Virreyes, dizque usaba capa colorada, sombrero al tres, calson corto de terciopelo negro i zapato con evilla de oro. Alego en mi favor este mérito, porque hai democratas que hacen mérito de que su padre fué oficial del Rei. Así pues, queda demostrado, que aunque soi liberal conservador, no puedo ser jamás godo, ni que se me injurie como á tal; mas sí debo decir, que si hubiera llegado á poder comprar títulos de nobleza, mi Blason se habria compuesto de una pala, un barredero, unas tijeras i una mucura de chicha, en lugar de palomitas, flores de lis, castillos i leones.
—Mui lindo me habria quedado mi escudo de armas, porque todas las cosas se resienten de su oríjen. —Camaradas: una pequeña digresion: no hai que alarmarse, porque digo liberal conservador. —Liberal lo que es bueno, i conservador castellanamente, conservar en cuanto me sea posible la ortodojía, la virtud i la moral.

Vuelvo á tomar el hilo de mi biografia. Aunque nací entre ollas de chicha i botellas de aguardiente, jamas he sido ébrio como ciertos nobles i próceres de la independencia. —Mi educación fué mui triste porque todo en la vida es relativo: á la edad de seis años me pusieron en la escuela de una Señora Doña Josefa Bueno i en otras de la misma catadura, donde pasé seis años sin haber aprendido ni jota, porque el sistema de enseñanza de aquellos tiempos era pésimo i los muchachos salian de la escuela con barbas i á casarse. Doce años i medio tenia cuando me pusieron de sastre donde el maestro Francisco Parada, i me incliné á este oficio porque la cabra tira al monte. Mui contento me hallaba yo con este oficio, cuando sin saber como, le dió á mi madre por casarse con un inglés, y esto me sentó tan mal, que tomé el partido de presentarme de músico en la Brigada de artillería; esto fué a principios del año de 23 cuando el ilustre Nariño, el demócrata por excelencia, tuvo el republicanismo de ir á mi cuartel á sacarme de la carrera que habia emprendido; i manifestándole mi voluntad no me la contrarió. —Cuatro años duré en este cuerpo, i como el jeneral S. me dispensaba algun cariño, me resolví á hablarle de mi licencia, i tomó interés para que se me diera; además, fué siempre mi protector. Del cuartel salí por mi fortuna, con alguna decencia i pasé al comercio. Tuve la oportunidad de conocer el plan de la revolución del 25 i sin embargo de mi ignorancia, no aprobé tan monstruoso atentado. —En 1830 fuí entusiasta por la elección del Señor Mosquera, i de consiguiente hice por ella todo lo que pude. —Por la caida del intruso Urdaneta trabajé, hice varias correrias, ayudé á fomentar una guerrilla i ausilié á mis amigos para irnos á la cabuya de Cáqueza; todo se logró i yo quedé miserable, porque entre contribuciones, correrías i demas gastos malversé mi capitalito i aun quedé debiendo en el comercio. —La ruina fué tal que la ropa decente que me habia quedado como restos de los antiguos resplandores tuve que venderla para sostenerme i emprender algo. —Tuve pues, que abandonar la capita i echar mano por la ruanita, traje con el cual ya nadie me conocía ni menos se acordaba de mis servicios i sacrificios, i solo los artesanos, los de mi círculo, eran los que me servian; de resto los que me habian dado palmadas en el hombro, los que me decían este Lopezitos, tan buen muchacho, tan patriota, tan liberal, todos esos, después que se encaramaron ni mas les volví á ver. —En 1833 cuando la revolución de Sardá, por mi desgracia me hallaba en el canton de Chocontá en compañia de dos hombres de malísimos precedentes; con los cuales me habia juntado por asuntos comerciales, pero ello es que por estar juntado con dichos hombres sufrí una prisión de 15 días. —El jeneral Santander i el Sr. Dr. Rufino Cuervo entónces Gobernador, tuvieron por mí las mayores consideraciones, porque se convencieron de mi inocencia, i el jeneral Santander, tan republicano como fino, me mandó llamar al palacio, me hizo varias demostraciones de cariño, i para probarme que de mí no se desconfiaba, me hizo oficial de la guardia nacional de artillería. —Continué buscando mi vida haciendo samarros de varias pieles, i destilando algunos licores, hasta que en diciembre de 1846 el Sr. Eusebio José Ponce, mi buen amigo, me dió en préstamo i con jenerosidad una cantidad, con la cual volví al comercio i emprendí otros negocios. —Vino la revolución de 40 promovida i adelantada por los inmaculados, por los virtuosos inocentes, por los esclarecidos patriotas; i hablo con franqueza, que en aquella época era progresista como buen santanderista; pero tan luego como yo me desengañé, que los jefes supremos eran unos locos intolerantes, sin plan ni concierto, i que cada uno de ellos era un verdadero traidor i refinado anárquico, tuve entónces que ser por conciencia i por convencimiento ministerial, de lo que no me arrepiento, puesto que para sostenimiento del gobierno presté varios servicios, i el día en que se aproximaban los rebeldes á atacar al gobierno, marché con la compañia que se me confió á vermelas con ellos, como me las he de ver, si fuere necesario, con los que so pretesto de libertad i democracia quieren arrebatar las garantías establecidas en la Constitución i en las leyes.

Después de los desastres de la referida revolución, me he sostenido con el oficio de panadero, i negocios de comercio. —En la administración de Márquez, Herran i Mosquera, he sido nombrado juez, alcalde, capitan de la guardia nacional, sin que se me echaran en rostro estos cargos onerosos, como hoi se me han echado, i se hace alarde tambien de que los artesanos estan figurando, como que si fuera la primera vez que vemos sastres, zapateros, barberos, pintores, &ª. &ª. desempeñando destinos onerosos.

En cuanto á lo que trabajé por esta administracion, muchos saben de donde provenia mi entusiasmo por ella, saben tambien de mis sacrificios i los males que me ha orijinado, i me queda la satisfaccion de que si admití el destino de prefecto, fué porque quisierón darmelo, no porque yo me arrastrara con empeños ni súplicas; i tambien es cierto que si no hubiera sido por pagar 800 pesos que me ví debiendo por causa de la política, tampoco lo habria admitido. Esta no es una conversacion ni un mérito que yo quiera alegar, pues como ya he dicho, los Señores Castro saben lo que sufrí por la política. —Las fiestas del 20 de julio de 1849, me costaron la pendejada de 350 pesos, i sino dígalo el Sr. Julian Gómez, á quien le salí debiendo 250 pesos de la pólvora, i sabe mis angustias i el trabajo que me costó completarle 200 pesos.
—Como prefecto publiqué un informe de lo que hice como tal en el territorio que se me confió. —Por último, me dirán que no soi hombre acaudalado, que tengo algunos créditos pendientes: yo trabajaré i los cubriré, porque tengo honor i conciencia; pero no me podrán decir, que he sido ladron, que he pertenecido á las malas causas, que por mi causa han ido hombres al patíbulo; como lo han hecho los próceres de la independencia, que infame y alevosamente han sacrificado hombres como al valiente coronel Vezga, i mi corazon se llena de gozo cuando recuerdo que mis manos no estan manchadas con ningun crímen.

Está pues concluida mi biografía, que equivale á tener los datos para que me ataquen; pero el que se resuelva á hacerlo, saque la cara i no lo haga bajo el velo del anónimo, porque estoi resuelto á contestarle mui duro al que me injurie; i sepan que tengo dos viejos amigos mios que tienen mas de 80 años, que dan mejores noticias que el Juan Flores de Ocaris, es decir, estan al corriente de los robos, asesinatos, adulterios í demas fechorías de los que hoi insultan á los artesanos, no acordándose que proceden de marraneros, de chicheros, panaderos, carniceros, cacagüeyos, i demas cositas, quebrados y requebrados, porque todos quieren ser crespos i ninguno mulato.

Se deduce pues, en mi biografía, que mi oríjen es mui humilde, que he nacido del seno del pueblo como ya lo he dicho, que un hombre de esta catadura, sin ninguna clase de títulos, no puede jamas ser amigo de la aristocracia, ni ménos de la tiranía; pero jamas consentiré por mi parte en la consecucion de un innaudito desórden, que tanto perjudica á los que no podemos resolvernos á robar. Así es preciso convenir, que nuestra sociedad de artesanos, no solo ha caido en ridículo, sino que su descrédito ha llegado á tal estremo, que se cree con fundadas razones que esta asociacion con sus demas hijas, destrozarán una gran parte de nuestra Patria cometiendo toda clase de crímenes.

Fijémonos en esta pequeña reflexion, i mas que todo, en los hombres que se han admitido en nuestra malhadada Sociedad, sin mas precedentes que haber sido revoltosos en 1840, i nos desangañarémos de baldon i deshonra que arrastramos.

Mi biografía, en El Desengaño o Confidencias de Ambrosio López.
Primer director de la Sociedad de Artesanos de Bogotá,
denominada hoy "sociedad Democrática".

Escrito para conocimiento de sus consocios. Bogotá,
Imprenta de Espinosa, por Isidoro García Ramírez, 1851. pp. 9-15.



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