La autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva (compilador)
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Victor Eduardo Caro

D. Víctor Eduardo Caro fue el tercero de los hijos del ilustre D. Miguel Antonio. Gran parte, pues, de su vida transcurrió a la sombra de tan eminente humanista y pensador.

El P. José J. Ortega Torres trazó de este modo la semblanza de D. Víctor E. Caro:

"Es uno de los pocos tipos genuinos que nos quedan del tradicional cachaco bogotano. Culto, jovial, amable, sin ambiciones, sin envidias, ajeno a toda lucha política y a todo afán de renombre, ha compartido su existencia entre el culto de hogar y los amigos, el de ser padre y el de las letras."

Este vástago de D. Miguel Antonio Caro se distinguió como poeta de buen gusto y de tierna inspiración. Sobre este particular anota D. Antonio Gómez Restrepo:

"La musa de Víctor Caro es una musa piadosa que recoge en copa de oro la lágrima furtiva, vertida en la penumbra del hogar, y da la fijeza del arte a la sonrisa de felicidad que arrancan al poeta los pueriles antojos de sus pequeñuelos. No sólo tornea un soneto con destreza digna de su padre, sino que es un distinguido cultivador de la prosa científica, como lo prueba, entre otros escritos suyos, el elegante y profundo elogio que consagró a la ciencia y escritos de Julio Garavito Armero. Sus versos revelan, tanto en su forma como en su espíritu, la filiación poética del autor. En sus sonetos se advierte el maestro en la técnica de la versificación, sagaz apreciador de los primores y delicadezas del ritmo y de la rima. En cuanto a la fuente de su inspiración, ésta ha brotado del fondo de su alma, apasionada y sensible, capaz de conmoverse hasta las lágrimas y de descubrir la poesía en humildes pormenores de la vida doméstica. Ha sido también el señor Caro hábil traductor. Puso en excelentes versos algunos fragmentos de Les romanesques de (Edmundo) Rostand, y tradujo elegantemente Una partida de ajedrez del dramaturgo italiano [José] Giacosa."

Esta última traducción está publicada en el volumen 96 de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana.

D. Víctor Eduardo Caro es autor de las siguientes obras: A la sombra del alero, sonetos; La juventud de D. Miguel Antonio Caro, Bogotá [1930]; Los números: su historia, sus propiedades, sus mentiras y verdades (Bogotá, 1937); Bibliografía de don Miguel Antonio Caro por Víctor Eduardo Caro y de don Rufino José Cuervo por Augusto Toledo (Bogotá, 1945); Sonetos colombianos; Discurso al recibirse como individuo de número en la sesión del 29 de mayo de 1923 y respuesta del académico don Antonio Gómez Restrepo; El armisticio, edición facsimilar, Bogotá, Universidad Nacional, 1971.

Buena parte de la producción, en prosa y verso, de D. Víctor E. Caro fue recogida por sus herederos en el libro que lleva por título A la sombra del alero (Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1964). En el interesante Preámbulo escrito por D. Eduardo Guzmán Esponda leemos esta atinada apreciación:

"Tiene Víctor el arte de la composición, el sentido de las proporciones, la medida tan natural en los franceses, tan escasa en la literatura tropical. También en estas cualidades debieron influir sus matemáticas. "Ingenioso ingeniero" le llama don Marco Fidel Suárez, en aparente pero significativo juego de palabras. Es lástima que no nos hubiera dejado mayor volumen de ensayos, todo porque él no se sentía "escritor" de vocación, concepto del cual salimos todos perjudicados. Pero seguramente por eso mismo jamás llegó a la pedantería, ni a la suficiencia. Si algo tuvo encantador el carácter de Víctor Caro fue su naturalidad."

En el número 116 (septiembre de 1970) de estas Noticias Culturales el poeta Eduardo Carranza, en su sección Las tardes de Yerbabuena, hace una emotiva evocación de la figura señorial de D. Víctor E. Caro.

En dicho artículo escribe Eduardo Carranza:

"Don Víctor Caro está muy bien situado en una línea decimonónica muy colombiana, más aún, andina y santafereña que arranca de Vergara y Vergara, culmina en la novela de Marroquín y en la poesía nacional de Casas, se prolonga bellamente en la prosa de don Tomás Rueda Vargas y tiene su expresión final en la obra del poeta que comentamos, veteada de humanismo y humedecida de lirismo intimista."

Réstanos decir que D. Víctor E. Caro, en asocio de D. Antonio Gómez Restrepo, dirigió la edición de las Obras completas de D. Miguel Antonio Caro, publicadas en VIII tomos que vieron la luz entre los años de 1918 y 1945. Murió en Bogotá el 19 de marzo de 1944.

La autobiografía que se reproduce a continuación, la más breve del nutrido acopio seleccionado para esta sección, la hemos tomado de la mencionada obra A la sombra del alero (1964).

 

Autobiografía

Nací en Bogotá, calle de Santa Ana (6 de marzo de 1877), en época de lágrimas: el país se hallaba ensangrentado por la guerra. Mi madre, gravemente enferma y mi padre, perseguido y escondido. Fui un niño débil, pálido, esquivo y tímido. A los seis años aprendí a leer solo en las columnas de El Conservador.

Entre los diez y los veinte años, pasé por las escuelas de la Hermana Himelda y por el Colegio de Colón de don Víctor Mallarino, de los cuales salí sin saber nada, pero sin haber perdido la inocencia. Hice, o me soñé haber hecho, un viaje al exterior. En Milán conversé con César Cantú, en París compartí un pan con Verdi, y en Roma fui acariciado por León XIII.

Entre los veinte y los treinta años tuve un momento de prestigio social y padecí una crisis de romanticismo. Bailé mucho, hice malos versos, lloré a escondidas y me enamoré perdidamente de algunas beldades, cuyos nietos leen hoy a Chanchito. Trabajé unos meses al lado de Alfonso López.

Entre los treinta y los cuarenta vi partir de este mundo a las prendas que más he amado, y llegar a él a las que más amo. Publiqué (1911) una traducción del italiano y un tomo de sonetos (1915), que no se vendieron, pero que se agotaron. Entre los cuarenta y cincuenta dirigí (1922-23), sin ser ingeniero, la Escuela de Ingeniería, e ingresé (1923), sin ser literato, en la Academia Colombiana: cosas de esta tierra. Estuve al frente, por cinco años, de Santa Fe y Bogotá (1923-28) y tuve en su dirección por compañeros a Raimundo Rivas, Daniel Samper Ortega, Eduardo Guzmán Esponda, Daniel Arias Argáez y Marcelino Uribe Arango.

Me encuentro entre los cincuenta y los sesenta, y aún no sé para qué nací. Hace un año fundé a Chanchito. Tengo una pequeña propiedad: El Mochuelo; un tesoro: mi familia; un orgullo: mis amigos; y un doble culto: el de los muertos y el de los niños. Gracias a las oraciones de éstos y a las influencias de aquéllos, espero, cuando muera, entrar al cielo sin hacer antesala en el purgatorio. —Amén.

Noticias Culturales, Instituto Caro y Cuervo, Nº 159,
Bogotá, 1º de abril de 1974, pp. 17-19.

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