VI
El hombre que tan a tiempo se había aparecido a los rechazados
viajeros, los condujo a otra puerta donde había otro cuerpo de
guardia, i solicitó del jefe de ella entrada a palacio; pero le fué
rehusada.
- Sabrás, buen camayuc, agregó, que estos dos hombres traen
noticias importantes al Inca, las cuales él recibiría con placer, a
despecho de todas las consignas del mundo.
- Eso puede ser mui cierto; pero se me ha mandado que no dé paso
a nadie, i nadie entrará.
- Vas a incurrir en la cólera del Inca.
- Bueno que incurra, con tal que no incurra en la del que me ha
puesto aquí.
- Desprecias al Inca? preguntaron a una el Amauta i Huascar, con
aire de amenaza.
- Yo no desprecio a nadie, lo que digo, lo digo porque bien sé
que el apusquipay nos ha dado la consigna en los mismos términos
que la recibiera de boca de Huayna Capac.
- Habrá insolencia igual! esclamaron nuestro dos
interlocutores.
- Cuál!
- La de pronunciar el nombre del inca sin inclinarte.
- Bah! para qué voi a inclinarme por un hombre que tal vez no
existe ya.
- Qué estás diciendo?
- Que es mas que probable que a esta hora ya el inca de
Tavantinsuyu i de Quitus no se llame Huayna Capac, sino ...
-Sino?...
- Atahuallpa.
- Atahuallpa!
- Sí, mis amigos, Atahuallpa o Atabalipa, que todo es uno.
- Pero estás equivocado, observó el auqui confuso por lo que
oía, el nombre del sucesor de Huayna Capac no es ni Atahuallpa ni
Atabalipa, sino Huascar.
- Eso sería si el consejo que se celebra actualmente con el
objeto de dar heredero al tiana, o que se ha celebrado ya, se
compusiera de ñusticuna del Cuzco; pero, por fortuna, se compone de
ñusticuna de Quitus.
- Qué consejo! preguntaron Huascar i el Amauta.
- El consejo que ha mandado convocar Huayna Capac para hacer
presente su última voluntad.
La cual no creo muí favorable a los del Cuzco porque los ha
calificado de ingratos i de poco afectos a su persona, por no haber
concurrido a sus repetidos llamamientos.
- Eso ha dicho el Inca?
El jefe de la guardia se volvió ácia el desconocido
manifestándole con el ademan que deseaba que respondiese por él. El
desconocido le comprendió, i dijo:
- Todo lo que dice este camayuc es verdad. El Amauta i Huascar
se cambiaron una mirada aterradora, en la que se dijeron
mutuamente: todo está perdido, pues el Inca está enojado con
nosotros!
- Lo veis, dijo el camayuc con acento victorioso.
- Qué haremos? murmuraron Huascar i el Amauta.
- Seguirme seguirme, respondioles el desconocido: en el otro
cuerpo de guardia seremos mas felizes.
La situacion de aquellos dos personajes no podía ser mas
embarazosa. Su porvenir, esto es, un trono, el mas grande conocido
en ese hemisferio, jugaba Huascar en aquella ocasion; i lo jugaba,
no como suelen jugarse los tronos, en los campos de batalla i en
los parlamentos, sino de una manera asaz ridícula, lidiando con la
terca impertubabilidad de un hombre que monta guardia. Por su parte
el Amauta jugaba nada ménos que el gran sacerdocio del imperio.
Si los soldados que estaban de centinela a las puertas de
palacio hubieran dejado entrar a Huascar i al Amauta, ellos i no
otros habrian acompañado a Huayna Capac en sus últimos instantes, i
por de contado que ellos hubieran sido ménos acerbos, i la suerte
que se le esperaba a sus súbditos en un todo distinta; pero no los
dejaron entrar, i Scyri Paccha adueñada esclusivamente de la
situacion, i esclava de sus violentas pasiones dió rienda suelta a
su venganza ...
Huascar i el Amauta vacilaron al principio en seguir a su
incalificable protector; pero al fin lo siguieron, convencidos de
que no tenian otro partido que tomar, i acaso fuera este de algun
provecho a la larga. I así era a la verdad, pues descubriéndose
para hacerse obedecer, hubiera sido tanto como esponerse a la burla
de todos, i a que los reputasen como locos, i los condujesen en
triunfo a una de las cárceles de la ciudad; al paso que su objeto
era ganar tiempo a todo trance.
El desconocido por su parte no se había propuesto otra cosa que
dar lugar, entreteniendo a los viajeros, a que se consumasen las
escenas que con bastante ardid se habian preparado, i que eran el
término feliz de diez años de constante conspiracion. Por lo que
hace a su conducta, en las actuales circunstancias, ella era la mas
adecuada, pues haciendo que trabajaba en el sentido que lo hacian
el Amauta i Huascar, alejaba de ellos todo jénero de sospecha, al
paso que los mantenía a su alcanze para inspeccionarlos mejor.
Los viajeros llegaron con su conductor al tercer cuerpo de
guardia, el cual, con visible sorpresa de aquellos, dioles franca
entrada a palacio.
- Bien os lo había yo dicho, observó el desconocido al
entrar.
- Gracias, amigo, díjole Huascar.
- Ahora que ya estais donde deseabais permitidme que me retire:
tengo algo que hacer.
- Pero no será ántes de que nos digas tu nombre, díjole
agradecido el Amauta.
- Si, si, tu nombre, buen amigo, agregó Huascar con cordialidad;
nos has prestado un servicio importante, i queremos saberlo para
recompensarte.
- Gracias, señores, me llamo
|Challcuchima, dijo este
haciendo a sus compañeros un profundo saludo.
- Challcuchima!
Aquella esclamacion de asombro no tuvo contestacion, pues el que
la produjo desapareció al punto de allí. Huascar i el Amauta
estaban petrificados.
|Quizquiz!
|Challcuchima! he aquí los dos nombres
que resonaban actualmente en su interior con un acento de muerte.
Nombres que despertaban en su memoria mil recuerdos sombrios.
Nombres precursores siempre de todas sus desgracias.
Empero, como el mejor medio de aclarar sus dudas, i de salir de
su apuradisima situacion, resolvieron seguir adelante.
La primera persona que encontraron fué uno de los consejeros
improvisados, que, molesto porque no se le dejaba la salida franca,
estaba dado al diablo de furor.
- Sabrás decirnos dónde hallaremos al Inca? le preguntaron; pero
él no se dignó contestarles sino con una sacudida de hombros que
tanto quería decir como: ni lo sé, ni me importa saberlo. Huascar i
el Amauta siguieron resignados adelante,
A poco trecho dieron con otro personaje de la misma catadura del
anterior, quien, habiéndole hecho la misma pregunta, les
respondió:
- El Inca?
- Si, señor, el Inca.
- Pues ... el Inca no está aquí.
- Dónde está?
- Vaya! es una cosa que la saben todos: el Inca está en
Tumipampa.
- En Tumipampa!
- Sí, mis señores, el Inca está en Tumipampa.
Eres un embustero! estuvo a punto de esclamar el auqui; pero el
Amauta, que aquel dia era todo paciencia, le hizo una seña para que
se moderase, una vez que nada sacarían con la violencia, atendida
la falsa posicion en que se encontraban. Huascar se moderó.
Los das viajeros siguieron adelante, no sin algunas
sospechas.
Habian atravesado ya dos patios desiertos i recorrido varias
estancias tambien desiertas, cuando, en el estremo de un hermoso
jardin, alcanzaron a ver a una mujer entretenida en despedazar
algunas florecillas, con aire meditativo.
Aquella mujer era Scyri Paccha.
Verla i estremecerse Huascar i el Amauta, aunque no la conocian,
fué una cosa misma. Acaso el presentimiento les decía quién
era.
- Qué buscais aquí? preguntoles Scyri Paccha sin interrumpir su
entretencion, i mirando de soslayo a un hombre que desde una de las
ventanas del frente le hacia cierta seña como para decirle: ellos
son.
Aquel hombre era su antiguo yana. Scyri Paccha bajó la cabeza en
señal de intelijencia.
- Buscamos al Inca, respondió resueltamente Huascar.
- Al Inca!
- Quién os ha dicho que está aquí?
- Quien lo sabe, señora, se apresuró el Amauta a contestar con
voz digna i reposada.
- Pues os han engañado.
- Engañado! esclamaron a coro auqui i cushipata.
- I para qué buscais al Inca?
- Venimos del Cuzco, señora.
- Acaso sereis vosotros los ñusticuna que esperaba? dijo Scyri
Paccha dando una carcajada ruidosa, i mofándose de los trajes
enlodados i desgarrados de Huascar i el Amauta.
Huascar lanzó un sordo rujido de rabia.
El Amauta respiró con trabajo.
Hubo un momento de silencio sepulcral.
- Pero sabrás decirnos al fin dónde está el Inca? preguntó el
primero.
- El Inca ha ido a hacer una visita.
- Una visita! i volverá pronto?
- El Inca no volverá.
- Qué? No volverá el Inca!
- Así lo presumo por la categoría del visitado.
- Que es ...?
- Nada ménos que el Sol.
- Qué estás diciendo?
- Ni mas ni ménos que lo que vosotros los de Tavantinsuyu nos
habeis enseñado a los de Quitus; el Inca ha sido llamado por su
augusto padre el Sol a su escelsa mansion.
- Es decir que ha muerto! esclamaron a un tiempo el Amauta i
Huascar.
Scyri Paccha se inclinó.
- Muerto! i no ha muerto en mis brazos!
- Quién eres, pues? dijo Scyri Paccha con la mas injenua
curiosidad.
- Soi Huascar, el anqui heredero.
- Actualmente el Inca, si es que ha muerto Huayna Capac, dijo el
Amauta con solemne respeto.
- Por lo que es eso, venid a ver si ha muerto o no, dijo Scyri
Paccha, i echó a andar delante de sus dos interlocutores, que al
fin tocaban al término de su viaje.