V
Luego que Quizquiz recibió en el destierro a que había sido
condenado por conspirador, el jeneroso quipus de Huayna Capac hubo
de ponerse en marcha para Quitus, su antigua residencia. Pasó en
este lugar algunos años en el mas riguroso incógnito, a fin de
servir mejor a sus no abandonados proyectos de independizar su
nacion del poder de Tavantinsuyu; i como a eso tiempo algunas
parcialidades de los alrededores de la capital se habian puesto en
armas para combatir a los ñusticuna del Cuzco, que, so capa de
conquistadores, ejercian los mas abominables latrocinios entre los
conquistados, adoptó él tambien aquella vida aventurera, poniéndose
a la cabeza de unos cincuenta soldados fieles de su antiguo
ejército, i llevando el terror a todas las comarcas donde se
presentaba.
Pero el objeto verdadero de las correrías de Quizquiz era el de
mantener a Huayna Capac en completa incomunicacion con el Cuzco,
miéntras se desenlazaba de alguna manera el drama de su simulada
prision en el palacio de Tumipampa.
Cuando los tres tenazes conspiradores resolvieron trasladar en
secreto su ilustre prisionero a Quitus, Quizquiz varió, como era
natural, el teatro de sus escursiones, i sus servicios fueron de
grande importancia en los azarosos dias que precedieron a la muerte
del monarca, pues interceptó la mayor parte de los chasquis que los
partidarios de Huascar despachaban a este diariamente,
participándole lo que ocurría en el palacio imperial de Quitus.
Empero, la vijilancia de Quizquiz no había podido ser completa,
porque si había grande interes en que lo fuera, tambien lo habla en
burlarla por parte de sus enemigos; i lo habian conseguido. Un
chasqui llegó hasta el Cuzco por sendas escusadas, e informó a
Huascar de todo lo ocurrido.
Enterado este de lo que pasaba, i viendo en manifiesto peligro
el llauta, de acuerdo con el Amauta i algunos de sus parientes mas
cercanos, púsose en marcha, probando socorrer, aunque tardíamente,
a su anciano padre.
Quizquiz fué prevenido de esta resolucion por sus corresponsales
del Cuzco, i resolvió dar un golpe de mano a la comitiva, que le
imposibilitase de llevar adelante sus designios. Con efecto,
asechola en varios parajes del camino sin suceso mayor, hasta que
al fin la fortuna le deparé una ocasion propicia en la montañuela
de Machache, como ya lo hemos dicho a nuestros lectores, en la que
cayó de improviso sobre los descuidados viajeros, i los dispersó,
cerrándoles con sus armas el camino de la nueva capital.
Pero la suerte no coronó del todo sus esfuerzos, i, en la
confusion del combate, Huascar i el Amauta lograron escaparse, i
continuar por entre el monte su interrumpido camino.
Grande fué el desconcierto de Quizquiz cuando, al pasar i
repasar sus prisioneros, no encontró entre ellos a sus codiciados
perseguidos. Entónces, como el partido mas prudente, encomendó a su
segundo, hombre de toda su confianza, los aprehendidos, mandándole
internarse con ellos a sus guaridas, i se vino a toda prisa a
Quitus, a fin de llegar primero que Huascar i el Amauta, para
participar lo acaecido a sus infatigables cómplices.
Ya se ha visto que llegó a tiempo, i cómo trocó su capitanía de
bandoleros por el empleo de jefe de la guardia de palacio, cuya
rigurosa consigna era que nadie entrase ni saliese. Consigna que
causó mas de un dolor de cabeza a los señores consejeros
improvisados o
|ad interim, cuando pensaron retirarse a sus
casas a dar espansion a su alborozo por su elevada dignidad, i mas
que todo, por su inesperado triunfo; pues aunque no habian hecho
nada para obtenerlo, estaban íntimamente convencidos de que su
estúpido silencio i su aptitud holgazana, habian sobrecojido a
Huayna Capac hasta el punto de dividir el país para devolverles su
libertad, prometiéndose alegar mas tarde sus servicios a este
respecto. Tal es la vanidad humana!
Quizquiz guardó su consigna como un verdadero militar; i como un
esperto jeneral encomendado de la defensa de un castillo importante
en un dia de peligro, recorría cada cinco minutos los cuerpos de
guardia, i daba órdenes breves i acertadas.
En una de estas correrías tocó en una de las puertas escusadas
de palacio, en donde a la sazon se estaba formando un tumulto por
la llegada de dos viajeros, empolvados i jadeantes, que se decian
emisarios urjentes de la corte del Cuzco, pensando de esta suerte
abrirse las puertas de par en par, cuando solo se las cerraban
herméticamente.
Aquellos dos viajeros eran el Amauta i Huascar.
Véamos lo que les había pasado.
Cuando a unas pocas millas de Quitus, en Machache, había sido
atacada bruscamente la comitiva del gran sacerdote i del auqui,
estos comprendieron al instante que se trataba de una celada de sus
enemigos, i no procuraron hacer resistencia alguna, sino huir a
toda prisa por una vereda poco frecuentada.
Huyeron en efecto, pero como la tal fuese angosta i estuviese
tupida de malezas, a poco trecho los cargueros que los conducian
declararon que no podian continuar, porque las andas se enredaban a
cada paso, i ellos se hundian en los lodazales. Esta declaracion
solo sirvió para acabar de desesperar a los dos fujitivos, que,
como obedeciendo a un mismo pensamiento, se cambiaron una mirada de
angustia, i bajaron de sus hamacas para continuar el camino a
pié.
Continuáronlo, pues, pero no ántes de ordenar a los pocos
criados que os habian podido seguir, que los precediesen en su
fatigosa marcha puesto que lo que importaba era llegar pronto a
Quitus, para enviar socorro a sus infortunados compañeros.
Trabajoso sería referir aquí lo que tuvieron que sufrir el
Amauta i Huascar durante su travesía por la montaña, baste solo
saber que emplearon mas de seis horas en salir a la bella esplanada
de Quitus; i que cuando salieron, tenian las vestiduras rasgadas
por los espinos; manos, piés i cara ensangrentados; i que estaban
tan desfigurados por el barro i el cansancio, que era de todo punto
imposible el reconocerlos.
Detuviéronse en un tambo algunos momentos para descansar i tomar
refrijerio, i despues de aliñar sus vestiduras lo mejor posible,
continuaron su desastrosa peregrinacion, ansiosos de llegar
oportunamente, pues el simple recuerdo de Scyri Paccha era bastante
para hacerlos estremecer, i mucho mas en aquellas
circunstancias.
Llegaron por último a Quitus, i fueron en derechura al palacio
del Inca ; pero dió la desgracia que llamasen a la puerta en que se
encontraba Quizquiz, como va queda dicho.
- Qué hai! preguntó este al camayuc de guardia.
- Que estos señores solicitan por el Inca.
- Pero no sabes que no se le puede ver.
- Ya se lo he dicho.
- Entónces qué esperan que no despejan?
- Se les ha mandado despejar; pero han insistido en entrar.
- I por qué no has cumplido con la consigna?
El camayuc no respondió.
-Es así como se cumplen mis órdenes?
- Apusquipay ...
- Manda cerrar la puerta, i que en adelante no te vuelva a
suceder.
El camayuc se inclinó i mando cerrar la puerta.
- Una palabra, dijeron a Quizquiz a un tiempo Huascar i el
Amauta.
- Se ha dicho que no se puede ver al Inca; está de muerte, i los
umucuna (médicos) han prohibido el que se le importune.
- De muerte! esclamaron los dos viajeros.
- Acaso va haya espirado.
- Espirado! volvieron a esclamar; pues entónces es de todo punto
indispensable que nos oigas.
- Me es imposible.
- Por favor.
- He dicho que me es imposible. Camayuc, cumple tu consigna,
dijo Quizquiz con voz de mando, i volvió la espalda al Amauta i a
Huascar
- Quizquiz! dijeron estos a la vez, que tenian pensamientos
iguales, merced a lo igual de su situacion.
Quizquiz se estremeció: había sido reconocido pero repuso con
oportunidad.
- Aquí no hai ningun Quizquiz.
Los transeuntes, que desde un principio habian empezado a
pararse para presenciar aquel altercado, eran ya considerables en
número, pues, como sucede siempre en esos casos, los unos habian
llamado la atencion de los otros, hasta reunirse un peloton de
jento, que esperaba en silencio el resultado del suceso.
De entre este peloton salió un hombre, medio militar i medio
paisano, i, acercándose con aire familiar a los recien llegados,
les dijo:
- Venid, venid acá; que yo os conduciré por donde podais ver al
Inca.
Huascar i el Amauta dudaban, cuando Quizquiz repuso.
- Eso es, entendeos con ese hombre, i se retiró.
El camayuc mandó despejar al peloton, i el hombre medio paisano
i medio militar torció la esquina de palacio seguido de sus dos
protejidos.