III
La comisionada por el Inca para disponer la celebracion de su
último consejo, cumplió relijiosamente todas sus prevenciones.
Los pajes de la servidumbre inmediata de Huayna Capac
procedieron a ataviarlo con sus reales vestidos, los cuales ya
hemos descrito en otra parte.
Luego que Huayna Capac estuvo preparado, se levantaron las
cortinas de su estancia, i se quemaron esencias olorosas.
El dia, que era espléndido, inundó de luz i de frescura aquella
alcoba que por tanto tiempo le había negado entrada en su
recinto.
Huayna Capac estaba desencajado i pálido, sus ojos se habian
hundido en las órbitas, i sus pupilas brillaban melancólicas; con
ese resplandor nuncio fatídico de la muerte. Sus manos estaban
descarnadas i blancas, pero su blancura no era la blancura mate i
sonrosada de la belleza, era la blancura cárdena i amarillenta del
cadáver.
Indudablemente restaban al Inca mui pocos momentos de vida.
Sentáronlo sus criados en una silla de oro macizo i bajo un
ancho i plegado dosel rojo, en forma de palio; i allí, con muestras
de una debilidad cerebral estrema, i en medio de vértigos i
desmayos continuos, esperó la reunion de sus consejeros.
Al fin llegaron estos, i fueron introducidos a su presencia
descalzos i pintado el dolor en sus hipócritas rostros.
Cuando ya estuvieron todos reunidos, Huayna Capac les dirijió la
palabra en los siguientes términos; pero con una lentitud grande i
frecuentes interrupciones, a causa de su estenuacion:
- Amigos mios, el Sol mi padre tiene a bien llamarme a su
mansion celestial. Este soberano llamamiento me impone la pena de
separarme de vosotros, mis leales servidores, i de todo mi pueblo
en jeneral; a la vez que deja el tiana vacante en momentos solemnes
para el país, puesto que una raza desconocida le invade por el lado
del mar con una facilidad conquistadora que asombra.
Ya todas las tribus de la rejion inferior i de la costa le
pertenecen.
Las entrañas de las víctimas sacrificadas por el gran sacerdote
en los altares del Coricancha, presajian desastres próximos para
Tavantinsuyu; i hasta los fenómenos celestes que se han observado
últimamente nos están diciendo que el dios de las alturas va a
envolvemos en una conflagracion espantosa!
Huayna Capac hizo una pausa aquí para enjugarse el frio sudor
que empapaba su frente.
Los consejeros guardaban el mas profundo silencio.
El Inca volvió a anudar el hilo de su discurso.
-Ya veis, amigos mios, que la vacante del tiana en tales
circunstancias es mas alarmante que ni cualesquiera otras; i es por
esto que os he hecho convocar aquí, en reemplazo de mis consejeros
del Cuzco, que ya tardan demasiado tiempo a pesar de lo reiterado
de mis llamamientos, para que me ausilieis con vuestros sanos
consejos.
Los consejeros hicieron todos un movimiento afirmativo con la
cabeza.
- Vosotros no ignorais que tengo dos hijos, a cual mas querido
de mi corazon, i a cual mas digno de sucederme en mis augustas
funciones. Esto ciertamente que me llena de un justo embarazo, pues
no debiera preferir el uno al otro. Empero ¿qué hacer? segun los
estatutos del país, este debe pasar íntegro a manos del sucesor; i
yo no sé hasta qué punto deba respetar esos estatutos, ni si ellos
deberán comprender tambien a este pueblo.
- No pueden comprenderlo, murmuraron algunas voces.
- Lo creeis vosotros así?
- Asi lo creemos dijo Challcuchima, que de yana de Scyri Paccha
había pasado a ser ñusti i consejero del Inca. Jamas la fortuna
efectuó cambio mas caprchoso ni rápido!
- Vaya, repuso el agonisante monarca, esa creencia de vuestra
parte, que yo respeto hondamente, alijera el peso que abrumaba mis
hombros, i pone en armonía mi última voluntad con los deseos de mi
corazon. Mas, seria bueno que me dieseis la razon.
- La razon? se apresuró Challcuchima a responder, la razon es
porque el país de Quitus es un país distinto del de Tavantinsuyu; i
lo que se diga de este no puede comprender aquel.
- Asi es, dijo Huayna Capac, cuya cabeza no estaba para
discusiones ni para sutilezas.
- Cierto, prosiguió el consejero Challcuchima, que los estatutos
prohiben dividir el país; pero es el país de Tavantiasuyu tal como
él existía cuando esos estatutos fueron confeccionados, cuya época
precisa se remonta a la venida del ilustre Manco. ¿No sois todos de
mi opinion?
- Sí, respondieron en coro los del consejo.
- De suerte, observó el Inca, que el país de Quitus, como país
conquistado, está esento de los estatutos. Bien, pues entónces que
él sea para mi mui amado hijo Atabalipa; i el de Tavantinsuyu para
mi mui amado hijo Huascar tal es mi postrera voluntad.
Viva el Inca! dijeron los consejeros, viva Huayna Capac, el
justiciero, el grande!
- Vivan los incas de Quitas i de Tavantinsuyu repuso este con
desaliento mortal.
- Vivan!
- Estended el quipus del consejo, amigos mios, i haced saber mi
voluntad a todos los súbditos de los dos países.
Los consejeros se inclinaron.
- Ahora, dejadme solo, estoi mui fatigado, i quiero
descansar.
Los consejeros se pusieron de pié.
- Adios, amigos mios, agregó el Inca con acento de profunda
resignacion, os devuelvo vuestro país, porque al fin, aunque
Atabalipa es hijo mio, en sus venas circula la sangre de vuestros
antiguos scyris. El cielo os dé largos años de vida i de
prosperidad.
Los consejeros se retiraron.
Huayna Capac se hizo conducir de nuevo a su lecho. Las cortinas
de la estancia se corrieron de nuevo tambien, i a la luz del dia se
sostituyó la de una que otra lámpara agonizante.
La escena que se preparaba era solemne.
...
Scyri Paccha esperaba a la puerta de la alcoba de Huayna Capac a
su hermano, con muestra de visible inquietud.
- Qué hai? dijo este, segun su pregunta favorita de algunos dias
atras.
- Que ya están ahí.
- Quiénes?
- Huascar i los ñusticuna del Cuzco.
- I por eso te sobrecojes? bah!
- No me he de sobrecojer? todo lo hecho no vale nada estando
ellos aquí.
- Luego has oido.
- Todo, todo.
- Pero dónde están esos señores?
- A las puertas de la ciudad.
- Quién te lo ha dicho?
- El que siempre nos lo dice todo.
- Quizquiz?
- Quizquiz.
- Luego ha venido?
- Está aquí, en palacio.
- Entónces la cosa es grave.
- Oh! muí grave. figúrate que Huascar i el Amauta se han
escapado.
- Escapado!
Sí, escapado. Quizquiz atacó la gran comitiva en Machache, i, en
medio de la confusion del combate, los tunantes lograron
adelantarse.
- Pero qué hace Quizquiz?
- Cambia actualmente las guardias de palacio i muda las
consignas, para que nadie entre ni salga, so pretesto de que el
Inca está de peligro.
- Pero Huascar i el Amauta van a alborotar la ciudad.
- Ese es el riesgo.
- Espera. Me ocurre una idea.
- Qué idea?
- Ya verás, ya verás. Por ahora lo que importa, como tú i
Quizquiz lo han pensado mui bien, es que nadie entre ni salga.
- Pero dime qué vas a hacer, pues si obramos sin concierto,
nuestros ya casi realizados proyectos fracasarán.
- Tienes razon Pero es la cosa mui sencilla:
Quizquiz se encarga de la defensa de palacio; tú de Huayna
Capac, i yo de Huascar i el Amauta.
- Magnífico! hermano. Nada hai perdido. Tienes una cabeza
admirable.
- Ahora, a tu puesto.
- Al tuyo; Quizquiz ya está en el que le corresponde.