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XXIV



Atahuallpa recibió autorizaciones para despachar a jentes a todas las ciudades del reino en busca del oro prometido, i por este medio pudo establecer correspondencia directa con sus curacas. Bien pronto el oro i la plata empezaron a llegar al campo español en cantidades fabulosas.

El tiempo corría velozmente. Huascar había muerto; i la noticia de su muerte había desagradado en manera grande a Pizarro, que desde luego comprendió de donde había partido el golpe. Murió Huascar ahogado en el rio Andamarca ; i es tradicion, que al morir, pronosticó que los españoles vengarian su muerte, i que su sanguinario rival no le sobreviria largo tiempo.

Pizarro abrió los ojos al fin, i dijo un dia a Atahuallpa:

- ¿Qué traicion es esa que meditas contra mi, contra mí que te he tratado siempre con distincion, confiando en tus palabras como en las de un hermano?

- Te burlas, Pizarro? le respondió Atahuallpa, pues no puedo creer sino que te burlas. Qué capazes somos yo i mi jente de conspirar contra vosotros?

- Me lo preguntas con tanta injenuidad, que estoi por creerte.

- No soi yo un pobre prisionero? i siéndolo cómo puedo abrigar los designios que me atribuyes? No sería yo la primera víctima de la insurreccion? Por lo demas, poco conoces a mis vasallos, si piensas que se atrevieran a moverse sin órden mia, pues sin mi permiso ni las aves vuelan en mis dominios.

Sinembargo, el alarma crecía dia por dia; i despues del acontecimiento ruidoso de la muerte violenta de Huascar, ora se hablaba de una inmensa leva que se estaba haciendo en Quitus, bajo las órdenes de un tal Quizquiz, ora de la presencia de este mismo con un ejército considerable en Guamanchucho, lugar distante a lo mas cien millas del campo español; rumores que tenian en constante vijilancia a los conquistadores hasta el punto de pasar las noches en vela infantes i caballeros, temerosos de una sorpresa.

De resultas de esto se formó un partido encabezado por Almagro, socio de Pizarro, i robustecido por el fraile Valverde, que pedía la muerte de Atahuallpa como indispensable para la seguridad de la conquista.

Negose al principio Pizarro a dar oídos a los partidarios de Almagro i Valverde; mas Felipillo, que nunca estaba ocioso en tratándose de perjudicar a Atahuallpa. descubrió a aquel la conferencia habida entre el Inca i Challcuchima, de la que había sido Felipillo testigo oculto; asegurándole que le constaba que un ejército de cerca de treinta i cinco mil indianos estaba acampado en los alrededores de Jauja.

Este último golpe venció a Pizarro; el cual dispuso al punto que se sometiera a juicio el acusado.

Los cargos hechos a Atahuallpa llegaban a doce, pero los principales eran el de usurpacion del reino, el de asesinato de Huascar, el de dilapidacion de los caudales públicos, el de idolatría, el de adulterio i el de conspirador.

Examinados los testigos peruanos que obraban en el proceso, i tomadas las declaraciones del caso, por medio de Felipillo que cuidó de acomodar estas a sus miras, todos resultaron contestes en la culpabilidad del presunto reo. En consecuencia, la justicia española lo condenó a ser quemado vivo la misma noche del dia de la sentencia.

Presentada esta al fraile Valverde para que la firmase, por denegacion de once de los juezes, lo hizo diciendo:

- En mi opinion, el Inca merece de todos modos la muerte.

Así cumplían en la América los sacerdotes católicos su apostolado de de paz.

...

Digamos dos palabras sobre el paradero de Quizquiz i Challcuchima.

Tan luego como el primero de estos salió de la conferencia que tuvo con Atahuallpa, se encaminó a Andamarca, donde por entónces se encontraba prisionero Huascar, i trasmitiendo a sus custodiadores la órden fatal, una tarde, a la caída del sol, fué conducido el hijo infeliz de Coya a orillas del rio que bañaba el poblado. Fué allí despojado de sus vestiduras, atado de piés i manos con fuertes ligaduras i arrojado a las aguas.

Una veintena de hombres, a lo sumo, acompañó al desgraciado príncipe en sus últimos instantes, detras de los cuales marchaba Challcuchima, envuelto en su manto de campaña i con ademan taciturno.

- Me quitais la vida, pero no olvideis que pronto sereis muertos como yo. El cielo permite que queden en los estranjeros mis vengadores.

Tales fueron las postreras palabras del auqui en cuyo natalicio bailaron cien ñusticuna asidos de otros tantos anillos de una cadena de oro.

Muerto Huascar, Challcuchima emprendió viaje al Cuzco a verse con Quizquiz.

Encontráronse  estos dos guerreros en la gran fortaleza, donde se había hecho fuerte Quizquiz con los restos de sus soldados; i convinieron reunir a la mayor brevedad todos sus parciales para ir a libertar a Atahuallpa.

El mismo dia de la entrevista se despacharon chasquis a donde Scyri Paccha i se tomaron varias disposiciones salvadoras; entre las cuales se acordó la de que miéntras Quizquiz cuidaba del Cuzco, i presentaba un centro de reunion a los peruanos que aun amasen su libertad, Challcuchima iria a Jauja a levantar cincuenta mil soldados. Marchó en efecto Challcuchima para Jauja, i obró con tanta actividad, que en ménos de un mes contaba ya con ausilios poderosos.

Entretanto, Hernando Pizarro, que por mandato de su hermano, había ido a despojar el templo de Pachacamac de sus ricos adornos, deseoso de hacer algo mas, resolvió atacar a Challcuchima con un puñado de sus tropas; resolucion que abandonó bien pronto por lo continjente de sus resultados, para apelar a la astucia i a la mentira. Presentóse, pues, al jeneral indiano, i le dijo que iba de parte de Atahuallpa con la órden de que se presentase en el campo español. Challcuchima cayó incautamente en el lazo; i dejando sus tropas con órden de que fuesen a incorporarse a las de Quizquiz, partió en el acto para Cajamarca.

Una ves Challcuchima en este lugar, no le fué permitido ver al prisionero real.

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