XVII
La jente de Huascar era innumerable, pero casi toda bisoña, por
componerse de la última recluta hecha en el país. Sus mejores
oficiales habian quedado muertos en Ambato, i los que no,
inutilizados por sus heridas. A lo que si se agrega el terror de
que estaban sobrecojidos por su inesperado desastre, tendremos que
concluir que su posicion no era mui lisonjera.
El desaliento i el disgusto se dejaban sentir a cada paso en
unas filas que ya habian perdido el engreimiento de sus pasadas
glorias; i hasta se murmuraba del paso dado por Huascar provocando
una guerra injusta. Síntomas todos precursores de la derrota.
Los dos ejércitos vinieron a las manos en la llanura de
Quipaypan, i vinieron como dos ejércitos que juegan al azar de un
solo combate el todo por el todo.
La batalla duró doce horas completas. Los grupos cuzcoanos
fueron diezmados en todas direcciones, oponiendo una resistencia
digna de sus mejores dias, i muriendo con la abnegacion propia del
soldado que sabe que debe su vida a su causa.
Huascar hizo prodijios de valor.
Pero ¿qué eran estos comparados con los de Quizquiz i
Challcuchima? Sus contrarios cedieron en todos sus flancos, i
huyeron con el atolondramiento i la confusion de la derrota.
Huascar fué en su alcanze, i reuniendo unos mil hombres de su
antigua guardia, hizo frente con ellos por algunos instantes.
Heróico, pero desgraciado intento! Los quiteños cayeron sobre él
como una avalancha de bárbaros, i cuando la muerte lo había dejado
sin amigos i sin trono, manchado el vestido con sangre enemiga, los
ojos encendidos de furor i el cabello en desórden, fué aprisionado
por Quizquiz, al tiempo que su brazo poderoso tendía por tierra sin
aliento a todo el que osaba pónersele delante.
Huascar deseaba morir combatiendo, pero, como a Napoleon en
Waterloo, la muerte lo respetó en el momento mas solemne de toda su
vida.
La noche, como deseosa de poner término a la matanza i a la
desolacion, descendió lóbrega de la cumbre de los Andes, i sus
calladas sombras trajeron el descanso a los enfurecidos
combatientes, cuyo lecho de reposo debía ser un campo de cadáveres,
que hacía horizonte a todos rumbos, resonante de ayes lastimeros e
imprecaciones horrorosas.
Indudablemente el trono de Huascar se había desplomado bajo el
peso de su destino.
Quizquiz i Challcuchima vieron la primera luz del siguiente dia
desde las almenas de la gran fortaleza del Cuzco, a la sazon
repleta de sus huestes victoriosas.
- Qué jornada la de ayer! esclamó el primero.
- Magnífica! No la hubiera imajinado mejor.
- Por mi parte, me declaro satisfecho.
- Por la mia tambien.
- Qué diferente noche la de ayer comparada con la última que
pasamos en Yucay, en la que salimos vencidos i desterrados.
- Sí; i en la que desfogaste tu rabia con el pobre de
Lloque.
- En mi vida he descargado mi huactana con mas furia.
- Al fin el hombre nos había perdido.
- Esta vida es una cadena de compensaciones.
- Así es, i nosotros hemos devuelto conquista por conquista.
- Pero no devolveremos deshonra por deshonra, arrastrando a
nuestras tiendas las mujeres i las hermanas de Huascar.
- A propósito, qué valiente jefe es! Creo que ha corroborado la
idea que yo tenía de él, de una manera digna de encomio.
- Me parece mejor soldado que jefe.
- Confio en que Atahuallpa sabrá mui pronto nuestra
victoria?
- Ya he despachado una comision a anunciársela, pero he querido
hacerlo desde el palacio mismo de Huascar.
- I Scyri Pacha?
- Tampoco la he olvidado; aunque retirada de la política desde
la muerte de Huayna Capac, es demasiado importante para descuidarla
en estos felizes momentos.
- Toma! dijo Quizquiz con bonísimo humor, pero si te has
olvidado del mejor de la partida.
- Yo?
- Sí, tú.
- I de quién me he olvidado?
- De nuestro buen amigo el Amauta.
- No, que lo he puesto a prevenir conspiraciones en los
calabozos de la fortaleza.
- Solo?
- Está con él su noble parentela. Estos acontecimientos tenian
lugar en la primavera de 1532.
...
Luego que Atahuallpa supo la victoria de Quipaypan i sus
consecuenciales resultados, como la prision de su hermano i la
inmediata ocupacion del Cuzco, sin levantar su campo de Cajamarca,
dió órden para que el ilustre cautivo fuese trasladado a las
cárceles de Jáuja, donde debía ser guardado escrupulosamente.
No llevó hasta este punto solo sus precauciones Atahuallpa, pues
hizo morir a todos aquellos de quienes tenía desconfianza, ora por
las justas pretensiones que podian manifestar al trono del
infortunado Huascar, ora por la adhesion que le habian profesado
siempre.
La historia se detiene con un deleite cruel, en los detalles de
estas muertes que el deber terrible de la conquista hizo consumar
al afortunado bastardo; pero nosotros nos apartamos de ella en este
punto indigno de toda fe, por lo exajerado de sus relatores; entre
los cuales descuella Garsilaso de la Vega, en nuestro humildísimo
concepto, el mas visionario i el ménos imparcial de todos los
cronistas del Nuevo Mundo.
En buena hora que la conducta de Atahuallpa no fuese una
conducta acreedora a todas luzes a elojio; pero la de cuál
conquistador lo ha sido? La de ninguno; porque de ninguno podía
serlo. La ficcion de un conquistador humanitario, es una ficcion
imposible. Pero creemos nosotros que Atahuallpa no llevó su tiranía
mas allá del limite sangriento que le trazaba su propia seguridad.
Seguridad de usurpador, eso sí, i como tal, algo exijente para no
estribar en cadalsos, los que nunca creemos que se hicieran
estensivos a las mujeres o a los niños.
El triunfo de Atahuallpa se supo rápidamente por ámbos reinos, i
ámbos reinos doblaron sus aplausos al vencedor: su ovacion, no
obstante, no era aun completa; porque para completarla se
necesitaba que el bastardo ciñera su frente con el rojo cordon,
emblema de la dignidad imperial. Ciñola, pues, en sus reales de
Cajamarca; i desde las faldas del Imbabura hasta el ardiente
Atacama, saludaron millones de súbditos al nuevo emperador.
La estrella del bastardo tocaba, o mejor dicho, había tocado a
su zenit, i la irradiacion de su glorioso disco era una irradiacion
infinita. Guai de él! empero: tras de ese zenit escelso estaba el
ocaso, el ocaso con todo el pavor de sus sombras! ...