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XVI



Tenemos ya a Atabalipa de inca. Atabalipa, el bastardo, a quien llamaremos de aquí en adelante Atahuallpa, por ser este su verdadero nombre, que fué sustituido por aquel en su infancia, como un diminutivo de cariño.

Durante los primeros años siguientes a la muerte de Huayna Capac, Atahuallpa i Huascar reinaron, cada uno en sus dominios, en medio de la mayor tranquilidad i sin motivo de rezelos ni sospechas, al ménos aparentemente. Circunstancia que prometía las mas lisonjeras esperanzas para lo futuro, i que había hecho desaparecer del seno mismo del confiado Huascar los fundados temores que, en una época no mui remota, abrigara relativamente a la política de su hermano.

Empero, el aspecto que presentaban los dos reinos era totalmente diverso: en el del Cuzco las cosas seguían su curso ordinario, ésto es, la poblacion se multiplicaba, la abundancia i la civilizacion crecian; i una paz completa era el precioso resultado del entendido i nada pretensioso gobierno del hijo de Coya. En el de Quitus, por el contrario, la actitud que se había hecho tomar a los súbditos era cada dia mas militar i alarmante; por todo el país se decretaban levas numerosas, i una oficiliadad distinguida, a cuya cabeza se encontraban nuestros antiguos conocidos, Quizquiz i Challcuchima, rodeaba, afanosa, a Atahuallpa, que mas parecía un jeneral en medio de su campamento, que un rei en medio de su corte.

La noticia de esta actitud militar desde luego sobresaltó un tanto a Huascar; pero se le hizo creer, por lo pronto, que ella no tenia otro objeto que poner al reino en estado de defensa, por si la anunciada invasion de los estranjeros llegaba a efectuarse, i se efectuaba de una manera hostil. I hasta llegó a insinuársele que observara una conducta parecida. Diose Huascar por satisfecho con la esplicacion, i el temible Atahuallpa llevó adelante sus preparativos.

Estaban estos ya para terminarse, cuando, rezelosa nuevamente la corte del Cuzco, envió una embajada a Atahuallpa exijiéndole una esplicacion terminante de su conducta, i el rendimiento del homenaje que le era debido a Tavantinsuyu, como conquistador.

Esto era todo lo que necesitaba el ambicioso Atahuallpa, i para lo cual había agotado su astucia, haciendo inspirar idea tan atrevida al Amauta por medio de sus corresponsales del Cuzco, para que este se la inspirase, a su turno, a Huascar; una vez que, para emprender la conquista que desde mui atras meditaba, era preciso un pretesto cualquiera; que paliase un tanto a los ojos de la multitud la enormidad i sin razon de su delito.

El embajador de Huascar fué recibido i tratado con la dignidad de su rango; pero no se dieron oidos a ninguna de sus jestiones, terminando por despedírsele con el anuncio para su amo de que iban a romper las hostilidades.

Esta noticia en nada sobrecojió a Huascar, quien, previéndola, i confiando en lo inmenso de sus recursos, había hecho tambien sus aprestos de guerra, i soñaba con caer sobre el bastardo, como un torrente salido de madre, i acabar con él; poniendo asi término a esa lucha temeraria i silenciosa de tantos años, entre hermano i hermano, que los rodeaba a ámbos de peligros, i que hacía de todo punto imposible la existencia de uno de los dos. Empero, el destino lo había ordenado de otra suerte.

Declarose rota la paz entre las dos naciones, i avanzando cada cual ácia su adversario, avistáronse los ejércitos en los campos de Ambato, en las faldas paramosas del Chimborazo. Diese el combate, que duró un día entero, i fué en estremo sangriento; pero triunfó Atahuallpa, que, al número, opuso la disciplina de sus soldados i la eficazia de su jénio. Los del Cuzco perdieron su jefe en el campo de batalla, i huyeron, en el terror de la persecucion, hasta las estremidades mas apartadas del imperio.

El bastardo se aprovechó de este espléndido triunfo para continuar su marcha victoriosa hasta las puertas de Tumipampa, ciudad que, lo mismo que el partido de Cañaris, aunque dependiente de Quitus, se había declarado en favor de Huascar. Entró Atahuallpa en ella, i, deseoso de sentar un prescedente que le ahorrase en lo futuro resistencias parecidas, pasó a cuchillo a todos sus moradores, i arrasó todos los edificios hasta el punto de nivelarlos con la tierra.

Suerte igual cupo al rebelde partido, no obstante que de todos sus poblados salian, en lúgubre procesion, sus habitantes, con palmas en las manos, a implorar el perdon de su irritado señor; que, sordo a las suplicas i empedernido al llanto, quitó la vida a todos los varones capases de llevar armas.

Como el sanguinario monarca lo había previsto, los sucesos de Cañaris aterrorizaron todas las naciones enemigas; las cuales abrieron sus puertas al conquistador, i le recibieron bajo arcos de triunfo i con gritos de admiracion, en su marcha rápida a la santa ciudad de los incas.

Habiendo llegado al pintoresco valle de Cajamarca, como unos siete grados al sur de Quitus, determinó fijar allí su cuartel jeneral, miéntras el grueso del ejército, a órdenes de sus capitanes mas distinguidos, Quizquiz i Challcuchima, avanzaba sobre los muros de la ciudad.

Anduvieron estos a marchas forzadas hasta que, pasando las aguas del Apurimac, sentaron con osadía sus reales en frente mismo de la opulenta Cuzco; i, como Huayna Capac, su conquistador, lo había hecho treinta años atras, desafiaron a su contrario en el corazon mismo de sus dominios.

Los sueños de represalia militar de Quizquiz i Challcuchima estaban a punto de realizarse.

Recibida por Huascar la triste noticia del desastre de Ambato, hizo un esfuerzo supremo i reunió de nuevo una hueste numerosa para atajar el paso a su enemigo; pero segun el pernicioso consejo de los sacerdotes, resolvió esperar a este en las cercanías de su consternada capital.

Lució al fin el dia que iba a decidir de la suerte de los don imperios. Huascar en persona había vivaqueado la noche precedente a tiro de honda de sus contrarios, notándose desde la madrugada en ámbos campamentos el movimiento i los aprestos precursores de un dia de batalla.

La víspera había dicho Quizquiz a Challcuchima:

- Creo que va a llegar el momento deseado.

- Pues yo voi mas léjos que tú, respondiole Challcuchima, con sonrisa de gozo, yo no creo solamente, sino que estoi |seguro de que va a llegar

- Pelearemos como leones.

- Así, al ménos, lo exije nuestro honor nacional.

- Por mi parte, solo siento que no sea el mismo Huayna Capac el que dirija la batalla, en vez de ese cuitado de Huascar, cuyos mujeriles sentimientos lo han perdido.

No seas ingrato, Quizquiz; recuerda que por sus |reiteradas instancias se te levantó en otro tiempo el destierro, dijo Challcuchima burlando.

- I a tí tambien.

- Pero yo nada digo; al paso que lo creo tan valiente como su difunto padre, pero ménos político.

- Sea como tú lo dices; mas, bueno es que no perdamos el tiempo, i vamos a dar un rodeo por el campamento: tengo sed de pelea.

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