José Eusebio Caro (1817 - 1853)
En alta mar
¡Céfiro rápido lánzate! ¡rápido empújame y vivo!
Más redondas mis velas pón: del proscrito a los lados,
¡Ház que tus silbos susurren dulces y dulces suspiren!
¡Ház que pronto del patrio suelo se aleje mi barco!
¡Mar eterno! ¡Por fin te miro, te oigo, te tengo!
Antes de verte hoy, te había ya adivinado;
¡Hoy en torno mío tu cerco por fin desenvuelves!
¡Cerco fatal, maravilla en que centro siempre yo hago!
¡Ah, que esta gran maravilla conmigo forma armonía!
¡Yo, proscrito, prófugo, pobre, infeliz, desterrado,
Lejos voy a morir del caro lecho paterno,
Lejos ¡ay! de aquellas prendas que amé, que me amaron!
Tánto infortunio sólo debe llorarse en tu seno;
¡Quien de su amor arrancado, y de patria, y de hogar y de
hermanos
Sólo en el mundo se mira, debe, primero que muera,
Darte su adiós, y por última vez, contemplarte, Oceano!
-Yo por la tarde así, y en pie de mi nave en la popa,
Alzo los ojos -¡miro!- ¡sólo tú y el espacio!
Miro al sol que, rojo, ya medio hundido en tus aguas
Tiende, rozando tus crespas olas, el último rayo.
Y un pensamiento de luz entonces llena mi mente:
¡Pienso que tú, tan largo, y tan ancho y tan hondo y tan
vasto,
Eres, con toda tu mole, tus playas, tu inmenso horizonte,
Sólo una gota de agua, que rueda de Dios en la mano!
Luégo, cuando en hosca noche, al són de la lluvia,
Poco a poco me voy durmiendo, en mi patria pensando,
Sueño correr en el campo en que niño corrí tántas veces,
Ver a mi madre que llora a su hijo, lanzarme a su brazos...
¡Y oigo junto entonces bramar tu voz incesante!
¡Oigo bramar tu voz, de muerte vago presagio...
Oigo las lonas que crujen, siento el barco que vuela
-Dejo entonces mis dulces sueños y a morir me preparo.
¡Oh, morir en el mar! Morir terrible y solemne,
Digno del hombre! -¡por tumba el abismo, el cielo por palio!
¡Nadie que sepa dónde nuestro cadáver se halla!
Que echa encima el mar sus olas, y el tiempo sus años!