Francisco Antonio Vélez Ladrón De Guevara (1721 - ? )
Llora la santísima
virgen maría al niño dios perdido en el templo
ENDECHAS
La lumbre de mis ojos
Blanco de mis cariños
El alma de mi vida
Y la vida de mi alma se ha perdido.
Dadme, ángeles, noticia
Pues que bien conocido
Tenéis al dulce dueño,
Tenéis de mis pesares el alivio.
Decidme si a los cielos
Acaso se ha subido
Que sólo por buscarle
Escalaré las cumbres del Olimpo.
O si acaso en la tierra
Su luz se me ha escondido,
Que por hallarle solo
Iré a los Garamantas y a los Indios.
Mirad que sin mi Amado
Ya yo sin vida vivo
Y cercada de penas
En cada aliento muertes mil respiro.
Mas ya que las celestes
Mentes a mis gemidos
No responden, decidme,
Hombres, si por ventura le habéis visto?
O si no bestias fieras,
Aves, fuentes y riscos,
Agua, tierra, fuego, aire,
Decidme dónde se halla mi querido.
Y si buscáis las señas
Es un pequeño niño
Más rojo que la grana,
Más blanco que la nieve y que los lirios.
Espaciosa la frente,
Cabellos de oro rizo,
En sus cejas se mira
En dos iris un orbe repartido.
Bajo de ellas se engastan
Dos luceros tan lindos,
Que obscurecen las luces
Que los orbes matizan de zafiros.
Ellos son tan brillantes
Que yo misma me admiro
Cómo pueden mis ojos
Mirar sin que tropiecen con sus brillos.
Quizá con sus fulgores
Yo miro lo que miro
Y ciegos con su lumbre
Al mirarle se ven los ojos míos.
Por tanto, dulce Dueño,
Jesús precioso y lindo
Dime si estás presente,
Suene tu dulce voz en mis oídos.
Muéstrame tus mejillas
Más cándidas que armiños
Matizadas de rosas,
Salpicadas de púrpura de Tirio.
Tu risa me demuestre,
Entre el coral partido
De tus labios, los dientes
De alabastro y aljófares bruñidos.
Por qué, Jesús amado,
Tus dedos de jacintos
No darán a mis ojos
Del lugar donde paces, un indicio?
Pues por más que te busco
No te hallo entre los lirios,
Ni pareces, mi Dueño,
en las dulces bodegas de los vinos.
Dónde podré encontrarte,
Mi dulcísimo Niño?
Quién me dará las señas
De joyel tan precioso y peregrino?
Porque si yo no le hallo
Correrán por testigos
De mi indecible pena
Por mis ojos de lágrimas dos ríos.