INDICE





PROLOGO

SIGLOS COLONIALES

Álvarez de Velasco y Zorrilla, Francisco
Vuelve a su quinta, anfriso, solo y viudo
Soneto (Al segundo tomo de Sor...)
Soneto (De los que llamamos bienes ...)
Soneto (Fáciles, y breves remedios,...)
Soneto (Epitafio anticipado...)
Soneto (A dónde iré, Señor, ...)
Soneto (Tu voluntad, Señor,...)

Anónimo
Descripción del Río Bogotá y Salto del Tequendama

De Castellanos, Juan
Un soberbio Panche
El Portugués y su Querida Teresa
Imploración del agua

De Saavedra Guzmán, Martín
Con la excusa de una caída, no se le guardó la palabra
Al logro de sus deseos, y rendimiento de su dama

Del Castillo y Guevara, Francisca Josefa
Afecto 46
Afecto 195 (Villancico al nacimiento ...)
Poema

Domínguez Camargo, Hernando
A un salto por donde se despeña el  arroyo de Chillo
A la muerte de adonis
Al agasajo con que cartagena recibe a los que vienen de españa
A guatavita
San Ignacio de Loyola

Solís y Valenzuela, Bruno
Canción

Vélez Ladrón de Guevara, Francisco
A una dama cariñosa y esquiva
Entrada del virrey manuel antonio flórez y maldonado a santa fe de bogotá
Llora la santísima virgen maría al niño dios perdido en el templo

ROMANTICISMO

Árboleda, Julio
Gonzalo de Oyón
El Caballo
Nunca te hablé

Arciniegas, Ismael Enrique
En Colonia
La flauta del pastor
En el silencio
El poeta mira al parque
El anochecer
Las garzas

Caro, Jose Eusebio
El Ciprés
Despedida de la Patria
En alta mar
Aparición
Estar contigo
La sonrisa de la mujer y el alma del poeta
Héctor

Caro, Miguel Antionio
La flecha de oro
Patria
Pro senectute

Casas, José Joaquín
A solas
La tarde
De noche
La casa en Ruinas

Fallon, Diego
La luna
A la palma del desierto

Flórez, Julio
Ojos
Fulminado
Resurrecciones
Todo nos llega tarde hasta la muerte
¿Quién oye?
A mi madre
La gran tristeza

Gómez Restrepo, Antonio
Los ojos

González Camargo, Joaquín
Viaje de la luz

Gutiérrez González, Gregorio
A Julia
Aures
Ultimo canto de Lord Byron en Grecia
Memoria sobre el cultivo de maíz en Antioquia

Isaacs, Jorge
Las hadas
Saulo  
Elvira Silva
Después de la victoria
Río moro
La tumba de Belisario
Ten piedad de mí

Mejía, Epifanio
Serenata
La muerte del novillo

Mora, Luis María
A un ánfora antigua

Núñez, Rafael
Que sais je?

Obeso, Candelario
Canción Del Boga Ausente

Ortiz, José Joaquín
La sepultura del guerrillero

Peña, Belisario
Dios en el alma

Pombo, Rafael
La   hora de tinieblas
Elvira Tracy
Preludio de primavera a
Noche de diciembre
De noche

Rivas Groot, Jose María
Constelaciones

Uribe, Diego
El templo arruinado

Vargas Tejada, Luis
Al Anochecer

MODERNISMO

Silva, José Asunción
Al Oído del Lector
Los Maderos de San Juan
Juntos los Dos
Poeta di paso
Nocturno
La Voz de las Cosas
Vejeces
...?...
Un Poema
Midnight Dreams
Muertos
Día de Difuntos
Gotas Amargas
El mal del Siglo
La Respuesta de la Tierra
Cápsulas
Madrigal
Sinfonía color de Fresas con Leche

Grillo, Maximiliano
Razas Vencidas

Londoño, Victor M.
Aniversario
En el Puesto de Guardia
Navidad

Valencia, Guillermo
Hay un Instante
Leyendo a Silva
Los Camellos
Las dos Cabezas
A la Memoria de Josefina

López, Luis Carlos
Hongos de la Riba
Tarde de Verano
De Sobremesa
Frente a mi Casa
A mi Ciudad Nativa
Versos a la Luna
Muchachas Solteronas
A un Bodegón
Medio Ambiente
Nueva York

Barba Jacob, Porfirio
Futuro
Canción de la Vida Profunda
Soberbia
Balada de la Loca Alegría
El Son del Viento
Canción del Tiempo y el Espacio
Lamentación de Octubre
Los Desposados de la Muerte
Elegía de Septiembre

Castañeda Aragón, Gregorio
Rumbo Río Janeiro
Barrio de Pescadores
Canción para el Niño que Nació en el Mar

Garrido, Gilberto
Azul del Hijo Muerto

Rasch Isla, Miguel
Tu Palidez
Tu Boca

De la Rosa, Leopoldo
Canción del Mar
Nocturno XXV

Rivera, José Eustasio
Soy un Grávido Río
Cantadora Sencilla
Atropellados
Vibradora Cigarra
En la Estrellada Noche
Sintiendo
Mientras las Palmas Tiemblan
Cubre el Silencio

Castillo, Eduardo
El Sueño Familiar
Dualidad
Incertidumbre
Difusión
Ella
Al Oído
Desfile Blanco
El Idolo
Arieta
Sensación Crepuscular
Bajo el Angelus
Interrogante
Hernando Domínguez Camargo (1606 - 1659)
 

 

San Ignacio de Loyola

Poema Heróico

Libro Primero-Canto Primero (fragmento) 


BANQUETE

LII

Damascada pensión de los telares,

flamenca Aracnes descogió,

arrogante, entre hilados jazmines y azahares,

no menos blanco lienzo que fragrante.

Muró de crespas garzas, no vulgares,

sus orillas la mesa, en que arrogante,

crestado un lienzo sobre el otro,

hacía entallada de nieve cetrería.

 

LIII

Sol un salero, confusión de estrellas,

desmembrado en sus piezas,

derramaba; y, rayo de oro la menor,

centellas en las nubes de lino fulminaba.

De opimos frutos y de flores bellas,

Amaltea sus cuernos trastornaba sobre los cedros,

que cansados gimen de las grandezas

con que los oprimen.

 

LIV
Rojo penda terliz, ya que no bello,
sobre el pico, ni adunco ni torcido,

o fuelle de zafir sople en su cuello
a su canto, ni arrullo ni gemido,
el ave que, en el hombro o el cabello,

ya del Inca es diadema, ya vestido;

que hospedando en sus arcas al oriente,

voló a la mesa desde el occidente.

 

LV

Mentida Isis en la piel, pudiera
acicalar en Argos el desvelo
de la que el tauro codició ternera,

por darle ilustre sucesión al cielo;

lasciva Parca de las flores era la que

(la luna el cuerno, el sol el pelo)

víctima cayó idónea, y dio la vida
por que pródiga fuese la comida.

 

LVI

Cuantas copias el gallo perezosas

(ceñido de rubí crespo turbante)

si bellas no, crestadas celó esposas,

gran turco de las aves arrogante,

tantas con quejas lamentó amorosas

( torcido el cuello, aun de la más amante)

cuando el estrago, que él lúgubre llora,

el fuego enrubia y el rescoldo dora.

 

LVII

Alma de las arterias de la sierra,

en blandas pieles Dédalo mentido,

aquel que en laberintos mil se encierra

en un taladro y otro que ha torcido

conejo, aun desde el centro de la tierra

espíritus le late al prevenido

can, que lo fía en el convite ileso,

en fe que es suyo el uno y otro hueso.

 

LVIII

Al que la leche le ministra pasto

(desvigorada la nerviosa pluma),

eunuco muere de las aves casto,

pájaro sea plebeyo, alado Numa;

el que el piélago al aire náda vasto,

en los platos es ya tan rara suma,

que al paladar su copia nunca vista

nuevas Indias de gula le conquista.

 

LIX

Aquel a cuya huella aun no vacila,

el jazmín que del aura ha vacilado,

y al ardiente clavel le despabila

las cenizas del alba no violado,

su muerte en el del can dentado Scila
el ciervo halló infeliz: pues, destrozado,

de aquello que le rompe el arrecife,

un plato y otro fue dorado esquife.

 

LX

Alada de dos remos, la barquilla,

halcón a quien dio el remo leve pluma,

de la alcándora absuelta de la orilla,

rompe en región azul nubes de espuma;

no las caladas de su aguda quilla

(garzón del mar) el sábalo presuma

falsear velos o desmentirlas mudo,

que es su garra el arpón que sintió agudo.

 

LXI

Del coso sale, que muró una roca,

a la plaza del piélago espumoso,

toro el atún marino, que convoca

al uno y otro remo perezoso:

cálase al mar el fresno que lo toca,

de un joven impelido así nervioso,

que, borrándole al mar limpios cristales,

es ya, varado, escollo de corales.

 

LXII

Cimiento el plomo, si la corcha almena,

nudoso muro al mar, la red se tiende;

provincias mil de escollos encadena

y ciudadanos mil del agua prende:

ni al de lúbrica piel vale la arena,

ni el de escamas armado se defiende;

que es la mesa teatro, en tanta suma,

del secreto ignorado aun de la espuma.

 

LXIII

El que el arroyo cristalino muerde

bruñido junco, ya oficioso cubre

panal de leche, en su colmena verde,

de la oveja labrado en ubre y ubre,

con quien, helada, por morena pierde

la que ordeñó a las nubes nieve octubre:

canas ésta peinó siempre vulgares,

porque es la leche Adán de los manjares.

 

LXIV

Peinóse hebras de nieve la pechuga

sobre la leche, que templó süave

electro, que la abeja que madruga

a libarlo a la flor, cuajarlo sabe;

o se densa en las llamas, o se enjuga

éste, que, medio leche, medio ave,

centauro es de la gula, en el convite,

del griego el metamórfosis repite.

 

LXV

El cadáver augusto de la fruta

que en bálsamo de almíbar se preserva

en las mesas, al huésped se tributa

en la embebida en ámbares conserva.

Por imán de las tazas se diputa,

cuanto salada más, menos acerba,

en sazón a la sed siempre oportuna,

retaguardia a las mesas, la aceituna.

 

LXVI

Pelicano de frutas, la granada,

herida en sus purpúreos corazones,

su leche les propina colorada,

en muchos que el rubí rompió pezones.

Baco, que la admiró desabrochada,

apiñados le ofrece los botones

en el racimo que cató respeto

al vino de quien es diez veces nieto.

 

LXVII

Hijas del soplo, nietas de la hierba,

las tazas débilmente cristalinas,

y las que el chino fabricó y conserva

en las que pudre al sol conchas marinas,

con las que antigua sucesión reserva,

partos de Ofir en sus primeras minas,

dora el antiguo Baco, aún más precioso

que el cristal puro y oro luminoso.

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