Francisca Josefa del
Castillo y Guevara (1671-1742)
Poema
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y hablando con la cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
¡Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento buscó esos raudales;
si te ofendí protervo,
ya busco arrepentido de mis males,
y no me he de apartar de tu presencia
sin favor, sin perdón, y sin clemencia!
En esa cruz clavado
arco de paz te hicieron tus finezas,
y pues, enamorado,
así encender pretendes las tibiezas;
que se abrasen las mías, hoy te ruego,
con tu luz, con tu llama, con tu fuego.
El Dios de las venganzas,
un tiempo los profetas te llamaron;
mas ya mis esperanzas
desde que hombre te hiciste mejoraron,
pues Dios de amor, te mira en prisiones
sin arco, sin saetas, sin arpones.
Ya se acabó la guerra,
no más pecar, Señor, no más, te ofrezco;
vea el cielo y la tierra
que aunque el perdón que pido no merezco,
me lo da tu bondad; y en tanta gloria
la corona, la palma, la victoria.
A mi Padre he enojado
por las culpas que ingrata he cometido;
la llaga del costado
me la puedes mostrar, amante herido,
que con su vista no has de ser,espero,
tremendo, rigoroso, justiciero.
Y de tu Madre Santa
mira los limpios pechos, mi sagrado;
¿qué daré en dicha tanta,
sabiendo ya por quien me ha perdonado?
Pues se acaban (poniendo allí los ojos)
las iras, los rigores, los enojos.
Por sustentarme echaste
el sello de tu amor en una oblea;
tu sangre derramaste,
queriendo que a mi sed bebida sea.
No permitas malogren mis furores
tus finezas, tus ansias, tus amores.
Yo cometí el pecado
cual oveja voraz, la más perdida,
y tuve olvidado
en los pastos del mundo divertida;
pero tú, reducirme a ti procuras,
con ruegos, con piedades, con dulzuras.
Pastor y pasto mío,
que me has buscado, sin ahorrar rigores
del invierno en el frío,
y del verano ardiente en los ardores;
no salga yo otra vez, para mi daño,
del redil, del aprisco, del rebaño.