EXPULSIÓN DEL PARAÍSO
Masaccio
Para Renato Sandoval
Ni siquiera las lágrimas
aaiespesas como el mercurio
ni el yunque ardiente
aaique les quemaba muy adentro
ni los kilómetros de zarzas
que hicieron sangrar sus tobillos
ni la prolongada llovizna
aaque los recibió de pie en la intemperie.
Nada, nada de eso, ni las semanas ni las arenas
aini las sucesivas generaciones
han podido borrar de nuestros cuerpos
hese aroma a jazmín que un día muy lejano
trajeron del Paraíso.
BELLA FERRONIERE
Leonardo da Vinci
No fue debido a la blancura cegadora
de la nieve
que desviaras la mirada.
Herida mujer de amores,
protegida por una cierta cinta negra que sostiene tu frente
te asomas decidida a la ventana de la torre
intentando contener ese llanto que sólo el corazón produce,
que sólo del engaño emana.
Las fugaces alondras
que cruzan sobre tu tristeza
nada pueden hacer por aplacar
esa brasa que atormenta el fondo de tus ojos.
Como si te acusaran de olvido
volteas a mirar con rabia, con fiereza,
esa voz alguna vez amada
que ahora te separa de la nieve.
KATIA LEYENDO
Balthus
No existe mayor placer en la vida
Katia, que espiarte
en las tardes de los sábados
cuando en tu cuarto lees solitaria
ese libro de pastas amarillas.
Por cada página que pasas
deslizas como un gato angora
las plantas de tus pies sobre la alfombra,
mientras tus piernas que suben
que bajan que se encogen que se estiran
van descorriendo poco a poco tu falda,
milímetro a milímetro,
hasta aproximarse peligrosamente a tu sexo,
a tu bahía secreta, a tu pócima mágica,
a tu jardín incluso por ti desconocido.
No existe otro placer en la vida
como éste, katia, de los sábados
cuando espiándote detrás de una pared
esperamos el momento en que reconozcas
que la edad de la inocencia
ha llegado a su fin,
que por todo tu cuerpo una serpiente
te ofrece la más tentadora de las manzanas
y decidas entonces desnudarte y descubrir
con tus dedos y ante nuestros ojos
esa llama oculta que arde de deseo,
y mires desafiante con pavor y placer
el mundo al que ahora perteneces.
Reservas de visibilidad
De fulgores se componen los días. Encontrar de repente una
escalera de piedra ablandada por el manso pregón del musgo.
Descubrir un fotógrafo detenido en un parque, iracundo de eternidad
ajena. Admirar una tarde, entre las islas, un alargado juguete de
madera rodar sobre las tablas de un muelle. Hallazgos que nos
llaman al orden, que ocupan el espacio de su revelación y arrojan
para siempre su claridad inmediata. Y ya no podemos ser los mismos.
Tantos
hallazgos nos aguardan. Sólo por eso la vida parece ser
eterna.
aaaaaDe vestigios se componen los días. Por ejemplo, cruzar un martes
delante de la casa abolida. Y recuperar muros repletos de ladrillos
y sentir el viento lejano de las carcajadas como truchas
transparentes luchando entre las camisas. Empuñar manijas. Repetir
un nombre en el eco sin escapatoria de los baños blancos. Bajar por
calles que obligan al pie a detener su impulso y a enderezar el
cuello. Vestigios que nos llaman al orden, que ocupan el espacio de
su revelación y arrojan su claridad inmediata. Y ya no podemos ser
los mismos. Tantos vestigios nos acechan. Sólo por eso la vida
parece eterna.
aaaaaaEntre fulgores y vestigios.
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