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INDICE
Prólogo
Horacio Benavides (1949)
Piedad Bonnet (1951)
William Ospina (1954)
Rómulo Bustos Aguirre (1954)
Víctor Gaviria (1955)
Gustavo Adolfo Garcés (1957)
Alberto Vélez (1957)
Fernando Herrera (1958)
Flobert Zapata (1958)
Orlando Gallo (1959)
Jorge García Usta (1960)
Joaquín Mattos Omar (1960)
Hugo Chaparro Valderrrama (1961)
Jorge Cadavid (1962)
Ramón Cote Baraibar (1963)
Óscar Torres Duque (1963)
Gloria Posada
Juan Felipe Robledo (1968)
Pascual Gaviria (1972)
Felipe García Quintero (1973)
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Selección de poesía Colombiana, años 80 y 90
Prólogo
Los años 80 y 90, en la poesía colombiana, son años de polifonía
poética. De individualidades aisladas que dialogan solas con la
tradición y con sus influencias. Años de proliferación promiscua,
los ha llamado Cobo-Borda. Que se caracterizan porque los poetas
que en ellos comienzan a publicar no tuvieron voluntad de grupo o
movimiento literario.La polifonía de esta época rompe con una
tradición de movimientos dentro de la historia de la poesía
colombiana, como son: el Nadaísmo, aparecido en el país en los años
60, el de la revista Mito, nacido en los 50, el que se agrupó bajo
el nombre de Piedra y Cielo, en los 30, o el de las revista Los
Nuevos, en los 20.Ya en la década del 70 se había roto parcialmente
con esta tradición, con el surgimiento de la llamada Generación sin
nombre, Generación desencantada o Generación de Golpe de Dados. Un
grupo de poetas que no tuvo intención alguna de ser un movimiento
literario, pero que por cierta exploración común en el lenguaje y
el trabajo de algunos de ellos en la revista Golpe de Dados fue
llamado generación. En el caso de la poesía de los años 80 y 90, a
pesar de su ya mencionada polifonía, es posible encontrar ciertos
rasgos comunes, ciertas tendencias. El crítico y también poeta, que
hace parte de esta antología, Jorge Cadavid, ha señalado, en su
antología inédita de la poesía colombiana: Bitácora de la diáspora,
los siguientes cánones sueltos, como él los llama, de la producción
poética de este periodo:
|Son poetas que rinden homenaje a los maestros de las
generaciones precedentes (Mito, Piedra y Cielo, Nadaísmo,
Generación sin nombre).
No plantean una ruptura con sus antecesores, sino que por el
contrario los asimilan y realizan una lectura crítica de sus
obras.
Son voces plurales, en las que la experimentación e innovación se
ligan a la tradición: tradición de la ruptura.
Son autores que reflexionan sobre la poesía dentro de la poesía
misma.
Su actitud crítica se refleja en una desconfianza ante el lenguaje
y cierta tentación por el silencio.
Tienden a una eliminación de la sintaxis, a una destrucción del
discurso lineal así como del yo poético (lo que quiere decir que se
prefiere el uso de la tercera o segunda persona antes que el de la
primera).
Gustan del empleo de metáforas herméticas, de difícil
interpretación, con cierta oscuridad deliberada.
Entienden la poesía como un palimpsesto.
Limando las aristas políticas, los jóvenes poetas siguen siendo
disidentes a su manera, en especial de toda deshumanización, venga
de donde venga.
Exploran la poesía conversacional y coloquial.
Sus posiciones ideo-estéticas aparecen catalizadas por el humor y
la ironía. Creen en el desprestigio de toda utopía (religiosa,
política, filosófica, científica).
Cadavid también menciona cinco tendencias bajos las cuales se
pueden agrupar a algunos de los poetas de este periodo. La primera
de ellas, y según él, la más notoria, es la crítica y autoirónica,
en la cual: el verbo desencarnado y el desenfado expresivo orientan
su mirar hacia lo interior, en busca el hombre escindido y anónimo
de la ciudad, los espacios urbanos y la enajenación del cuerpo, los
asuntos domésticos y la reflexión sobre la inutilidad de la
escritura. En esta tendencia ubica a Piedad Bonnett. Pero ésta
también podría ser la búsqueda de Gustavo Adolfo Garcés, Joaquín
Matos Omar y Orlando Gallo, que tienen además una poesía un tanto
llana, no exenta de lirismo; en la cual, lo cotidiano, el ámbito
del barrio y lo aparentemente banal son asuntos
transcendentales.
La segunda línea expresiva, dice Cadavid, la constituyen los poetas
de talante clásico. Poetas que entran en diálogo con el panorama de
la poesía universal. Clásico, según él, puede entenderse como
esteticista. Aquí ubica a Hugo Chaparro Valderrama y a Ramón Cote
Baraibar. Aunque también podrían estar William Ospina, Horacio
Benavides y Alberto Vélez, conformando una corriente que es además
un tanto erudita y de gran lirismo.
La tercera vertiente, dice, es la barroca: donde el reino de la
imagen prolifera en una descarga estilística de símiles y
retruécanos. En este apartado, Cadavid incluye a Juan Felipe
Robledo. Pero podría decirse también que Jorge García Usta hace
parte de esta vertiente.
La cuarta tendencia es la de carácter prosaico y narrativo. En
donde se destaca una obsesión por la cotidianidad que lleva a estos
poetas hasta los límites de la prosa, con un lenguaje escueto, de
corte coloquial. Cadavid, advierte que el rock y el cine han tocado
especialmente a estos poetas. En esta tendencia sitúa a Óscar
Torres y a Víctor Gaviria. Pero sin duda Fernando Herrera y Flobert
Zapata podrían formar parte de ella.
En el quinto y último conjunto agrupa a aquellos que intentan
solucionar el poema mediante un discurso de corte filosófico. La
imagen poética sirve aquí para comunicar, argumentando, lo que
subyace a las apariencias sensibles. En esta corriente de
extrañamiento fenomenológico, a veces metafísico o incluso místico,
Cadavid incluye a Pascual Gaviria y a Felipe García Quintero.
Aunque el mismo Cadavid y Rómulo Bustos podrían estar en este
grupo.
Estas tendencias ofrecen una manera de leer la poesía de esta
época, pero no necesariamente de leer esta antología. La selección
de los poemas se valió de la sensibilidad y el gusto de sus
compiladoras. La escogencia de los poetas tuvo como criterio
principal que ellos hubieran publicado su primer libro entre el año
1980 y 2000. Luego la selección estuvo marcada por criterios, sin
duda injustos y excluyentes, como que los poetas hubieran obtenido
premios y menciones en concursos de poesía nacionales e
internacionales, contaran con más de dos libros publicados y
hubieran sido incluidos en antologías de poesía colombiana.
Esperamos que los lectores sepan perdonar estar arbitrariedad.Por
último hay que decir que esta antología quiere ser apenas un
abrebocas a la riqueza y la variedad de la obra de los poetas aquí
incluidos y a la poesía misma, que es en últimas lo que nos
interesa.
|Catalina Arango y Ana Isabel Correa.
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