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CAPITULO VI.
 
La familia del empresario.

AUNQUE yo sentia que gozaba de la felicidad en aquella casa, noera justo ni prudente permanecer en ella por mas tiempo. Lainteresante historia de mi huésped, apénas principiada, me habiadetenido, i aunque yo no tenia urjencia en continuar ese dia miviaje, estaba abusando de la jenerosidad hospitalaria. Dije pues alnegro que me hicieran el favor de traer mi bestia.

- ¿Tiene usted urjencia de seguir hoi su marcha? me dijo mihuésped.

-Urjencia no, pero……..

-Me prometia yo el placer de presentarle la servidumbre de michagra o, hablando con propiedad, los compañeros de mis laborescampestres. Si usted no sufre perjuicio, me seria mui grato quefuera su permanencia aquí indefinida; hasta que sienta el fastidio.Los que vivimos retirados de las poblaciones, los que estamosdestinados al campo, deseamos siempre visitantes como usted, paradar espansion al espíritu en la comunicacion del pensamiento; paracomerciar en el cambio de las ideas, una vez que este es uno de losfactores del progreso de la humanidad. I como creo que seréfavorecido por usted; esto si no tiene inconveniente, haré prepararcaballos para ir al establecimiento.

Le dí las gracias, poniéndome a sus órdenes. Un poco despuesseguiamos en direccion al injenio de azúcar. La vejetacion semostraba por todos lados vigorosa; la frondosidad de las selvasentraba en competencia con lo gracioso de las colinas; a medida queavanzábamos variaban la decoracion del campo i los accidentes delterreno. Mi huésped estuvo pensativo mas de quince minutos i yo nome atreví a interrumpir su meditacion; al fin me dijo:

- ¿Quiere usted que continúe el relato de mi historia?

-De mui buena voluntad, pues mantengo vivo el recuerdo delprincipio, i he deseado con ansia la continuacion.

-Pues bien; habia dicho a usted que mi adorada Emilia habia dadoa luz un niño, mas bello i mas gracioso que el ánjel del amorinventado por el jenio para coronar a Vénus naciente entre lasespumas de las aguas. Mi placer era supremo al contemplarlodespierto, entre mis brazos, o dormido en los ajuares de la cuna.Yo espiaba inquieto su semblante, esperando con impaciencia eldulce i amoroso encanto de su primera sonrisa: llegó el momentodeseado i mi sér quedó en éxtasis contemplándolo i sintiendo laemocion mas grata de la vida: la dulzura, la gracia i el amor sedibujaban en su rostro iluminado por la aurora de la inocencia. Yapuede usted figurarse cuáles serian mis cuidados para conservar suexistencia, siendo yo panteista, es decir, creyendo que al morirterminaba la vida, yendo el sér a confundirse con lo absoluto, comola chispa que luce i se apaga, volviendo al fondo de donde salió, aperderse en el todo de su oríjen.

Suspendió por un instante su relacion, como impresionado, iluego me dijo:

-Juzgo que debo anticipar algunos rasgos de mi vida anterior amis desposorios, para que al fin resalte mas el cambio que hanproducido en mi espíritu los sucesos posteriores de miexistencia.

Mi padre era un cristiano a la antigua: creía en Dios a ojo deciego; rezaba i hacia rezar en la casa como un católico i cumplialo mejor posible los preceptos de la Iglesia. Descendiente de unode los conquistadores, heredó estensos terrenos en este valle isostenia el cultivo de ellos con los brazos de mas de veinticincoesclavos que habia comprado. Comprometido en favor del Gobiernocolonial en la guerra de la independencia, perdió la mayor parte desus bienes, pero salvó la vida oculto en un sitio de Cajamarca,protejido por una familia de indíjenas. Pasada la borrasca, hallóla proteccion de uno de los libertadores i se dedicó a trabajarpara reponer algun tanto las pérdidas que habia sufrido. Yo teniaentónces ocho años; empezó mi educacion entregándome al cura paraque me diera las primeras lecciones de latinidad; a los siete años,me llevó a la capital i me colocó en el colejio con la mira de quesiguiera la carrera eclesiástica. En los dos primeros años deestudio observé una conducta un tanto formal i sumisa, pero altercero empecé a desviarme del camino que mi padre me habiaelejido: me inclinaba mas a los encantos del matrimonio, que a laventajosa suerte que prometia en esos tiempos la sotana i lacorona. Para no fatigar a usted con la narracion de mis locuras, lediré, que me convertí en un solemne calavera i que mi padre haciael gasto, pues yo siempre le escribia con trozos de latin, imanteniendo sus ilusiones le decia: que no esperaba sino la edadpara ordenarme. ¡Pobre padre mio! a vuelta de correo me llegaba laremesa doble. Mis lecturas favoritas eran de preferencia en lasobras de los que en el siglo pasado se titulaban filósofosdespreocupados, como en las de Holbac, Condorcet, Voltaire i otrospor el estilo, obteniendo por resultado que vine a formar para míla creencia de los panteistas. Creia que la vida era como el fuegofatuo que brilla i se estingue sin dejar rastro despues de suaparicion. A los veinticinco años de mi edad murió mi padre, i vinea encargarme de lo poco que poseia. Mi madre murió dos añosdespues. Parece que yo iba entrando en juicio; sinembargo,conservaba la aficion al baile i a otros pasatiempos como él, quesi acaso pueden ser diversiones inocentes, no dejan en el almavestijios de provecho, propiamente hablando.

Un dia llegué a Mulaló a tiempo que una familia compuesta de dosjóvenes i hermosas niñas, sus padres i un sirviente, iban aembarcarse para pasar el rio del Cauca; como era natural, prestamis atenciones a todos i especialmente a las dos niñas. Al dar lamano a la mayor para que entrara en la embarcacion, fijé en ellamis ojos a tiempo que ella fijó los suyos en los mios i la vípalidecer i sonrojarse al instante; yo sentí algo desconocido isemejante a una conmocion eléctrica; pero a la vez suave como labrisa del mar cuando refresca los ardores del sol tropical, dulcecomo el céfiro de la mañana. Desde ese momento empezó unatrasformacion en mi modo de ser: pasaron por mi memoria comofantasmas acusadores los hechos de mi disipada vida i me juzgabaindigno de aspirar a la posesion de una belleza en quien se hallaraencarnada la virtud; e impresionado así, dejé la senda de losdesaciertos i tomé decididamente el camino del bien i de lahonradez para hacerme acreedor a las consideraciones de lasociedad, i sobre todo, aceptable a los ojos de Emilia. Esta fué laniña de mi encuentro en el paso de Mulaló. Tres años de trabajo ide prueba, mejoraron algun tanto mi condicion moral; yo l1egué aser en realidad otro hombre; tal es el imperio que ejerce lamujer.

A este punto de la narracion llegó mi huésped cuando entrábamosa las enramadas del injenio. Mas de quince personas de ambos sexosnos rodeaban, saludando a mi huésped con sonrisa i marcado afecto;dejaron todos sus oficios para recibirlo. Él, luego que echó pié atierra, fué estrechando la mano de cada uno, diciéndole algunaspalabras de cariño, como si fuera el padre amoroso de esos séres ino el amo severo o indiferente a la condicion de sus sirvientes oasalariados. Despues de esto, volviéndose hacia mí, dijo:

-Aquí tiene usted mi familia, tengo el placer de ponerla a susórdenes.

En seguida me paseó por el establecimiento; en éste se hallabatodo con arreglo i limpieza; el órden en que se hallaban las hormasde azúcar imitaba el de una colmena; los obreros continuaron susoficios, cantando unos, riendo otros i todos contentos, como en unafiesta de familia: llovian los chistes i las graciosaschanzonetas.

El molino estaba compuesto de tres cilindros de piedra contambores de madera dentados, i sus planos en posicion horizontal;el que ocupaba el centro, tenia la parte superior de su ejeprolongada mas de tres metros i en su estremo estaba asegurado,pero de modo que pudiera jirar para poner en movimiento elconjunto; de ese estremo i 30 centímetros hácia abajo partian doslistones tambien de madera en forma oblícua i un travesaño que losligaba, formando un triangulo isósceles; los dos lados iguales deéste se prolongaban un metro hasta dar con las corvas de un caballode regular estatura para atar las correas del aparejo de una bestiaa cada lado. No se necesitaba sino la fuerza de un caballo paraponer el tren en ejercicio, pero se ponian dos para aumentar lavelocidad i hacer ménos duro o ménos laborioso el esfuerzo de losanimales. La hornilla era de reverbero, con tres fondos, i sealimentaba con poca leña i el bagazo i hojas de la caña. Todas lasoperaciones de la fábrica desde el corte de la caña hasta lacristalizacion de la azúcar, me parecieron recreativas con aquellosoperarios; i aunque allí el agua i el vapor no eran empleados comoajentes o motores, el producto no bajaba de un veinticinco porciento, como término medio, sin dejar de incluir el interes delcapital invertido en el establecimiento i el del terreno ocupadopor la empresa.

Despues que hice mis observaciones i que obtuve los informes quepedí, le suplique a mi huésped que me permitiera tomar nota deaquéllos i de éstos, i al efecto me senté en una banca, bajo lamisma enramada del molino, i tomando el lápiz empecé a escribir enmi cartera. Entre tanto que yo me ocupaba en esto, mi huéspedrelevó en persona a uno de los obreros, diciéndole: "todo no ha deser rigor, déjame tu puesto." Despues de unos veinte minutos llamóal obrero para que volviera al trabajo, se levantó i fué areemplazar a otro.

Aun yo habia hecho ya mis apuntamientos, finjia que continuabaen ello; esto, a fin de no impedir a mi huésped su libertad, i almismo tiempo para observar hasta dónde alcanzaba la abnegacion delhombre en servicio de los jornaleros. No pude averiguar esto,porque poco despues llegó un amigo de mi huésped a quien éste dabael nombre de "El Filósofo," i así lo llamaré al ocuparme de hablarsobre las ideas científicas de mi huésped en relacion con lasemitidas por el recien llegado, dignas de mencion.

Fue recibido por mi huésped el visitante, con la cordialidadinjénita que le caracterizaba, e inmediatamente me lo presentó i lehizo mi presentacion, siempre con palabras benévolas i marcadafinura.

-Nos iremos para la casa, dijo, pero ántes iremos a pasear losentables de caña para que este caballero que ha venido a visitar elestablecimiento, pueda tomar nota llevando así algo nuevo en sucartera i un recuerdo mas en su memoria.

Decia esto último aludiendo a mí. Inmediatamente partimos.Realmente era digno de visitarse ese campo cubierto de la preciosacaña de azúcar color de oro, con penachos verdes por corona. Treshombres se ocupaban en cortarla, tres en limpiarla i dos enconducirla para el molino; operaciones que ejecutaban al compas desu canto.

Regresamos, i al pasar por las enramadas del establecimiento,nos obsequiaron los obreros con un refresco rustico i delicioso:habian colocado una mesa cubierta de naranjas, caimitos, nísperos icocos tiernos partidos en dos cascos; todo esto bajo las sombras deuna hermosa platanera, cuyas hojas de una frondosidad i estensionfabulosas, daban al sitio la frescura i el encanto.

-Aquí tienen ustedes, dijo mi huésped, el convite de mi corte iel palacio de mis convites: no hai vasos de oro, ni cristal deIslandia; no hai vinos de la Mancha, ni pudin de Lóndres; pero encambio tenemos el sabroso néctar i el delicioso jugo elaborados porla madre tierra, servidos en las mismas copas en que fueronfabricados por la jenerosa naturaleza.

Verdaderamente, pudiera despreciarse el lujo i etiqueta de lamesa i los palacios de los reyes en cambio de aquel rústicobanquete.

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