CAPITULO IV.
El derecho de la defensa ante la lei moral.
CONTINUAMOS el camino en silencio, i despues de unos minutos dehaber callado mi huésped, vimos a un mismo tiempo, en la via quellevábamos, un pliego de papel en forma de carta. Yo eché pié atierra, lo tomé i ví que estaba el sobreescrito dirijido a mihuésped i se lo entregué; él lo abrió i despues de haberlo leido melo devolvió, diciéndome que me impusiera del contenido. Este era enletra mal formada el siguiente:
"Esta noche asaltarán su casa seis disfrazados para robarle; hesido convidado i no he podido escusarme sin riesgo. Este aviso selo doi en agradecimiento de un servicio que usted me prestó i queno olvido."
Al terminar la lectura pregunté: ¿conoce usted la letra?
-No señor, i poco valdria el conocerla.
-¿Cree usted que este proyecto sea una cosa real i que lo llevena efecto?
-Es posible.
-¿I qué piensa hacer usted? ¿Cómo piensa evitar el golpe?
-En verdad, no pienso sobre esto. ¿A usted se le ocurrenmedios?
-¿Cuántas personas tiene usted en la casa?
-Cuatro, contando en éstas el ama de llaves i la cocinera.
-¿Puede contar usted con agregados (arrendatarios) fieles paraeste caso?
-Creo que todos pueden servirme de buena voluntad.
-¿Tiene usted armas de fuego?
-Hace mucho tiempo las proscribí de mi casa por inútiles i aunpeligrosas.
-Armas blancas?
-La herramienta de labor del campo.
-Pues bien; creo que debe usted hacer llamar inmediatamente aunos ocho agregados, armarlos con las hachas, machetes, palas&,ª con lo que se pueda, a fin de asegurar la defensa iescarmentar a los bandidos. Debe usted contar conmigo. No tengausted cuidado; "a guerra avisada no muere soldado."
Nos acercábamos a la casa, mi huésped guardó silencio; estabapensativo, lo que me hizo juzgar que la amenaza habia afectado susér desfavorablemente.
El sol declinaba entre nubes rojas i sus postreros rayos teñianlos objetos de color de sangre. Yo veía esto como un mal presajio.El hombre se preocupa siempre con todo lo que de algun modo serelaciona con el pensamiento que lo domina en las situacionesdifíciles o anormales.
Llegamos al patio de la casa; un negro esperaba en la puerta;nos desmontamos i éste llevó las bestias al interior. Entramos a lasala principal, i en ella se hallaba una mujer llorando, la quedijo a mi huésped que deseaba le oyera a solas unas palabras; éstesalió con ella al corredor, hablaron durante unos tres minutos ivolvió él a entrar a la sala i la mujer se despidió. ¿Qué pudodecirle esa mujer? Mui natural era juzgar que fué a fin deanunciarle tambien el asalto. La piedad es injénita en las mujeresi posponen todo a la salvacion de sus amigos o protectores. El,nada me dijo; yo esperaba con ansia que empezara a dar órdenes paraprevenir el ataque, i sobre todo, que mandara llamar a losagregados, pero nada me hacia notar alteracion en ese hombre; suquietud me hizo juzgar que estaba aturdido o anonadado.
Las sombras de la noche empezaban a estenderse sobre elhorizonte; al mismo tiempo se iba formando en la atmósfera un mantode nubes que presajiaba tempestad o por lo menos una oscuridadtenebrosa. Parecia que la naturaleza estaba dispuesta para protejerel crímen. Yo meditaba entónces sobre las ventajas que hai en lospoblados para un caso de esa clase; fácilmente se obtiene ausilio,en tanto que en el desierto del campo no hai amparo i a cada horase halla espuesto el hombre a ser víctima de los malvados.
El peligro me parecia bien grave si no se preparaba alguna jentearmada para la defensa. Yo esperaba por momentos que se dictaranórdenes a efecto de procurar la seguridad, pero en tal sentido noadvertia nada: todo en la casa indicaba quietud i completaconfianza.
Al fin mi huésped llamó al negro i le dió órden para quepusieran luces en la entrada i corredores de la casa. El ama dellaves se presentó en seguida, diciendo: ya está todopreparado.
Calmó el temor i sobresalto que me preocupaban, pues juzgué quela mujer del llanto habria recibido órden de citar a los agregados,que éstos ya se hallaban en la casa i que todo estaba preparadopara la defensa; pero mi huésped sacó del error mi pensamiento,diciéndome:
-Vamos, esta señora es enemiga del ayuno, de tal modo que aun encuaresma le hace a uno pecar contra el precepto de la iglesia: lamesa esta servida; cuando anuncia que esta preparado todo, noconsiente en que haya demora en acudir, vamos.
Fuí conducido al comedor; estaba éste espléndidamente alumbradoi embellecido por vistosos floreros que despedian aromasesquisitas. Sentados a la mesa, mi huésped empezó a manifestarmeque sentia i habia sentido siempre un placer indecible contemplandola hermosura i belleza de las flores i que era tal la pasion que lodominaba por esas hijas de la poesía del Creador, que no pasaba diaen que no dedicara algunos momentos en su cultivo i algunos minutosen la contemplacion de sus graciosas i atractivas formas. A medidaque me iba refiriendo algunos detalles sobre el cultivo,hibridaciones e injertos que habia ejecutado con éxito feliz, seanimaba su fisonomía e iba mostrándose mas comunicativo. Disertabasobre los poderosos medios con que el arte ausilia a la naturalezaen estos últimos tiempos, habiendo alcanzado el hombre, por elavance a la perfeccion de aquel, el aumento en la hermosura icolorido de las flores i el gusto dulce i delicado de losfrutos.
Yo estaba confundido con la indiferencia i aun el olvido de esehombre respecto del ataque anunciado para esa noche; sinembargopresumia que en alguna disposicion dada, i que me habia ocultado,fincaba la seguridad que se revelaba en él.
Pasada la hora de la colacion continuó hablando de variosjéneros de plantas, de las propiedades vitales de éstas, de susensibilidad, necesidades, sufrimientos, goces &,ªconcluyendo por decirme que él hallaba entre algunos animales i lasplantas, como séres vivientes, la sola diferencia de que aquellosgozan de la facultad del movimiento de traslacion i éstas no.
-Vamos, me dijo entónces, al cuarto de mi escritorio. Si ustedno está cansado, seguiré refiriéndole mi historia; en ello sientouna mezcla de placer i de tristeza que me complace mas que el gocedepurado
Al levantarnos no me pude contener en mi ansiedad de saber loque habia dispuesto para la defensa, i le dije:
-Me permite usted preguntarle, puedo saber qué medidas ha tomadousted para impedir el asalto?
-Ninguna otra que hacer iluminar los corredores i la entradapara que no hallen tropiezos en el caso de que lleven a efecto lavisita. ¿Sabe usted por qué me he desentendido de eso? Es lo massencillo decírselo: porque tengo la conviccion de que nadie puedehacerme daño si yo no lo merezco; i al contrario, si lo merezco,debo ser víctima hasta del mas insignificante insecto. Hai algosuperior a toda tentativa humana : Alejandro i Aníbal, Napoleon iWellinton, Washington i Bolívar, i mil i mil guerreros, fenecieronrecostados en su lecho, sinembargo de haber paseado con denuedo enlos campos de Marte, cruzando entre los rayos de la muerte. ¿Porqué? Hai una Providencia que en el ejercicio de su justicia,retiene o no, el brazo que intenta herirnos. No se preocupe usted;estamos mas seguros así, indefensos como nos hallamos, que si nospreparáramos a resistir con armas. ¿Seriamos mas felices si, porevitar un daño, matáramos a un hombre o lo hiciéramos inútil de porvida?
-Pero la defensa es natural i la permite la lei; ademas, no hairesponsabilidad en herir o matar cuando es uno atacado.
-Perdone usted que contraríe su opinion sobre eso: es verdad quela defensa es permitida por la lei, i que ésta no hace responsableal defendido aunque llegue a causar la muerte de su agresor; perohai un poder mas elevado en el órden social, que preside a laejecucion de las acciones humanas, i es, el de la moral, queprohibe absolutamente hacer el mal, sin escepcion de personas, demotivos, ni de situaciones. El que priva a otro hombre de la vida,puede escapar del castigo de la lei humana, pero en el antro de laconciencia i ante la lei moral, lleva por dondequiera la sierpe delremordimiento i arrastra la soga de Cain en su camino. Siempreaparece de mejor condicion la víctima que el victimario.
Ahora comprenderá usted por qué no tengo ni una sola armaofensiva en mi casa. El uso de armas ofensivas es peligroso aunpara los que piensan como he manifestado a usted que pienso sobrela responsabilidad moral del matador; ¿por qué? la contestacion esobvia: porque hai veces que la sangre del hombre provocado hierve,el delirio de la fiebre le acomete, se ofusca la razon, predominael instinto de la fiera i el arma sirve de instrumento alestravío.
- ¿De modo que no debe emplearse medio alguno de defensa?
-Sí, amigo mio, el amor, la justicia i la caridad. Estas son lasarmas defensivas de mas eficacia para desarmar al enemigo. Escierto que para conseguir estos medios es necesario que entre enbatalla el espíritu con la carne, la razon con el instinto, paraabatir el orgullo, aniquilar el egoismo i perder la vanidad, i quetodo esto no se consigue en un momento; pero una labor constante isostenida en tal sentido, al fin produce el resultado a que seaspira. Guta cavat lapidem;
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este es un axioma reconocido en elmundo.
No vaya a creer usted, amigo mio, que yo soi un hombre justo, nique haya profesado en mi vida estos principios: he sido pecador; hepasado por las sendas del mal, dejándome llevar al impulso de laspasiones malévolas; he sido víctima de la incredulidad sobre losdestinos de mi sér; he sido torturado por la duda, vagando en lastinieblas de la incertidumbre sobre un mas allá de esta vidaterrestre; he fincado la felicidad en el tanto por ciento, en elcálculo del interes; he puesto mis acciones en un platillo de labalanza i en el otro, el oro o el placer mundano; miraba laevolucion vital de cada sér como la de la molécula de agua que nacedel océano en forma de vapor, que vaga o cruza por los aires idesciende luego a las montañas o a los valles i vuela o corre hastavolver al fondo a confundirse con su oríjen; i para economizarpalabras, diré a usted, que me hallaba sumerjido en las tinieblas,hasta hace poco tiempo que el espíritu de mi esposa bajó del cielotrayendo un rayo de luz que hizo penetrar en mi espíritu.
Guardó silencio; tal vez la evocacion de algun recuerdo sellósus labios. Yo no pude resistir la impaciencia por oirle i quisereanudar su relacion desde su última palabra diciéndole:
-¿Cómo?
-Permítame usted volver al principio de la relacion de lahistoria de ese período de mi vida que empezó a los destellos de laluna de miel. Involuntariamente he anticipado uno de los hechos masimportantes que han iluminado el camino recto del porvenir para miespíritu.
Serian las nueve de la noche. Se oyó un gran ruido de caballos ifrenos en el patio de la casa. Yo me sobrecojí; mi huésped selevantó en el acto i se dirijió a la puerta; yo me le interpuseembarazándole el paso: queria salvarlo, ocurriéndome la idea deasegurar por dentro la puerta i guardarnos allí hasta que lossalteadores o bandidos hubieran escapado despues de haber ejercidosu profesion en los demas departamentos; pero no lo pude contener;salió, dirijiéndose al encuentro. Cuatro hombres bien montadoshablaban paso inmediatos al corredor de la entrada; al ver a mihuésped esclamaron a una voz: "buenas noches," i uno de ellosañadió: "¡hola, primo, hemos llegado como convidados al baile!"
-Desmóntense ustedes, ¿a qué debo tan grata visita a estashoras?
-Pasábamos por el camino de regreso a la hacienda, vimosiluminada la casa i resolvimos venir a participar de lafuncion.
Ya los dos sirvientes de la casa i otro que venia con losvisitantes, habian tomado los caballos i empezaron adesensillarlos.
Despues de la salutacion i abrazos de cariño e instalados todosen la sala principal, dijo mi huésped:
-Si la iluminacion atrajo a ustedes, creyendo que habia aquíalguna funcion o pasatiempo, han sufrido un chasco; mandé ponerluces en los corredores porque esperaba una visita anunciada.
- ¿De quién? preguntó uno de los recien llegados.
-De unos amigos, contestó mi huésped. I como para no dar lugar amas investigacion sobre eso dijo:
-Verdaderamente me ha parecido estraño el arribo de ustedes aesta hora.
-Gracias al faro de su casa, que nos hizo presumir que usted sehallaba en pié; pues aunque habiamos pensado pasar aquí la noche,que en realidad está oscura, tenebrosa, juzgamos ántes de ver lasluces que ya estaria durmiendo i habiamos determinado seguir.
Siguieron hablando de asuntos de familia i luego la conversacionrodó sobre la constitucion i faces de la luna. Conversacionprovocada por haber dicho uno de ellos, viendo un retrato que sehallaba sobre una mesa:
-He visto hoi unas planchas fotográficas tomadas de las faces dela luna, en Lóndres, por medio de un telescopio de gran potencia.Se ven las montañas de ese satélite semejantes a las de nuestroplaneta i hai un volcan parecido al vesubio de Nápoles.
-De modo que no es mal fundada la opinion de algunos sobre laexistencia de habitantes en la luna, dijo otro.
-Esas no son mas que meras conjeturas, dijo el tercero.
Mi huésped callaba pero interrogado por uno de ellos sobre estoúltimo, dijo:
-Es razonable i lójico creer que el soplo de Dios animó lacreacion de todo el universo; i que los mundos, las estrellas, lossoles i todos lo astros que pueblan el espacio infinito i quevienen a ser el resultado de la accion constante i progresiva delCósmos en los siglos, son otros tantos lugares destinados parahabitacion de los séres que entonan sus alabanzas. La pluralidad delas existencias en los diferentes medios de nuestro globo, en elaire, en el agua, en la tierra, en la savia de los troncos, en lashojas de las plantas, en los órganos de los animales, en lassecreciones, en la sangre, en todas partes, en todos los lugares,nos hacen juzgar por analojía, que no hai astro alguno destituidode séres vivos e intelijentes que lo pueblen. Natural es que susformas sean variadas segun el medio atmosférico en que se hallen,como lo son en la tierra las de los que habitan en los diferentesmedios o lugares de existencia.
En el principio, átomos de igual naturaleza material, de igualesdimensiones i propiedades i con una misma esencia o fuerza anímicadotada con el sentimiento del amor, móvil o impulso hácia elprogreso; átomos lanzados en el espacio sin límites, atrayéndose entorbellino perpetuo, buscándose i uniéndose para formar los mundosdel infinito microscópico, así como las estrellas i los soles delinfinito jigantesco ruedan incesantemente en las profundidades deléter, formando pléyades inconmensurables de orbes luminosos,impropiamente llamadas nebulosas. Hé aquí la admirable obra de lasabiduría infinita: sencillez i uniformidad en la creacion,grandeza; hermosura i esplendor en el desarrollo deella…………….
Despues de haber hablado sobre varias cosas, pasamos aldormitorio. Eran las doce de la noche.
No pude conciliar el sueño, meditando en los acontecimientos deldia i, sobre todo, en el carácter i modo de ser de mi huésped. Suconducta franca, amorosa, caritativa i resignada a lascontrariedades de la suerte, me hacian ver en él un modelo delhombre virtuoso, un tipo del sér humano mas feliz sobre la tierra.Yo estaba ansioso de oir la relacion prometida de su historia,principalmente porque en ella debia hallar los motivos seductoresque habian operado en él ese cambio de su modo de ser moral. Yo nodebia abandonar aquella mansion sino despues de haber satisfecho miescitada i viva curiosidad. Yo me sentia inclinado a seguir ladireccion que habia tomado ese hombre en el camino de la vida;empezaba a esperimentar en mis ideas, en mis juicios, unamodificacion semejante a la que se nota en la flor marchita por losardores del verano al recibir las primeras gotas de la lluvia quele hacen revivir; sentia como el despertar de un sueño pesado idelirante a tiempo que el ruiseñor saluda con armonioso canto losprimeros resplandores de la aurora. Resolví demorar mi viaje portodo el tiempo necesario a la satisfaccion de mi vehementedeseo.
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La gota cava la piedra.
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