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CAPITULO XXIV.
 
Desenlace.

LA noche habia pasado.; a la primera luz del dia, yo me hallabade pié, continuando mi lectura. Cuando el sol apareció levantándosedel horizonte como de entre una cuna de rubíes, yo me encaminaba ala gruta del bosque a orar, en accion de gracias, por losmultiplicados beneficios que me dispensaba el Creadormisericordiosamente. Mi huésped ya habria visitado ese lugar,sagrado a sus recuerdos, pues la gran jarra con la preciosa flor,ya no estaba allí; despues la hallé colocada en la mesa principaldel centro de la sala. Volví luego al gabinete a continuar lalectura. Serian las diez de la mañana cuando se presentó mi huéspedcon el niño en los brazos saludóme con su afabilidad acostumbrada ime preguntó cómo habia pasado la noche. Le contesté que me habiadesvelado algo, meditando en la singular historia del Filósofo; quedeseaba saber cómo habia ido María a vestir el hábito de lascarmelitas en la Habana. Me dijo:

-Cuando el príncipe recibió las llaves del panteon trató deabrir la verja, pero apesar de dar vuelta las llaves, la puerta nocedía. El compañero habia vuelto con dos hombres mas. Todos metianel hombro a la verja, pero inútilmente. Estando en eso, oyen queechan a vuelo las campanas, tocando a fuego; se va uno a inquirir adónde sucedía esa desgracia i vuelve al punto, diciendo que era enel mismo palacio del príncipe; corren éste i sus compañeros allugar del incendio; al desembocar en la calle del palacio, ven queéste se halla envuelto en un torbellino de llamas, el príncipeatraviesa el umbral en direccion al interior con el fin de salvar asu hermana que juzgaba hallarla en una de las recámaras de dormir;no la encontró; ella se habia salvado. Cuando el príncipe intentóvolver a salir, se habia desplomado la parte del edificio del ladode la entrada i no le quedó mas recurso que el de arrojarse a lacalle por uno de los balcones del lado opuesto; a la caida se ledislocaron los huesos de las piernas i de los brazos i fuéconducido en guando a la casa de uno de sus parientes, dondepermaneció en cama seis meses, sin poderse mover. Así pues, fracasósu intento de pasar el cuerpo de María, del panteon a su castillo,o mas bien, así no llegó el caso de penetrar en la mansion de losmuertos i hallar vacía la bóveda en que se habia depositado elcuerpo de María; pues ésta habia sido sustraida por su padre encompañía de Leonídas i Lucio, que fueron los tres bultos que sevieron entrar al panteon al favor de la oscuridad en las primerashoras de la noche. Así María pasaba por muerta para el príncipe,quien mantuvo la creencia de que los restos de su amada reposabanen el panteon de la familia real.

Inmediatamente fué María conducida por el padre en direccion aJamaica a donde Leonídas debia ir a unirse a ella a los tres meses,pero el recio temporal que sufrieron en la navegacion obligó albuque a arribar a la Habana. Allí el padre de María determinódejarla, porque halló las comodidades que deseaba para llevar acabo el proyecto de matrimonio de su hija con Leonídas. Este era eltesoro de que hablé a usted, que el padre de María habia dejado acargo de una familia en la Habana. Ya sabe usted que el padrepereció en el naufrajio i que Leonídas murió de repente diez diasdespues de la inhumacion del cuerpo de María, a causa de la noticiadel naufrajio i de la muerte del padre con ella, pues él no supoque el padre la habia dejado en la Habana ántes del naufrajio. Icuando dije a usted que esos dos ánjeles, Leonídas i María, habianabandonado el mundo, hacia alusion a la muerte de Leonídas i a laprofesion monástica de su prometida, la cual acaeció al llegar a laHabana la noticia de la pérdida de su presunto esposo.

Tambien tiene usted esplicados el interes i la jenerosidadestrema de la monja para con Lucio cuando éste se hallaba en lacasa del pescador, pues que era su hermano.

 

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