CAPITULO XXIII.
Sorpresa.
ERAN las cinco de la tarde del mismo dia; un sirviente sepresentó diciendo que estaban preparados los caballos. Mi huéspedme invitó a dar el paseo a la choza de los huérfanos, pero meescusé diciéndole, que me tenia preocupado su importante relacion ideseaba ocuparme en leer. Se puso en camino i yo me dirijí alcuarto de la librería, tomé El Libro de los Espíritus i pasé algabinete a devorarlo todo, con la vista i con el entendimiento, sime es permitida esta frase.
A las seis i média de la noche llegó mi huésped, trayendo en lacabeza de la silla a uno de los huerfanitos. Salí a recibirlo i medijo:
-Este niño ha dado hoi su leccion con tanto lucimiento, que meha ganado el premio de traerlo para que pase aquí los dos dias quedejo de ir a su casa. Siempre me están ganando estos picarillos elmismo premio; cuando no el uno, el otro; i veces hai, que dos a untiempo.
Yo esperaba que me preguntara o me dijera algo relativo a milectura, pero nada; no me habló ni una palabra sobre ella. Me dijo,que habia concebido la esperanza de la completa reposicion de lasalud de la madre de esos niños, que la habia hallado mui animada.Al decir esto manifestaba cierta satisfaccion. Luego le promoví laconversacion respecto del Filósofo, i aun le pregunté si él tambienera espiritista, i me dijo:
-Sí, lo es, i voi a referirle a usted, en oportunidad, en lacontinuacion de su historia, cómo i cuando se hizo espiritista.
Ya recordará usted que lo dejamos en la prision, despues querindió su declaracion indagatoria en la que se finjió loco. Quincedias mas tarde fué confinado a una isla por tres años, pero ántesde remitirlo a ella, se descubrió que era uno de losespedicionarios del Virginius i se dispuso que se mantuviera en laprision, remachándole dos pares de grillos. Se le siguió unaespecie de proceso sumario i fué condenado militarmente a sufrir lapena de muerte. Unos dias ántes habia llegado a la Habana uncaballero español de alta influencia en el gobierno de esta isla, ila misma noche que Lucio fué puesto en capilla, se le apareciódicho caballero español, habló con él en voz baja; luego le entregóun pliego cerrado i partió.
A las doce de la misma noche salia Lucio francamente sin que selo estorbase la guardia. Al siguiente dia se divulgó la noticia dela fuga de Lucio; las autoridades dictaron las órdenes del casopara aprehenderlo, se practicaron visitas domiciliarias en su buscai se distribuyeron piquetes armados en todas direcciones, con talobjeto. El Juez de instruccion dictaba un auto, ordenando que seexijiese a la madre priora del convento de carmelitas, que dierafranca entrada en el edificio monástico i sus departamentos, paraejecutar allí la pesquisa; esto porque el funcionario se dijo: "ensu indagatoria mencionó Lucio a la madre María de la EncarnacionSoler de aquel convento, es posible que ese hombre estuviera loco ise le escaparan esas palabras, dejando entrever que ha tenidoalguna relacion con las monjas, es probable que se haya asiladoallí." Por una casualidad el caballero español de que hablamosántes, se hallaba en ese momento en la pieza del funcionario deinstruccion, i juzgando tambien que pudiera estar oculto Lucio endicho convento, le preguntó al funcionario por qué pensaba que sehubiera ocultado allí; i en respuesta le hizo leer estas frases dela declaracion de Lucio: "Sor María de la Encarnacion, monjacarmelita." En el acto el caballero español se dirijió al conventode carmelitas a fin de procurar la salvacion de Lucio, si era queen efecto se hallaba allí. Al llegar al locutorio preguntó: sientre las madres habia una llamada Sor María de la Encarnacion. Laportera le contestó que sí. El caballero español le suplicó que sela llamara.
La sala del locutorio se hallaba plenamente iluminada por losrayos del sol que penetraban por las claraboyas; el caballeroespañol se paseaba ante la gran reja que divide la estancia en dosdepartamentos, el de los visitantes i el de las madres monjas; sepaseaba, digo, delante de esa reja del panteon de los vivos, comose paseaba el príncipe Luis ante las verjas del panteon de losmuertos en España: se hallaba ajitado, era viva su ansiedad dehablar con la monja, temiendo que llegase antes de esto el piquetearmado a rejistrar el convento en pesquisicion de Lucio.
Cuando la monja apareció a la reja, el caballero español estabacon la mirada fija en un cuadro en que se hallaba dibujada la urnacineraria de María Estuardo con una inscripcion al pié. Sor Maríade la Encarnacion habló; el caballero volvió hácia ella i alhallarse frente a frente uno de otro, un doble grito resonó en losámbitos del locutorio: "María ! " "¡El príncipe!" Ella perdió lasfuerzas i el sentido; el príncipe Luis, que era el mismo caballeroespañol, intentaba romper la reja como un loco furioso. Al gritoacudieron algunas madres i se llevaron en brazos a María. Elcapellan de las monjas i un compañero que llegaron a ese tiempo ique fueron informados del suceso, se llevaron al príncipe. Lucio sehabia hecho a la vela en un buque inglés que partió al amanecer condireccion a Veracruz.