CAPITULO XXI
La luz del cielo.
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Pocos dias despues de la muerte de Emilia, los písamos delbosque se despojaron de sus lujosos mantos de flores, quedando comose muestran los esqueletos de los tilos i de los álamos en losrigores del invierno, nacidos mas allá de la zona tropical; meparecia que ellos habian ostentado su belleza para el recreo de lavida de mi amor i que muerta Emilia me acompañaban en mi duelo. Lasaves no dejaban de entonar sus melodías en la enramada, perosolamente me impresionaba la voz tierna, triste i quejumbrosa de latórtola, símbolo de los ayes del sér desgraciado en los dolores dela viudez. Los matices seductores del jardin, las bellezasencantadoras de los bosques, el juego májico i hechicero de losrayos de la luz sobre las aguas, en los campos, en los montes, enlos cielos, todo, sí, todo habia perdido sus encantos para mí;todo, absolutamente todo, me era indiferente: nada queria ver, nadaqueria oir; tan solo deseaba hundirme, abismarme en el sentimientodel dolor, aislándome de toda la naturaleza. En ese estado vino amis manos un periódico espiritista i leí algunos capítulos quetrataban de la comunicacion de los espíritus de ultratumba con loshombres, me llamó la atencion i me acudió la idea de probar si esopodia ser cierto. Yo era incrédulo, ya lo he dicho, pero misituacion me conducia a la prueba. ¿Cómo hallarla? Yo no sabia lafórmula de las evocaciones; se me ocurrió escribir a un espiritistade Bogotá, suplicándole que me diera instrucciones para evocar elespíritu de mi esposa i pidiéndole los libros que pudieraninstruirme al efecto. A vuelta de correo recibí carta decontestacion i tres libros, a saber: la filosofía del espiritismo osea El Libro de los Espíritus, el de los mediums i Roma i elevanjelio. Inmediatamente emprendí la lectura, i a medida queavanzaba en ella, me sentia reanimado, revivia mi esperanza i mialma empezó a confortarse, hallando en aquellas pájinas una fuentede consuelo para la desgracia.
Despues que leí esos tres preciosos libros, tomé la pluma i contodo recojimiento evoqué a mi ánjel guardian, e incontinenti obtuvela comunicacion manifestándome que estaba presente, que era elmismo espíritu de mi padre i que a su lado se hallaba el espíritude mi esposa. En el acto me puse en comunicacion con ella, como eranatural, i obtuve que escribiera por tres veces su nombre iúltimamente su apellido con su firma o rúbrica, i con la mismaforma de letra que usaba. Esto era bastante; me quedé enajenado ipensativo unos instantes; entre tanto vino una señora i se llevó eltintero; cuando volví a poner la pluma sobre el papel, sentí otravez el impulso i la pluma corria rayando el papel, sin dejar elrastro de los caractéres pues estaba seca; luego la mano fuéimpulsada hácia arriba i la pluma escribió, estando seca, mas dediez renglones visibles: esto me sorprendió en estremo: ¡escribirsin tinta! i manifesté con palabras amorosas i las mismasespresiones de cariño que usaba para conmigo cuando su espíritu sehallaba encarnado! "Por qué permaneces indiferente al estudio icomunicaciones mias?" escribió; i mi contestacion tuvo que ser deconformidad con aquel estado de duda: "por falta de pruebasfísicas," le dije. Donde habia terminado las palabras escritas,continuó la escritura de esta manera: "Si eso fuera, ya tendriasotras disculpas." Confieso a usted que mi exaltacion llegó alestremo, viendo la mayor prueba de la comunicacion. Reiteré lasexijencias i me dijo algunas cosas que pasaban por mi pensamiento.Se verificaban dos fenómenos a la vez: la penetracion de mipensamiento i la escritura sin tinta. Estoi satisfecho, sigue, ledije; i continuó: "Sigue mis preceptos i no irás por mal camino; unesfuerzo de tu parte i seras salvado; yo no deseo otra cosa i es alo iínico que aspiro." Yo fuera, de sí, dejo correr la pluma iescribe: "Amémonos Rafa mio. En las grandes desgracias que aflijena la humanidad, son muchas el resultado de su propio descuido. Nole sirven de base las lecciones que la historia enseña, i jamas seocupa de lo que comprende su misma existencia. ¿Cuanto noreportaría si supiese el grande beneficio que recibe cada dia envez de apurar su pesada pena? Es difícil para el hombre atender atodo aquello que no materializa su sér: nada valen los hechos, elcalculo (de valor mundano) es su punto de apoyo, de aquí deduce elinteres i donde éste no existe, es ménos la realidad.
"La verdad no es planta que brota ilusiones. Lo nocivo siemprelo es. ¿Qué fuerza obliga a tu espíritu a la mala direccion de lasobras? Esto no se esplica sino por la inclinacion (instintiva ocarnal) que domina; de ahí la pasion nace i donde no se trata deestirpar su raiz, el efecto es semejante a la causa que le produce;despues no se culpa sino a Dios que jamas se mezcla en lo que alhombre perjudica, siendo la razon de esto la pauta de todas susacciones. Pretender medirlo todo por la existencia presente sinconsiderar lo mucho que se espera i debe esperarse en otrascondiciones, es vivir la vida del bruto. Si el hombre no pone nadade su parte, la culpa es suya. Esto te convencerá de la necesidadde la enseñanza tan indispensable como la atencion que debes aella. Porque ¿cuál seria la ventaja que se obtendria sin elestímulo que debe sacrificar la pasion insana? Tanto valdria que laluz fuera oscuridad.
"La responsabilidad es mayor segun el estado de conocimientosadquiridos i proscritas las tinieblas del error. Sí; no hai quedudarlo. Apártate del mal; para eso tienes los medios a tudisposicion. La lei de Dios es el camino para llegar a Él; así tuvida se alijera i llegaras sin tropiezo; verdad es que sucumplimiento aterra al hombre porque la cree contraria a sulibertad; no, lo que es contrario en su ejecucion, es el error, iese no es la lei; la lei, es sencilla: "amar a Dios sobre todas lascosas i a tu prójimo como a tí mismo," en nada escluye tu librealbedrío, porque amando nada pierdes.
¿Algo nuevo o imposible se te exije? ¿Qu sacrificio es este?nada hai que te impida cumplirlo; miéntras que la pérdida es grandesi no conduces la vida segun ese precepto.
"Rafa mio, amemos." Puso su firma.
Ya puede usted considerar la impresion que me causó la lecturade lo anterior, escrito sin intervencion de mi pensamiento. Dejé lapluma i entré en una meditacion profunda i luego esclamé: ¡Benditoseas, Dios mio!
Habia bajado a mi espíritu la luz del cielo, traida por elespíritu de mi esposa! Vea usted aquí la causa de mi trasformacionmoral. Prometí enmendarme i continuar el estudio de la doctrinarejeneradora, el espiritismo. Inmediatamente encargué a Bogotatodas las obras de instruccion espiritista, i he tratado de tomarla senda del bien, en cuanto me es posible. Soi creyente. Diosexiste; el alma es inmortal, i el hombre es árbitro de su destino.Sí, amigo mio, esta es la verdad a la luz de la razon i delante dela ciencia.
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El contenido de este capítulo es histórico i existen losdocumentos auténticos.
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