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CAPITULO XIX.
 
La vida en el universo.

SUPE que mi huésped habia salido, con toda el agua, a socorrer aun vecino que se hallaba enfermo i del cual tuvo noticia esa mañanaque estaba en riesgo de morir, Yo volví a tomar la obra deFlammarion "Maravillas celestes." Llegué al capítulo que trata delos sistemas de mundos planetarios que tienen por centros (a cuyorededor jiran), no un solo sol, sino soles múltiples de coloresdiversos, brillantes unos como el ópalo, otros como la esmeralda,otros como el oro, otros como la escarlata, otros como el rubí,&,ª combinados en sus movimientos i dando a sus familias deplanetas i satélites de éstos, matices mas bellos i variados quelos de las mas vistosas flores de nuestros jardines i ráfagas deluz con los colores del íris decorando sus horizontes: celestesmaravillas que verdaderamente ha llegado a vislumbrar el hombre pormedio del estudio i de la observacion ausiliada por los poderososinstrumentos de óptica, por medio de los telescopios de granpotencia, fabricados en estos últimos tiempos, i sobre todo estopor las concepciones imajinarias deducidas por lo conocido. Elespíritu contemplativo se abisma en la belleza de las bellezascontenidas en la inmensidad del espacio. Lo primero que se ocurreal que penetra con el pensamiento en ese abismo insondable demiriadas de soles inmensamente mayores que el nuestro, es,interrogarse a sí mismo: ¿todos esos innumerables i lucientesmundos que pueblan las rejiones del éter, son desiertos baldíos,estrellas solitarias, mundos muertos, sin flores que los perfumen,sin bosques que susurren, sin aves que gorjeen, sin espíritus quelos habiten i contemplen? ¿No sería una blasfemia del pensamientoimajinar que ese universo espléndido, luciente i majestuoso, queese océano de soles sin riberas, es un inmenso panteon dominado porla muerte i el silencio? La tierra, átomo imperceptible ante esasmoles colosales de luz difusa i de armonía perpetua, la tierra,digo, ¿habia de ser el único astro privilejiado para que morara enella el encanto de la naturaleza i la vida de los séres ¿Por qué?Solo a la ignorancia puede culparse de ese egoismo que ha reducidoal hombre a formarse una idea estrecha i miserable del teatro de lavida, concretándolo al grano de arena que habitamos, a la tierra isolamente a la tierra; es decir, a un grano de mostaza perdido enun punto del espacio infinito.

Tales eran las reflexiones que me hacia, teniendo el libro en lamano i mi pensamiento en los mundos brillantes del universo.

Llegó mi huésped acompañado del Filósofo. La lluvia habiacalmado; el manto de nubes que velaba ántes al sol, empezaba arasgarse, dejando pasar los luminosos rayos con limpidez por variaspartes; los campos aparecian dibujados por la luz i la sombra,ostentando una especie de mosaico pintoresco.

Poco tiempo despues de la llegada de mi huésped con sucompañero, estábamos todos tres en el gabinete, disfrutando laagradable i nutrida conversacion del Filósofo. Siempre habianovedad en sus disertaciones i un fondo inagotable de pensamientosfilosóficos: siempre me parecia inspirado por el jenio de la poesíai por el espíritu de la verdad.

Venian tratando de las diversas manifestaciones de la materia,ya en cuerpos sólidos ya en líquidos, ya en gases. A escitacion miacontinuó el Filósofo hablando sobre lo mismo, así:

-Los diferentes aspectos con que se ostentan los cuerpos, sonnada mas que las diferentes posiciones en que se hallan susmoléculas. El calor, la luz, la electricidad i el magnetismo queson modos diversos de manifestarse el flúido universal que alimentala vida, se hallan al servicio de las evoluciones atómicas en lamarcha progresiva de lo creado. Así como la cohesion que une lasmoléculas homogéneas, la afinidad que une las moléculasheterojéneas i la gravedad que inclina los cuerpos hácia un centro,son modos diversos de manifestar una sola i misma lei, la de laatraccion, o sea, la del amor. Los témpanos de hielo, esas diademasde cristal que coronan las montañas, las nubes que flotan en elcielo a impulso de los vientos, las fuentes, los mares i los riosno son una sola sustancia?

Los átomos en la creacion fueron de una misma i sola naturaleza,i así las clasificaciones que hacen los químicos llamando elementosde los cuerpos al oxíjeno, al cloro, al hidrójeno, al fósforo, alzinc, al oro, al azufre, al manganeso &.ª no son diferenteselementos en cuanto a su naturaleza; esos diversos aspectos de loscuerpos que la química denomina elementos, son manifestacionesdiversas de los átomos segun las evoluciones dé su esencia. Esto loconfirma la observacion hecha por los mismos profesores de químicaen los cuerpos isómeros: unos mismos principios constituyentes encantidades proporcionales iguales, dan por resultado cuerpos decaractéres diferentes, i aun opuestos: el aceite concreto de rosa iel gas infecto del alumbrado, son productos formados por el carboni el hidrójeno, combinados en las mismas proporciones; "en elaceite de limon tan suave i la esencia de trementina tan infecta,la composicion es idéntica i no hai la menor diferencia entre elnúmero i cantidad relativa de cada uno de sus principiosconstituyentes." El carbon i el diamante, tan distintos en aspectoi propiedades, son una sola i misma cosa, de una i sola naturaleza;basta para que se presenten desemejantes, la disposicion en que sehallan colocadas las moléculas de cada uno. Pues bien: todo estocontribuye a probar que los átomos en su oríjen, en la creacion,fueron todos de igual naturaleza i propiedades i que, en lasevoluciones a que se hallan sometidos por su fuerza anímica, handado i dan segun la colocacion atómica o molecular, manifestacionesdistintas. De suerte que el modo de acumulación de los átomos en laformacion de las moléculas i la diferente colocacion de éstas paraformar los cuerpos, dan por resultado las distintas apariencias quepresentan: los grados de concentracion, el peso con relacion alvolúmen, el color i aun el gusto i el olor &.ª Sinembargolas clasificaciones que hacen los químicos, facilitan el estudio delos multiplicados fenómenos que ostenta la materia en las mezclas icombinaciones de las moléculas.

-Segun esa teoría, dijo mi huésped, ¿el mineral, las plantas, elhombre, los planetas, el sol i las estrellas son formados de unasola sustancia?

-Esactamente, manifestada en diversas formas i grados deprogreso a virtud de la fuerza o espíritu que los anima.

- ¡Maravilla admirable! dije, que solamente puede emanar de unpoder supremo dotado de una sabiduría infinita, i todavía masadmirable en presencia de las armonías del universo.

La conferencia terminó por la llegada de un nuevo personaje. Asu presencia partió el Filósofo i yo pasé al cuarto de estudio paradejar a mi huésped solo con el recien llegado. Cuando éste sedespidió fuí llamado al gabinete donde esperaba mi huésped.

 

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