INDICE




EL ANJEL DEL BOSQUE.
 
RECREACIONES MORALES.
 
LIBRO PARA LA FAMILIA.
 
CAPITULO I.
 
La visita del viajero.

AL frente de uno de esos bellísimos bosques del valle delCauca | 1 en donde losburilicos, las palmas i los písamos, elevando al cielo sus verdescopas, dejan descender sus flores para alfombrar el suelo, sehallaba una casa pintoresca i rara porque presentaba a la vista delobservador dos aspectos bien marcados: uno a la distancia de unamilla i otro acercándose  a ella. Los edificios del campo en esehermoso valle, ostentan cierto aire de belleza i elegancia, peroesa casa vista a lo léjos, presentaba la perspectiva de uno de esoscastillos de la vieja España en la edad média abandonados por susdueños i deteriorados por el tiempo, destacándose en el fróntisalgunas elevadas columnas en desórden aunque de graciosas cornisas.El paisaje era tan risueño, que inspiraba el deseo de conocerlo decerca i de examinarlo detenidamente, apesar de que en toda lacomarca formada por el valle se disputan los paisajes los poéticosaspectos de sus multiplicadas bellezas.

En el año de 1873 pasó por el frente de esa casa un viajero, ial verla se detuvo en su camino para contemplarla e impulsado porla curiosidad se dirijió hácia ella i fué sorprendido, mas que porlos encantos que la ornaban, por los sucesos que en ella loimpresionaron. Algun tiempo despues de su estacion en ella, refiriólo siguiente:

"Yo iba de viaje, sin destino cierto, buscando calma a miespíritu abatido por el peso del infortunio. Una de esas mañanas deluz clara i apacible del verano, dejaba ver a distancia lasbellezas rústicas donde sonrie la naturaleza haciendo gala de susgracias. Se presentó a mi vista una casa semejante a un castillo.Al ver ese raro i singular edificio en un pais nuevo donde no hanpenetrado las costumbres moriscas, ni el boato i ostentacion de lasfortificaciones del feudalismo europeo, invita a mi compañero(habitante del Cauca) para que fuéramos a verlo, pues no se hallabasino a la distancia de una milla del camino que llevábamos. A miinvitacion me dijo:

-Vamos, pero es inútil la ida, si es que usted intenta conocerloen sus detalles, porque, segun se dice, ese edificio es el asilomisterioso de un hombre que habla con los muertos, i pocas vecesabre sus puertas a los curiosos.

- ¿Que habla con los muertos?

- Es lo mismo, pues habla con las almas de los muertos.

- ¿Usted lo ha visitado?

-No, señor, jamas me he acercado a esa casa, i no por temor omiedo, pues yo no creo en nada de lo que cuentan que sucede enella, sino porque yo no acostumbro a ir donde no tengo dilijenciaque me produzca algun provecho, que es lo positivo.

Sinembargo de esta observacion, siguió conmigo, pues yo habiadirijido mi bestia hácia el sitio enunciado i continué el diálogodiciendo:

- ¿I qué es lo mas notable? ¿Qué sucede en esa casa de raro?

- ¡Ah! cosas mui estrañas; especialmente la aparicion de unasombra o figura en forma de ánjel, bajo la enramada del bosque.

-Eso…… parece curioso. ¿Ha oido usted detalles sobreese cuento?

-Diré a usted lo que me han dicho. El que habita esa casa es unseñor Rafa, i dicen que es un espiritista, es decir, un visionario,que sinembargo de ser un hombre instruido i benévolo, cree en lasapariciones de las almas de la otra vida, i se asegura que lasevoca i entra en comunicacion con ellas cada vez que lo quiere.Pero sobre todo, tiene la idea, segun cuentan, de ver siempre laaparicion del ánjel, especialmente en la espesura del bosque.

- ¿I hai jente que crea esas cosas?

-Yo, lo que juzgo es, que él sufre un trastorno mental, i quetoma por realidades los fantasmas de la imajinacion, porque el quese muere, se muere, i no tiene mas cuentas con este mundo.

A medida que nos aproximábamos iba disipándose la ilusion que alo lejos producia la fachada del edificio: desaparecia el aspectode castillo para presentar llana i simplemente una casa que teniapor cimiento una pequeña colina a cuyo pié se hallan erguidaspalmas que a distancia simulan columnatas.

Llegamos a la portada del edificio. Un hombre de fisonomíaagradable, aunque de piel tan negra como el ébano, salió arecibirnos. Hablábamos con él cuando se nos presentó el dueño; noshizo entrar i ordenó al sirviente que pasara las bestias a lacaballeriza. Me llamó la atencion su mirada dulce i su semblanterisueño; su trato era afable i sus maneras delicadas. Tendria unoscincuenta años. Su vestido era tan decente como sencillo,consultando el clima. Le manifesté que el atractivo del paisaje desu posesion nos habia conducido a contemplar de cerca la belleza,pidiéndole perdon por la llegada intempestiva, embarazándole quizá,sus ocupaciones.

Se sonrió, diciendo: que estaba a nuestras órdenes, que teniasuma complacencia en recibirnos i que le seria mui grato hacernosconocer la casa i sus departamentos, apesar de que no hallariamosotras singularidades que las que presentaba la naturaleza.

Poco despues nos invitó a pasear el jardin i a ver el bosque iel lago, las tres maravillas que adornaban la habitacion.

Al visitar esos tres bellísimos encantos de esa posesioncampestre, bosque, lago i jardin, sentíase uno como enajenado isorprendido por el juego caprichoso de las bellezas que encerraban.Mas, al recordar la apariencia o la perspectiva que habiamos vistode ese edificio a la distancia de una milla, parecia que se operabaun encantamiento: la decoracion cambiaba completamente, llegandouno a dudar si lo que veía era una realidad o una fascinacion. Elespíritu quedaba arrobado i contemplativo admirando la naturaleza,que se ostentaba allí risueña, embellecida por el arte i acariciadapor la mano de Dios: la vejetacion espléndida del bosque sedibujaba con graciosos contornos i variadas tintas sobre lasapacibles ondas del pequeño lago; este se hallaba surcado por avesacuáticas que en sus movimientos imitaban al cisne, cuando juegaentre las finjidas perlas de las aguas; sobre el manto de púrpuraque forman los písamos floridos, posaban las garzas de graciosocuello i blanquecinas plumas; el aire estaba saturado de perfumes ila enramada ofrecia en su sombra la frescura. Bajo de aquel cielohabia que convertir en realidad el mito del Eden. La primera ideaque me acudió al contemplar tanta belleza, fué la de que así debiaser la habitacion del jenio de la poesía, i vinieron a mi memoriaestos dos nombres: Francisco José de Caldas i Jorje Isaacs, hijosdel Cauca.

Despues de haber contemplado en éxtasis los ornatos de aquellamansion, volvimos a la casa i fuimos obsequiados con jenerosidad:en el servicio reinaban la sencillez, la modestia i el gustodelicado: nada de lujo, nada superfluo, nada de vanidad.

La conversacion de tan jeneroso huésped era agradable i, sobretodo, con la familiaridad que inspira la franqueza i lasatisfaccion. Yo noté que faltaba solamente allí, el ánjel delhogar, la mujer, que es el complemento de la felicidad doméstica enlos dias serenos de la vida i la fuente del consuelo cuando llegala desgracia.

 

1 En el Estado del Sur de la Union Colombiana.

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