CAPITULO XVIII.
El ánjel del bosque.
AL volver mi huésped dijo:
-Pues bien: cuando Eliseo tenia ocho meses, éste era el nombrede mi hijo, ví sobre su cuna a la luz de una lámpara que iluminabaperfectamente la pieza donde se hallaba, ví, digo, dibujarse lamisma figura de un ánjel como la que ví a su nacimiento, peroahora, no como una sombra, sino con un ropaje blanco, semejante alcolor de la nieve i con algun resplandor; me fué visible por unossegundos. Al desaparecer la vision me acerqué a la cuna i noté quemi hijo fijaba en mí sus bellos ojos con ternura; una sonrisaanjelical dibujaban sus labios; lo tomé en mis brazos i en elinstante sus colores de rosa desaparecieron, una palidez mortal losreemplazó, cerró sus párpados i sus miembros quedaron sueltos comola seda: habia muerto! Yo quedé como herido por el rayo, de pié,pero como la estatua del terror. Emilia estaba allí, i notando miturbacion i el cambio de mi semblante, se levantó, diciendo ¿quées? acudió hácia mí, i vió muerto a su hijo entre mis brazos; dióun grito lastimero i cayó de sus piés sin sentido.
Ese funesto acontecimiento para mí, entónces, trastornó micerebro, i dudé impiamente de la justicia i de la bondad de Dios.En mi delirio veía todos los acontecimientos del mundo, como unproducto del acaso, en los que no podia intervenir ningun podersupremo. Llegué a negar la Providencia Divina. Abandoné la gruta, isolamente Emilia, despues de restablecerse de la enfermedad que lecausó el sentimiento de aquella pérdida, volvió a orar en ella. Lamujer mas firme en la creencia relijiosa. Algunos meses mas tarde,ella me arrastró a la gruta, yo la acompañaba, pero no podia orar,no tenia fe. En una de esas visitas hechas al bosque, siempre enlas primeras horas de la mañana, volví a ver al ánjel; la mismafigura con su ropaje de color de nieve; lo ví un instante no mas;no me sorprendió, pues confirmé el juicio que habia formado sobreesa aparicion, a saber: que yo sufria una ilusion de óptica. Yohabia contado a Emilia las dos apariciones sobre la cuna del niño,pero le oculté esta otra. Algunos dias despues yendo con Emiliapara la gruta, volvió a presentarse el ánjel bajo la enramada delbosque; entónces le dije a ella, señalando con el dedo índice:¿Ves? "Qué?" me preguntó ella, dirijiendo la vista a donde yo leindicaba. El manto de grana de los písamos, le dije, para noasustarla; pues ella no veia nada. Esta era para mí otra prueba demi fascinacion óptica. Consulté con un profesor de medicina,refiriéndole todo lo relativo a las varias apariciones, i me dijo:los ojos ven los objetos que la imajinacion crea, como si realmenteexistieran. Usted ha sido impresionado fuertemente i no es estrañoque la imajinacion le represente esa figura repetidas veces; es loque propiamente se llama, una vision fantástica. En efecto, vídespues, repetidas veces en el bosque, clara i distintamente, laaparicion, pero la faz del ánjel me parecia confusa, como cubiertacon un velo. Siete meses despues de la muerte de Eliseo, cuandohabian calmado algo las fuertes impresiones siete mesesdespues……………….
Mi huésped selló sus labios i sus lágrimas se deslizaban enabundancia de sus ojos. Sacó el pañuelo para enjugarlas i lossollozos le impidieron hablar; despues de unos minutos me dijo:
-Es difícil al hombre el sustraerse al sentimiento o al poderdel instinto; me ha faltado en esta vez el valor, o mas bien diré,que me ha abandonado la razon. Perdóneme, usted amigo mio.
Sacó el reloj, eran las once de la noche i dijo:
-Otro dia me asistirá la cordura i continuaré la historia; loque sigue es lo mas interesante; no se irá usted de mi casa sin quese imponga en toda ella. Nos retiraremos a descansar.
Me condujo al dormitorio, dándome las buenas noches.
Tomé la cama, pero sin sueño: cuando el pensamiento se halla muiimpresionado, hace guardar vijilia a los sentidos. Lo que estabapresenciando i oyendo en esa morada singular, me tenia enajenado.La paz, la inocencia, la bondad i las costumbres, que hacian ladicha de los patriarcas bíblicos, eran ante la vida i costumbres demi huésped, bellísimos cuadros, pero comparados con los quepresenciaba eran de tosco i pálido pincel. Aquí la luz i la sombragraduadas por el jénio de la virtud suprema, hacian destacar lasfiguras resplandecientes con asombrosa nitidez.
Pasó la noche; el dia amaneció lluvioso i triste: el cieloestaba encapotado por densos nubarrones, el bosque apareciasombrío, ni una sola de sus aves dejaba oir las notas dulces iamorosas con que saludan la mañana; el lago habia perdido sucristalino aspecto, presentando la superficie empañada i turbia;sobre los písamos de su orilla posaban encojidas i empapadas por lalluvia, las blancas garzas; las flores del jardin habian inclinadosus corolas hácia el suelo, abrumadas por el peso de la lluvia. Lascolinas i el valle no presentaban mejor vista, los ganados sehallaban inmóviles, su posicion indicaba en ellos eldesconsuelo.