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CAPITULO XVII.
 
Una fiesta laudable.

Fue para mi espíritu la meditacion de aquella noche, el goce masdulce i de mayor supremacía entre los que habia obtenido en miexistencia. Despues de haber disfrutado con la vista las bellezasdel cielo, entramos a las piezas interiores. Empecé a notar algunospreparativos en la casa, como para dar alguna funcion o convite,pues las mesas estaban colmadas de objetos de servicio bucólico iel ama entraba i salia, abriendo las alacenas i trayendo i llevandoalgunas piezas de loza. Ademas, ví en una de las esquineras grandeacopio de flores. Todos esos preparativos indicaban que al diasiguiente habria una boda o cosa semejante. Yo debia escusarme deasistir a ella de un modo indirecto i ántes de ser invitado. Paraesto dije a mi huésped que esperaba me hiciera el favor de hacerpreparar mi bestia para la mañana del siguiente dia, pues pensabapasarlo en la casa del Filósofo, a quien habia prometido hacerleuna visita.

-Daré la órden que usted desea, sinembargo que me prometia deusted un servicio.

- ¿Cuál?

-Que usted me acompañara……no; seria un abuso de laconfianza que usted me ha inspirado. Deseo complacer a usted, labestia estará preparada para la hora que quiera.

-Si el servicio de que usted me habla es en obsequio suyo i nomio, estoi a sus órdenes.

-Hablaré a usted con la franqueza que me ha conquistado subondad. Mañana es el aniversario de la muerte de Emilia, o masbien, de la ascension de su espíritu a un mundo superior, i yotengo la costumbre de celebrar ese aniversario con un convite. Envez de cirios i paños mortuorios, hago adornar la casa con flores iguirnaldas de olivas i laurel. Este es otro de mis caprichos. Meprometia, repito, que usted me acompañaria a ejercer el oficio desirviente, como me acompañó a servir, hace dos dias, el almuerzo alos niños. Pero no quiero embarazar a usted su paseo, i sobre todoel placer de oir a Lucio.

-Doi a usted las gracias por esta mui elocuente prueba deaprecio, i acepto de buena voluntad la ocupacion. Otro dia haré lavisita al Filósofo. En todo lo que yo pueda contribuir a tanlaudable recuerdo, estoi a sus órdenes. Ya he manifestado que mideseo es el de obtener que me trate usted con franqueza.

Luego empezó a dar algunas órdenes yo pretesté que deseabacontinuar la lectura de las "Maravillas celestes" de Flammarion., ime condujo al cuarto de estudio. Mi objeto era dejar en libertad ami huésped, pues probablemente debia ocuparse de los preparativosde la fiesta. Tomé el libro i fuí encantado con las bellezas quecontiene; estuve leyendo hasta las doce de la noche. En seguida mefuí a dormir.

Me desperté cuando la luz del sol inundaba los valles i lasmontañas. Me levanté; en la casa todos estaban en movimiento; estome hacia esperar que allí habia de conocer a los principalessujetos de la poblacion cercana i a los hacendados de la comarca,pues segun los preparativos, debian asistir en ese dia al convitemas de cien personas.

Me dirijí al bosque, tomé la senda de la gruta; la enramadaestaba solitaria i el camino alfombrado de flores i romero. Alllegar a la gruta ví dentro de ella una gran jarra con unahermosísima rosa blanca i un boton adherido a ella; era, sin duda,un símbolo o representacion de la esposa i del hijo de mi huésped;al pié habia una guirnalda de siemprevivas. Me arrodillé allí ielevé mi espíritu en oracion al Sér Supremo, i concluí balbuceandoel "Padre nuestro." Me levanté  i volví a la casa; toda ella sehallaba admirablemente embellecida i adornada con lujososcortinajes de musgos, de laurel i flores. Al entrar se respiraba unaire perfumado i la vista se deleitaba con los adornos.

Volví a entrar al cuarto de estudio i continué la lectura.Esperaba allí a que me llamaran cuando mi huésped lo tuviera abien.

A las diez se me presentó mi huésped, me saludó i me dijo:

-Vamos, ya tenemos los convidados aquí se hallan sentados a lamesa; le seré deudor de este servicio i como usted lodesea…….

-Iremos, le contesté, repitiéndole mil gracias, i levantándomedel asiento seguimos.

Al entrar al comedor, se pusieron de pié los convidados idespues de mi salutacion volvieron a sentarse. La reunion erarespetable: cincuenta ancianos se hallaban ocupando el contorno dela mesa. Todos estaban vestidos de blanco, uniformemente. Estacircunstancia me hizo conocer que era la fiesta de los pobres.Entónces comprendí que me hallaba en la casa de un Juan de Dios ode un Vicente de Paul. La virtud de mi huésped, sus ideas morales,sus obras, se elevaban sobre el comun de los hombres: era a misojos un verdadero justo, por no decir un ánjel encarnado. Era unaconcepcion feliz aquella de celebrar el aniversario de la muerte desu esposa con una fiesta espléndida en que brillaban el amor i lacaridad. Invertir una suma de dinero en el regocijo de un dia paralos pobres en memoria del alma de su amada compañera, en vez degastarla en los oficios o funerales de difuntos que hacen celebrarla jeneralidad de los fieles cristianos, era una leccion digna deimitarse, era una obra verdaderamente piadosa, aceptable a los ojosde Dios, i mas eficaz para el bien del espíritu, pues procuraba undia de gozo i de alivio a la humanidad doliente. Por otra parte, sila oracion influye en la mejora del espíritu de los muertos, cuántomas grata debe ser la limosna que se da en su obsequio i en suconmemoracion!

Servimos lo mejor posible; mi huésped notó embarazo en algunospara hacer uso de los cubiertos, i dijo:

-Estamos como en familia i debe tenerse toda la franqueza quetendria cada uno en su propia casa; yo no los he traido amartirizarlos con los cumplimientos i ceremonias que se usan entreestraños. El que tenga mas gusto en hacer uso de la mano mas bienque del cubierto, tiene completa libertad. En los pueblos delOriente, los ricos i los pobres comen, tomando con las manos losmanjares. Para todo se necesita práctica.

Es en vano decir que en aquella reunion reinaban la animacion iel contento. Terminado el almuerzo me llevó mi huésped al gabinete,el que se hallaba lujosamente ataviado de verdes follajes matizadosde rosas, simulando cortinas bordadas en forma de pabellon. En elcentro habia una mesa circular cubierta de hermosísimas frutas dedistintas especies i colores: era una lujosa exhibicion de losproductos de la horticultura. Un momento despues se presentó elama, diciendo que nos esperaban los niños. Pasamos otra vez alcomedor, donde yo debia tener otra nueva i grata sorpresa:veinticinco niños de igual uniforme en el vestido al de losancianos, ocupaban un lado de la mesa, i al otro lado de ésta sehallaban veinticinco niñas con trajecitos blancos, el cabellorizado i suelto sobre la espalda, adornado por una guirnalda deazucenas que ceñia sus sienes. Aquellos ánjeles daban al convite,con sus sonrisas i sus miradas inocentes, un aspecto poético iencantador.

Fui colocado en la cabecera de la mesa i mi huésped tomó elasiento del frente. Al entrar, reinaba un silencio profundo, peroluego que nos sentamos, i escitada por mi huésped la conversacionentre los niños, empezó su algarabía, dando a su semblante laanimacion i la gracia que ostenta en sus juegos la niñez. Mihuésped parecia satisfecho: su semblante revelaba el contento. Unahora despues todos los convidados ancianos i niños, paseaban en losalrededores de la casa. Al medio dia, se reunieron todos en loscorredores. Cada uno tenia una flor en la mano. Mi huésped  me dijoentónces:

-Esta es la hora solemne; vamos a la gruta sagrada a depositaren ella una flor en ofrenda a la memoria de Emilia. Reinabaentónces el silencio.

Seguimos en dos filas. Mi huésped llevaba una pequeña guirnaldaen sus manos. Al llegar a la gruta, las niñaas alzaron en coro suvoz, cantando el himno siguiente:

Como el rumor del aura que juega en el follaje,
Como el turpial modula dulcísima su voz,
Cual la paloma tierna que arrulla en el ramaje,
Quisiéramos llegara nuestro himno a tí, gran Dios.
 

Para pedir rendidas que el lampo de tu gloria
Circunde el alma pura del sér anjelical,
De Emilia, pues venimos a orar en su memoria, 
Bendice, Dios benigno, su espíritu inmortal!
 

La esencia de estas flores inunde con dulzura,
Señor, de Emilia el alma, la esencia de su sér
Es pobre nuestra ofrenda, pero, Señor, es pura
Como el amor primero, como el adios postrer.
 

Tan pura como llegan, Señor, a tu presencia
Las preces fervorosas del ánjel, la oracion,
Acepta la plegaria que entona la inocencia,
Como tributo humilde que eleva el corazon.
 

Cada uno depositó su flor al pié de la gran jarra i sobre ellascolocó mi huésped su guirnalda. Nos postramos de hinojos, enoracion, durante algunos minutos, i volvimos a salir del bosque, ensilencio, guardando un relijioso respeto, pero el regocijo seostentaba en todas las fisonomías. Un poco mas tarde, niños iancianos ocupaban los asientos del convite; mi huésped i yo fuimoslos principales sirvientes. En seguida llegó nuestro turno i nosfué servida la mesa por los niños.

A las seis de la noche se despidieron los convidados, llevandocada uno algo de los sobrantes de la mesa para sus casas.

Todos los departamentos del edificio fueron plenamenteiluminados. ¿Se esperaba otra funcion? Era de juzgarse que sí.

A las seis de la noche me invitó mi huésped para que pasáramosal gabinete que miraba al bosque. Luego que nos hallamos instaladosen él, dijo:

-Esta noche para coronar la fiesta, voi a continuar la historiade mi hogar, puesto que en ella figura en primer término mi adoradaEmilia. Dejar para despues la de Lucio, si es que usted me permite.Voi antes a dar una órden i volveré inmediatamente.

-Estoi dispuesto a oirla con grande satisfaccion, le dije,porque es la que mas me ha interesado.

 

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