INDICE




CAPITULO XVI.
 
La meditacion.

ESTABAMOS en el patio de la casa. La luz del sol habiadesaparecido totalmente en nuestro hemisferio. El tiempo estabasereno, la atmósfera diáfana i el cielo espléndidamente decoradopor las estrellas. No se veia ni una sola nubecilla en la estensionvisible del espacio. En el valle i sobre las colinas brillabanmillares de luciérnagas i cocuyos, como si la naturaleza intentaraimitar sobre la superficie de la tierra, por medio de susproducciones fosfóricas, las luces de los cielos. La belleza seostentaba como reina de esa noche, desplegando su manto salpicadode diamantes i topacios. En la Via lactea, en ese surco de color deleche que orijinó su nombre, veia yo, con los ojos de mi alma, losmillones de mundos luminosos que Herschel ha descubierto con eltelescopio.

Mi huésped habia entrado a la casa; yo me habia quedado al piéde la palmera, contemplando el espectáculo grandioso del estrelladocielo: admiraba la majestad i magnificencia con que la naturalezaostenta la sabiduría del Creador. ¿Quién soi yo, me decia, átomoviviente, mónade imperceptible, que puedo abarcar en mi alma irecibir en mis pupilas tan grandes como bellas i hermosasmaravillas?

En ese instante me reconocia superior, no solo a la materia demi organismo, sino a toda la materia que puebla los espacios. Acada hora, a cada minuto, iba percibiendo con mas nitidez mipersonalidad espiritual i la escelencia de mi sér intelijente sobrelos cuerpos brutos. Sí, decia yo en mi éxtasis, esos jigantescos ibrillantes mundos que ruedan en armonía perpetua en las rejionesdel infinito, deben ser verdaderamente la mansion de las almas delos buenos, como se ha creido por los sabios de la antigüedad i porlos filósofos moralistas de nuestros dias. La tierra es un mundoimperceptible en presencia de ese universo de soles. No; no puedeser este planeta, que ahora habito, la patria del espíritu, no;este globo es mui pequeño para que en él se cumplan los destinos dela humanidad que innegablemente marcha ascendiendo en la sendailimitada del progreso. No; el grande Obrero no ostenta a la vistadel sér humano esa fiesta incesante i majestuosa de las colosalesesferas de luz para que sufra la sed del Tántalo de la fábula. No;el espíritu no debe quedar enclavado sobre la tierra. Si durante sumansion en ésta, tiene alas su pensamiento para elevarse a lasalturas del empíreo, ¿cómo no ha de elevarse con todas suspotencias a esas mansiones celestiales al salir de las prisiones dela carne? Sí; no hai duda, el espíritu es inmortal, i en suinmortalidad debe peregrinar en esos mundos, de etapa en etapa,como el viajero terrestre recorre las diferentes zonas del planetaque habita.

Sopló el viento de Occidente, el susurro de la palmerainterrumpió el silencio de la noche. Entónces ví a mi huésped, quese ha liaba a pocos pasos de distancia del sitio que yo habiaocupado; no supe si me acompañó durante todo el tiempo de lacontemplacion en la inmensidad estrellada, pero seguramente notóque yo estaba meditando en las bellezas del firmamento, pues que alvolverme hácia él, me dijo:

-No he querido interrumpir el goce de su contemplacion; la luzdel sol ilumina las bellezas de la tierra que el manto de la nocheeclipsa para que dirijamos la vista a las del cielo, donde seostenta la grandeza de lo criado i el poder i sabiduría delCreador. Me llamó la atencion hacia la variedad de los colores dela luz de las estrellas, i me decia:

-Los ojos de la carne están nublados i son impotentes paradescubrir la beldad celeste, pero el espíritu concibe que en lainsondable inmensidad de los cielos, hai íris compuestos de soles,así como en la tierra se forman en gotitas de agua. La naturalezase imita en todo.

 

anterior | índice | siguiente