CAPITULO XV.
Esperanza burlada.
EL sol tocaba al horizonte en el Ocaso, la cordillera que dominaa Cajamarca ocultaba su disco, ese disco de oro que orna elOccidente, pero la luz del crepúsculo difundia su arjentadaclaridad en el Valle.
Deseando yo la continuacion de la historia del Filósofo, se meocurrió llamarle la atencion hácia ella, diciéndole:
-Usted no me ha vuelto a hacer mencion de Leonidas en lahistoria que me esta refiriendo.
-Ciertamente. Yo no queria anticipar noticia alguna acerca deLeonídas, en mi narracion, porque pensaba dejar para el fin i comodesenlace, el término de su historia a la par que el de su María;pero una vez que usted lo desea………
-Prefiero el plan de narracion que usted tiene formado; no erami curiosidad si no un recuerdo. Puede continuar usted la historiaa su voluntad; ella interesa i lo importante es lacontinuacion.
-Como no perjudica al relato de la historia de Lucio (que es loprincipal de la narracion), el que anticipe lo que habia dereferirle respecto de Leonídas, le diré que éste como suencantadora María, debian abandonar el mundo, porque teniendo losánjeles la elevada idea de su beatífica mision, ven con despreciolos goces o placeres mundanos. Leonídas murió a los diez dias dehaber sido depositado el cuerpo de su María en el panteon de lafamilia Real. La noticia del naufrajio le fué funesta, quizá fué laque le causó la muerte.
Volverá a seguir hablando de Lucio. Algun tiempo despues de lafatal noticia del naufrajio de su padre, la exacerbacion de laspasiones políticas en España, llevó a un estremo de locura a variosrepublicanos i combinaron un plan de conspiracion contra la vidadel Rei Amadeo con el fin de proclamar luego la República. Luciohabia bebido en la fuente de la filosofía social i se afilió entrelos conspiradores. Ya dije a usted, anteriormente, la suerte quecorrió desde entónces hasta su estacion en Cuba en la casa delpescador que lo protejió despues del naufrajio sufrido en el"Virginius," o mas bien, despues de haber caido herido en lasplayas de la Habana. Yo habia dicho que Eufracia le entregó unpaquetito; esta vez llevaba éste unos billetes de banco por valorde cuatro mil pesos; luego sabrá usted cómo pudo la monja remitiresa cantidad i porqué razon obraba con aquella jenerosaprodigalidad. Ademas contenia el paquetito un papel, espresando losiguiente:
"La permanencia de usted en esta isla seria peligrosa, estoiprocurando conseguir un pasaporte a fin de que usted pueda volveral estranjero. Dios oirá mis oraciones."
Pasaron así catorce dias en correspondencia constante Lucio i lamonja. Esta le habia remitido con Eufracia un pasaporte que habiaconseguido para que pudiera embarcarse con direccion a España, bajoel nombre de Don Belisario Argüelles. Este era un español que,hacia algun tiempo, estaba en la Habana relacionado con losprincipales miembros del gobierno. Teniendo Arguelles negocios enla corte española, pidió pasaporte para ella, i se le espidióincontinenti; pero habiéndose enfermado, aplazó su viaje. La monjatuvo conocimiento de esto, por informes de la esposa de Argüelles,con quien estaba relacionada por una íntima amistad, i aprovechó laocasion, solicitando de ésta, que le cediera dicho pasaporte parasalvar a un desgraciado insurjente que tenia bajo su proteccion. Laesposa de Argüelles, mujer piadosa, no tuvo inconveniente i lellevó dicho pasaporte a la monja.
Un buque se hallaba en el puerto preparado para levantar elanda; entre los pasajeros se hallaba Lucio; parecia que la fortuna,harto desdeñosa con él en todas sus empresas, ahora se manifestabaafable: ya gozaba de salud, habia obtenido un ausilio de cuatro milpesos para hacer sus gastos i sobre todo iba a obtener si no elmayor bien, sí el mas precioso de la vida, la libertad. Dentro dedos horas estaria en alta mar, gozando de la vista de la inmensidaddel oceáno i de la espansion de su espíritu, contemplándose librede la cruledad ibérica.
Un incidente vino a turbar sus deliciosas ilusiones un ajentedel gobierno vino a exijir de los pasajeros los pasaportes, porórden del Capitan jeneral de la isla. Todos los presentaron, elajente los tomó i, llevándoselos dijo: volveré inmediatamente conellos.
En efecto, cumplió su promesa el ajente, volvió acompañado deuna escolta de voluntarios; empero al entregar los pasaportes,llamando a cada uno de los pasajeros para darle el que lecorrespondia i llegando al turno de Lucio, se presentó éste i en elacto fué apresado i conducido por la escolta a un oscuro calabozo.No era que se habia descubierto que Lucio fuera de losespedicionarios del Virginius, no; fué que el Capitan jeneral tuvoconocimiento por la lista de pasajeros que le pasó el Capitan delbuque espresado, que uno de éstos intentaba burlar la policía delpuerto, embarcándose al amparo del nombre de Don BelisarioArgüelles a tiempo que dicho Capitan jeneral sabia personalmenteque Argüelles se hallaba en cama imposibilitado para hacer elviaje.
Lucio, pues, fué conducido a la prision como sospechoso, ireputado, por lo ménos como insurjente o reo político. Su situacionera desesperada: si llegaba a descubrirse que habia hecho parte dela espedicion del Virginius, seria decapitado, como lo fueron susdesgraciados compañeros. De un momento a otro debia serinterrogado. ¿Qué esplicaciones o disculpas pudiera dar parasalvarse? Ninguna; no podia comprobar que era de la isla, ni dedónde venia, ni qué objeto lo habia traido. Su nombre de familia,si llegaba a descubrirse, tambien lo llevaria al cadalso por sucomplicidad en la conspiracion contra el Rei. Intentó dar aviso ala monja, pensando que ésta pudiera obtener algo en su favor, perofu inútil tal intento pues se le privó de comunicacion.
En las situaciones difíciles, en las desgracias supremas, cuandoal hombre se le agotan todos los recursos de salvacion en latierra, vuelve sus ojos al cielo, implorando la misericordia.Lucio, en medio de la oscuridad de su prision, se postró de hinojosi oró con fervor, concluyendo con estas santas i humildes palabrasde Jesus: "Hágase tu voluntad." Se levantó sereno; la oracion es elprecioso bálsamo de consuelo en la desgracia. Jesus, el divinomaestro de la humanidad, en la hora de la amargura elevó su corazonal Padre comun en el Huerto de los Olivos i bajó del cielo un ánjela confortarlo.
Rechinaron los cerrojos de las puertas de la prision de Lucio;el carcelero abrió para dar entrada a la autoridad que iba ainterrogarle. Llegaba el momento crítico.
En el instante se le ocurrió finjirse en estado de enajenacionmental i no contestar sino palabras incoherentes. Fué aquello comouna inspiracion.
Empezó así el interrogatorio:
-¿Cuál es su nombre?
-Su Escelencia el Capitan jeneral.
- ¿Cómo? Diga cuál es el nombre de usted.
-Sor María de la Encarnacion, monja carmelita.
Pensó que al nombrar a la monja llegaria a noticia de ésta suprisión
- ¿Quiere usted burlarse? Será usted juzgado comoinsurjente.
¿Cómo obtuvo usted el pasaporte espedido al señor Don BelisarioArgüelles?
-Andando el tiempo mensajero de las estrellas.
Despues de haberle hecho varias preguntas inútilmente, lodejaron, recomendando a la guardia mas vijilancia pues debia ser,segun decia el empleado, una buena presa, cuando ménos espía de losinsurjentes.
El Capitan jeneral habia ordenado que se le informara sobre ladeclaracion indagatoria que rindiera el preso. En efecto, se lepasó cópia inmediatamente. Esa declaracion era suficiente paracondenarlo, pues el que confesaba el delito i el que no contestabadescargándose de la acusacion, llevaban igual suerte. La revolucionen la isla tomaba creces en esos momentos: habia noticias dealgunos triunfos de los insurjentes, cerca de Puerto-príncipe, i dela muerte de algunos jefes españoles. Así, el que llegaba a caerprisionero, no tenia esperanzas de vida.
Aquí volvió a suspender mi huésped la narracion.