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CAPITULO XIV.
 
El naufrajio.

PARA continuar mi relato, es necesario, me dijo mi huéspedcuando íbamos en direccion a la choza de los huérfanos, tener encuenta los acontecimientos íntimamente relacionados con los masnotables de Lucio; reanudaré, pues, la historia de María. Habiamosdejado a esta heroina bajo la losa del sepulcro i al príncipe conun compañero, al frente de la gran reja de hierro de la entrada delpanteon. ¿Cuál podia ser el motivo que llevó al príncipe a esa horaa ese lugar del silencio i de la quietud? ¿Por qué vijilaba en suspuertas como el esperto guardian de un gran tesoro? ¿Era que habiasospechado el engaño? El príncipe i su compañero esperaban delantede las verjas de hierro, al encargado de custodiar aquella moradade los muertos, en cuyo poder se hallaban las llaves de la entrada.Por el diálogo siguiente entre el príncipe i el portero, que al finllegó, va usted a saber el objeto que aquél se proponia.

- ¿Estas dispuesto a servirme? le dijo el príncipe.

-Como vuestra señoría mande, dijo el guardian, estoi a lasórdenes de su señoría.

-Bien. ¿Te atreves a sacar de la bóveda i conducir a mi castilloel cuerpo que hemos depositado hoi en el panteon?

-Conducirlo…….turbar el reposo……escalaruna tumba…..Señor; imponedme el castigo de la desobediencia.No me atrevo a ello; remover un sepulcro! No; no puedo…..

El guardian temblaba; el príncipe notó la impresion que habiacausado su propuesta i acercándose a su compañero le dijo en vozbaja: "este visionario tiene miedo a los muertos; es necesario quevaya usted a traer uno de sus sirvientes; será bien recompensado."El compañero partió, i el príncipe tentó de nuevo al guardiandiciéndole:

-Los muertos no hacen daño a nadie, son vanos tus temores. Mira,si te resuelves, te recompensaré con cien escudos.

-Señor, toda la riqueza de vuestra señoría no es bastante parainfundirme el valor suficiente paraprofanar………

- ¿Las llaves?

-Han quedado en mi casa; ¿debo traerlas?

-Ahora mismo.

El guardian partió i el príncipe quedó paseándose al frente dela puerta. La luna iluminaba aquella mansion solitaria con sumelancólica luz.

Volveré a dejar al príncipe ante las puertas del panteon para ira las costas de Cádiz a ver zarpar un buque al siguiente dia; buqueo nave que iba a tomar la direccion hácia una de las Antillasmayores. El destino llevaba en ese buque al padre de María, pues eltérmino de su vida terrestre se aproximaba. Despues de algun tiempode navegacion, una fuerte i amenazadora tempestad llevó a ese buquea las playas de Cuba; temeroso el padre de María de sufrir alreembarcarse, un naufrajio, resolvió dejar en la Habana el tesoroque conducia, recomendado a una familia relacionada con la suya; alos tres dias se hallaba otra vez en alta mar. Sus presentimientosno lo engañaron: un recio temporal estrelló el buque contra unaroca i perecieron la tripulacion i pasajeros, salvándose únicamenteel capitan i cuatro personas mas, en un bote. La noticia fué paraLucio un golpe terrible; lloraba la pérdida de los dos séres masqueridos, su padre i su hermana; los séres que formaban su venturapocos dias ántes. El golpe era cruel e irremediable.

Iba en este punto de la historia cuando llegamos a la choza delos huérfanos. Los niños estaban avanzados en el camino, esperandoa su benefactor. Cada uno tenia en una de sus manecitas un hermosoníspero i los presentaron con graciosa sonrisa a mi huésped. Elmayor de los huérfanos, que tendria siete años, entró a la casita,i volvió a salir con otro níspero i me lo ofreció. Este obsequio,esta fina atencion de niño en edad tan tierna, me sorprendió i mehizo comprender que en ese pais, hasta los niños eran jenerosos ieducados con esmero desde su primera edad. Mi huésped entró i mehizo entrar con él a la habitacion. La salita en su mobiliariocorrespondia al grado que ocupaban sus habitantes en la escalasocial; noté que en todo reinaba la limpieza; en uno de loscostados habia un aposento; allí se hallaba la enferma. Alsaludarla, intentó levantarse de la cama, pero mi huésped se loprohibió. La hizo varias preguntas sobre los efectos producidos porlos medicamentos, si todos habian sido aplicados, si el facultativola habia visitado &.ª Luego salió, i llamando a los niñosse colocó al pié de un hermoso caucho que habia en el patio i,rodeado de aquéllos, empezó a recibir i darles algunas lecciones delectura. Yo deseoso de ejercer la caridad, contribuyendo con algopara aliviar la miseria de esos séres desgraciados, volví a entrara ver a la enferma para dejarle unas monedas; pero hallé con ellaal mozo que habia ido con nosotros entregándole el contenido de loscuchuvos. Yo no queria ostentar mi dádiva i esperé a que saliera.En efecto, apénas salió el mozo, me acerqué a la cama i dije: tengosuma complacencia en haber conocido a la familia i deseo serleútil, como amigo del señor Rafa. Aquí, sobre esta mesita dejo estosreales que le servirán a usted como un auxilio a sus necesidades."¿Por qué?" me preguntó, como en tono i actitud de rehusar. Despuessabrá usted porqué los dejo, recíbalos, le dije, alargando mibrazo. Los tomó tímidamente, diciendo: "Dios recompense a usted elbeneficio!" i me dirijió una mirada de elocuente espresion degratitud. Esto nadie debe saberlo, le dije al salir.

Mi huésped continuaba enseñando a los niños i concluyó dándolesconsejos de amor i de dulzura para con su madre, para ellos i paracon todos los que trataran; luego les dió unos dulces i nosdespedimos.

 

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