CAPITULO XIII.
Existencia del alma - su inmortalidad.
HABLANDO mi huésped sobre algunos hechos en el órden moral, quesorprenden i que no pueden esplicarse de un modo satisfactorio, medecia:
-La humanidad apénas esta iniciada en esos misterios.
Luego me preguntó si yo habia leido la obra titulada "Maravillascelestes" de Flammarion. I habiéndole contestado que no, me dijo:usted tendrá un rato de recreacion, leyéndola miéntras voi a daruna vuelta al injenio. En el estante de los libros la hallaráusted. Le dí las gracias i pasé a la pieza de la librería. Elpartió.
Tomé el libro i me abismé en las profundidades inconmensurablesdel cielo: mis ojos veian las planchas que representan lasnebulosas i mi espíritu sufria el vértigo, contemplando en una solade éstas, millones de millones de soles. Tratando el sabioestudioso Flammarion de la Via láctea solamente, dice:
"William Herschell, con ayuda del poderoso telescopio construidocon sus propias manos, pudo hácia el fin del ultimo siglo, enumerarlas estrellas que comprende esta zona: emprendió su trabajo,dividiéndolo por partes. Su constancia fué coronada del mejor éxitopor una hábil comparacion entre las partes máximas de condensacionde las estrellas, i aquellas en que toca en su mínimum, i por elexamen del espacio ocupado por estos anillos inmensos, el granobservador encontró que la Via láctea no encierra ménos de diez iocho millones de estrellas.
"¡Diez i ocho millones de estrellas en la banda ecuatorial de lanebulosa a que pertenecemos! I no es ese el numero total de que secompone, pues no hemos tratado aquí de las partes laterales de estejigantesco conjunto: que todas las estrellas situadas a una i otraparte del plano de condensacion, no están comprendidas en estenúmero."
Mas adelante dice: "La Via láctea no es única: todas lasnebulosas del Universo son otras tantas vias lácteas mas o ménosparecidas a la nuestra."
Me enajené, me embebí en la lectura de ese precioso libro queconduce al espíritu a las rejiones del éter para decirle: hé ahílevantada una punta del ropaje inmenso i majestuoso del Universo,revelando la grandeza, la sabiduría i la bondad infinitas; hé ahíen esos quintillones de quintillones de planetas, de estrellas, desoles, de mundos, que se ostentan a la mirada de una débilcriatura, una puñada de polvos de oro lanzados al espacio por lamano del Creador, como un destello de su belleza, como unamanifestacion de su poder, como un vislumbre de su gloria,diseminados en el espacio para formar minadas de minadas deestrellas.
Me hallaba estasiado leyendo las "Maravillas celestes" cuando seme presentó el Filósofo i sa1udándome con marcada entonacion a finde que le oyera, me sacó del éxtasis, pidiéndome perdon por habermeinterrumpido, i me instó para que siguiera la lectura. Le dí lasgracias i empezó el diálogo siguiente:
-Me es mui grata la presencia de usted, le dije, i me hefelicitado por haber tenido la fortuna de haberme hallado ayer aquía tiempo de su visita, porque me ha proporcionado el honor deentrar en relaciones con usted, las que me serán provechosas. Comoviajero voi acopiando en mi cartera observaciones útiles, i en mialma un tesoro de impresiones.
-Doi a usted las gracias por los jenerosos conceptos que se haformado i que no merezco. Juzgo que yo soi el protejido con laamistad ofrecida por usted. El viajero investigador, tiene mas queofrecer, que recibir. El solo hecho de haberse dedicado a viajarpara obtener el tesoro de que me habla, es suficiente parafelicitarme por la ocasion de nuestro conocimiento.
-Debo ser franco, yo no me he dedicado a recorrer el mundo contal objeto; he abandonado mi patria, huyendo de la desgracia que hadesolado mi casa: perdí en el curso de quince dias a mi esposa, mimadre i dos hijas, es decir, los séres que se hallan identificadoscon el padre de familia, haciendo parte de su existencia i de subienestar, i sobre toda desgracia deploro el haberlos perdido parasiempre! verlos hundirse en el abismo de la nada!!!...........
-No, amigo mio, no hai en lo creado nada que se aniquile: esosséres amados cuya muerte lamenta usted, existen aún, i únicamentehan dejado sobre la tierra los despojos carnales. Es lei eterna latrasformacion de la materia, pero el espíritu le sobrevive, es laesencia del sér humano, que así como el perfume de la flor sube alcielo al marchitarse o al morir.
- ¡Oh si yo pudiera beber en la fuente de esa filosofía! Hacetiempo que vago errante como el viajero perdido en los tostadosarenales del desierto, buscando el agua que pueda refrescar mifrente, ardida con infierno de la duda.
-Supongo que usted como sér intelijente i hombre instruido,reconoce la existencia de Dios.
-Confieso a usted, que he nutrido mi intelijencia con las ideasde la filosofía del siglo; en el estudio de la ciencia de lamedicina a que me he dedicado, he inquirido ese misterio de lavida, he buscado con el escalpelo en la mano esa alma, ese sueño dela humanidad, esa esencia vaporosa cantada por los poetas iacariciada por los sacerdotes; i no he hallado sino una masanerviosa formada por tejidos en que se halla el fósforopreponderando entre otras sustancias que organizadas forman redesde hilos conductores de la electricidad, que superabunda en ehombre; pero, nada, absolutamente nada estraño a la materia; nadaque presente cosa distinta de la materia, nada físico que reveleeso a que dan el nombre de espíritu. Ademas, esta plenamentecomprobado, que a las perturbaciones orgánicas del cerebro,corresponden indefectiblemente perturbaciones en la intelijencia.¿Esto no demuestra que el organismo es el todo i que las facultadesque se atribuyen a un sér quimérico, son nada mas ni ménos que losresultados de las funciones orgánicas netamente materiales?
-Declaro que no soi mui fuerte para que pudiera llevar a suespíritu la conviccion contraria a las ideas que usted haconquistado en sus estudios i observaciones; pero concentrar mipensamiento i ensayaré mis fuerzas, siquiera para iniciarcuestiones que usted mismo resolverá con su clara intelijencia.
Primero haré a usted algunas observaciones comparativas i enrelacion con las que usted ha hecho en sus estudios filosóficos,patolójicos i quirúrjicos ¿Existe en los cuerpos de la naturalezael fluido eléctrico?
-Existe, no hai duda.
-Pues bien, sostituya usted al escalpelo el instrumento quejuzgue mas a propósito a fin de hallar esa alma de los cuerposinorgánicos, ese fluido que los penetra. ¿Lo vera usted? ¿Podráusted atraparlo?
-Para eso me basta desarrollar el fluido i así hago constar supresencia por la atraccion o por la chispa.
-Pero la atraccion i la chispa no son el fluido.
-Son sus efectos.
-Esactamente, así como el pensamiento i la palabra son efectosdel alma. ¿Le parece que el símil conduce a la siguienteconclusion? La circunstancia de no ver o hallar alguna cosa que sebusca, no es razon para negar la existencia de ella.
-Evidentemente.
-Luego el hecho de no hallar el alma con el escalpelo, no pruebaque ella no existe.
Ahora vamos a valernos de otro símil con respecto a laalterabilidad o perturbacion de las manifestaciones del alma aconsecuencia de las perturbaciones fisiolójicas de los órganos delcerebro. Si colocamos una luz dentro de una bomba o lámpara decristal puro, iluminará la pieza en donde se halle, con ciertaclaridad ¿no es cierto?
-Así es.
-Esa lámpara o bomba se deja descuidada, se cubre de polvo conel tiempo, en una palabra, se mancha, i en ese estado colocamos lamisma luz que ántes habiamos puesto en ella ¿quedará la pieza endonde se halle, igualmente iluminada i tan clara como estaba cuandoel cristal se hallaba limpio?
-Claro es que no.
- ¿I la opacidad proviene de que la luz haya disminuido o de quese hayan modificado sus rayos?
-Tampoco.
-Luego la dificultad de las manifestaciones de la luz dependenada ménos que del estado en que se halle la lámpara o bomba. Unacosa mui semejante sucede con las manifestaciones del alma que esla luz colocada en la bomba del cerebro. I de aquí viene ladesigualdad de las intelijencias. Es mui comun el tomar por causael efecto o lo que aparezca cerca del hecho que se quiereexaminar.
Al efecto voi a presentar a usted un ejemplo de un hecho muicomun en la jente del pueblo. El humo i los vapores, en un dia deverano, quitan a la atmósfera su diáfana trasparencia; al llegar elsol al Ocaso se presenta de color de sangre al traves de esosvapores; las jentes ignorantes juzgan que el astro de la luz es elque se ha puesto rojo i sinembargo no hai error mas craso: el solen nada se halla afectado por la capa atmosférica que opaca susrayos. Algo así acontece a los fisiolojistas, que, con perdon deusted, toman a veces por causas los efectos.
- Verdaderamente lo espuesto destruye los argumentos aducidos,pero no prueba la existencia del alma.
-Mui bien, allá iremos; por ahora creo haber obtenido el triunfode echar al suelo esa fortaleza en que se han encastillado los queniegan la existencia del alma fundados en que no la ven o en quelas peturbaciones orgánicas del cerebro modifican lasmanifestaciones de la intelijencia.
Ahora vamos a entrar en el fondo. Usted sabe que los átomosviajan incesantemente en torbellino perpetuo como incansablesobreros de toda edificaciom material, i que ora brillan en laseductora pupila de una mujer, ora en la cútis de ébano del etiope;ya posan en la corola de las flores, ya se escapan en el perfume deellas; ora se adhieren a las rocas, ora vuelan en corrientes degas, i siempre sirviendo a las figuras i formas de los cuerpos,como artistas obligados, pero en esencia libres en sus evolucionesde eterna actividad. Pues bien: esos átomos forman el cuerpohumano, pero transitoriamente; de manera que pasado cierto períodode tiempo que han morado en los cuerpos orgánicos, son reemplazadospor otros; así las sustancias materiales que constituyeron micuerpo en la infancia, no fueron las mismas que lo formaron en lajuventud, i éstas tampoco fueron las de mi edad adulta &.ª,i segun las observaciones científicas, a los siete años se hallacompletamente renovado el cuerpo animal; i sinembargo el Yo, laesencia pensadora, el espíritu, es el mismo: uno e indivisible,inva riable, persistente e impalpable. Si el alma fuera el efectode las combinaciones i trabajo de los átomos i de las funciones delos órganos materiales, constituyéndola el organismo, ¿no debiadesaparecer o cambiarse al escaparse aquellos i venir otros? Lasfunciones de los órganos cerebrales renovados cada siete años ¿nonos debian hacer necesariamente aparecer un Yo correspondiente aellas, distinto del que produjeron las de siete años ántes? Laevidencia que nos asiste del Yo persistente arguye lo contrario, iesto hace reconocer que la voluntad, la memoria, la intelijencia,no pertenecen a la materia organizada como producto de ella; isiendo estas facultades efectos intelijentes, su causa debe serintelijente, i esa causa es el Yo, el espíritu.
Mas, como una confirmacion de lo espuesto, fíjese usted en lasformas i fisonomías diversas de las diferentes edades de un mismoindividuo: la infancia, la juventud, la edad adulta i laancianidad, tienen sus faces correspondientes i distintas de talmodo, que frecuentemente nos sucede que nos hallamos con un hombreque fué condiscípulo de escuela i que solo por algun accidenteestraño a su fisonomía, lo reconocemos. Insisto en esto porque esimportante....
Diciendo lo ultimo sacó de su bolsillo una cartera, i de ésta unpequeño álbum de retratos; de éstos me presentó el de un niñorubio, rollizo, su cabello color de oro estaba graciosamenterizado.
- ¿Conoce usted el orijinal de este retrato? me dijo.
-No, señor, creo no haberlo visto.
Entónces me presentó el de un jóven gallardo, de vivaces ojos icabello melado; su vestido era de militar.
- ¿Recuerda haber visto el de este otro?
-Tampoco.
Luego me puso a la vista un tercer retrato; era el de un hombrealgun tanto obeso, de fisonomía adusta, mirada penetrante i cabellototalmente negro así como la barba, que era mui poblada iabundante, i me dijo:
-Creo que éste sí va usted a decirme de quién es.
Me fijé mucho, me parecia haber visto una persona semejante,pero mi recuerdo era mui confuso; al fin le dije:
-Yo creo haber visto a alguna persona de facciones semejantes,pero a la verdad no se me presenta el recuerdo con claridad, talvez no conozco el orijinal.
Ultimamente me presentó el de un hombre de barba i cabellosplateados, de fisonomía grave a la vez que de mirada dulce, i alinstante conocí que era el de mi interlocutor.
-Pues bien, me dijo, todos estos retratos son mios i merepresentan esactamente como fueron las formas de mi cuerpo i de mifisonomía en mis pasadas edades; es decir, estos son los diversosvestidos carnales en que mi espíritu, que ha sido uno mismo, havenido envolviéndose. Esta es una prueba de la diferencia que haientre el alma i el cuerpo; i por otro lado una atestacion de lapersistencia del espíritu, puesto que mi Yo ha sido el mismo; dé loque tengo plena conciencia.
Mas, todavía; usted puede preguntar a cualquier hombre si secambiaria por otro individuo de mejores formas, de mas instruccion,mejor o mas clara intelijencia &.ª i la contestacion seguraserá la siguiente:
"cambiaria de cualidades i de posicion, pero no de sér ¿Porqué'? "Porque perderia mi personalidad cambiando de sér, i estoequivaldria a dejar de existir." La contestacion prueba laconciencia íntima de la existencia del Yo. Es que el hombre tienela intuicion neta i clara de la personalidad constituida por elespíritu; i solamente la falsa filosofía del materialismo, que seatrinchera en las formas i que no da un paso hácia el antro de lasideas trascendentales, puede fascinar a los ignorantes o perezososque no se toman el trabajo de estudiar con interes la verdadera ielevada filosofía sicolójica. I si nos argumentaran diciendo, quehombres estudiosos i de clara intelijencia, como los mas notablesfilósofos del siglo pasado han dicho, que no hai mas que materia imovimiento en el Universo, podriamos contestar por contraposicion,que los filósofos i sabios de mas de mil jeneraciones de laantigiied decian i enseñaban que la tierra era el centro de locreado i que el firmamento era una bóveda tachonada de estrellashecha esclusivamente para servicio de la tierra. Esto porque notuvieron la idea de la figura de ésta, ni de sus movimientosjiratorio i de traslacion. El argumento de autoridad es tan débilcomo quimérico i nada prueba. Creo haber hecho constar laexistencia del espíritu. Ahora, permítame usted hablar algo sobrela supervivencia de él, despojado de su envoltura carnal. Si ustedhubiera presenciado el fenómeno de las apariciones de los espíritusque desde remotos tiempos viene ostentándose a la humanidad, segunlo atestiguan los libros sagrados de todas las relijiones del mundoi que últimamente en este siglo ha llamado i llama la atencion delos sabios, por las multiplicadas manifestaciones, reconoceria quelos padres de usted, su esposa i sus hijos, existen aún,conservando la misma personalidad que tuvieron sobre este planeta.Pero dejara a un lado este modo de comprobacion de la inmortalidaddel alma por que no quiero argumentar sobre mi sola palabra;beberemos en otras fuentes. La historia de los antiguos pueblos delOriente, que designa las faldas del Himalaya, jigante de lasmontañas i de los siglos, como cuna i oríjen de la jeneracionhumana, nos da testimonio de que en la India se profesaba el credode la supervivencia del espíritu i de su trasmigracion despues dela muerte corporal en este mundo. I lo mismo se refiere, conaccidentes mas o ménos curiosos, respecto de la Persia, el Ejipto,la Grecia i demas sociedades de los primitivos tiempos. Los sabiosde todas las edades a que alcanza la historia, Buda, Cristnam,Zoroastro, Cheops, Pitágoras, Sócrates, Platon, Heliel &.ªhan dejado escritos varios pasajes que evidencian que la doctrinasobre la inmortalidad del alma es tan antigua como los anales quese tienen del jénero humano, i que ella estaba difundida en todoslos pueblos.
Los poetas griegos cantaron a la trasmigracion i a lametempsícosis de las almas, de las edades pasadas. En Roma, llamadala Ciudad Eterna, cuando la humanidad habia distribuido el mundoentre los héroes i los dioses, dominaba la idea del Elíseo dondehabian de morar las almas de los buenos; i la fábula de lamitolojía designaba los lugares destinados a ellos. Ovidio iVirjilio entonaban himnos conmemorando la creencia de lainmortalidad del alma en las antiguas edades; i Ciceron dejó en susescritos una prueba evidente de esa creencia en las sociedades ojeneraciones de los siglos históricos.
Así, no debe reputarse la idea de la inmortalidad del espíritucomo una conquista de la civilizacion moderna, ni como un inventode las teogonías do los últimos tiempos: ella aparece entre losbárbaros, entre los salvajes i en los pueblos civilizados, como unaverdadera intuicion; como un enjendro en el pensamiento delpensamiento, como consecuencia de la lei de amor o sea la lei delprogreso indefinido.
En los siglos del paganismo, bajo el velo de la fábula setraduce la idea reinante de la inmortalidad del alma. La historiade la mitolojía se ocupa, en numerosas pájinas, de la descripcionde diversos lugares destinados para mansion de los espíritus o almas de los muertos. Hablando de Aquiles, el mas célebre de loscapitanes griegos, dice la historia mitolójica, que amó con deliriodurante su vida a la bellísima Helena, i que despues de su muertese desposó con ella en la isla de Leuci. Siendo de notar que losantiguos colocaban los Campos Elíseos en esa isla, i la tenian comolugar destinado a la habitacion de las almas de muchos héroes. Comoeste pasaje, se hallan otros que prueban evidentemente que lacreencia en la inmortalidad del alma era jeneral en los pueblospaganos de aquellos siglos.
En el idioma griego la palabra psyché significaba alma i,tambien, mariposa. ¿No querrian presentar con esta últimasignificacion la vida terrestre i la vida del cielo? ¿No es unafeliz ocurrencia presentar en la misma palabra un símil entre elalma que se despoja de la materia que la tiene afija al suelo paravolar a mejores mundos, i la mariposa que ha dejado el vestido deoruga con que se arrastraba sobre la tierra, para alzarse en susalas de íris a gozar en su vuelo del aura perfumada por lasflores?
Nada mas natural; i esa idea símil de la palabra psyché, esabellísima concepcion, tuvo oríjen, sin duda, en el nacimiento delidioma griego.
La fábula del Fénix, cantando en su agonía de muerte pararenacer de sus cenizas, ¿no es un idilio de la inmortalidad delalma?
Todo esto naturalmente inclina, por lo ménos, al estudio de esaimportante cuestion, puesto que esa uniformidad de creencia entodos los siglos i en todos los lugares, ejerce en todo hombrepensador cierta influencia seductora. Pero no crea usted que estalijera reseña histórica, la haya aducido como prueba concluyente dela inmortalidad del alma, pues estoi distante de admitir, así comode emplear, el argumento de autoridad como base de razonamientolójico. Ya he probado la existencia del espíritu; ahora voi aemplear los medios que aconseja la verdadera filosofía parademostrar la evidencia de la inmortalidad de él, i para ello mebastará enunciar algunas proposiciones basadas en principioscientíficos, en hechos demostrados.
1.ª La fuerza o espíritu es un sér real que tiene sus atributosi cuya existencia está plenamente comprobada.
2.ª La ciencia demuestra, sin dejar duda, que la fuerza o elespíritu tiene como esencia la facultad directriz de la materia, ique las evoluciones de ésta en sus diferentes modos de ser,provienen de la existencia de ese motor;
3.ª La ciencia en sus diferentes clasificaciones, directa eindirectamente comprueba la persistencia de todo sér en laNaturaleza, la existencia indefinida, la existencia perpetua en elespacio i en el tiempo;
4.ª La ciencia pone en evidencia que únicamente las formas de lamateria son perecederas, sinembargo que se reproducen semejantes; ique la fuerza o la esencia que las provoca i las presenta es deexistencia eterna.
Estando, pues, comprobada la existencia del espíritu, quedacomprobada su inmortalidad, puesto que no hai esencia que perezca.Por otra parte, usted recordará que en la conferencia que tuvimosayer, se comprobó que la materia no puede aniquilarse, que existirásiempre, porque existe. Siendo esto así, ¿no seria un absurdojuzgar que la esencia de ella, su motor, su ajente, su director,perece o se aniquila? Esto seria admitir la necedad de creer que laherramienta es superior al obrero o que la máquina es de mejorescondiciones esenciales que el inventor de ella. A estasconclusiones ilójicas tienen que llegar los materialistas.
Llegó mi huésped i se suspendió el discurso, pero ya habia hechosu efecto en mi ánimo; me sentia elevado en la escala de los sérescontemplando que el Yo no es perecedero; sobre todo se me abrieronlas puertas del cielo de ultratumba i brilló para mí el sol de laesperanza. Mis padres, mi esposa, mis hijos, esos idolatrados séresque hacian mi dicha i que yo juzgaba hundidos en el imajinadoabismo de la nada, volvian a existir para mí: yo debia volver ahallarlos en la patria de la inmortalidad. Sí; existen, me decia enmi interior, existen, sí; me asiste ahora el sentimiento dulce igrato de su existencia. ¡Bendito sea el Creador, que ha dado a loshombres la luz de la ciencia para salvarlos del naufrajio de la incredulidad!
Mi huésped i el Filósofo hablaban en tanto que yo me habiaquedado concentrado en una meditacion profunda i deliciosa: miespíritu se habia elevado a las mansiones celestes, contemplando lagrandeza de la obra del Infinito.
El Filósofo me sacó del arrobamiento, dándome la mano endespedida. Las horas se habian deslizado instantáneamente para mí,yo no me habia apercibido de su curso: el sol o mas bien, la tierraante él, habia jirado en un espacio mayor que su cuadrante.
Fuimos a dar un paseo a las orillas del lago; hablamos sobre lainstruccion, intelijencia i verbosidad del Filósofo, i manifesté ami huésped que la conferencia que habia tenido con este sabio, mehacia mas vivo el deseo de oir la continuacion de su historia.
-Ahora, me dijo, iremos a la choza de los huérfanos i tendré elplacer de complacer a usted, continuándola.
En efecto, despues que volvimos a la casa dió las órdenes paraque nos presentaran los caballos; montamos i nos pusimos encamino.