Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE





DEDICATORIA

PROLOGO

INTRODUCCION

PARTE PRIMERA
CAPITULO I - Un colejial de antaño.
CAPITULO II - El vaso de agua.
CAPITULO III - Las torcazas.
CAPITULO IV - Cavilacion
CAPITULO V - Noviazgo
CAPITULO VI - El arriero timanejo.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.
CAPITULO VIII - Salida de Bogotá.

PARTE SEGUNDA
CAPITULO I - La casa paterna.
CAPITULO II - Revolucion intempestiva.
CAPITULO III - Presentacion de una nueva familia.
CAPITULO IV - Otras relaciones amorosas.
CAPITULO V - Una conquista al reves.
CAPITULO VI - La carta decisiva.
CAPITULO VII - La contra carta.
CAPITULO VIII - El rompimiento.

PARTE TERCERA
CAPITULO I - Refujio del desengaño.
CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
CAPITULO III - Coquetería.
CAPITULO IV - Venganza de una viuda.
CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
CAPITULO VII - Un ingles a pedir de boca.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.
CAPITULO IX - Memorias de otro tiempo.
CAPITULO X - Perdon i renacimiento.
CAPITULO XI - Conclusion.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.

 

Poro en estas i las otras, cuando menudeaban los empeños de lasesposas, parientes i queridas de los funcionarios públicos para queme diesen un destino, aunque fuera el de anotador de hipotecas, i amedida que con mas ahinco se pedia, con teson mas grande se negaba,en términos de haberme hecho sufrir humillaciones sin cuento; heaquí que bonitamente se estaba cumpliendo el plazo fijado para mimatrimonio, sin que yo me apercibiese de ello entre esa barahundade cosas que me sucedieron en el año.

I es de este lugar advertir, ya que el lector me ve poner encapilla para el tremendo sacrificio a que me iba a inmolar vacío,que mi novia no tenia dote. El lujo de su casa se sostenía con losgastos de su abuelo paterno, don Jinés Arizmendi, viejo riquísimode quien era un ídolo la niña, por lo cual dábala gusto en cuantoqueria i aun la hacia gastar sin escrúpulo; pero le habianotificado ya perentoriamente que, al casarse conmigo, la retirariasu gracia.

No hai duda, pues, en que la situacion se complicaba: mipermanencia en Bogotá me hundía a cada instante en una ruinainfalible, con la añadidura de no haber podido terminar ningunacarrera profesional, por falta de estímulos i de fondos: así eldoctorado habia venido a ser un imposible al coronar mis estudios.No tenia capital para casarme, ni siquiera una joya que poderregalar a mi futura en la víspera de las bodas al paso que, alverificarse estas i alcanzar el ansiado fin de mis aspiraciones,don Jinés haria cesar la proteccion que la habia dispensado comopadre del autor de sus dias, muerto algunos años ántes porqueCármen era huérfana i no contaba con otro apoyo que con elespléndido de su primer ascendiente, que quiso reemplazar con ellaal hijo difunto, i dar a la desamparada jóven el padre que learrebató la muerte en los primeros años de su infancia.

Por este lado, i suponiendo que yo tratase de adquirir fortunaal ofrecer mi mano de esposo, especulacion indigna que ruego alpúblico no se atreva a imputarme, tampoco me habria salido bien elcálculo, porque cero sumado o multiplicado por si mismo, segun losaritméticos, siempre produce cero.

¿Qué hacer en tan gran conflicto? Pedir próroga seria un pasoque pudiera interpretarse como desprecio; rehusar el cumplimientode mi palabra, fuera de ser una villanía, entrañaba ingratitud aquien por mí sacrificaba su renta, i por último, armar camorra pararomper mis relaciones, jamas lo habría conseguido, porque todasnuestras disputas concluian siempre por volver al primer término,en fuerza de una reaccion tan súbita, una conmocion tan igual, quela efervescencia de nuestros afectos, mas bien que debilitarse, serenovaba ganando en intensidad i franqueza, lo que solia perder enfórmulas i ceremonias.

Dos meses, nada mas, restaban para el desenlazo de mi suerte:doña Isidora hacia sus preparativos, i de confidencia enconfidencia habia regado la noticia entre los parientes, i estos entoda la capital, de manera que el próximo casamiento era tema decorrillos i conversaciones, en las cuales casi todos los quedisertan sobre esta materia estrañaban mucho que no se verificasecuanto ántes.

-El domingo será, decia un vecino.

-No, que es esta noche, respondia otro; i así sucesivamente lahumanidad de Cármen i la mia rodaban por esos mundos, envueltas enlos comentarios de miles de hombres i mujeres, que respiran en laatmósfera del chisme, i cuya sola ocupacion es estudiar la cuestionde los amores, i de la entrega verdadera o falsa de los cincoclaveles. Ignoro si Bogotá se haya compuesto relativamente a estacostumbre poco culta, así como ha mejorado en lo material, pues porlo que hace en la fecha a que me refiero, me inspiraba vergüenza,furor, lástima i pena.

El penúltimo mes corría, i quise tentar el recurso postrero;tomar cincuenta pesos a interes sobre un lujoso pupitre de valor desesenta i cuatro que me habia regalado un amigo, i con tal fin, medirijí a la tienda del usurero Zannolli; pero ¡Dios santo! esteitaliano maldito acababa de sufrir un engaño en el empeño delmorrion del teniente Valerio, i casi quiso pegarme juzgándomecontinuador de aquella burla. Decía: per finqui de ori, per fin quiplati, bono, per pupíteres al tanti como morrionis; lo queequivalia a hacerme notorio que no daba dinero por cosas que porvaler ménos que la suma prestada, no las sacaban del empeño.

Esto era lo que en lenguaje estudiantil denominaba los kiries dela suerte.

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