Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE





DEDICATORIA

PROLOGO

INTRODUCCION

PARTE PRIMERA
CAPITULO I - Un colejial de antaño.
CAPITULO II - El vaso de agua.
CAPITULO III - Las torcazas.
CAPITULO IV - Cavilacion
CAPITULO V - Noviazgo
CAPITULO VI - El arriero timanejo.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.
CAPITULO VIII - Salida de Bogotá.

PARTE SEGUNDA
CAPITULO I - La casa paterna.
CAPITULO II - Revolucion intempestiva.
CAPITULO III - Presentacion de una nueva familia.
CAPITULO IV - Otras relaciones amorosas.
CAPITULO V - Una conquista al reves.
CAPITULO VI - La carta decisiva.
CAPITULO VII - La contra carta.
CAPITULO VIII - El rompimiento.

PARTE TERCERA
CAPITULO I - Refujio del desengaño.
CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
CAPITULO III - Coquetería.
CAPITULO IV - Venganza de una viuda.
CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
CAPITULO VII - Un ingles a pedir de boca.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.
CAPITULO IX - Memorias de otro tiempo.
CAPITULO X - Perdon i renacimiento.
CAPITULO XI - Conclusion.
CAPITULO XI - Conclusion.

 

Sin pérdida de tiempo, pues, hice practicar las informacioneseclesiásticas, i obtuve del arzobispo, mediante las influenciasadquiridas, dispensa de moniciones canónicas; mas al párroco quedebia presenciar i bendecir el matrimonio, se le antojó entorpecerla dilijencia, con el pretesto de ser yo vecino del Pital, endonde, conforme al concilio de Trento, debia precisamenteamonestárseme; i hube de ceder a su capricho, no obstante laconcesion del metropolitano, mandando al peon sobre la marcha contal objeto.

Cuando llegó al Pital, ya Mr. Clock habla dado buena cuenta desu administracion, i el sábado anterior al dia en que debiaproclamarse mi union conyugal en la iglesia del pueblo, el perversoinglés se retiró al campo haciendo creer a la familia de doñaPetronila que iba a guardar allí la fiesta de su rito relijioso;pero lo que a la verdad ejecutó fué una fuga criminal, llevándoseconsigo cuanto pudo haber a las manos.

La madre i la hija así como todos los demas de la casa quetuvieran voto consultivo, viendo inútiles sus pesquisas paraaprehender al malhechor, i en la imposibilidad de hacer nada por sípara impedir la ruina de su patrimonio, resolvieron, de unánimeacuerdo, ponerme al frente de los negocios como único guardianesperimentado de la familia. La primera desistió, por efecto deaquel desengaño, de las rancias ideas que poseia contra mí, idirijiendo una ojeada a los sucesos en que mi suerte se habiarozado con la de Margarita, comparaba mi conducta con lasconsecuencias que ellas habian hecho producir, sacando en limpio mileal comportamiento, mi abnegacion estoica, mi paciencia tenaz einalterable.

Hoi, víctimas de un espantoso despilfarro, sin hombre todavía enla casa capaz de mejorar la condicion de sus negocios, porque loshijos de Saldívar eran impúberes; sin un predicamento franco iaccesible en el vecindario, por el orgullo que usaron al principiocon sus parientes, por la importancia que se daban con las demasseñoras i el desprecio con que trataban a los pocos jóvenes dellugar que venciendo su natural timidez se animaban a visitarlas;por último, perdidas casi las esperanzas de encontrar un europeo onorte-americano, o un compatriota riquísimo a quien endosar la manode la muchacha, no les quedaba otro recurso que apelar a suacomodaticio juguete de tanto tiempo. Con cuánta verdad se dice delque se va ahogando, que se prende de una rama de espino!

Así como se acordaron de su burlado prójimo en aquel insufribleestremo, así tambien volvieron sus ojos a la Providencia, consueloi solicitud de los desamparados, por esa antinomia diaria delcorazon flaco que solo se dirije a Dios en la desgracia. Ellas que,guiadas hasta allí por el espíritu de estranjerismo, desdeñabanasistir a la misa de la parroquia, se instalaron al dia siguienteen el templo desde muí temprano, para implorar de Dios el remediode sus presentes necesidades. Mas cuál sería su sorpresa cuandoescucharon la proclamacion de mi matrimonio! Viendo así desvanecidasu postrera esperanza, doña Petronila tembló de cólera, al paso quela jóven alteró sensiblemente sus facciones al impulso de unsobresalto súbito, mas conmovedor e hiriente cuanto ménostemido.

Indudablemente mi venganza empezaba, aunque mi voluntad notuviese la mayor parte en ella, porque abandonado al acaso en todasmis aventuras, tanto en el interior del colejio como fuera de susclaustros, desde que despertó a la luz de la razon, no me habiaconcedido el cielo el don de crearme i saber aprovecharcircunstancias en los críticos trances de mi vida. Sinembargo,Dios, que me había purificado ya, se encargaba espontáneamente devengar mi dignidad de hombre, comprometida en el piélago de lajuventud, i envuelta en la red insidiosa de una mujer que no meconvenia.    

Doña Petronila i su hija formaron el cálculo, luego que la rabiai el dolor les dieron tiempo de hacerlo, al retornar a suhabitacion, que yo, tal vez por apresurar mi enlaze con la segunda,me proponia fraguar el cuento de las proclamas canónicas, puesteniéndome tan seguro, imposible parecia que fuese capaz derenunciar a una empresa seguida, a traves de tantos obstáculos, conla humillante perseverancia con que la había continuado. Creyeronpor este motivo que dirijiéndome una carta sobre aquel tema, i nodejando traslucir que su orgullo estuviese afectado por laefectividad del matrimonio próximo, sino dándose por entendidas deser una estratejia mía para conseguir mas pronto el fin de unirmecon Margarita, yo volaria a sus brazos con la rapidez del enfermodeshauciado cuando devora la pócima en que va envuelta la salud,por mas desagradable que le sea.

Al dia siguiente, lúnes, regresó el peon llevando la constanciaoficial del cura acerca de la comision que se le diera, i a sullegada a Bogotá me entregó una carta de doña Petronila i otra deMargarita. El jenio del bien, que se dignaba protejerme en eldesenlaze de esta historia, me aconsejó que no las leyera, i quetres dias mas tarde las contestara con una tarjeta concebida enestos términos:

Telmo Satizabal

Y SU ESPOSA

Maria del Carmen Arizmendi

Saludan a U. i se ofrecen en su nuevo estado.

FIN.

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