Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE





DEDICATORIA

PROLOGO

INTRODUCCION

PARTE PRIMERA
CAPITULO I - Un colejial de antaño.
CAPITULO II - El vaso de agua.
CAPITULO III - Las torcazas.
CAPITULO IV - Cavilacion
CAPITULO V - Noviazgo
CAPITULO VI - El arriero timanejo.
CAPITULO VII - Apuros de cachaco.
CAPITULO VIII - Salida de Bogotá.

PARTE SEGUNDA
CAPITULO I - La casa paterna.
CAPITULO II - Revolucion intempestiva.
CAPITULO III - Presentacion de una nueva familia.
CAPITULO IV - Otras relaciones amorosas.
CAPITULO V - Una conquista al reves.
CAPITULO VI - La carta decisiva.
CAPITULO VII - La contra carta.
CAPITULO VIII - El rompimiento.

PARTE TERCERA
CAPITULO I - Refujio del desengaño.
CAPITULO II - Otra promesa de matrimonio.
CAPITULO III - Coquetería.
CAPITULO IV - Venganza de una viuda.
CAPITULO V - Lucha de sentimientos.
CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
CAPITULO VII - Un ingles a pedir de boca.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.
CAPITULO IX - Memorias de otro tiempo.
CAPITULO X - Perdon i renacimiento.
CAPITULO XI - Conclusion.
CAPITULO VIII - Del Pital a Bogotá.

 

Serian las tres i media de la mañana del 24 de junio de 1844,cuando, montado en el mejor caballo de la provincia, que habiaestado engordando para correr san Juan en ese dia, salí de mi casade campo dejando acostados a mi madre, de quien me despedí con unabrazo, i a mis hermanos que roncaban, cual órgano descompuesto,sobre sus movibles lechos de guadua. Iba ceñido con una faja quecontenia $1,500 en oro, llevaba un bolson en la faltriquera con lacantidad necesaria para el viaje en monedas de talla menor, i teniaámbos cojinetes, así como un par de petacas que con otro de baúlesformaban mi equipaje, repletos de cuanto juzgaba podia necesitarpara el camino la acusiosa solicitud de la infalible previsionmaterna. A nadie habia dicho una palabra, de nadie me habiadespedido porsupuesto, i nadie habia sido osado a interpretar estamarcha repentina para darme órdenes o pedirme encargos; solamentemi madre fué depositaria de la revelacion, i aprobó en toda suplenitud mi pensamiento.

Las demas personas que vieron los preparativos de montura,creyeron que, a semejanza de los pitaleños i de todos los neivanos,iria a correr el san Juan, i ninguno vió alistar las bestias decarga, que estaban descansadas i gordas en la hacienda. Para uncampesino es lo mas fácil emprender una peregrinacion por tierrahasta los confines del mundo, i lo mismo es la mañana que la tardeo la noche para tomar el portante: nada le sorprende ni le molestaen su correría, porque a todo se halla de antemano acostumbrado, imejor será su estacion en las jornadas, si el tiempo se halla secoi agradable, como lo encontré desde el instante de mi salida.

Cuatro años hacia que, abrumado por horrible pesadumbre, iprensado con el recuerdo de la separacion del ídolo de mi alma, fuírecorriendo en órden inverso este camino, i regándolo con lágrimasde trecho en trecho i de posada en posada. Ahora es distinto: hedejado mis pesares atras i tengo el mismo ídolo por delante: voi,como los devotos de la tierra santa a postrarme ante el altarpurificador de los secretos del espíritu, a pedir i obtener indultodel enorme crímen de leso-amor, como ellos lo demandan i obtienenpor la apostasía de su fe, por el olvido de sus deberesrelijiosos.

No habia lugar del camino que no tuviese un recuerdo,especialmente Tocaima i La Mesa, de donde remití a Cármen lasprimeras pájinas de esa correspondencia interrumpida por ladeslealtad; i así, de punto en punto, fuí haciendo despertar delánimo emociones que el tiempo no habia sido capaz de arrastrar enel torbellino de sus inconstancias, pero que el curso de losacontecimientos mantenian como encubiertas en el fondo de mimemoria.

Salí por último de La Mesa, i apesar de que el flete de unabestia no pasaba en esa época de una pieza de a ocho décimos, portal de saludar el panorama de Bogotá en la misma tarde, tomé porveinte reales el mejor caballo del pueblo, un rucio hermoso ihercúleo, que a toda prisa, salvando en pocas horas el monte deTena i los peñascos arcillosos i temibles de Barro-blanco, | (6) me condujo, de launa a las seis, al apremiante cuanto dichoso término de misdeseos.

Cuando divisé la suave i limpia sabana, i me desmonté en laventa de Cuatro-esquinas a refocilar mi estómago debilitado por lacarrera, i reparar un tanto mis fuerzas, parecíame que soñaba lavuelta que estaba verificando, i veia con la mayor sorpresa todaslas caras, cuyo encendido carmin i lozanía, por haber perdido elhábito, juzgaba fueran postizos. En realidad, cuatro años del tipopálido, amarillento, o caratoso, bastantes habian sido paraquitarme el buen gusto, i al observar así los nuevos rostros que seme presentaban en esa concurrida estacion del trayecto, llegué amirarlos sobre manera rojos i por consiguiente como de personasatacadas de fiebre.

A las siete i media de la noche entré por la calle de san Juande Dios en derechura a la fonda de mi viejo amigo François, quienme alojó con placer i cortesanía; mas el caballo tuvo que ayunar,por la dificultad que tiene el viajero de hallar acomodo para susbestias, pasadas que sean las siete de la noche, i es verosímil quehubiera estado trovando coplas contra las piedras del patio, oresolviendo problemas como la cuadratura del círculo, el movimientoperpetuo i otros de este jaez, hasta la madrugada del diasiguiente.

Me levanté, pues, con el albor crepuscular, haciendo alarde deno sufrir molestia con el frio penetrante de la mañana, no obstanteque François llamó a su paje, i este no lo pudo oir hasta el cabode dos horas i media, porque habiéndosele conjelado las palabras enel momento de llamarlo, fué preciso esperar a que se derritierancon los primeros reflejos del sol, para poder llegar por este medioa los oidos del dormido sirviente, segun me lo refirió él mismo.Esta paradoja i un trago que me pedia el cuerpo, me produjeron unahilaridad que me sirvió mucho en el resto del día.

Luego fué preciso mandar a traer el equipaje, ir a las tiendasde un barbero, de un sastre, de un fabricante de calzado (que ya noqueria distinguirse con el humilde título de zapatero) i recorrerluego las calles del comercio en demanda de los demas objetos quela moda ha hecho imprescindibles para los jóvenes pobres; pues estaseñora, tiránica i veleidosa como es, solo pretende someter a sudominio a los que debian huir de sus insidiosos i equívocoshalagos, no a los que pueden satisfacer la furia i laxitud de suscaprichos.

Al poner el pié en Bogotá el habitante de los climas cálidos,sufre una alteracion sensible en la piel, la cual se pone rugosa, iva esperimentando una metamórfosis gradual, desde el color gris quees el primero que resalta, hasta el rosado o rojizo que es elúltimo que aparece. Durante este período el individuo muda pellejocomo culebra, i, si es prudente, no debe exhibirse al público enlos primeros dias, porque la renovacion incompleta es peor que lafealdad declarada: cuenta que lo aseguro con esperiencia.

Lavado, afeitado, perfumado i vestido a la rigurosa, despues dela clausura ordinaria, mi objeto se reducia a ver a Cármen; perocomo esto se me dificultaba, i yo, poseido de rubor i de pena, noqueria ir a la casa, emprendí mi nueva campaña en los templos a queella asistia, i al toque de misa, como llevado en ferrocarril, meplantaba de ronda en el altozano. Tardé un poco en verla, pues unasvezes por inesactos informes, i otras por intencion manifiesta desu parte, iba yo a santo Domingo cuando ella concurria a laCandelaria, i por este tenor parecia que jugábamos a las escondidasen las funciones de iglesia.

 

 

(6) No estaba aun compuesto el camino de Balsillas a La Mesa.

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