CAPITULO VI - Correspondencia i vuelta de los viajeros.
Doña Petronila me escribia por todos los correos sobre el estadode sus negocios, enunciándome la idea de que quizá no volveria alPital, porque toda la familia anhelaba quedarse de nuevo enGuayaquil, i escitándome siempre a remitirle fondos. Luego se fuéal Perú, en donde recaudó la herencia yacente de su difunto marido,e instauró algunas indagaciones sobre el crimen que la dejó viuda;mas luego que supo parte de lo acontecido, i vió que tenia quehabérselas con una rival mas poderosa, desistió de su intento. Peroen todas sus cartas jamas me hablaba de Margarita, ni poniasiquiera esas saludes simples, de puro cumplimiento, que el ausenteagradece tanto. Juzgaba yo al principio que fuera por descuido, icontestaba siempre insertando párrafos enteros para mi futura; masllegué a convencerme al fin de que la falta de atencion que cometiaconmigo, era completamente deliberada.
Me ceñí, pues, a responder sus conceptos con la mas lacónicaesposicion sobre el jiro de los negocios de la casa,correspondiendo a sus constantes finezas con libranzas o dinerosonante. A una persona avara, como esta, no se podia tratar de otromodo.
El último proyecto del coronel cuando partió para el Pazífico, iel que estaba aceptado por toda la familia, era el de trasladarsecon esta a Bogotá tan pronto como regresara, i por eso no la habiamovido de la provincia de Neiva. La viuda, por el contrario, queriabarajar esta disposicion i quedarse en Guayaquil, Lima, Callao oValparaiso, en una ciudad, en fin, donde habitaran bastantesestranjeros, porque la manía de la vejez le habia dado por losingleses, alemanes, o norte-americanos, para ceder, a quien legustara mas, la mano i la dote de Margarita.
Esta, por su lado, aunque de regular índole i claraintelijencia, como varias vezes lo he dicho, cedia, ni mas ni ménosque una máquina, a las bastardas sujestiones de la madre, i si yohabia influido algo en quitar esta mancha de su buen carácter,estando léjos i sin poder comunicarme con ella, mi débilcontinjente en esta obra fué, por de contado, tan nulo como elesfuerzo que hice para contener o diferir el viaje.
La consecuencia no podia ser otra que la de olvidar en pocosmeses la memoria del coronel, i abrir tertulia europea, de grandeespectáculo, como poniendo a la inesperta jóven en pública subasta,en lo cual se dilapidaron miles de pesos que debian ser su propiopatrimonio, i especialmente herencia i resguardo de los hijosmenores.
La ruina venia en pos a marchas redobladas, i si la cosa seguia,no les quedaba otro capital que el de mi administracion, apesar deque la renta se iba en chorros de plata por todos los correos, cualsi fuera una fuente toda abierta cayendo sin cesar sobre lasuperficie de un estanque.
Menudeaban las cartas de doña Petronila pidiendo dinero, ihaciendo castillos en el aire sobre la felizidad de su futurasuerte en el suelo de la reina del Pazífico, i repitiendo siempreque no pensaba en volver, a cuyo efecto me ordenaba enajenar laspropiedades. Jamas quise acceder a este disparate, ya por carecerde personería, ya por conservarles siquiera algun resto de sufortuna: último favor de amigo que les hice, pues ya mi delicadeza,cansada de sufrir vejámenes, habia revestido a mi espíritu de laenerjía suficiente para la desistencia i el desprecio de estasestrambóticas relaciones que no tuvieron de amor sino elropaje.
A todo esto, por consiguiente, doña Isidora habia contestado,poniéndome de vuelta i media o rajándome de lomo a lomo, como poracá decimos; pero en fin, habia contestado.
Si el peon se hubiera vuelto vacío, mala señal habria sido; perotrayendo carta, aunque contuviera los mas terribles denuestos, ilas mas justas reconvenciones, equivalia para mí a un nuevoprincipio de correspondencia, que en esa crísis fatal era lo queimportaba. De aquí tomé pié para continuar la polémicadefendiéndome hasta aburrirlas, i al cabo de algunos meses ya abrícampo, segunda vez, a mis aspiraciones.
Preparábame para ir a Bogotá con el objeto de ver a Cármen,porque la vista del hombre hace milagros, cuando héme aquí que, sinprévio aviso, se me presentan de golpe doña Petronila sus hijos,acompañados de un ingles tuerto, a quien trataban con masconsideraciones que si fuera el jefe de la familia.
Los recibí con afectada política i marcada indiferencia: leentregué a Mr. Clock (así se llamaba el estranjero) las fincas ibienes que estaban a mi cargo, i rendí la cuenta comprobada a doñaPetronila. Hecho esto, les manifesté el objeto de mi próximo viajea Bogotá, i retiré a Margarita mi promesa de casamiento; mas estase obstinó en no relevarme del compromiso, por lo cual salíviolentamente de la casa.
Yo creia, i era de suponer, que el acompañante fuese candidatode novio, como se lo dije a Margarita en una conferencia posteriorque tuvimos para dar i recibir esplicaciones. Pero esto no saliócierto, segun lo que ella supo demostrarme, ignoro si con candidezo con astucia. La conversacion se empeñó haciéndole las mas sériasreconvenciones sobre el indigno procedimiento que habian usado ellai su madre conmigo, manifestándole que a un caballero como yo, quemerecia algo en la sociedad, no se trataba jamas con tantaindelicadeza, i que, cansado de ser el juguete de una viejacasquivana i de una jóven coqueta, ámbas sin enerjía, resueltoestaba a desechar un campo donde habia dejado como despojos lossentimientos mas tiernos de mi corazon, i la paciencia con que Diosreviste a los mártires de la inconstancia femenina. Mas ellacontrarestaba semejante razonamiento con este otro:
-Prometí a U. volver en la presente fecha, i he venido: meobligué a ser su esposa, i estoi mas que nunca determinada alcumplimiento de mi palabra.
- ¿Pero ese viaje estemporáneo i malicioso? le replicabayo…..
-U. sabe que no tuve parte ninguna en él…..
- ¿I este maldito ingles que las acompaña?
-Es pretendiente de mi madre.
No pude contener la risa, pensando que era una broma; pero ellame esplicó los hechos de la manera siguiente:
-Tanto en Guayaquil como en Lima, Santiago, i otros pueblos delEcuador, Perú i Chile, mi madre me presentaba diferentes partidosmatrimoniales, i aunque habia varios que me convinieran, no acepténinguno por preferir la mano de U, que ahora con tanta injusticiame rehusa. Uno de esos pretendientes fué Mr. Clock, quien, viéndosedespreciado lo mismo que los otros, i queriendo sacar ventaja delderroche de nuestra fortuna, púsose a pretender a mi madre por noquedar deslucido. Hízole creer, con efecto, que ella le gustaba masque yo, lo que tiene a la pobre tan alucinada, que le ha oido conjúbilo una propuesta de casamiento. No han bastado las reflexionesque le he hecho i continúo haciéndole todos los dias, porque labuena de mi mamita se figura que esta en sus quince.
-Pero bien, si esto es cierto ¿por qué no se casó por allá parapresentarse luego aquí con el sobre nombre de Mistres Clock?
-Primero, porque estaba recien muerto papá, i segundo, porque elmalvado tuerto es judío.
-Judío! ¿Mas entónces cómo su señora madre, siendo tan buenacatólica, se va a desposar con un enemigo de su relijion?
-Este es cabalmente el motivo para que haya venido en nuestracompañía, porque él desea bautizarse, i no se atreve a verificarlodelante de sus compañeros.
-Así será su fe relijiosa cuando lo detienen estos escrúpulos.La razon principal es, sin duda, la de los intereses que la familiade U. tiene en Nueva Granada, i por eso se los tengo entregadosya.
-Efectivamente.
-Sinembargo, prescindamos este individuo, puesto que es tandespreciable que no me sirve de estorbo, i contraigámonos puramentea nosotros.
-Bien!
-Pues bien: confiese U. que se ha manejado mal conmigo, pues enel largo tiempo de su separacion no recibí ni un recuerdo.
-Mi madre tiene la culpa por no haber espresado mis memorias ensus cartas.... ¿Quiere U. que le dé una prueba de amor ifidelidad?
-Sí, pero lo dificulto mucho.
-Pues aquí tiene U. su retrato: examínelo bien, i dígame qué leparece.
Lo vi, con efecto, i la sorpresa no pudo ménos de ahogarme lavoz dictada por un sentimiento de gratitud, de satisfaccion i dearrebato. Al reverso de la imájen habia hecho pintar la suya, i esaunion simbólica la tenia decorada con emblemas de amor por todoslados, i colocado este doble retrato en una caja de oro guarnecidacon los diamantes de su valioso i espléndido aderezo.
Hasta doña Petronila ignoraba esta circunstancia, i la obra eratan perfecta, que solo en los talleres de Lima podia haber sidofabricada; comprobante eficaz de que realmente habia sido este supensamiento dominante fuera de la república.
Por este tenor me desvaneció todos los cargos i objeciones que,en mas de un año de sufrimientos, habia amontonado contra sucorazon frájil i astuto.
Viendo que nada me quedaba ya por rebatir, díjele en conclusioni con cierto aire de compunjido despecho; no hai remedio, siempretendremos que casarnos!